16 jun. 2018

Santo Evangelio 16 de junio 2018



Día litúrgico: Sábado X del tiempo ordinario



Texto del Evangelio (Mt 5,33-37): En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Habéis oído también que se dijo a los antepasados: ‘No perjurarás, sino que cumplirás al Señor tus juramentos’. Pues yo digo que no juréis en modo alguno: ni por el Cielo, porque es el trono de Dios, ni por la Tierra, porque es el escabel de sus pies; ni por Jerusalén, porque es la ciudad del gran rey. Ni tampoco jures por tu cabeza, porque ni a uno solo de tus cabellos puedes hacerlo blanco o negro. Sea vuestro lenguaje: ‘Sí, sí’; ‘no, no’: que lo que pasa de aquí viene del Maligno».


«Sea vuestro lenguaje: ‘Sí, sí’; ‘no, no’»

Rev. D. Jordi PASCUAL i Bancells 
(Salt, Girona, España)

Hoy continúa Jesús comentándonos los Mandamientos. Los israelitas tenían un gran respeto hacia el nombre de Dios, una veneración sagrada, porque sabían que el nombre se refiere a la persona, y Dios merece todo respeto, todo honor y toda gloria, de pensamiento, palabra y obra. Por esto —teniendo presente que jurar es poner a Dios como testigo de la verdad de lo que decimos— la Ley les mandaba: «No perjurarás, sino que cumplirás al Señor tus juramentos» (Mt 5,33). Pero Jesús viene a perfeccionar la Ley (y, por tanto, a perfeccionarnos a nosotros siguiendo la Ley), y da un paso más: «No juréis en modo alguno: ni por el Cielo, (...), ni por la Tierra (...)» (Mt 5,34). No es que jurar, en sí mismo, sea malo, pero son necesarias unas condiciones para que el juramento sea lícito, como por ejemplo, que haya una causa justa, grave, seria (un juicio, pongamos por caso), y que lo que se jura sea verdadero y bueno.

Pero el Señor nos dice todavía más: «Sea vuestro lenguaje: ‘Sí, sí’; ‘no, no’» (Mt 5,37). Es decir, nos invita a vivir la veracidad en toda ocasión, a conformar nuestro pensamiento, nuestras palabras y nuestras obras a la verdad. Y la verdad, ¿qué es? Es la gran pregunta, que ya vemos formulada en el Evangelio por boca de Pilato, en el juicio contra Jesús, y a la que tantos pensadores a lo largo de los tiempos han procurado dar respuesta. Dios es la Verdad. Quien vive agradando a Dios, cumpliendo sus Mandamientos, vive en la Verdad. Dice el santo Cura de Ars: «La razón de que tan pocos cristianos obren con la exclusiva intención de agradar a Dios es porque la mayor parte de ellos se encuentran sometidos a la más espantosa ignorancia. Dios mío, ¡cuántas buenas obras se pierden para el Cielo!». Hay que pensar en ello.

Nos conviene formarnos, leer el Evangelio y el Catecismo. Después, vivir según lo que hemos aprendido.

Salmo 117 Himno de acción de gracias después de la victoria

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Salmo 117

Himno de acción de gracias después de la victoria



Dad gracias al Señor porque es bueno, 
porque es eterna su misericordia. 

Diga la casa de Israel: 
eterna es su misericordia. 

Diga la casa de Aarón: 
eterna es su misericordia. 

Digan los fieles del Señor: 
eterna es su misericordia. 

En el peligro grité al Señor, 
y me escuchó, poniéndome a salvo. 

El Señor está conmigo: no temo; 
¿qué podrá hacerme el hombre? 
El Señor está conmigo y me auxilia, 
veré la derrota de mis adversarios. 

Mejor es refugiarse en el Señor 
que fiarse de los hombres, 
mejor es refugiarse en el Señor 
que fiarse de los jefes. 

Todos los pueblos me rodeaban, 
en el nombre del Señor los rechacé; 
me rodeaban cerrando el cerco, 
en el nombre del Señor los rechacé; 
me rodeaban como avispas, 
ardiendo como fuego en las zarzas, 
en el nombre del Señor los rechacé. 

Empujaban y empujaban para derribarme, 
pero el Señor me ayudó; 
el Señor es mi fuerza y mi energía, 
El es mi salvación. 

