20 abr. 2013

Lectura Breve 1Pe 2, 9-10




LECTURA BREVE 1Pe 2, 9-10

Vosotros sois linaje escogido, sacerdocio regio, nación santa, pueblo adquirido por Dios para proclamar las hazañas del que os llamó a salir de la tiniebla y a entrar en su luz maravillosa. Vosotros, que en otro tiempo no erais pueblo, sois ahora pueblo de Dios; vosotros, que estabais excluidos de la misericordia, sois ahora objeto de la misericordia de Dios.

Santo Evangelio 20 de Abril de 2013





çAutor: P. Clemente González | Fuente: Catholic.net
¿También ustedes se quieren marchar?
Juan 6, 60-69. Pascua. Solo en Cristo encontraremos el lugar que esperamos. Él tiene palabras de vida eterna.


Del santo Evangelio según san Juan 6, 60-69 

En aquel tiempo muchos discípulos de Jesús al oírle, dijeron: Es duro este lenguaje. ¿Quién puede escucharlo? Pero sabiendo Jesús en su interior que sus discípulos murmuraban por esto, les dijo: ¿Esto os escandaliza? ¿Y cuando veáis al Hijo del hombre subir adonde estaba antes?... El espíritu es el que da vida; la carne no sirve para nada. Las palabras que os he dicho son espíritu y son vida. Pero hay entre vosotros algunos que no creen. Porque Jesús sabía desde el principio quiénes eran los que no creían y quién era el que lo iba a entregar. Y decía: Por esto os he dicho que nadie puede venir a mí si no se lo concede el Padre. Desde entonces muchos de sus discípulos se volvieron atrás y ya no andaban con él. Jesús dijo entonces a los Doce: ¿También vosotros queréis marcharos? Le respondió Simón Pedro: Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna, y nosotros creemos y sabemos que tú eres el Santo de Dios. 

Oración introductoria 

Dios mío, no quiero ser de los que traicionan, porque ¿a quién iría? Sólo Tú me puedes dar la luz y fuerza que necesito para dejar mi autosuficiencia y mi egoísmo. Creo, espero y te amo, permite que pueda tener un encuentro contigo en esta oración. 

Petición 

Dios mío, no permitas que las preocupaciones del mundo me distraigan en mi oración. 

Meditación del Papa 

"¿También vosotros queréis marcharos?" Esta pregunta provocadora no se dirige sólo a los que entonces escuchaban sino que alcanza a los creyentes y a los hombres de todas las épocas. También hoy muchos se escandalizan ante la paradoja de la fe cristiana. La enseñanza de Jesús parece "dura", demasiado difícil de acoger y de practicar. Entonces hay quien rechaza y abandona a Cristo; hay quien trata de adaptar su palabra a las modas desvirtuando su sentido y valor. "¿También vosotros queréis marcharos?". Esta inquietante provocación resuena en el corazón y espera de cada uno una respuesta personal. Jesús, de hecho, no se contenta con una pertenencia superficial y formal, no le basta una primera adhesión entusiasta; es necesario, por el contrario, participar durante toda la vida en su pensar y querer. Seguirle llena el corazón de alegría y dan sentido pleno a nuestra existencia, pero comporta dificultades y renuncias, pues con mucha frecuencia hay que ir contra la corriente. (Benedicto XVI, 23 de agosto de 2009). 

Reflexión 

Varias personas piensan que la doctrina de la Iglesia es inaceptable. ¿Por qué el Papa no permite el aborto, ni la eutanasia, ni el uso de los anticonceptivos? ¿Por qué los curas no pueden casarse? Y por eso muchos deciden dar la espalda a la Iglesia. 

La historia se repite. Los discípulos de Jesús no podían con toda la doctrina. Sobre todo, aquello de comer el Cuerpo de Cristo. Por eso, muchos de ellos se echaron atrás y no volvieron a ir con Él. Jesús se quedaba solo. Cada uno prefería buscar la felicidad por su cuenta, al margen de la voluntad de Dios. Apenas le quedaba una docena de seguidores, sus apóstoles. ¿Y vosotros, también queréis marcharos? Terrible pregunta. Pero estupenda respuesta: ¿A quien vamos a acudir? Tú tienes palabras de vida eterna. 

Es triste ver cómo miles de personas caen diariamente en manos de las sectas, buscando otras palabras diferentes a las de Cristo, que son las que defiende la Iglesia. Sin embargo, no debemos perder la esperanza de que un día se darán cuenta del engaño de esos grupos y decidirán regresar al seno de la familia católica, porque es allí donde se encuentran las verdaderas palabras de Jesús. 

Propósito 

Delicadeza y alegría para darle todo a Dios, y dárselo en el amor. 

Diálogo con Cristo 

Jesús mío, quiero seguirte día a día y servirte en los demás. No quiero marcharme ni quedarme atrás, quiero caminar al paso que necesita la Iglesia. Cumplir con mis deberes de estado y con mi apostolado de extender tu Reino por medio de la caridad. Por eso te doy gracias por este momento de oración que puede transformar mis deseos en una hermosa realidad. 



El pasado es hoy




El pasado es hoy

Para Dios, el tiempo es siempre el ahora: tiempo de reparar tantas faltas y ofensas 
Autor: Oscar Schmidt | Fuente: www.reinadelcielo.org

Cuando Jesús oró en el Getsemaní, pudo ver y conocer todos los pecados del hombre, de todos los hombres, de todos los tiempos, pasados, presentes y futuros. Y esto fue posible porque el tiempo no es para Dios lo que es para nosotros. El Creador es en Si mismo la Eternidad, por lo tanto no ve las limitaciones temporales de nuestra vida terrena como las vemos nosotros. El Verbo existió siempre, sólo que tuvo que llegar el tiempo terrenal de la Redención para que se manifestara como Hombre-Dios, como el Cordero del Padre. 

El entendimiento de los tiempos de Dios nos permite también darle otro sentido a la necesidad de que obremos en beneficio de la Obra Celestial. Nuestra curiosidad nos desvía a tratar de saber qué es lo que va a ocurrir y cuando, pero los tiempos de Dios no son nuestros tiempos: es mejor obrar en el presente y dejar que el futuro se desarrolle de acuerdo a los designios de la Divina Providencia. 

Pero, ¿y el pasado?. Tendemos a ver el pasado como un libro cerrado, algo que terminó. Pero si Jesús vio en el Getsemani los pecados de los hombres y mujeres del futuro, ¡quiere decir que nos estaba viendo a nosotros actuar hoy en día!. Nuestras buenas acciones de hoy son un consuelo para lo que Jesús tuvo que ver hace dos mil años, y eso, bajo los tiempos de Dios, está ocurriendo en este momento. También, tristemente, nuestras faltas de hoy engrosan el dolor de Jesús en aquel momento, porque para El, todo esto ocurre hoy en el chispazo que para el Creador representa la historia completa del hombre. 

¡Que maravilla!. La historia la escribimos nosotros, a cada instante. Nunca es tarde, ni temprano. Para Dios, el tiempo es siempre el ahora: tiempo de reparar tantas faltas y ofensas a Su Santo Nombre. Si en este momento rezo o abro mi corazón a Cristo, le quito un poco del peso que siente en el Getsemani. Y digo "siente" porque bajo este concepto de tiempo Divino, el Getsemani es ahora, Jesús está viendo nuestra vida desde el huerto en este mismo momento. Y también Su paso con la Cruz a cuestas es en este momento, y Su Crucifixión, y Su Santa Muerte y Resurrección. Todo forma parte del mismo plano, a los Ojos de Dios. Es como si el Corazón de Dios fuera un enorme estanque, sin tiempo ni espacio, en el que se van volcando las acciones de la humanidad, a lo largo de toda su historia, desde el Génesis hasta el futuro Retorno del Señor en Gloria. Y ese estanque está permanentemente recibiendo gotas de Sangre y de Miel. Sangre por los pecados, Miel por el amor que emana de nuestras buenas acciones. El libre albedrío que Dios nos regaló nos permite optar entre hacer caer Sangre en el estanque, o miel que endulce el Corazón de Cristo, nuestro Cristo. Y si hacemos caer miel ahora, le damos a Jesús un motivo más para que El se consuele en el Getsemaní frente a la traición, Pasión y Muerte que está por enfrentar. Es como decirle: 

¡Señor, claro que no es en vano, aquí también estoy yo junto a Ti compartiendo Tu momento de dolor!.

¿Sientes a Jesús en el Huerto en este momento, viendo tu corazón y mendigando un poco de dulce amor?. Si, ahora mismo, pidiéndote que hagas algo para compensar toda la Sangre que brota de Su Cuerpo ante la vista de tanto pecado, pasado, presente y futuro. 

San Inés de Montepulciano...20 de Abril





En Montepulciano, también de la Toscana, santa Inés, virgen, que vistió el hábito de las vírgenes a los nueve años, y a los quince, en contra de su voluntad, fue elegida superiora de las monjas de Procene, fundando más tarde un monasterio, sometido a la disciplina de santo Domingo, donde dio muestras de una profunda humildad (1317).


Etimológicamente: Inés = Aquella que se mantiene pura, es de origen latino.Nació alrededor del año 1270. Hija de la toscana familia Segni, propietarios acomodados de Graciano, cerca de Orvieto.


Cuanto solo tiene nueve años, consigue el permiso familiar para vestir el escapulario de "saco" de las monjas de un convento de Montepulciano que recibían este nombre precisamente por el pobre estilo de su ropa.

Seis años más tarde funda un monasterio con Margarita, su maestra de convento, en Proceno, a más de cien kilómetros de Montepulciano. Mucha madurez debió ver en ella el obispo del lugar cuando con poco más de quince años la nombra abadesa. Dieciséis años desempeñó el cargo y en el transcurso de ese tiempo hizo dos visitas a Roma; una fue por motivos de caridad, muy breve; la otra tuvo como fin poner los medios ante la Santa Sede para evitar que el monasterio que acababa de fundar fuera un día presa de ambiciones y usurpaciones ilegítimas. Se ve que en ese tiempo podía pasar cualquier cosa no sólo en los bienes eclesiásticos que detentaban los varones, sino también con los que administraban las mujeres.

Apreciando los vecinos de Montepulciano el bien espiritual que reportaba el monasterio de Proceno puertas afuera, ruegan, suplican y empujan a Inés para que funde otro en su ciudad pensando en la transformación espiritual de la juventud. Descubierta la voluntad de Dios en la oración, decide fundar. Será en el monte que está sembrado de casas de lenocinio, "un lugar de pecadoras", y se levantará gracias a la ayuda económica de los familiares, amigos y convecinos. Ha tenido una visión en la que tres barcos con sus patronos están dispuestos a recibirla a bordo; Agustín, Domingo y Francisco la invitan a subir, pero es Domingo quien decide la cuestión: "Subirá a mi nave, pues así lo ha dispuesto Dios". 

Su fundación seguirá el espíritu y las huellas de santo Domingo y tendrá a los dominicos como ayuda espiritual para ella y sus monjas. 

Con maltrecha salud, sus monjas intentan procurarle remedio con los baños termales cercanos; pero fallece en el año 1317. 

Raimundo de Capua, el mayor difusor de la vida y obras de santa Inés, escribe en Legenda no sólo datos biográficos, sino un chorro de hechos sobrenaturales acaecidos en vida de la santa y, según él, confirmados ante notario, firmados por testigos oculares fidedignos y testimoniados por las monjas vivas a las que tenía acceso por razones de su ministerio. Piensa que relatando prolijamente los hechos sobrenaturales -éxtasis, visiones y milagros-, contribuye a resaltar su santa vida con el aval inconfundible del milagro. Por ello habló del maná que solía cubrir el manto de Inés al salir de la oración, el que cubrió en interior de la catedral cuando hizo su profesión religiosa, o la luz radiante que aún después de medio siglo de la muerte le ha deslumbrado en Montepulciano; no menos asombro causaba oírle exponer cómo nacían rosas donde Inés se arrodillaba y el momento glorioso en que la Virgen puso en sus brazos al niño Jesús (antes de devolverlo a su Madre, tuvo Inés el acierto de quitarle la cruz que llevaba al cuello y guardarla después como el más preciado tesoro). Cariño, poesía y encanto.

