3 nov 2019

Dios nos regala su perdón



DIOS NOS REGALA SU PERDÓN

Por José María Martín OSA

1.- Dios, amigo de la vida. Las lecturas de este domingo son una preciosa descripción del comportamiento de Dios con la persona humana. Nos dicen que Dios ama entrañablemente todo lo que existe, porque su aliento de vida está en todas las cosas. Dios es el Amigo de la vida, que cuida de todo, ésta es la enseñanza del capítulo 11 del Libro de la Sabiduría. Necesitamos misericordia, amor, cobijo y perdón. El hombre es un ser necesitado…. El pecado es nuestra miseria. Ante tal consideración, cualquier otra forma de miseria humana pierde todo su peso. Es más, el reconocimiento de esta verdad despierta en el hombre una sed insaciable de misericordia de Dios, de amor y de salvación. El pecado precipita a la muerte. Por eso la conversión y la fe evitan el riesgo de la muerte. La conversión comienza por el cambio de mentalidad, al cual sigue un comportamiento también en consecuencia. Ese cambio de mentalidad nos conduce a salir hacia fuera, hacia más allá de nosotros mismos. Dios nos perdona, porque somos “suyos” y Él es amigo de la vida, es decir desea nuestra felicidad. El Salmo 144 subraya precisamente la misericordia de Dios: “El Señor es clemente y misericordioso, lento a la cólera y rico en piedad”.

2.- Zaqueo buscaba algo diferente que llenase su vida. Otra vez un publicano, en este caso con un nombre concreto, Zaqueo. Ahora no se trata de una parábola, sino de un personaje real que busca encontrarse con alguien que llene su vacío existencial. Ha oído hablar de Jesús, quiere verle en persona y no vacila en subirse a un sicómoro o higuera porque era bajo de estatura. Podemos suponer el ridículo que supondría para un personaje público el subirse a un árbol. Los publicanos se habían enriquecido a costa del pueblo oprimido por los impuestos romanos, de los cuales eran recaudadores. A los ojos del pueblo eran ladrones y al mismo tiempo traidores. Sin duda, eran personajes odiados por todos, pecadores públicos. La gente le impedía ver a Jesús, en venganza por la injusticia en la que Zaqueo colaboraba. El subirse a lo alto de una higuera refleja el primer proceso de la conversión, es similar al "se puso en camino" del hijo pródigo. Para salir del fango hay que querer salir y hacer algo, sea dar un paso o subirse a un árbol.

3.- La mirada de Jesús. Me imagino lo que pudo impresionar a Zaqueo la mirada de Jesús. Le miró con cariño, como un padre o una madre miran a su hijo rebelde. Así es Dios con nosotros, clemente, misericordioso, rico en piedad, bueno con todos, cariñoso con todas sus criaturas (Salmo 144). Dios reprende con amor, poco a poco, dando a cada uno su tiempo para que se corrija y vuelva al buen camino. Porque, como dice la lectura del Libro de la Sabiduría, Dios es "amigo de la vida" y "a todos perdona porque son suyos". ¡Cuánto bien haría la mirada de Jesús en Zaqueo! Se sintió por primera vez en su vida amado de verdad. Y no sólo eso, Jesús le pide hospedarse en su casa. Zaqueo se sintió honrado, pero los "perfectos" criticaban que quisiera hospedarse en casa de un pecador. San Agustín comenta este detalle diciendo que "el Señor, que había recibido a Zaqueo en su corazón se dignó ser recibido en casa de él.

4. – Reorientar nuestra vida. ¿Qué pasó en el corazón de Zaqueo para que se produjera en él un cambio tan radical que estuviera dispuesto a dar la mitad de sus bienes a los necesitados? Pues, simplemente que le inundó el amor misericordioso de Jesús. Todos podemos reorientar nuestra vida. Quizá necesitamos un toque de atención, la cercanía de una mano amiga, un impacto especial o una experiencia trascendente. Hoy, Zaqueo soy yo. Pongámonos en el sitio de Zaqueo Jesús nos está llamando también a nosotros a la conversión, nos está invitando a que cambiemos radicalmente nuestra vida. No se lo neguemos, no se lo impidamos. El Señor nos propone unirnos a Él, ser sus discípulos y, a ejemplo de Zaqueo, ser capaces de despojarnos de todo lo que no nos permite vivir auténticamente como cristianos. Esta misma experiencia es la de muchos otros testigos de Jesús que, mirados por El, se convirtieron, renació su dignidad, y recuperaron la vida. Aceptemos la mirada de Jesús, dejemos que Él se tropiece con nosotros en el camino e invitémoslo a nuestra casa para que Él pueda sanar nuestras heridas y reconfortar nuestro corazón. No tengamos miedo, dejémonos seducir por el Señor, por el maestro, para confesar nuestras mentiras, arrepentirnos, expresar nuestra necesidad de ser justos, devolver lo que le hemos quitado al otro… No dudemos, Jesús nos dará la fuerza de su perdón. El Señor está con nosotros para que experimentemos su amor. Él ya nos ha perdonado, por eso es posible la conversión.

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