Escuchad: hay cantos de victoria 
en las tiendas de los justos: 
"la diestra del Señor es poderosa, 
la diestra del Señor es excelsa, 
la diestra del Señor es poderosa". 

No he de morir, viviré 
para contar las hazañas del Señor. 
Me castigó, me castigó el Señor, 
pero no me entregó a la muerte. 

Abridme las puertas del triunfo, 
y entraré para dar gracias al Señor. 

Esta es la puerta del Señor: 
los vencedores entrarán por ella. 

Te doy gracias porque me escuchaste 
y fuiste mi salvación. 

La piedra que desecharon los arquitectos 
es ahora la piedra angular. 

Es el Señor quien lo hecho, 
ha sido un milagro patente. 

Este es el día en que actuó el Señor: 
sea nuestra alegría y nuestro gozo. 
Señor, danos la salvación; 
Señor, danos prosperidad. 

Bendito el que viene en nombre del Señor, 
os bendecimos desde la casa del Señor; 
el Señor es Dios, El nos ilumina. 

Ordenad una procesión con ramos 
hasta los ángulos del altar. 

Tú eres mi Dios, te doy gracias; 
Dios mío, yo te ensalzo. 

Dad gracias al Señor porque es bueno, 
porque es eterna su misericordia.

15 jun. 2018

Santo Evangelio 15 de junio 2018



Día litúrgico: Viernes X del tiempo ordinario


Texto del Evangelio (Mt 5,27-32): En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Habéis oído que se dijo: ‘No cometerás adulterio’. Pues yo os digo: Todo el que mira a una mujer deseándola, ya cometió adulterio con ella en su corazón. Si, pues, tu ojo derecho te es ocasión de pecado, sácatelo y arrójalo de ti; más te conviene que se pierda uno de tus miembros, que no que todo tu cuerpo sea arrojado a la gehenna. Y si tu mano derecha te es ocasión de pecado, córtatela y arrójala de ti; más te conviene que se pierda uno de tus miembros, que no que todo tu cuerpo vaya a la gehenna.

»También se dijo: ‘El que repudie a su mujer, que le dé acta de divorcio’. Pues yo os digo: Todo el que repudia a su mujer, excepto el caso de fornicación, la hace ser adúltera; y el que se case con una repudiada, comete adulterio».


«Todo el que mira a una mujer deseándola, ya cometió adulterio»

+ Pare Josep LIÑÁN i Pla SchP 
(Sabadell, Barcelona, España)

Hoy, Jesús continúa profundizando en la exigencia del Sermón de la Montaña. No deroga la Ley, sino que le da plenitud; por eso, su observancia es algo más que el simple cumplimiento de unas condiciones mínimas para tener en regla los papeles. Dios nos da la Ley del amor para llegar a la cima, pero nosotros buscamos el modo de convertirla en la ley del mínimo esfuerzo. ¡Dios nos pide tanto...! Sí, pero también nos ha dado lo máximo que puede dar, ya que se ha dado a sí mismo.

Hoy, Jesucristo apunta alto al manifestar su autoridad sobre el sexto y el noveno mandamiento, los preceptos que se refieren a la sexualidad y a la pureza de pensamiento. La sexualidad es un lenguaje humano para significar el amor y la alianza, por tanto, no puede ser banalizada, como tampoco podemos convertir a los demás en objetos de placer, ¡ni siquiera con el pensamiento!, de aquí esta afirmación tan severa de Jesús: «Todo el que mira a una mujer deseándola, ya cometió adulterio con ella en su corazón» (Mt 5,28). Es preciso, pues, cortar el mal de raíz y evitar pensamientos y ocasiones que nos llevarían a obrar lo que Dios aborrece; esto es lo que quieren indicar tales palabras, que pueden parecernos radicales y exageradas, pero que los oyentes de Jesús entendían en su expresividad: saca, corta, arroja...

Finalmente, la dignidad del matrimonio debe ser protegida siempre, pues forma parte del proyecto de Dios para el hombre y la mujer, para que en el amor y en la mutua donación se conviertan en una sola carne, y al mismo tiempo es signo y participación en la Alianza de Cristo con la Iglesia. El cristiano no puede vivir la relación hombre-mujer ni la vida conyugal según el espíritu mundano: «No debéis creer que por haber escogido el estado matrimonial os es permitido continuar con una vida mundana y abandonaros a la ociosidad y la pereza; al contrario, eso mismo os obliga a trabajar con mayor esfuerzo y a velar con más cuidado por vuestra salvación» (San Basilio).