Santa Catalina de Siena, nacida unos años después y dominica como ella, será la santa que, profundamente impresionada por sus virtudes, hablará de lo de dentro de su alma. Llegó a afirmar que, aparte de la acción del Espíritu Santo, fueron la vida y virtudes ejemplares vividas heroicamente por santa Inés las que le empujaron a su entrega personal y a amar al Señor. Resalta en carta escrita a las monjas hijas de Inés de Montepulciano -una santa que habla de otra santa- la humildad, el amor a la Cruz, y la fidelidad al cumplimiento de la voluntad de Dios. Pero el mayor elogio que puede decirse de Inés lo dejó escrito en su Diálogo, poniéndolo en boca de Jesucristo: "La dulce virgen santa Inés, que desde la niñez hasta el fin de su vida me sirvió con humildad y firme esperanza sin preocuparse de sí misma".

Fue canonizada por S.S. Benedicto XIII en el año 1726.



Francisco Rebollo

19 abr. 2013

Lectura Breve Ga 3, 27-28





LECTURA BREVE Ga 3, 27-28

Todos los que habéis sido bautizados en Cristo os habéis revestido de Cristo. Ya no hay distinción entre judío y gentil, ni entre libre y esclavo, ni entre hombre y mujer: todos sois uno en Cristo Jesús.

Santo Evangelio 19 de Abril de 2013





Autor: José Noé Patiño | Fuente: Catholic.net
El Pan Eucarístico
Juan 6, 52-59. Pascua. Cristo nos está esperando en la Eucaristía.


Del santo Evangelio según san Juan 6, 52-59 

Discutían entre sí los judíos y decían: ¿Cómo puede éste darnos a comer su carne? Jesús les dijo: En verdad, en verdad os digo: si no coméis la carne del Hijo del hombre, y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna, y yo le resucitaré el último día. Porque mi carne es verdadera comida y mi sangre verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre, permanece en mí, y yo en él. Lo mismo que el Padre, que vive, me ha enviado y yo vivo por el Padre, también el que me coma vivirá por mí. Este es el pan bajado del cielo; no como el que comieron vuestros padres, y murieron; el que coma este pan vivirá para siempre. Esto lo dijo enseñando en la sinagoga, en Cafarnaúm. 

Oración introductoria 

Jesús mío, ¡gracias!, por estar presente en la Eucaristía y por darme la posibilidad de poder recibirte en mi interior. Yo solo no puedo corresponder a tanto amor y misericordia, por eso te pido que me muestres, en esta oración, tu voluntad, el camino que he de seguir para poder recibirte dignamente en mi corazón. 

Petición 

Jesús, no soy digno de que vengas a mí, pero una palabra tuya bastará para sanarme. ¡Ven Señor! 

Meditación del Papa 

Pero qué comporta para nuestra vida cotidiana este partir de la Eucaristía para reafirmar la primacía de Dios? La comunión eucarística, queridos amigos, nos arranca de nuestro individualismo, nos comunica el espíritu del Cristo muerto y resucitado, nos conforma a Él; nos une íntimamente a los hermanos en ese misterio de comunión que es la Iglesia, donde el único Pan hace de muchos un solo cuerpo, realizando la oración de la comunidad cristiana de los orígenes recogida en el libro de la Didajé: "Como este pan partido estaba diseminado por las colinas y, recogido, se convirtió en una cosa sola, así tu Iglesia, desde los confines de la tierra sea reunida en tu Reino". La Eucaristía sostiene y trasforma toda la vida cotidiana. Como recordaba en mi primera encíclica, en la comunión eucarística está contenido el ser amados y el amar a nuestra vez a los demás, por lo que "una Eucaristía que no se traduzca en amor concretamente practicado está fragmentada en sí misma". (Benedicto XVI, 11 de septiembre de 2011). 

Reflexión 

El amor lleva a darse. Cuando se trata de un amor como el de Jesús, se llega hasta los extremos más insospechados, hasta el “invento” de la Eucaristía. Cristo tiene que marcharse de este mundo pero -inventa- el modo de quedarse para siempre entre nosotros verdadera, real y substancialmente. 

Todos nosotros hemos tenido alguna vez esa experiencia, tan humana, de una despedida. Y sobre todo, si se trata de dos personas que se quieren, su deseo sería el de continuar juntos sin separarse, pero no se puede. 

El amor del hombre, por muy grande que sea es limitado. Pero lo que nosotros no podemos, lo puede Jesucristo. Él, perfecto Dios y perfecto Hombre, se tiene que ir pero al mismo tiempo se queda, se perdura, se eterniza en este mundo. 

Cristo sabe que en muchos sagrarios donde él mora estará solo la mayor parte del día, experimentando la soledad. Mas Cristo se ha quedado por nosotros, como prisionero por nuestro amor. Siempre esperando. Te está esperando, me está esperando. Espera a todos y cada uno de los hombres, para demostrarnos y desenmascararnos su amor. ¿Cómo no pagar tanto Amor con amor? 

Propósito 

Revisar y mejorar mis relaciones con los demás. 

Diálogo con Cristo 

Padre mío, si realmente conociera lo grande que es el don de la Eucaristía, acudiría con más fervor a recibir este don y trabajaría incansablemente por incrementar el amor a ella en todos los demás, empezando por mi propia familia. Permite, Señor, que sepa compartirte, que mi vida eucarística nunca se centre sólo en mi persona sino que sea el pan que me dé la fuerza para llevar a cabo mi misión. 

San Expedito...19 de Abril




San Expedito...19 de Abril

San Expedito fue comandante de una legión romana y como tal defendió al Imperio ante las invasiones de los Bárbaros. Al convertirse en cristiano fue martirizado (posiblemente por orden del emperador Diocleciano) en Melitene, Armenia (hoy Malatya, Turquía). Junto con él murieron sus compañeros de armas: Caio, Gálatas, Hermógenes, Aristónico y Rufo. Muchos otros mártires dieron gloria a Dios en su época, entre ellos Santa Filomena y San Jorge. 

Según la tradición, en el momento de la conversión, se le acercó el demonio, en forma de un cuervo que le gritaba "cras, cras cras" (En latín significa "Mañana, Mañana, Mañana"). Así trataba de persuadirlo a que dejase su decisión para después ya que el demonio sabe que lo que se deja para mañana hay mucha posibilidad de que se quede sin hacer. Pero Expedito aplastó al cuervo tentador con prontitud diciendo "¡HODIE, HODIE, HODIE!" (HOY, HOY, HOY). No dejaré nada para mañana, a partir de HOY seré cristiano". Así se convirtió en soldado de Cristo, utilizando desde ese momento su valor y disciplina para el Reino de Dios. 

Aunque se desconoce el origen su nombre, aparece en la Martiriología Romana junto a Hermógenes y compañeros. Su nombre es sinónimo con prontitud y se le tiene por gran y pronto intercesor. 

A san Expedito se le invoca en problemas urgentes. Debemos saber que lo mas importante es renunciar a la vida de pecado y decidirnos cabalmente por Cristo. Seamos pues inspirados por su prontitud y valor al seguir a Cristo en tan difíciles circunstancias cuando los cristianos eran perseguidos a muerte. Que nosotros también digamos "HOY" a Jesús y aplastemos los engaños del tentador. 

También se le venera como protector de jóvenes, estudiantes, enfermos, problemas laborales y de familia, y juicios.

Se alega que el santo aparece como un error de escribano cuando, en el siglo XIX, una caja de reliquias fue enviada a monjas francesas con la anotación: "expedir". Sheppard (1969). Pero esta hipótesis no puede ser cierta ya que Expedito era conocido en el siglo XVIII en Alemania y Sicilia y se le invocaba en casos de urgencia (Attwater). 

En la iconografía, Expedito es representado como un soldado con una cruz en la que esta escrito "Hodie" (Hoy) y la hoja de palma (martirio). A sus pies hay un cuervo y la palabra "cras" (mañana).

Aunque no aparece en el actual calendario litúrgico no deja de ser un santo reconocido por la Iglesia. 


ORACIÓN A SAN EXPEDITO
PARA VENCER LAS PRUEBAS

¡Señor Jesús acudo a tu auxilio!
¡Virgen Santísima socórreme!
San Expedito, tu que lleno de valor abriste tu corazón a la gracia de Dios
y no te dejaste llevar por la tentación de postergar tu entrega, 
ayúdame a no dejar para mañana lo que debo hacer hoy por amor a Cristo.
Ayúdame desde el cielo a renunciar a todo vicio
y tentación con el poder que Jesús me da.
Que sea yo diligente, valiente y disciplinado al servicio del Señor,
y no me acobarde ante las pruebas.
Tú que eres el santo de las causas urgentes,
te presento mi necesidad (intención). 
Sobre todo te pido que intercedas por mi para que persevere en la fe, 
y así llegue al gozo del cielo con Cristo, 
con la Virgen María, los ángeles y los santos.
Amén.


ORACIÓN A SAN EXPEDITO

Mi San Expedito de las causas justas y urgentes,
intercede por mi ante Nuestro Señor Jesucristo, 
para que venga en mi socorro en esta hora de aflicción y desesperanza. 
Mi San Expedito 
tú que eres el Santo guerrero. 
Tú que eres el Santo de los afligidos. 
Tú que eres el Santo de los desesperados. 
Tú que eres el Santo de las causas urgentes,
protégeme, ayúdame, otorgándome: fuerza, coraje y serenidad. 
¡Atiende mi pedido! (hacer el pedido).

Mi San Expedito, 
ayúdame a superar estas horas difíciles,
protégeme de todos los que puedan perjudicarme, 
protege a mi familia, atiende mi pedido con urgencia. 
Devuélveme la Paz y la tranquilidad.

Mi San Expedito! 
Agradeceré tu intercesión por el resto de mi vida 
propagando tu devoción entre los que tienen Fe. 
cambiando mi vida y mis costumbres
glorificando desde ahora a nuestro Padre
y anhelando un día gozar contigo de la eterna bienaventuranza.
Amén

Padre Nuestro, Ave María y Credo.

Adórote, devotamente, Dios escondido




“Mi carne es verdadera comida, y mi sangre verdadera bebida.” (cf Jn 6,52)
Adórote, devotamente, Dios escondido,
Verdaderamente presente bajo estas apariencias.
A ti se rinde mi corazón
porque, al contemplarte, me entrego todo.

La vista, el gusto, el tacto no llegan
pero por el oído mi fe está segura
Creo todo lo que ha dicho el Hijo de Dios verdadero
Nada más verdadero que la voz de la misma Verdad.

En la cruz se escondía Dios
Aquí se esconde también el Hombre 
Con todo, confieso mi fe en Dios-Hombre
Repito la confesión del buen ladrón

No he podido, como Tomás, contemplar tus llagas
No obstante, confieso: Tú eres mi Dios,
Dame la fe creciente en Tu verdad,
Dame esperar en Ti, amarte a Ti.

Oh, memorial de la muerte del Señor
Pan vivo que vivifica a los hombres
Dame vivir por Ti
Dame gustar para siempre tu suavidad.