Salmo 115 Acción de gracias en el templo

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Salmo 115

Acción de gracias en el templo


Tenía fe, aún cuando dije: 
"¡Qué desgraciado soy!" 
Yo decía en mi apuro: 
"Los hombres son unos mentirosos". 

¿Cómo pagaré al Señor 
todo el bien que me ha hecho? 
Alzaré la copa de la salvación, 
invocando su nombre. 
Cumpliré al Señor mis votos 
en presencia de todo el pueblo. 

Mucho le cuesta al Señor 
la muerte de sus fieles. 
Señor, yo soy tu siervo, 
siervo tuyo, hijo de tu esclava: 
rompiste mis cadenas. 

Te ofreceré un sacrificio de alabanza, 
invocando tu nombre, Señor. 
Cumpliré al Señor mis votos 
en presencia de todo el pueblo, 
en el atrio de la casa del Señor, 
en medio de ti, Jerusalén.

14 jun. 2018

Santo Evangelio 14 de junio 2018


Día litúrgico: Jueves X del tiempo ordinario


Texto del Evangelio (Mt 5,20-26): En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Si vuestra justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el Reino de los Cielos. 

»Habéis oído que se dijo a los antepasados: ‘No matarás; y aquel que mate será reo ante el tribunal’. Pues yo os digo: Todo aquel que se encolerice contra su hermano, será reo ante el tribunal; pero el que llame a su hermano "imbécil", será reo ante el Sanedrín; y el que le llame "renegado", será reo de la gehenna de fuego.

»Si, pues, al presentar tu ofrenda en el altar te acuerdas entonces de que un hermano tuyo tiene algo contra ti, deja tu ofrenda allí, delante del altar, y vete primero a reconciliarte con tu hermano; luego vuelves y presentas tu ofrenda. Ponte enseguida a buenas con tu adversario mientras vas con él por el camino; no sea que tu adversario te entregue al juez y el juez al guardia, y te metan en la cárcel. Yo te aseguro: no saldrás de allí hasta que no hayas pagado el último céntimo».


«Si vuestra justicia no es mayor (...) no entraréis en el Reino de los Cielos»



P. Julio César RAMOS González SDB 
(Mendoza, Argentina)

Hoy, Jesús nos invita a ir más allá de lo que puede vivir cualquier mero cumplidor de la ley. Aún, sin caer en la concreción de malas acciones, muchas veces la costumbre endurece el deseo de la búsqueda de la santidad, amoldándonos acomodaticiamente a la rutina del comportarse bien, y nada más. San Juan Bosco solía repetir: «Lo bueno, es enemigo de lo óptimo». Allí es donde nos llega la Palabra del Maestro, que nos invita a hacer cosas “mayores” (cf. Mt 5,20), que parten de una actitud distinta. Cosas mayores que, paradójicamente, pasan por las menores, por las más pequeñas. Encolerizarse, menospreciar y renegar del hermano no son adecuadas para el discípulo del Reino, que ha sido llamado a ser —nada más y nada menos— que sal de la tierra y luz del mundo (cf. Mt 5,13-16), desde la vigencia de las bienaventuranzas (cf. Mt 5,3-12).

Jesús, con autoridad, cambia la interpretación del precepto negativo “No matar” (cf. Ex 20,13) por la interpretación positiva de la profunda y radical exigencia de la reconciliación, puesta —para mayor énfasis— en relación con el culto. Así, no hay ofrenda que sirva cuando «te acuerdas entonces de que un hermano tuyo tiene algo contra ti» (Mt 5,23). Por eso, importa arreglar cualquier pleito, porque de lo contrario la invalidez de la ofrenda se volverá contra ti (cf. Mt 5,26).

Todo esto, sólo lo puede movilizar un gran amor. Nos dirá san Pablo: «En efecto, lo de: No adulterarás, no matarás, no robarás, no codiciarás y todos los demás preceptos, se resumen en esta fórmula: ‘Amarás a tu prójimo como a ti mismo’. La caridad no hace mal al prójimo. La caridad es, por tanto, la ley en su plenitud» (Rom 13,9-10). Pidamos ser renovados en el don de la caridad —hasta el mínimo detalle— para con el prójimo, y nuestra vida será la mejor y más auténtica ofrenda a Dios.