18 abr. 2013

Déjame ver tu grandeza Señor





Señor:

Me acaricias con la brisa,
me besas con la luz del sol,
me meces en las olas de Tus playas,
me mimas con las gotas de la lluvia,
me consuelas con Tu Palabra,
me perdonas en el Sacramento de la Reconciliació n
y me das Vida con la Eucaristía.

¡Si supiéramos la grandeza del Sagrario!
Te das por amor en la Eucaristía,
Te inmolas constantemente por mí.
Aumenta mi amor por Tí
y déjame ver Tu Grandeza
y sentir Tu Amor.
¡Amén!

Obtenido en: Grupo de Oración Santo Cura de Ars

Jesús nos defiende de la insidia del Diablo, del pecado, de nosotros mismos




Francisco habló en español en la audiencia

«Jesús nos defiende de la insidia del Diablo, del pecado, de nosotros mismos», dice el Papa



Prosiguiendo sus catequesis dedicadas al Credo, en el Año de la Fe, el Santo Padre predicó ante unos cien mil fieles en la Plaza de San Pedro en la habitual audiencia de los miércoles. 

El tema del día, tomado del Credo, era: «subió al cielo y está sentado a la derecha del Padre». 

El Papa Francisco señaló que la Ascensión de Jesús nos hace conocer que Él es nuestro abogado defensor "frente a las insidias del Diablo" y que nuestra humanidad ha sido llevada hacia Dios. 

Francisco ha mencionado al diablo varias veces en lo que lleva de pontificado, ya desde su primera homilía.

El Papa hizo además un resumen en español, entre los aplausos de los hispanohablantes que llenaban la plaza.

Texto de las palabras del Papa en español:

Queridos hermanos y hermanas:
En el Credo confesamos nuestra fe en Cristo, que «subió al cielo y está sentado a la derecha del Padre». ¿Qué significa esto para nosotros? 

Ya al comienzo de su subida a Jerusalén, Jesús ve también esta otra «subida» al cielo con la que culmina su «éxodo» de esta vida, pero sabiendo que la vuelta a la gloria del Padre pasa por la cruz, por la obediencia al designio divino de amor por la humanidad. 

También nosotros hemos de saber que entrar en la gloria de Dios exige la fidelidad cotidiana a su voluntad, aun a costa de sacrificios y del cambio de nuestros programas. El íntimo coloquio de Jesús con el Padre antes de la Pasión nos enseña, además, cómo la oración nos da la fuerza de ser fieles al proyecto de Dios. 

Después, Jesús asciende a los cielos bendiciendo, un gesto sacerdotal para mostrar que, desde el seno del Padre, intercede siempre por nosotros. Él nos ha abierto el paso para llegar a Dios, y nos atrae hacia él, nos protege, nos guía e intercede por nosotros. Mirar a Jesucristo, que asciende a los cielos, es una invitación a testimoniar su Evangelio en la vida cotidiana, con la vista puesta en su venida gloriosa definitiva.

Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española, en particular al grupo de la Arquidiócesis de Mérida, con su Pastor, Mons. Baltasar Enrique Porras Cardozo, así como a los venidos de España, Argentina, Panamá, Venezuela, México y otros países latinoamericanos. Contemplemos a Cristo, sentado a la derecha de Dios Padre, para que nuestra fe se fortalezca y recorramos alegres y confiados los caminos de la santidad. Muchas gracias.





Fuente: Religión en libertad

San Perfecto, mártir 18 de Abril




18 de abril
Perfecto, San

Mártir



Fue el primero de los mártires cristianos que ocasionó la persecución de Abd al-Rahman II, el emir de al-Andalus, hijo y sucesor de Al-Hakam I, en el año 850. San Eulogio, contemporáneo suyo, comienza con el relato de su martirio el Memorial de los mártires.

Hijo de padres cristianos y nacido en Córdoba, conocedor del idioma árabe, aparece vinculado a la Iglesia de san Acisclo donde se formó y se ordenó de sacerdote, cuando es pleno el dominio musulmán.

En el año 850 se abre una etapa de mayor rigor e intransigencia musulmana que rompe la convivencia hasta el momento equilibrada entre las poblaciones monoteístas de la ciudad. El presbítero Perfecto encabeza la lista de los mártires cordobeses del siglo IX.

En los comienzos del 850 le rodea un malintencionado grupo de musulmanes; le preguntan su parecer acerca de Cristo y de Mahoma. Perfecto expresó con claridad su fe en Jesucristo: Jesucristo es el Señor, sus seguidores están en la verdad, y llegarán a la salvación; la Ley de Cristo es del Cielo y dada por el mismo Dios. "En cuanto a lo que los católicos piensan de vuestro profeta, no me atrevo a exponerlo, ya que no dudo que con ello os molestaréis y descargaréis sobre mí vuestro furor". Pero, ante su insistencia y con la promesa de impunidad, con la misma claridad expone lo que pensaba sobre quien ellos tenían como profeta: Mahoma es el hombre del demonio, hechicero, adúltero, engañador, maldito de Dios, instrumento de Satanás, venido del infierno para ruina y condenación de las gentes. Han quedado sus interlocutores atónitos, perplejos y enfurecidos. ¿Cómo podrán soportar que se llame al profeta Mahoma mentiroso y a su doctrina abominación? ¿Aceptarán oír que quienes le siguen van a la perdición, tienen ciego el entendimiento y su modo de vivir es una vergüenza? 

Le llaman traidor, le llevan al cadí y entra en la cárcel.

Allá, junto al Gaudalquivir, el 18 de abril del 850, en el sitio que se llamó "Campo de la Verdad" por los muchos mártires que se coronaron, fue degollado por odio a la fe que profesaba,.

Luego se enterró su cadáver en la iglesia de san Acisclo y sus restos se trasladaron más tarde -en el 1124- a la iglesia de san Pedro.

Su muerte ejemplar alentó a los acorralados y miedosos cristianos. Desde este martirio, habrá quienes se acerquen voluntariamente a los jueces.

Además de claridad en los conceptos, hay exactitud en las palabras y lo que es más importante coherencia en las obras. Quizá los "hábiles dialogantes" de hoy tildaríamos a Perfecto de "imprudente" por nuestra extraña cobardía que pega al suelo; pero, si la prudencia es virtud que acerca al cielo, Perfecto fue un hombre prudente. La verdad tiene un camino y, cuando Perfecto abría la boca, en su simpleza, sólo sabía decir la verdad. No es bueno confundir la tolerancia con la indiferencia.

Autor: Archidiócesis de Madrid

Santo Evangelio 18 de Abril de 2013





Autor: Ignacio Sarre | Fuente: Catholic.net
Si comes de este pan, vivirás para siempre
Juan 6, 44-51. Pascua. Como el cuerpo es sostenido por el alimento, así nuestra alma necesita de la Eucaristía.


Del santo Evangelio según san Juan 6, 44-51 

Nadie puede venir a mí, si el Padre que me ha enviado no lo atrae; y yo le resucitaré el último día. Está escrito en los profetas: Serán todos enseñados por Dios. Todo el que escucha al Padre y aprende, viene a mí. No es que alguien haya visto al Padre; sino aquel que ha venido de Dios, ése ha visto al Padre. En verdad, en verdad os digo: el que cree, tiene vida eterna. Yo soy el pan de la vida. Vuestros padres comieron el maná en el desierto y murieron; este es el pan que baja del cielo, para que quien lo coma no muera. Yo soy el pan vivo, bajado del cielo. Si uno come de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo le voy a dar, es mi carne por la vida del mundo. 

Oración introductoria 

Señor, creo en ti. Creo que por amor te has quedado en la Eucaristía para darme el pan que me da la vida. Confío en tu planes divinos y te pido en esta oración una fe que me haga ver mucho más allá de las preocupaciones, de las tristezas, para poder caminar siempre hacia delante. 

Petición 

Señor, ayúdame a amarte más, a quererte más, a buscar solamente lo que a ti te agrade. 

Meditación del Papa 

Después de que el día anterior había dado de comer a miles de personas con solo cinco panes y dos peces. Jesús revela el significado de ese milagro, es decir, que el tiempo de las promesas se ha cumplido: Dios Padre, que con el maná había alimentado a los israelitas en el desierto, ahora lo envió a Él, el Hijo, como verdadero Pan de vida, y este pan es su carne, su vida, ofrecida en sacrificio por nosotros. Se trata, por lo tanto, de acogerlo con fe, no escandalizándose de su humanidad; y de lo que se trata es de "comer su carne y beber su sangre", para tener en sí mismo la plenitud de la vida. […] Y redescubramos la belleza del sacramento de la Eucaristía, que expresa toda la humildad y la santidad de Dios: el hacerse pequeño, Dios se hace pequeño, fragmento del universo para reconciliar a todos en su amor. La Virgen María, que dio al mundo el Pan de la vida, nos enseñe a vivir siempre en profunda unión con Él. (Benedicto XVI, 19 de agosto de 2012).

Reflexión 

Tenemos hambre, hambre de Dios. Necesitamos el pan de vida eterna. Quizás hemos probado otros banquetes y hemos descubierto que no sacian nuestro deseo plenamente. Pero Cristo se revela como el alimento que necesitamos, el único que puede colmar nuestras necesidades y darnos la fuerza para el camino. 

El Catecismo de la Iglesia Católica nos enseña que en la comunión recibimos el pan del cielo y el cáliz de la salvación, el Cuerpo y la Sangre de Cristo que se entregó para la vida del mundo (cfr. CIC 1355). 

Como el cuerpo es sostenido por el alimento, así nuestra alma necesita de la Eucaristía. Cristo baja del cielo al altar, por manos del sacerdote. Viene a nosotros y espera que también nosotros vayamos a El, que le busquemos con frecuencia para recibirle, para visitarle en el Sagrario. 

Es pan de vida eterna, según su promesa: Que todo el que ve al Hijo y cree en El tenga la vida eterna. Quien vive sostenido por la Eucaristía, crece progresivamente en unión con Dios, y viéndole en este mundo bajo el velo de las especies del pan y el vino, nos preparamos para contemplarle cara a cara en la vida futura. 

Propósito 

Acercarme a la Eucaristía debidamente preparado y con la máxima frecuencia posible. 

Diálogo con Cristo 

Señor Jesús, me das el pan que necesito para poder vivir plenamente mi vocación. ¿Realmente «aprovecho» este sacramento? ¿Estoy consciente de que la Eucaristía no es un símbolo, que eres Tú, un Dios vivo, hecho hostia, el que voy a recibir en mi interior? Te suplico que esta meditación me lleve a contemplarte en la Eucaristía y nunca permitas que se me haga una costumbre, un rito o un hábito sin sentido. 


La Eucaristía: Misterio de la fe




La Eucaristía: Misterio de la fe

"¡Éste es el Sacramento de nuestra fe!", el Misterio que nos inunda de sentimientos de gran asombro y gratitud. 
Autor: Guillermo Juan Morado | Fuente: Catholic.net

En la celebración de la Santa Misa, justo después de la consagración, el sacerdote dice: "Mysterium fidei" ("Éste es el sacramento de nuestra fe"), a lo que el pueblo responde: "Anunciamos tu muerte, proclamamos tu resurrección, ¡ven Señor Jesús!".

El Papa Juan Pablo II evoca estas palabras, en el primer capítulo de la encíclica "Ecclesia de Eucharistia", para recordar algunos aspectos fundamentales del Sacramento. La Eucaristía es memorial del sacrificio pascual del Señor; presencia viva y sustancial de Cristo en medio de nosotros; verdadero banquete de comunión; anticipación del Paraíso, que impulsa a transformar la propia vida, el mundo y la historia.

El Sacramento eucarístico es algo más que un encuentro fraterno. Es el mismo sacrificio de la Cruz que se perpetúa por los siglos. En la Cruz el Señor se ofreció a sí mismo al Padre en favor de todos los hombres. Este sacrificio, esta autodonación plena en la que resplandece el amor más grande, se hace presente en la Eucaristía.

La Santa Misa es "memorial" actualizador del único Sacrificio de la Cruz. La celebración de la Eucaristía nos hace contemporáneos del Calvario, para que Cristo una a su propia ofrenda sacrificial la ofrenda de nuestras vidas. La Iglesia contempla asombrada este "Misterio de la fe", "Misterio grande", "Misterio de Misericordia", que constituye el don mayor que el Señor nos ha dado: el don de sí mismo, de su cuerpo entregado y de su sangre derramada. ¡Sacrifico de la Pascua de Cristo, el Cordero Inmolado, que muriendo destruyó la muerte y resucitando restauró la vida!

El sacramento del sacrificio de Cristo implica una presencia muy especial: la presencia real y sustancial del Señor bajo las especies del pan y del vino. Por la consagración, el pan deja de ser pan y se convierte en Cuerpo de Cristo y el vino deja de ser vino y se convierte en la Sangre de Cristo. Esta conversión es llamada muy propiamente por la Iglesia "transustanciación". El Papa recoge las palabras de Santo Tomás de Aquino, para afirmar desde la fe: "Te adoro con devoción, Dios escondido".

El sacrificio eucarístico se orienta a la comunión, a la íntima unión de los fieles con Cristo mediante la recepción de su Cuerpo y su Sangre. Por eso la Eucaristía es, inseparablemente, memorial de la Cruz y sagrado banquete de comunión, en el que Cristo mismo se ofrece como alimento y nos comunica su Espíritu.

La celebración eucarística tiene una proyección escatológica; es anticipación de la meta a la que tendemos, una pregustación de la gloria: "La Eucaristía es verdaderamente - escribe el Santo Padre - un resquicio del cielo que se abre sobre la tierra. Es un rayo de gloria de la Jerusalén celestial, que penetra en las nubes de nuestra historia y proyecta luz sobre nuestro camino" (Ecclesia de Eucharistia, 19). Por eso, la Santa Misa se celebra siempre en comunión con la Bienaventurada siempre Virgen María, con los ángeles y los arcángeles, y con todos los santos, pues en la Eucaristía se une la liturgia de la tierra a la liturgia del cielo.

Del anuncio de la muerte y de la resurrección de Cristo, en la espera de su retorno glorioso; es decir, de la Eucaristía, recibimos la fuerza para transformar nuestras vidas y para transformar el mundo y la historia, a fin de que sean conformes al designio de Dios. 

"¡Éste es el Sacramento de nuestra fe!", el Misterio que nos inunda de sentimientos de gran asombro y gratitud. "Anunciamos tu muerte, proclamamos tu resurrección, ¡ven Señor Jesús!".

Lectura Breve Tt 3, 5b,-7




LECTURA BREVE Tt 3, 5b-7

Dios nos trajo la salud mediante el baño bautismal de regeneración y renovación que obra el Espíritu Santo. Él derramó con toda profusión sobre nosotros este Espíritu por Cristo Jesús, nuestro salvador. Así, justificados por la gracia de Cristo, hemos obtenido la esperanza de poseer en herencia la vida eterna.

Himno: El Agua pura, don de la mañana




Himno: EL AGUA PURA, DON DE LA MAÑANA

El agua pura, don de la mañana,
da a los ojos el brillo de la vida,
y el alma se despierta cuando escucha
que el ángel dice: «¡Cristo resucita!»

¡Cómo quieren las venas de mi cuerpo
ser música, ser cuerdas de la lira,
y cantar, salmodiar como los pájaros,
en esta Pascua santa la alegría!

Mirad cuál surge Cristo transparente:
en medio de los hombres se perfila
su cuerpo humano, cuerpo del amigo
deseado, serena compañía.

El que quiera palparlo, aquí se acerque,
entre con su fe en el Hombre que humaniza,
derrame su dolor y su quebranto,
dé riendas al amor, su gozo diga.

A ti, Jesús ungido, te ensalzamos,
a ti, nuestro Señor, que depositas
tu santo y bello cuerpo en este mundo,
como en el campo se echa la semilla. Amén.

17 abr. 2013

Santo Evangelio 17 de Abril de 2013






Autor: José Noé Patiño | Fuente: Catholic.net
Yo soy el pan de vida
Juan 6, 35-40. Cristo nos espera, porque quien camina hacia Él por la fe, nunca será rechazado.


Del santo Evangelio según san Juan 6, 35-40 

En aquel tiempo dijo Jesús a la gente: Yo soy el pan de la vida. El que venga a mí, no tendrá hambre, y el que crea en mí, no tendrá nunca sed. Pero ya os lo he dicho: Me habéis visto y no creéis. Todo lo que me dé el Padre vendrá a mí, y al que venga a mí no lo echaré fuera; porque he bajado del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me ha enviado. Y esta es la voluntad del que me ha enviado; que no pierda nada de lo que él me ha dado, sino que lo resucite el último día. Porque esta es la voluntad de mi Padre: que todo el que vea al Hijo y crea en él, tenga vida eterna y que yo le resucite el último día. 

Oración introductoria 

Jesús, la promesa que haces de acoger siempre a quien se acerca a Ti me llena de confianza y entusiasmo. Quiero cumplir siempre tu voluntad. Haz que esta oración abra mi entendimiento, disponga mi voluntad y avive mi amor, para que nunca me estanque en el conformismo o en la mediocridad. 

Petición 

Te pedimos Señor que nos dé el alimento, la Eucaristía, , para poder alimentar también nuestro espíritu, y llegar a tener vida en Cristo. 

Meditación del Papa 

El hecho de que el Sacramento del altar haya asumido el nombre de "Eucaristía" -"acción de gracias"- expresa exactamente esto: que la transformación de la sustancia del pan y del vino en el Cuerpo y Sangre de Cristo, es fruto del don que Cristo ha hecho de sí mismo, don de un Amor más fuerte que la muerte, Amor Divino que lo ha hecho resucitar de entre los muertos. Esta es la razón por la que la Eucaristía es alimento de vida eterna, Pan de la vida. Del corazón de Cristo, desde su "oración eucarística" hasta la vigilia de la pasión, viene este dinamismo que transforma la realidad en sus dimensiones cósmicas, humanas e históricas. Todo procede de Dios, de la omnipotencia de su Amor Uno y Trino, encarnado en Jesús. En este Amor está inmerso el corazón de Cristo; por esto sabe agradecer y alabar a Dios incluso frente a la traición y a la violencia, y en este modo cambia las cosas, las personas y el mundo. (Benedicto XVI, 24 de junio de 2011). 

Reflexión 

Todo el que vea al Hijo de Dios y crea en Él, es decir, quien lo reconoce y acoge mediante la fe, tendrá la vida eterna y resucitará en el último día. La fe es un don de Dios que nos dispone para asentir a las verdades reveladas por Dios. No es algo que se logre por un mero esfuerzo humano. 
Pero es necesaria nuestra colaboración con Dios. Dios ha querido sentir necesidad de nosotros. 

Hay cristianos que son como esos cantos redondos de los ríos, que a lo mejor llevan años dentro del agua, pero se rompen y en su interior están completamente secos. La falta no está en el cristianismo sino en esos corazones que son como el de los judíos del evangelio: "han visto pero no han creído". 

Nada hemos de valorar tanto como este regalo de la fe. Por defender la fe, se da incluso la vida, como tantas veces ha ocurrido a lo largo de los siglos. 

Pero no nos sintamos solos. Cristo nos espera con los brazos abiertos, porque quien camina hacia Él por la fe, nunca será rechazado. 

Diálogo con Cristo 

Jesús, me doy cuenta que el ideal de cumplir siempre tu voluntad es costoso. El orgullo, la pereza espiritual o el miedo son obstáculos que necesito vencer, pero frecuentemente olvido que sólo tu gracia podrá lograr esa transformación de mi egoísmo y soberbia en amor a Ti y a los demás. Nunca permitas que me aparte de la fuente de esa gracia: tu Eucaristía. 

Propósito 

Para que recibir la Eucaristía nunca se convierta en un acto rutinario, hoy (y siempre) me prepararé lo mejor posible para recibirla y agradeceré a Dios su infinito amor. 

Lectura Breve Rm 6, 8-11





LECTURA BREVE Rm 6, 8-11

Si verdaderamente hemos muerto con Cristo, tenemos fe de que también viviremos con él, pues sabemos que Cristo, una vez resucitado de entre los muertos, ya no muere; la muerte no tiene ya poder sobre él. Su muerte fue un morir al pecado de una vez para siempre, mas su vida es un vivir para Dios. Así también, considerad vosotros que estáis muertos al pecado, pero que vivís para Dios en unión con Cristo Jesús.

Salmo 85 - ORACIÓN DE UN POBRE ANTE LAS DIFICULTADES.



Salmo 85 - ORACIÓN DE UN POBRE ANTE LAS DIFICULTADES.

Inclina tu oído, Señor; escúchame,
que soy un pobre desamparado;
protege mi vida, que soy un fiel tuyo;
salva a tu siervo, que confía en ti.

Tú eres mi Dios, piedad de mí, Señor,
que a ti te estoy llamando todo el día;
alegra el alma de tu siervo,
pues levanto mi alma hacia ti;

porque tú, Señor, eres bueno y clemente,
rico en misericordia con los que te invocan.
Señor, escucha mi oración,
atiende a la voz de mi súplica.

En el día del peligro te llamo,
y tú me escuchas.
No tienes igual entre los dioses, Señor,
ni hay obras como las tuyas.

Todos los pueblos vendrán
a postrarse en tu presencia, Señor;
bendecirán tu nombre:
«Grande eres tú, y haces maravillas;
tú eres el único Dios.»

Enséñame, Señor, tu camino,
para que siga tu verdad;
mantén mi corazón entero
en el temor de tu nombre.

Te alabaré de todo corazón, Dios mío;
daré gloria a tu nombre por siempre,
por tu grande piedad para conmigo,
porque me salvaste del abismo profundo.

Dios mío, unos soberbios se levantan contra mí,
una banda de insolentes atenta contra mi vida,
sin tenerte en cuenta a ti.

Pero tú, Señor, Dios clemente y misericordioso,
lento a la cólera, rico en piedad y leal,
mírame, ten compasión de mí.

Da fuerza a tu siervo,
salva al hijo de tu esclava;
dame una señal propicia,
que la vean mis adversarios y se avergüencen,
porque tú, Señor, me ayudas y consuelas.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén

Himno: GLORIOSA AURORA DE ESTE NUEVO DÍA




Himno: GLORIOSA AURORA DE ESTE NUEVO DÍA

Gloriosa aurora de este nuevo día,
despierta en nuestras almas la alegría
de ver nuestro Señor glorificado,
vencidos ya la muerte y el pecado.

Jesús llena de luz el mundo entero;
de cuantos vivirán, él el primero
entró en la luz de eternas claridades,
glorioso ya sin fin de eternidades.

Torrente de alegría, salte y fluya
el grito jubiloso de aleluya,
los hombres y los pueblos lo repitan,
sus vidas en el Cristo resucitan.

Jesús, presente y vivo en tus hermanos,
acoge nuestras manos en tus manos,
conduce el caminar de nuestras vidas
por sendas de vivir ya redimidas.

Recibe, Padre santo, la alabanza
del pueblo que te aclama en la esperanza
de ser junto a tu Hijo eternamente
reunido por tu Espíritu clemente. Amén.

San Aniceto. Papa y mártir 17 de Abril




San Aniceto, Papa y mártir 17 de Abril

Las noticias que tenemos sobre su vida son pocas. Es el duodécimo sucesor de san Pedro; fue papa entre san Pío I y san Sotero; rigió a la Iglesia por el tiempo que duran once años- desde el 155 al 166- y era originario de Emesa, en Siria.