Salmo 114 Acción de Gracias

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Salmo 114

Acción de Gracias

 Amo al Señor, porque escucha 
mi voz suplicante, 
porque inclina su oído hacia mí 
el día que lo invoco. 

Me envolvían redes de muerte, 
me alcanzaron los lazos del abismo, 
caí en tristeza y angustia. 
Invoqué el nombre del Señor: 
"Señor, salva mi vida". 

El Señor es benigno y justo, 
nuestro Dios es compasivo; 
el Señor guarda a los sencillos: 
estando yo sin fuerzas, me salvó. 

Alma mía, recobra tu calma, 
que el Señor fue bueno contigo: 
arrancó mi alma de la muerte, 
mis ojos de las lágrimas, 
mis pies de la caída. 

Caminaré en presencia del Señor 
en el país de la vida. 

13 jun. 2018

Santo Evangelio 13 de junio 2018


Día litúrgico: Miércoles X del tiempo ordinario

Santoral 13 de Junio: San Antonio de Padua, presbítero y doctor de la Iglesia


Texto del Evangelio (Mt 5,17-19): En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «No penséis que he venido a abolir la Ley y los Profetas. No he venido a abolir, sino a dar cumplimiento. Sí, os lo aseguro: el cielo y la tierra pasarán antes que pase una i o una tilde de la Ley sin que todo suceda. Por tanto, el que traspase uno de estos mandamientos más pequeños y así lo enseñe a los hombres, será el más pequeño en el Reino de los Cielos; en cambio, el que los observe y los enseñe, ése será grande en el Reino de los Cielos».


«No he venido a abolir, sino a dar cumplimiento»

Rev. D. Miquel MASATS i Roca 
(Girona, España)

Hoy escuchamos del Señor: «No penséis que he venido a abolir la Ley y los Profetas; (...), sino a dar cumplimiento» (Mt 5,17). En el Evangelio de hoy, Jesús enseña que el Antiguo Testamento es parte de la Revelación divina: Dios primeramente se dio a conocer a los hombres mediante los profetas. El Pueblo escogido se reunía los sábados en la sinagoga para escuchar la Palabra de Dios. Así como un buen israelita conocía las Escrituras y las ponía en práctica, a los cristianos nos conviene la meditación frecuente —diaria, si fuera posible— de las Escrituras.

En Jesús tenemos la plenitud de la Revelación. Él es el Verbo, la Palabra de Dios, que se ha hecho hombre (cf. Jn 1,14), que viene a nosotros para darnos a conocer quién es Dios y cómo nos ama. Dios espera del hombre una respuesta de amor, manifestada en el cumplimiento de sus enseñanzas: «Si me amáis, guardaréis mis mandamientos» (Jn 14,15).

Del texto del Evangelio de hoy encontramos una buena explicación en la Primera Carta de san Juan: «En esto consiste el amor a Dios: en que guardemos sus mandamientos. Y sus mandamientos no son pesados» (1Jn 5,3). Guardar los mandamientos de Dios garantiza que le amamos con obras y de verdad. El amor no es sólo un sentimiento, sino que —a la vez— pide obras, obras de amor, vivir el doble precepto de la caridad.

Jesús nos enseña la malicia del escándalo: «El que traspase uno de estos mandamientos más pequeños y así lo enseñe a los hombres, será el más pequeño en el Reino de los Cielos» (Mt 5,19). Porque —como dice san Juan— «quien dice: ‘Yo le conozco’ y no guarda sus mandamientos es un mentiroso y la verdad no está en él» (1Jn 2,4).

A la vez enseña la importancia del buen ejemplo: «El que los observe y los enseñe, ése será grande en el Reino de los Cielos» (Mt 5,19). El buen ejemplo es el primer elemento del apostolado cristiano.

Salmo 113B Himno al Dios verdadero

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Salmo 113B

Himno al Dios verdadero 


No a nosotros, Señor, no a nosotros, 
sino a tu nombre da la gloria, 
por tu bondad, por tu lealtad. 
¿Por qué ha de decir las naciones: 
"Dónde está su Dios?" 