Las circunstancias en las que trabajó vienen dadas por la situación social, política, económica y cultural de la época. En el siglo II se utilizaba el griego como lengua cultual; los papas suelen ser provenientes de familias humildes del pueblo; ser elegido para ese servicio era elección para el martirio (hasta el siglo IV todos los papas dieron su vida por la fe).



El cuidado o servicio a los hermanos tenía que ser intenso, sacrificado, valiente, generoso y muy exigente pero lleno de bondad. Los discípulos de Jesús que aumentaban cada día llevaban aún una existencia precaria aún en los períodos de paz. Incluso con los Antoninos, la muerte para el cristiano podía estar detrás de cualquier acusación o acontecimiento; hasta el estoico Marco Aurelio pensó que la paciencia de los mártires cristianos era fanatismo.


Había que esforzarse en llevar a los paganos el misterio, porque el Reino era también para darlo a ellos. Fue preciso contrarrestar a los pensantes paganos listos que, con sarcasmo, ironía y calumnia, ridiculizaban el espíritu y vida de los cristianos. Por eso la fe se hizo, además, apología.

A los cuidados hacia fuera hay que añadir la atención primaria de la grey con los problemas que surgen desde dentro. Ya pululaban por doquier versiones cristianas de fe que no coincidían con el genuino modelo y era preciso mantener a cualquier precio la pureza de la fe recibida. Esa era la situación del complejo sistema que luego se llamó gnosticismo -se tienen por cristianos y enseñan el secreto conocimiento de lo divino, reciben influencias platónicas y de religiones dualistas persas, forman grupos cerrados, niegan la muerte expiatoria de Jesús y rechazan la resurrección del cuerpo terrenal-. Marción era gnóstico, vivió en Roma y en tiempo del papa Aniceto; decía que había dos principios: el bueno era Dios y el espíritu maléfico creó el mundo, la materia y el cuerpo; se hizo rico con negocios navieros; hacía estrago entre los cristianos sembrando confusión y negando el valor del cuerpo con su rigorismo extremo.

En estos cuidados discurrió la vida de Aniceto.

Hubo un asunto peculiar que merece comentario. Policarpo viene a Roma para tratar con el papa un tema serio. Él fue en su tiempo discípulo directo de san Juan, el apóstol joven, y ahora es el obispo de Esmirna. Con sus ochenta y cinco años quiere dejar acordada la fecha de la principal fiesta cristiana. Los de Oriente siguen la tradición joánica, mientras que los de Occidente siguen la tradición de Pedro. No llegaron a ponerse de acuerdo. Es una cuestión -la de la Pascua- que tardará en resolverse hasta el concilio de Nicea. Pero se despiden en comunión sin romper la unidad ni quebrantar la caridad ¡Todo un ejemplo!

No hay datos explícitos y concluyentes sobre el lugar y modo de su tránsito. El Liber Pontificalis -aunque empleando una expresión extraña por lo inusual- lo coloca entre los mártires; luego, la tradición constante de los martirologios habla de martirio y señala la fecha del 17 de abril, aunque no es unánime. En lo referente al lugar de su enterramiento, se señala en cementerio de san Calixto, donde con frecuencia se enterró a los papas.

La reliquia de su cabeza fue entregada al arzobispo de Munich, Minucio, en el año 1590, y se venera en la iglesia que rigen los jesuitas en la ciudad. Los restos reposan en el sarcófago que soporta el altar Mayor -el que consagró el cardenal Merry del Val en 1910- de la capilla del Pontificio Colegio Español de Roma; fueron traslados al que entonces era palacio renacentista de los duques de Altemps, en el año 1604. Por eso, en la bóveda está pintada, entre guirnaldas barrocas y múltiples amorcillos, la apoteosis de san Aniceto, con capa desplegada y ascendiendo al cielo.

Publicado por Francisco Rebollo

16 abr. 2013

Oración de confianza en María



ORACIÓN DE CONFIANZA EN MARÍA



¡Reina mía soberana, digna de mi Dios, María!
Al verme tan vil y cargados de pecados,
no debiera atreverme
a acudir a ti y llamarte madre.
Merezco, lo sé, que me deseches,
pero te ruego que contemples
lo que ha hecho y padecido tu Hijo por mí;
y después me deseches si puedes.
Soy un pecador que, más que otros,
ha despreciado la divina Majestad;
pero el mal está hecho.



A ti acudo que me puedes auxiliar;
ayúdame, Madre mía, y no digas
que no puedes ampararme,
pues bien sé que eres poderosa
y obtienes de tu Dios lo que deseas.
Si me dices que no puedes protegerme,
dime al menos a quién debo acudir
para ser socorrido en mi desgracia
y dónde poder refugiarme
o en quién pueda más seguro confiar.



Tú, Jesús mío, eres mi padre;
y tú mi madre, María.
Amás a los más miserables
y los andáis buscando para salvarlos.
Yo soy reo del infierno,
el más mísero de todos.
Pero no tienes necesidad de buscarme;
ni siquiera lo pretendo.
A vosotros me presento con la esperanza
de no verme abandonado.
Vedme a vuestros pies.
Jesús mío, perdóname.
María, madre mía, socórreme.







ORACIÓN DE CONFIANZA EN MARÍA

¡Reina mía soberana, digna de mi Dios, María!
Al verme tan vil y cargados de pecados,
no debiera atreverme
a acudir a ti y llamarte madre.
Merezco, lo sé, que me deseches,
pero te ruego que contemples
lo que ha hecho y padecido tu Hijo por mí;
y después me deseches si puedes.
Soy un pecador que, más que otros,
ha despreciado la divina Majestad;
pero el mal está hecho.



A ti acudo que me puedes auxiliar;
ayúdame, Madre mía, y no digas
que no puedes ampararme,
pues bien sé que eres poderosa
y obtienes de tu Dios lo que deseas.
Si me dices que no puedes protegerme,
dime al menos a quién debo acudir
para ser socorrido en mi desgracia
y dónde poder refugiarme
o en quién pueda más seguro confiar.



Tú, Jesús mío, eres mi padre;
y tú mi madre, María.
Amás a los más miserables
y los andáis buscando para salvarlos.
Yo soy reo del infierno,
el más mísero de todos.
Pero no tienes necesidad de buscarme;
ni siquiera lo pretendo.
A vosotros me presento con la esperanza
de no verme abandonado.
Vedme a vuestros pies.
Jesús mío, perdóname.
María, madre mía, socórreme.

Santo Evangelio 16 de Abril de 2013






Autor: P. Vicente Yanes | Fuente: Catholic.net
Piden a Jesús una señal
Juan 6, 30-35. Pascua. La Eucaristía nos está esperando a todos los que sentimos hambre y sed en nuestras almas.


Del santo Evangelio según san Juan 6, 30-35 

Ellos entonces le dijeron: ¿Qué señal haces para que viéndola creamos en ti? ¿Qué obra realizas? Nuestros padres comieron el maná en el desierto, según está escrito: Pan del cielo les dio a comer. Jesús les respondió: En verdad, en verdad os digo: No fue Moisés quien os dio el pan del cielo; es mi Padre el que os da el verdadero pan del cielo; porque el pan de Dios es el que baja del cielo y da la vida al mundo. Entonces le dijeron: Señor, danos siempre de ese pan. Les dijo Jesús: Yo soy el pan de la vida. El que venga a mí, no tendrá hambre, y el que crea en mí, no tendrá nunca sed. 

Oración introductoria 

Señor Jesús, hoy me preguntas, -como a Pedro-, si realmente te amo. Junto con el apóstol te repito que ¡te quiero y te amo más que nada en el mundo! Tú lo sabes porque me conoces y siempre me estás buscando para mostrarme el camino que me puede llevar a la santidad. 

Petición 

Señor, acrecienta mi amor por medio de este momento de oración. 

Meditación del Papa 

Simón comprende que a Jesús le basta su amor pobre, el único del que es capaz, y sin embargo se entristece porque el Señor se lo ha tenido que decir de ese modo. Por eso le responde: Señor, tú lo sabes todo, tú sabes que te quiero [...] Desde aquel día, Pedro siguió al Maestro con la conciencia clara de su propia fragilidad; pero esta conciencia no lo desalentó, pues sabía que podía contar con la presencia del Resucitado a su lado. Del ingenuo entusiasmo de la adhesión inicial, pasando por la experiencia dolorosa de la negación y el llanto de la conversión, Pedro llegó a fiarse de ese Jesús que se adaptó a su pobre capacidad de amor. Y así también a nosotros nos muestra el camino, a pesar de toda nuestra debilidad. Sabemos que Jesús se adapta a nuestra debilidad. Nosotros lo seguimos con nuestra pobre capacidad de amor y sabemos que Jesús es bueno y nos acepta. Pedro tuvo que recorrer un largo camino hasta convertirse en testigo fiable, en piedra de la Iglesia, por estar constantemente abierto a la acción del Espíritu de Jesús. (Benedicto XVI, 24 de mayo de 2006). 

Reflexión 

Jesús quiso dejarnos como señal para creer en él (y sobretodo para amarle) la Eucaristía. Es lo más precioso que tenemos en la Iglesia: es Cristo mismo. No es sólo un símbolo, un adorno, un rito: es la presencia real del Señor entre nosotros todos los días hasta el fin del mundo. 

Jesucristo quiso quedarse bajo forma de pan, pero dejó claro que ése es el verdadero pan del cielo. La Eucaristía es el alimento que elimina eficazmente el hambre más profunda del hombre, le comunica con Dios y le hace partícipe de su felicidad. Si deja en el alma algo de hambre, ésta sólo es de repetirlo de nuevo. 

En la vida de los santos encontramos como denominador común un gran amor hacia la Eucaristía. Ellos encontraron allí, por la fe, a Jesús, el Señor de sus vidas. Yo soy el pan de la vida. El que venga a mí... Jesucristo habló con suma claridad, no hay espacio para interpretaciones ambiguas. Él está en el pan eucarístico y nos está esperando a todos los que sentimos hambre y sed en nuestras almas. 

Propósito 

Hacer una visita a Cristo Eucaristía para agradecerle su comprensión, misericordia y amor. 

Diálogo con Cristo 

Señor, no permitas nunca que te llegue a negar. Que ante todos y ante cualquier circunstancia sepa ser fiel a mi fe. Para lograrlo no me canso de pedirte que me llenes con tu amor, para que siempre pueda responderte con generosidad y firmeza, especialmente en los momentos de más dificultad. 

Lectura Breve Hch 13, 30-33





LECTURA BREVE Hch 13, 30-33

Dios resucitó a Jesús de entre los muertos. Y durante muchos días se apareció a los que con él habían subido de Galilea a Jerusalén: éstos, efectivamente, dan ahora testimonio de él ante el pueblo. Y nosotros os damos la buena nueva: la promesa que Dios hizo a nuestros padres la ha cumplido él ahora con nosotros, sus hijos, resucitando a Jesús, según está escrito en el salmo segundo: «Tú eres mi Hijo; yo te he engendrado hoy.»

Santa Bernardita de Soubirous 16 de Abril





Santa Bernardita de Soubirous 16 de Abril

En Nevers, en Francia, santa María Bernarda Soubirous, virgen, la cual, nacida en Lourdes de una familia muy pobre, siendo aún niña asistió a las apariciones de la Inmaculada Santísima Virgen María y, después, abrazando la vida religiosa, llevó una vida escondida y humilde. († 1879). 

También se la conoce como: Santa Bernardita De Lourdes.
También se la conoce como: Santa Bernardette.
También se la conoce como: Santa María Bernarda.