Nuestro Dios está en el cielo, 
lo que quiere lo hace. 
Sus ídolos, en cambio, son plata y oro, 
hechura de manos humanas: 

Tienen boca, y no hablan; 
tienen ojos, y no ven; 
tienen orejas, y no oyen; 
tienen nariz, y no huelen; 

Tienen manos, y no tocan; 
tienen pies, y no andan; 
no tiene voz su garganta: 
que sean igual los que los hacen, 
cuantos confían en ellos. 

Israel confía en el Señor: 
El es su auxilio y su escudo. 
La casa de Aarón confía en el Señor: 
El es su auxilio y su escudo. 
Los fieles del Señor confían en el Señor: 
El su auxilio y su escudo. 

Que el Señor se acuerde de nosotros y nos bendiga, 
bendiga a la casa de Israel, 
bendiga a la casa de Aarón; 
bendiga a los fieles del Señor, 
pequeños y grandes. 

Que el Señor os acreciente, 
a vosotros y a vuestros hijos; 
bendito seáis del Señor, 
que hizo el cielo y la tierra. 
El cielo pertenece al Señor, 
la tierra se le ha dado a los hombres. 

Los muertos ya no alaban al Señor, 
ni los que bajan al silencio. 
Nosotros, sí, bendeciremos al Señor 
ahora y por siempre. 

12 jun. 2018

Santo Evangelio 12 de junio 2018



Día litúrgico: Martes X del tiempo ordinario

Texto del Evangelio (Mt 5,13-16): En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Vosotros sois la sal de la tierra. Mas si la sal se desvirtúa, ¿con qué se la salará? Ya no sirve para nada más que para ser tirada afuera y pisoteada por los hombres. Vosotros sois la luz del mundo. No puede ocultarse una ciudad situada en la cima de un monte. Ni tampoco se enciende una lámpara y la ponen debajo del celemín, sino sobre el candelero, para que alumbre a todos los que están en la casa. Brille así vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos».


«Vosotros sois la sal de la tierra. (...) Vosotros sois la luz del mundo»

Rev. D. Francesc PERARNAU i Cañellas 
(Girona, España)

Hoy, san Mateo nos recuerda aquellas palabras en las que Jesús habla de la misión de los cristianos: ser sal y luz del mundo. La sal, por un lado, es este condimento necesario que da gusto a los alimentos: sin sal, ¡qué poco valen los platos! Por otro lado, a lo largo de los siglos la sal ha sido un elemento fundamental para la conservación de los alimentos por su poder de evitar la corrupción. Jesús nos dice: —Debéis ser sal en vuestro mundo, y como la sal, dar gusto y evitar la corrupción. 

En nuestro tiempo, muchos han perdido el sentido de su vida y dicen que no vale la pena; que está llena de disgustos, dificultades y sufrimientos; que pasa muy deprisa y que tiene como perspectiva final —y bien triste— la muerte.

«Vosotros sois la sal de la tierra» (Mt 5,13). El cristiano ha de dar el gusto: mostrar con la alegría y el optimismo sereno de quien se sabe hijo de Dios, que todo en esta vida es camino de santidad; que dificultades, sufrimientos y dolores nos ayudan a purificarnos; y que al final nos espera la vida de la Gloria, la felicidad eterna.

Y, también como la sal, el discípulo de Cristo ha de preservar de la corrupción: donde se encuentran cristianos de fe viva, no puede haber injusticia, violencia, abusos hacia los débiles... Todo lo contrario, ha de resplandecer la virtud de la caridad con toda la fuerza: la preocupación por los otros, la solidaridad, la generosidad...

Y, así, el cristiano es luz del mundo (cf. Mt 5,14). El cristiano es esta antorcha que, con el ejemplo de su vida, lleva la luz de la verdad a todos los rincones del mundo, mostrando el camino de la salvación... Allá donde antes sólo había tinieblas, incertidumbres y dudas, nace la claridad, la certeza y la seguridad.

Salmo 113 Israel liberado de Egipto

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Salmo 113

Israel liberado de Egipto 



Cuando Israel salió de Egipto, 
los hijos de Jacob de un pueblo balbuciente, 
Judá fue su santuario, 
Israel fue su dominio. 

El mar, al verlos, huyó, 
el Jordán se echó atrás; 
los montes saltaron como carneros; 
las colinas, como corderos. 

¿Qué te pasa, mar, que huyes, 
y a ti, Jordán, que te echas atrás? 
¿Ya vosotros, montes, que saltáis como carneros; 
colinas, que saltáis como corderos. 

En presencia del Señor se estremece la tierra, 
en presencia del Dios de Jacob; 
que transforma las peñas en estanques, 
el pedernal en manantiales de agua.

11 jun. 2018

Santo Evangelio 11 de junio 2018


Día litúrgico: Lunes X del tiempo ordinario

Santoral 11 de Junio: San Bernabé, apóstol

Texto del Evangelio (Mt 5,1-12): En aquel tiempo, viendo la muchedumbre, subió al monte, se sentó, y sus discípulos se le acercaron. Y tomando la palabra, les enseñaba diciendo: «Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos. Bienaventurados los mansos, porque ellos poseerán en herencia la tierra. Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados. Bienaventurados los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos serán saciados. Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia. Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios. Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios. Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los Cielos. Bienaventurados seréis cuando os injurien, y os persigan y digan con mentira toda clase de mal contra vosotros por mi causa. Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en los cielos; pues de la misma manera persiguieron a los profetas anteriores a vosotros».


«Bienaventurados los pobres de espíritu»

Rev. D. Àngel CALDAS i Bosch 
(Salt, Girona, España)

Hoy, con la proclamación de las Bienaventuranzas, Jesús nos hace notar que a menudo somos unos desmemoriados y actuamos como los niños, pues el juego nos hace perder el recuerdo. Jesús temía que la gran cantidad de “buenas noticias” que nos ha comunicado —es decir, de palabras, gestos y silencios— se diluyera en nuestros pecados y preocupaciones. ¿Recordáis, en la parábola del sembrador, la imagen del grano de trigo ahogado en las espinas? Por eso san Mateo engarza las Bienaventuranzas como unos principios fundamentales, para que no las olvidemos nunca. Son un compendio de la Nueva Ley presentada por Jesús, como unos puntos básicos que nos ayudan a vivir cristianamente.

Las Bienaventuranzas están destinadas a todo el mundo. El Maestro no sólo enseña a los discípulos que le rodean, ni excluye a ninguna clase de personas, sino que presenta un mensaje universal. Ahora bien, puntualiza las disposiciones que debemos tener y la conducta moral que nos pide. Aunque la salvación definitiva no se da en este mundo, sino en el otro, mientras vivimos en la tierra debemos cambiar de mentalidad y transformar nuestra valoración de las cosas. Debemos acostumbrarnos a ver el rostro del Cristo que llora en los que lloran, en los que quieren vivir desprendidos de palabra y de hechos, en los mansos de corazón, en los que fomentan las ansias de santidad, en los que han tomado una “determinada determinación”, como decía santa Teresa de Jesús, para ser sembradores de paz y alegría.

Las Bienaventuranzas son el perfume del Señor participando en la historia humana. También en la tuya y en la mía. Los dos últimos versículos incorporan la presencia de la Cruz, ya que invitan a la alegría cuando las cosas se ponen feas humanamente hablando por causa de Jesús y del Evangelio. Y es que, cuando la coherencia de la vida cristiana sea firme, entonces, fácilmente vendrá la persecución de mil maneras distintas, entre dificultades y contrariedades inesperadas. El texto de san Mateo es rotundo: entonces «alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en los cielos» (Mt 5,12).

Salmo 112 Alabado sea el nombre de Dios

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Salmo 112

Alabado sea el nombre de Dios 


Alabad, siervos del Señor, 
alabad el nombre del Señor. 
Bendito sea el nombre del Señor, 
ahora y por siempre: 
de la salida del sol hasta su ocaso, 
alabado sea el nombre del Señor. 

El Señor se eleva sobre todos los pueblos, 
su gloria sobre los cielos. 
¿Quién como el Señor, Dios nuestro, 
que se eleva en su trono 
y se abaja para mirar 
al cielo y a la tierra? 

Levanta del polvo al desvalido, 
alza de la basura al pobre, 
para sentarlo con los príncipes, 
los príncipes de su pueblo; 
a la estéril le da un puesto en la casa, 
como madre feliz de hijos.

10 jun. 2018

Santo Evangelio 10 de junio 2018



Día litúrgico: Domingo X (B) del tiempo ordinario

Texto del Evangelio (Mc 3,20-35): En aquel tiempo, Jesús volvió a casa y se aglomeró otra vez la muchedumbre de modo que no podían comer. Se enteraron sus parientes y fueron a hacerse cargo de Él, pues decían: «Está fuera de sí». 