Etimológicamente: Bernarda = Aquella que es una guerrera, es de origen germánico.

Fecha de canonización: 8 de diciembre de 1933 por el Papa Pío XI.El 11 de febrero, fiesta de la Santísima Virgen de Lourdes, nos recuerda las apariciones de la Virgen a una niña de 14 años que no sabía ni leer ni escribir, pero que rezaba todos los días el rosario, Bernardita Soubirous. Nació en Lourdes en 1844 de padres muy pobres. Por medio de ella la Virgen hizo surgir la prodigiosa fuente del milagro, a la cual acuden peregrinos de todo el mundo para reavivar su fe y su esperanza. Muchos regresan de Lourdes curados también en su cuerpo. La Virgen, durante la segunda aparición, le dijo: “No te prometo hacerte feliz en este mundo, pero sí en el otro”.

A pesar de haber sido dócil instrumento para extener la devoción a la Inmaculada, Bernardita no se contaminó con la gloria humana. El día que el obispo de Lourdes, ante 50.000 peregrinos, colocó la estatua de la Virgen sobre la roca de Massabielle, Bernardita tuvo que permanecer en su celda, víctima de un ataque de asma. Y cuando el dolor físico se hacía más insoportable, suspiraba: “No, no busco alivio, sino sólo la fuerza y la paciencia”. Su breve existencia transcurrió en la humilde aceptación del sufrimiento físico como generosa respuesta a la invitación de la Inmaculada para pagar con la penitencia el rescate de tantas almas que viven prisioneras del mal.

Mientras junto a la gruta de las apariciones se estaba construyendo un grande santuario para acoger a los numerosos peregrinos y enfermos en busca de alivio, Bernardita pareció desaparecer en la sombra. Pasó seis años en el instituto de Lourdes, de las Hermanas de la Caridad de Nevers, y en el que después fue admitida como novicia. Su entrada se demoró debido a su delicada salud. En la profesión tomó el nombre de Sor María Bernarda. Durante los quince años de vida conventual no conoció sino el privilegio del sufrimiento. Las mismas superioras la trataban con indiferencia, por un designio providencial que les impide a las almas elegidas la comprensión y a menudo hasta la benevolencia de las almas mediocres. Al principio fue enfermera dentro del convento, después sacristana, hasta cuando la enfermedad la obligó a permanecer en la cama, durante nueve años, siempre entre la vida y la muerte. 

A quien la animaba le contestaba con la radiante sonrisa de los momentos de felicidad cuando estaba a la presencia de la blanca Señora de Lourdes: “María es tan bella que quienes la ven querrían morir para volver a verla”. Bernardita, la humilde pastorcita que pudo contemplar con sus propios ojos a la Virgen Inmaculada, murió el 16 de abril de 1879. 

Fue beatificada el 14 de junio de 1925 por el Papa Pío XI, y el mismo Papa la elevó al honor de los altares el 8 de diciembre de 1933. 

En Francia se la festeja el 18 de febrero

15 abr. 2013

Juventud de Jesucristo





Juventud de Jesucristo


1. He visto con Pedro y Juan 
a Jesús, que es el Viviente,
y lo he visto Dios presente
donde los hombres están.
Con María Magdalena 
he visto al Señor amado,
lo he llorado y abrazado,
le he dicho mi gozo y pena.

2. Lo he visto en la Iglesia vivo, 
lo he visto luz y alegría,
Pentecostés que caía
como el amor compasivo. 
Y lo he visto en el dolor 
con su hermosura escondida,
latiente Dios de la vida,
sufriendo cual Dios amor.

3. He visto a Dios encarnado
en cada humano latido, 
que el que acampó no se ha ido
y todo ha santificado.
La esperanza es nuestra ruta
que Cristo nos acompaña,
y amor de Dios nunca engaña
a la confianza absoluta.

4. La Madre, amor silencioso,
estaba fiel junto al Hijo;
ella será mi cobijo
al sentirme temeroso.
Madre, fuerza de mi fe,
necesitada caricia,
eres mi paz y delicia,
y a Jesús en ti veré.

5. He visto mi vocación, 
al ver en él mi verdad:
quiero irradiar su bondad,
y hacer de mi vida un don.
Y si Jesús me llamara 
para ser su mensajero,
lo que tú quieras, yo quiero;
nadie de ti me separa.

6. Lo he visto en el Pan y el Vino,
Jesús nuestro, cotidiano, 
de cualquier afán humano
más nuestro por ser divino.
Tu dulcísima mirada 
la llevo dentro de mí,
y sé que, al tenerte a ti,
Jesús, no me falta nada.



Rufino María Grández 

Estaba en muerte cerebral...¡y hoy está sano!




Estaba en muerte cerebral...¡y hoy está sano!

Estudian un milagro impresionante que podría canonizar a la «abuela» de la Renovación Carismática

La beata Elena Guerra insistía a León XIII para que se amase y conociese al Espíritu Santo. En la noche de fin de siglo, él cantó el Veni Spiritus Creator... y pasó algo a medio mundo de distancia.



 Se inicia la causa de canonización del famoso sacerdote taumaturgo Emiliano Tardif

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 «Hace un año, aquí, Dios me sanó y volví a caminar»: Sara explica su milagro ante 2000 personas


 

La beata Elena Guerra fue beatificada en 1959 por Juan XXIII, que la admiraba por su devoción al Espíritu Santo y en la que se inspiró para escribir su oración al Espíritu Santo en la convocatoria del Concilio Vaticano II: "dígnese el Divino Espíritu escuchar de la forma más consoladora la plegaria que asciende a Él... renueva en nuestro tiempo los prodigios como en un nuevo pentecostés".

Ahora, un milagro que está estudiando la diócesis brasileña de Uberlandia podría llevar a la canonización de esta religiosa italiana, cuando en 2014 se cumple el centenario de su fallecimiento. 

Y no sería de interés sólo para las Oblatas del Espíritu Santo, que ella fundó, sino para los 40 o 60 millones de católicos de la Renovación Carismática Católica (depende de cómo se cuenten), donde se la considera como una especie de "abuela fundadora" y una conexión con Roma que "equilibra teológicamente" el origen sociológico de la Renovación en ambientes protestantes en los años 60.

Un enfermero cayó de 6 metros
En la comisión que estudia el milagro está el padre Eduardo Braga (alias padre Dudu), vicepostulador de la causa, de la arquidiócesis de Niteroi. Explica que los hechos sucedieron en 2010 en la ciudad de Uberlandia: un auxiliar de enfermería llamado Paulo Gontijo cayó desde una altura de 6 metros y fue hospitalizado con traumatismo cráneoencefálico, en coma. 

Su párroco, William García, de la parroquia de Santa Mónica, acudió y le impartió la extrema unción mientras estaba en coma. Dos días después, los médicos declaraban que Pablo estaba en muerte cerebral.

Pero la hermana del enfermero no se rindió. Muy devota de la beata Elena Guerra, ella puso a orar a la familia y a los parroquianos, con el padre William incluido, invocando la intercesión de la beata. Y Pablo Gontijo se recuperó milagrosamente, para asombro de los médicos. 

No sucedió en un lugar confuso ni primitivo, sino en un hospital urbano del año 2010, rodeado de médicos. 

La diócesis está analizando el suceso a tres niveles: médico, teológico y jurídico. Reunidos todos los documentos con gran rigor, se enviarán a Roma para la siguiente fase del proceso. Si la Congregación de Causa de los Santos y el Papa lo aprobaran, Elena Guerra sería santa. 

Fundadora y maestra de Santa Gema Galgani
Elena Guerra nació en Lucca, Italia, en 1835 y desde su confirmación, cuando tenía 10 años de edad, fue muy sensible a la presencia del Espíritu Santo y propagadora de su devoción en una época en que era "el gran desconocido" de la espiritualidad católica. 


Elena Guerra descansa en la iglesia de Lucca, en Italia


En 1872, después de una enfermedad, que la retuvo en casa durante años, y de una peregrinación a Roma, fundó la «Congregación de Santa Zita», para la formación de niñas y jóvenes. La alumna más famosa que tuvo fue la jovencísima Gema Galgani, que sería después Santa Gema, apóstol de la pureza y el perdón.

También fundó las Oblatas del Espíritu Santo y se volcó en la «buena prensa», y en escribir folletos y hojas sueltas, casi siempre dirigidas a la mujer en distintos estadios de vida. 

La beata, el Papa y el Espíritu
La relación con la Renovación Carismática viene por su devoción al Espíritu Santo... y algo más. Entre 1895 y 1903, Elena Guerra escribió 12 cartas al Papa León XIII pidiéndole una predicación renovada sobre el Espíritu Santo. El Papa accedió y en Provida Matris Caritate pedía a la Iglesia una novena solemne al Espíritu Santo entre Ascensión y Pentecostés. Elena organizó entonces grupos de oración que llamaba "Cenáculos permanentes" para pedir la venida del Espíritu. Pero la devoción al Espíritu no acababa de resonar en la población.

Entonces llegó la noche en que moría el siglo XIX y nacía el siglo XX: el 31 de diciembre de 1900. León XIII organizó una velada de oración en San Pedro y a las doce de la noche el Papa entonó ante todos el himno Veni Creator Spiritus. 

Del Vaticano a Topeka, Kansas
Esa misma noche, en Topeka, Kansas, un misionero metodista y un grupo de jóvenes que estudiaban la Biblia se planteaban un interrogante. En los 5 momentos que en Hechos de los Apóstoles se habla de "bautismo en el Espíritu Santo" se habla también de "oración en lenguas". 

El misionero dijo a sus alumnos: "me pregunto qué pasaría si mañana orásemos para recibir el Espíritu Santo tal como describe la Biblia, con ese hablar en lenguas".

Pasó esa noche, y llegó el 1 de enero, y rezaron todo el día. Pero no sucedía nada. 

Una joven llamada Agnes Oznam recordó que en esos pasajes de Hechos (Samaría, Damasco, Éfeso) se hablaba de un gesto: la imposición de manos. 

Alegría indescriptible
"Pastor, ¿oraría usted por mí con ese gesto de la imposición de manos, para que reciba el Bautismo en el Espíritu?", le pidió. Él lo hizo y Oznam escribiría después su experiencia así: "como si un fuego ardiese en toda mi persona, palabras extrañas de una lengua que jamás había estudiado me venían espontáneamente a los labios y me llenaba el alma de alegría indescriptible, como si brotasen ríos de agua viva de lo más profundo de mi ser". 

Ese fue el origen moderno (o recuperado) de la práctica que suma imposición de manos, oración en lenguas y efusión del Espíritu, común hoy a unos 400 millones de cristianos, entre pentecostales y carismáticos católicos o protestantes. 

Para la Renovación Carismática Católica, fue una respuesta de Dios a una oración insistente de la beata Elena Guerra, que decía así:

Benignísimo Jesús, 
mandadnos vuestro Espíritu con su Luz, 
para que seáis mejor conocido.
Mandádnoslo con su Fuego, 
para que seáis más amado.
Mandádnoslo con sus Dones
para que seáis verdaderamente imitado.
Amén.

Anclado en la esperanza



Anclado en la esperanza

A veces quedamos anclados en el pasado, inmovilizados por la pena ante lo sucedido. Una y otra vez nos lamemos la herida.
Autor: P. Fernando Pascual LC | Fuente: Catholic.net


Ocurrió. Cometí ese pecado que tanto daño me hizo. Falté a una promesa dada. No ayudé a un familiar que me necesitaba. Traicioné la confianza de un amigo. O, simplemente, fui víctima de los actos que otros cometieron con una malicia que me llena de rabia.

Ocurrió. A veces quedamos anclados en el pasado, inmovilizados por la pena ante lo sucedido. Una y otra vez nos lamemos la herida. La pena domina nuestras almas.

Vivir así, con la mirada puesta en los errores pasados, puede llevarnos hacia la apatía y la desgana, hacia tristezas enfermizas, hacia reproches continuos hacia otros o hacia uno mismo.

Tenemos, sin embargo, un presente en nuestras manos y un futuro abierto a mil posibilidades. Miradas de amigos y familiares me invitan a dar un paso hacia adelante, sin dejarme apresar por las arenas movedizas de un pasado que no puedo cambiar.

Incluso Dios mismo me mira con un afecto particular, intenso. Me busca para lavar mis faltas. Me invita a perdonar a quien me haya traicionado. Me lanza a edificar mi vida no desde lágrimas amargas sino desde una esperanza que viene de lo alto.

Necesito dejar de lado actitudes malsanas que me arrastran a la pereza. Sólo entonces empezaré a vivir anclado en la esperanza.

Amanece un nuevo día. Dios me renueva su amor de Padre y me regala su gracia. Tomado de su mano puedo emprender esta jornada con el deseo de dar mi tiempo, mis cualidades y mi corazón al servicio de quien necesita a su lado una mano amiga y llena de esperanza.

Santo Evangelio 15 de Abril de 2013




Autor: Víctor Alejandro Ramírez | Fuente: Catholic.net
El alimento que permanece para la vida eterna
Juan. 6,22-29. Pascua. Ayúdame Señor a buscarte a Ti como único alimento que permanece para la vida eterna.


Del santo Evangelio según san Juan 6,22-29 

Al día siguiente, la gente que se había quedado al otro lado del mar, vio que allí no había más que una barca y que Jesús no había montado en la barca con sus discípulos, sino que los discípulos se habían marchado solos. Pero llegaron barcas de Tiberíades cerca del lugar donde habían comido pan. Cuando la gente vio que Jesús no estaba allí, ni tampoco sus discípulos, subieron a las barcas y fueron a Cafarnaúm, en busca de Jesús. Al encontrarle a la orilla del mar, le dijeron: «Rabbí, ¿cuándo has llegado aquí?» Jesús les respondió: «En verdad, en verdad os digo: vosotros me buscáis, no porque habéis visto señales, sino porque habéis comido de los panes y os habéis saciado. Obrad, no por el alimento perecedero, sino por el alimento que permanece para la vida eterna, el que os dará el Hijo del hombre, porque a éste es a quien el Padre, Dios, ha marcado con su sello». Ellos le dijeron: « ¿Qué hemos de hacer para obrar las obras de Dios?» Jesús les respondió: «La obra de Dios es que creáis en quien él ha enviado». 

Oración introductoria 

Ilumina Señor mis pasos con tu palabra para que camine siempre por tus sendas. No dejes que convierta los medios en fines ni que pierda la conciencia de que sólo Tú eres el alimento que necesita mi alma en este peregrinar hacia el cielo. Te ofrezco esta meditación por todos aquellos hombres que sumergidos en las necesidades materiales no pueden levantar la vista hacia Ti. 

Petición 

Ayúdame Señor a buscarte a Ti como único alimento que permanece para la vida eterna. 

Meditación del Papa Benedicto XVI 

La vida del hombre, más allá de las necesidades materiales, adquiere su sentido más profundo en la búsqueda de la vida eterna. Esta conciencia de que sólo Dios puede saciar las inquietudes más íntimas del hombre, nos recuerda la fugacidad de nuestro paso por este mundo evitando que seamos víctimas de ilusiones fugaces. 

Buscar a Dios porque es Dios y no sólo porque nos puede dar algo, es una actitud noble del hombre que sabe que las cosas pasajeras jamás le llevarán a una felicidad plena. La comunión con Cristo en esta vida nos prepara a cruzar la frontera de la muerte, para vivir sin fin en Él. Dios ha creado al hombre para la resurrección y para la vida, y esta verdad da la dimensión auténtica y definitiva a la historia de los hombres y a su existencia personal (Mensaje del Santo Padre Benedicto XVI para la Cuaresma 2011) 

Reflexión 

Nuestra vida transcurre entre momentos de paz y de angustia, de alegría y de lágrimas, de bonanza y de necesidad. Una tendencia común es acordarse de Dios sólo en los momentos difíciles cuando necesitamos algo. Sin embargo, Dios nos espera con los brazos abiertos en todo momento, en cualquier circunstancia. 

Busquemos acercarnos a Él no sólo en el dolor sino también en la paz y la alegría de cada día para agradecerle lo que tenemos o simplemente para compartir con Él pequeños momentos de amistad y de cariño, como lo hacemos con un hermano o con un padre. No reduzcamos nuestro trato con Dios a simples peticiones. Dios quiere concedernos lo que le pedimos pues conoce nuestras necesidades, pero además de esto, quiere estar con nosotros, simplemente estar con nosotros dialogando de las pequeñas cosas que nos ocurren cada día. 

Propósito 

Antes de acostarme agradecer a Dios con una pequeña oración el día que nos ha regalado y pedirle fuerzas para vivir cristianamente el día siguiente. 

Oración con Cristo 

Señor Jesús, que cuando te busque no sea sólo para pedirte por mis necesidades inmediatas sino porque quiera estar contigo como un amigo. Enséñame a apreciar tu compañía y a buscarte en todos los momentos de mi vida. Que sepa prescindir de mis planes y cálculos humanos para abandonarme confiadamente en tus manos y dejarme guiar por tu providencia hasta el cielo, mi destino último. 


Si tienes afecto desordenado a los bienes presentes, perderás los del cielo... No puedes llenarte con ningún bien temporal, porque no fuiste creado solamente para gozarlos. (Tomás de Kempis. La imitación de Cristo Libro III, Capítulo 16) 

San Telmo.- 15 de Abril




SAN TELMO 15 de abril

 († 1240)



San Telmo, como se le conoce vulgarmente, o Pedro González Termo, cual reza su nombre de pila, es una de las grandes figuras medievales, cuya historia, matizada acaso de áureas y preciosas leyendas, no ha sido hecha aún críticamente. De todos modos, fue, por cierto, un santo popular, de universal y rutilante fama en toda la Península y aun fuera de ella, de las primiciales glorias de la Orden dominicana y astro brillantísimo de la Iglesia del siglo XIII y, sobre todo, abogado, fiador y tutor de nautas y pescadores, singularmente a lo largo de todo el litoral cantábrico.

 Y, sin embargo, San Telmo no fue hijo de la marina, no fue timonel ni batelero o mareante, sino que vio la luz tierra adentro, en pleno corazón de Castilla. Nació, según todos los indicios, en 1185 y fue bautizado en la iglesia románica de San Martín de Frómista, villa palentina que hitaba entonces el camino francés que desde Roncesvalles se dirigía a Compostela. Reinaba a la sazón en León Fernando II, y Alfonso VIII ocupaba el trono castellano.

 Poco es lo que sabemos con certeza de su abolengo y primeros años. Parece ser que su familia era noble y cristianísima, acaso perteneciente al rango de los infanzones o ricos-homes de su tierra, la cual por eso mismo trató desde un principio de darle esmerada y cumplida educación. Le fue, en efecto, confiada ésta a un tío suyo, llamado también don Telmo, canónigo por aquellos días y más tarde obispo de Palencia, el cual, como primera medida, se lo llevó a su casa y, así como vio sus buenas disposiciones y natural despejo, le proporcionó los mejores maestros que hubo a las manos y le puso a estudiar. Con ellos el joven hizo muy pronto grandes progresos en las primeras letras, comenzóse a imponer con brío y seguridad en las artes liberales y el latín, y pasó de allí a poco, cuando apenas pubescía, a las aulas universitarias en la misma Palencia.

 Porque por aquellas décadas Palencia estaba orgullosa de sus flamantes Estudios Generales, que acababa de establecer Alfonso VIII, el vencedor de las Navas, y eran los primeros de España, pues los de Salamanca, debidos a la espléndida munificencia de Alfonso IX, datan de principios del siglo XIII.

 La paz castellana y casi monástica de la ciudad del Pisuerga parecía haberse esfumado para siempre y nadie la echaba de menos. Ahora atronaban las encachadas plazas y las alcanás ahiladas de soportales las triscas, zarabandas y disputas estudiantiles. No se oían jergas extrañas, porque Castilla y España entera vivían en constante clima de cruzada, y en tal coyuntura Europa no nos mandaba teólogos, sino caballeros.

 Ahora bien, todos los biógrafos coinciden en que Telmo fue estudiante lúcido e ingenioso. De fácil y segura memoria, era además sutil y agudo en las controversias, hábil y suelto de palabra, de carácter sociable, simpático y atrayente, aficionado a los libros, aun cuando no se quebrase demasiado los ojos por ellos; en una palabra: un escolar modelo, porque tantas y tan escogidas prendas danse reunidas raras veces en un hombre solo. Y si, a vueltas de ellas, unimos ahora, cual repite incesantemente el laudo de la tradición, sus bellas facciones, su natural y esbelta apostura, su aire señorial y a la par sencillo, su compañerismo sentido lo mismo en las aulas que en la calle, ¿qué extraño es que se hayan hecho lenguas de él cuantos han intentado su hagiografía?

 Con todo eso, hay un punto oscuro en esta parte de su historia, el que se refiere a su talante espiritual y moral. Según algunos autores, Telmo, manteísta aún de la Universidad, era un mozo educado, morigerado y recoleto; dechado y espejo de virtud; humilde, prudente y modesto, alma de oración y que hacía pública profesión de vida espiritual vigorosa y austera. Todo permitía vislumbrar a pie llano al santazo del día de mañana.

 Ni qué decir tiene que la virtud, por honda y acrisolada que sea, puede muy bien ir mano a mano con la bondad de alma, con la aplicación y entrega a las letras, con la serenidad y altura del entendimiento y hasta con la gracia, la fascinación y la simpatía, así como no puede negarse que ha habido siempre corazones predestinados por Dios —no muchos, porque la vida del hombre sobre la tierra de ordinario es lucha continua y esfuerzo de superación—, que desde la cuna o la niñez llevan ya el sello de la santidad. Mas, ¿por qué todos los santos han de ser desde su nacimiento precoces y raudos, santos sin más ni más, como si no fueran de carne y hueso al igual que los demás mortales? ¿Y cómo explicaríamos el conocido accidente del día de Navidad, del que hablaremos más abajo, el Damasco de San Telmo, que ha hecho de él un segundo San Pablo?

 Más bien hemos de admitir que, cuando Pedro González Telmo arrastraba bayonetas en Palencia, según la jerga escolástica, si no era un goliardo, de lo que, por cierto, no tenemos indicios siquiera, sí tenía, en cambio, fama bien ganada de jaranero, gárrulo y señoreador, amigo de chanzas y torneos y dado a la juglaresca. No olvidemos que a cuatro pasos de allí discurría el asendereado camino de Santiago, bullicioso con las primeras formas romances y salpicado de trovadores y cantares de gesta, lo que venía como anillo al dedo para sorber el seso a la estudiantina y singularmente a jóvenes inquietos e impresionables como él. Y, a mayor abundamiento, ahí está su brillante hoja de estudios, su prestigio en la Universidad, su ingenio lícurgo y vivaz, su gallardía y donaire y buena planta, el saberse un pino de oro ante las pollitas de la ciudad, y, sobre todo, que era el sobrino y niño mimado del obispo. Por influencia de éste, en efecto, casi imberbe aún, fue nombrado canónigo y luego, a instancias del mismo, promovido al deanato de la catedral de Palencia.