Y los escribas que habían bajado de Jerusalén decían: «Está poseído por Beelzebul» y «por el príncipe de los demonios expulsa los demonios». Entonces Jesús, llamándoles junto a sí, les decía en parábolas: «¿Cómo puede Satanás expulsar a Satanás? Si un reino está dividido contra sí mismo, ese reino no puede subsistir. Si una casa está dividida contra sí misma, esa casa no podrá subsistir. Y si Satanás se ha alzado contra sí mismo y está dividido, no puede subsistir, pues ha llegado su fin. Pero nadie puede entrar en la casa del fuerte y saquear su ajuar, si no ata primero al fuerte; entonces podrá saquear su casa. Yo os aseguro que se perdonará todo a los hijos de los hombres, los pecados y las blasfemias, por muchas que éstas sean. Pero el que blasfeme contra el Espíritu Santo, no tendrá perdón nunca, antes bien, será reo de pecado eterno». Es que decían: «Está poseído por un espíritu inmundo». 

Y llegan la madre y los hermanos de Jesús, y quedándose fuera, le envían a llamar. Estaba mucha gente sentada a su alrededor. Le dicen: «¡Oye!, tu madre, tus hermanos y tus hermanas están fuera y te buscan». Él les responde: «¿Quién es mi madre y mis hermanos?». Y mirando en torno a los que estaban sentados en corro, a su alrededor, dice: «Éstos son mi madre y mis hermanos. Quien cumpla la voluntad de Dios, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre».


«El que blasfeme contra el Espíritu Santo, no tendrá perdón nunca»

Rev. D. Vicenç GUINOT i Gómez 
(Sant Feliu de Llobregat, España)

Hoy, al leer el Evangelio del día, uno no sale de su asombro —“alucina”, como se dice en el lenguaje de la calle—. «Los escribas que habían bajado de Jerusalén» ven la compasión de Jesús por las gentes y su poder que obra en favor de los oprimidos, y —a pesar de todo— le dicen que «está poseído por Beelzebul» y «por el príncipe de los demonios expulsa los demonios» (Mc 3,22). Realmente uno queda sorprendido de hasta dónde pueden llegar la ceguera y la malicia humanas, en este caso de unos letrados. Tienen delante la Bondad en persona, Jesús, el humilde de corazón, el único Inocente y no se enteran. Se supone que ellos son los entendidos, los que conocen las cosas de Dios para ayudar al pueblo, y resulta que no sólo no lo reconocen sino que lo acusan de diabólico.

Con este panorama es como para darse media vuelta y decir: «¡Ahí os quedáis!». Pero el Señor sufre con paciencia ese juicio temerario sobre su persona. Como afirmó san Juan Pablo II, Él «es un testimonio insuperable de amor paciente y de humilde mansedumbre». Su condescendencia sin límites le lleva, incluso, a tratar de remover sus corazones argumentándoles con parábolas y consideraciones razonables. Aunque, al final, advierte con su autoridad divina que esa cerrazón de corazón, que es rebeldía ante el Espíritu Santo, quedará sin perdón (cf. Mc 3,29). Y no porque Dios no quiera perdonar, sino porque para ser perdonado, primero, uno ha de reconocer su pecado.

Como anunció el Maestro, es larga la lista de discípulos que también han sufrido la incomprensión cuando obraban con toda la buena intención. Pensemos, por ejemplo, en santa Teresa de Jesús cuando intentaba llevar a más perfección a sus hermanas.

No nos extrañe, por tanto, si en nuestro caminar aparecen esas contradicciones. Serán indicio de que vamos por buen camino. Recemos por esas personas y pidamos al Señor que nos dé aguante.

Luchar contra el mal, con el Espíritu de Jesús

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LUCHAR CONTRA EL MAL, CON EL ESPÍRITU DE JESÚS

Por Gabriel González del Estal

1.- También los escribas que habían bajado de Jerusalén decían: “Tiene dentro a Belzebú y expulsa a los demonios con el poder del jefe de los demonios”. Jesús expulsaba a los demonios, al mal, con el poder del espíritu que le había dado su Padre, Dios, es decir, con el poder del Espíritu Santo. Jesús luchaba contra el mal, contra los malos espíritus, por amor a las personas, porque no podía ver sufrir a las personas sin hacer nada para liberarlas del sufrimiento y del dolor. Y esto es lo que tenemos que hacer los cristianos: ayudar a los enfermos, a los pecadores, a los marginados, a los que pasan hambre, defender la vida siempre y defender a los que la pierden injustamente; en definitiva, defender y ayudar a cualquier persona que sufre por culpa de la injusticia humana. Esto naturalmente nunca sale gratis, porque las personas a las que ayudamos son personas, en su mayor parte, que sufren por culpa de otras personas que se quieren aprovechar de ellas, que salen ganando, aprovechándose de su debilidad y vulnerabilidad. Hay pobres porque hay ricos injustos, hay marginados porque hay personas orgullosas y soberbias, hay miles de enfermos que padecen enfermedad, hay muertes injustas precisamente porque los que tienen el poder y el dinero no hacen nada para remediarlo, hay personas que pasan hambre y sed porque a muchas personas y a muchos Estados les interesa más gastar el dinero en provecho propio, que en remediar el hambre, la sed, la enfermedad, el mal, la muerte injusta, que podían combatir y remediar, al menos en gran parte. Esto debemos analizarlo a nivel de Estados, de empresas, y también de personas particulares. Cada uno de nosotros debemos analizar nuestra conducta y ver si realmente también nosotros estamos contribuyendo a aumentar el mal en el mundo en el que vivimos, o no hacemos todo los que podemos hacer para remediarlo. Jesús nunca se quedó indiferente ante el mal y la vida; tampoco los cristianos podemos, ni debemos hacerlo.

2. - “Estos son mi madre y mis hermanos. El que cumple la voluntad de Dios, ese es mi hermano y mi hermana y mi madre”. Jesús vivió en familia muchos años de su vida, mientras crecía en gracia y santidad. Nunca despreció a su familia natural. Pero cuando le llegó el momento de dedicar toda su actividad y su vida a predicar el Reino, la Buena Nueva, abandonó su casa materna y a sus padres; su única casa y su única familia pasaron a ser desde entonces todos los que querían seguirle, todos los que querían hacer y cumplir la voluntad de Dios. Nosotros, los que queremos seguir a Cristo y hacer su voluntad, somos familia de Cristo, familia de Dios. Es evidente que debemos seguir amando a nuestra familia natural, pero, en el orden espiritual nuestra única familia es Cristo y todos los que hacen la voluntad de Dios. Esto no sólo es aplicable a las personas consagradas, sino a todos los seglares comprometidos con la defensa del Reino de Dios en este mundo.

3.- Aunque nuestro hombre exterior se vaya deshaciendo, nuestro interior se renueva cada día… No nos fijamos en lo que se ve, sino en lo que no se ve. Lo que se ve es transitorio, lo que no se ve es eterno. Por supuesto que san Pablo, en esta su carta a los Corintios, habla desde la fe, no desde la evidencia de los sentidos externos. Sin fe en la transcendencia, el mundo y la vida son puro materialismo. Tenemos que ser personas de fe, saber mirar la vida con ojos de fe, de lo contrario nunca podremos dar el salto desde este mundo material en el que vivimos hasta el mundo espiritual, el mundo de Dios. Los ojos corporales de nuestro cuerpo sólo ven realidades transitorias, sólo con los ojos de la fe podemos ver el mundo eterno. Todo es distinto para el hombre de fe, que para el hombre que no tiene fe. Por la fe sabemos que Dios está presente y vive en cada uno de nosotros, que lo divino que hay en cada uno de nosotros es Dios mismo. Cristo fue el principal testigo y anunciador de la presencia de Dios en nosotros. Los cristianos sabemos muy bien que comulgando con Cristo comulgamos con Dios y con todas las personas que viven en Dios y con Dios. Así lo han vivido todos los santos y personas religiosas que han vivido en este mundo. Así lo debemos de vivir también cada uno de nosotros. Defendamos los intereses de Dios, con el Espíritu de Jesús, por encima de nuestros mezquinos intereses, defendamos la verdad y el bien, defendamos, en definitiva, lo que Cristo defendió mientras vivió en nuestro mundo. Sólo así podremos llamarnos en verdad cristianos, discípulos de Cristo.