 De suyo se sigue que de tales premisas solamente podía salir un clérigo a medias. Le faltaba asiento y gravedad, y es posible que hasta la gracia de estado. Tuvo quizá, y sin quizá, un carácter entero, con personalidad acusada y robusta, propenso a reacciones súbitas y violentas, de un amor propio refinado que picaba siempre muy alto, cual hase puesto de bulto en el curso de su vida, pero presumía de jacarero, ostentoso y elegante. Gustaba, por ende, de llevar los mejores y más lustrosos faldularios de la ciudad, y hasta de vez en cuando veíasele en ropilla de seglar y, a fuer de arrogante jinete, pavonearse y gallear de punta en blanco, ruando de cabo a cabo por toda Palencia.

 Mas el hombre propone y Dios dispone. La exaltación al deanato le había hecho perder la cabeza del todo. La cosa no era para menos, supuesto su temperamento, el aura popular de que gozaba entre estudiantes y en la buena sociedad palentina y su prodigalidad. El beneficio era pingüe, la dignidad era honrosa, la edad del laureado muy a propósito para escupir doblones. Y se propuso celebrar su prebenda con una cabalgata que fuese sonada.

 Fue el día de Navidad cuando tomó posesión, cantados que fueron los oficios canónicos, charolados sus zapatos, guarnecidos de relucientes hebillas, argentado y emperifollado con sus vestes y arreos prelaticios. Si había llovido o nevado antes y las calles estaban intransitables y escurridizas, al decir de algunos, es flor de cantueso y poco importa ahora. La cascabelada debió de ser por la tarde. Figuraban en ella la espuma y cogollo de la juventud, todo el golpe de amigos y admiradores del novel deán, cada uno a horcajadas de su cabalgadura, con su atuendo de pajes y espoliques, y luciendo llamativas y ricas galas. El espectáculo era deslumbrante, nunca visto en Palencia, la cual, como es de suponer, estaba toda en la calle. A la cabeza iba el arrogante prebendado, montando su bello alazán y llamando la atención por su gallardía, pompa y caballerosidad, al propio tiempo que recibía los plácemes, ovaciones y ditirambos de la enloquecida multitud. Esto terminó por hacer perder su aplomo al apuesto mancebo, el cual, en su elación y orgullo, para demostrar su destreza de caballista, dio de espuelas al fogoso animal con el fin de hacer piruetas y caracoles, mas perdió el equilibrio y dio de bruces en un barrizal en medio de la zumba y chacota de todo el pueblo.

 ¿Cómo encajó al malparado deán su fracaso y la estentórea rechifla de la chusma? Su reacción estuvo a tono con su majeza y arrogancia, y hasta dice bien con el temple heroico de la época, de rudos contrastes, de eximias virtudes y vicios no menores, todos con cierta grandeza, clave de aquellos santos de cuerpo entero. Mohino y cayéndosele la cara de vergüenza, se metió en su casa y ya no se le volvió a ver en la calle. Como San Pablo en el camino de Damasco, Telmo comenzó a entrever a Dios el día de Navidad en medio de su mayor frenesí y paroxismo. Ya en el retiro de su aposento le asaltó la luminosa idea de la vanidad de las cosas humanas. Y sacó en su solo cabo y a toda prisa el propósito de enterrarse en vida. Era una auténtica y fulminante metanoia.

 En primer lugar, sumido en largas y penosas horas de compunción y deshecho en lágrimas terriblemente amargas, aquel hombre, tan vano y encumbrado la víspera, pedía ahora a Dios que le inspirase el medio mejor y la traza de morir al mundo. Deseaba sinceramente servir al Señor y buscaba el camino de hacerlo con provecho y en desagravio de sus anteriores yerros. En segundo lugar, movido sin duda, por el buen espíritu, con un gesto muy suyo, característico de las almas gigantes de su tiempo, hace solemne renuncia del deanato y de todos los frutos que le correspondían, y va a llamar con decisión a las puertas del convento de Santo Domingo de Palencia.

 No nos coge de nuevo esta elección. La Orden dominicana estaba de moda, ya en su cuna, por el ruido de los éxitos de su fundador contra los albigenses del sur de Francia. Había sido creada unos años antes por Santo Domingo de Guzmán, natural de la diócesis de Soria, pero muy conocido en Palencia, donde cursó en los Estudios Generales, acaso tratado por Telmo personalmente, y la patrocinaba el papa Inocencio III para reponerse del fracaso de los cistercienses en la lucha pastoral e ideológica contra los herejes, ya que, por haber caído en el boato, la atonía y la laxitud, remitieran en el prístino esplendor de su regia. Por otra parte, la naciente Orden prescindía por completo del trabajo manual y se consagraba de lleno al estudio, como condición indispensable para una fructífera y sólida predicación, y era apreciada por su regular observancia y disciplina. A sus claustros se acoge Pedro González Telmo, universitario de los pies a la cabeza, cuyo sacerdocio ha de conservar siempre ese matiz intelectual, docente y "kerigmático", y entra como novicio en el convento dominicano de Palencia que estaba levantándose a la sazón.

 El mejor elogio que cabe hacer de él como religioso es que el clérigo rumboso y sibarita y el hombre de mundo quedaron pronto eclipsados por la práctica, ardimiento y tenacidad de sus virtudes monacales. Está visto que el Señor le había enriquecido con excelsas dotes naturales y forjado sabiamente su metamorfosis espiritual porque deseaba servirse de él para grandes empresas. Digámoslo lisa y llanamente y sin hipérboles nacidas al socaire de ese entusiasmo que instintivamente siente el historiador por sus héroes, porque la vida de San Telmo, injustamente preterida en España hasta el presente, comienza a ser conocida por los estudiosos y su fuste y colosal prestancia se agigantan de día en día.

 Este cimero y provecto novicio fue ya desde el primer momento pasmo de santidad. Su piedad asidua y profunda, su ardiente caridad, su mortificación callada, porfiada y estoica, su varonil desasimiento, eran la admiración de sus compañeros y superiores jerárquicos. Para la profesión preparóse, como no podía ser menos, con largos y rigurosos ayunos y penitencias. Aquel día ofrecióse a Dios por entero ante el altar e hizo la oblación y total renuncia de sí mismo. En lo sucesivo sobresalió hasta tal punto en la observancia de los votos, que todos se hacían cruces de su angelical pureza, de su acatamiento y pobreza, llevada hasta los mayores extremos, amén de una mansa humildad y abatimiento voluntario, como que, en alivio y obsequio de sus hermanos, siempre estaba presto a desempeñar los más bajos oficios de la comunidad. Así crecía esta hermosa flor de los claustros y se denunciaba por su fragante aroma, que trascendió en seguida a Palencia y a innumerables pueblos castellanos.

 Con todo, la dulce placidez casera de una vida contemplativa no se daba las manos con fray Telmo, cuya vocación, por descontado, no era de las de cepos quedos. Y así fue que secundando el espíritu de la Orden y teniendo en cuenta sus sobresalientes cualidades, el prior resolvió dedicarle a la predicación, instándole antes a imponerse en el estudio de la teología. Noches enteras pasaba quemándose las cejas sobre la ciencia sagrada, así como sobre los libros santos, en cuya interpretación rayó a gran altura, al paso que esmerábase en copiar y emular las virtudes de su eximio fundador y seguir sus huellas, a quien había adoptado por modelo.

 Encentrado su apostolado y sus misiones, muchos fueron los pueblos y ciudades que se rindieron a sus arrebatados sermones, saborearon sus sabios consejos y viéronse envueltos y arrastrados en el halo inefable del rigor anacorético de sus austeridades. Pasaba por ser un fraile docto y prudente, celoso por los enfermos y pecadores, y tenía la santa costumbre de exhortar a sus huéspedes, obteniendo por este medio clamorosas conversiones. Pero, ¿qué era esto para un corazón como el suyo que no le cabía en el pecho? Castilla, por ende, comenzó a hacérsele pequeña y su mirada de lince, así como su vehemencia, se fijaron en Andalucía.

 Corría por entonces el primer tercio del siglo XIII, en plena reconquista del solar hispano contra el poder de la media luna. Todos los españoles tenían puestos sus ojos en la homérica cruzada. Alfonso VIII había rebasado la divisoria de Sierra Morena, con lo que quedaba abierto el camino para las grandes conquistas del valle del Guadalquivir. San Fernando es ya rey de Castilla y León, capitán invicto de los cristianos. La epopeya era de suyo ardua, secular y sobrehumana, con España dividida en Estados rivales, con incesantes y voraces levas de bárbaros que vomitaba el desierto contra la Península, con ejércitos heterogéneos y hechos de aluvión, y con los vicios y estragos propios de una campaña que se eternizaba. Sobre este volcán siempre en erupción luchaba el rey santo, del cual se ha dicho que no fue guerrero, ni caudillo, ni táctico, mas salta a la vista que, si bien nunca planteó una batalla formal, su sistema de algaras o correrías anuales, que los españoles habían aprendido de los árabes, dio el mejor resultado. Era una maniobra metódica, plan estratégico de razzias temporales, que consistía en agostar mieses, talar bosques, desarraigar viñedos, estragar la tierra, asolar olivares, torcer el curso de los ríos. Vida de aventura, de guerrillas, de bohemia, de exterminio feroz, y en esta atmósfera de vandalismo por ambos lados, implacable, cruel y brutal, fray Telmo, ardiendo en celo religioso, se propuso atender a la regeneración espiritual de nuestros soldados.

 Los frutos de esta trabajosa e ingrata sementera del gran dominico no se hicieron esperar. Cuándo enseñaba la doctrina cristiana en el campamento, cuándo fustigaba duramente el desenfreno de los libertinos; ahora oía pacientemente confesiones, ahora predicaba y arengaba a las tropas; un día procuraba templar la rudeza y salvajismo de les combatientes, otro día, con hábiles toques y admoniciones, prevenía e intimaba a cuantos acercábanse a él para pedírselos. El fervoroso rey, cuya alma era tan de Dios y veía con agrado la ingente cosecha espiritual llevada a cabo en sus ejércitos, tanto con los caballeros como con las mesnadas, pronto cayó en la cuenta de que fray Telmo era su mejor capitán, porque de la virtud al honor y de los dos al heroísmo no hay más que un paso.

 Un suceso estúpidamente lamentable y apestoso vino en aquel entonces a turbar esta ubérrima labor y no sólo estuvo a punto de dar al traste con el optimismo, fortaleza y buen nombre del misionero, sino que, en realidad, sirvió para dar el espaldarazo a su santidad y fue el primer eslabón de la cadena de oro de su exuberante taumaturgia.

 No sabemos a punto fijo ni la fecha exacta ni la localidad donde ocurrió, mas hace al caso que unos cuantos descontentos, de los conspicuos de la milicia, cuya lubricidad y escándalo habían sido flagelados con valentía y puestos al descubierto por el indomable religioso, no toleraban su presencia ante ellos y dieron en la flor de zaherir, badajear y hacer ascos de él. Su humildad, murmuraban, era torpe máscara; su fervor, hipocresía; su candor, pura ficción so capa de salaz lascivia. No faltaron, gracias a Dios, quienes salieran por su inocencia, pero con este motivo se armó tal polémica y zipizape que una mujer, cortesana de oficio, quiso sacar partido del embrollo, ofreciéndose a sus cómplices por dinero para tentar y hacer sucumbir a aquel "santo de papel". No monta una paja escenificar el episodio. La ariscada y diabólica damisela tuvo la avilantez de tentarle. Era buena moza y lo hizo sacando a relucir melindres y lágrimas, de un modo apasionado, hechicero, febril, pero él fue dueño de sí mismo y el cielo le inspiró encender una gran fogata y se arrojó en las llamas. La pecadora quedó petrificada, como si la atravesara un rayo del cielo; el religioso, incólume y radiante de fulgor sobrenatural; los maquinadores, que estaban al acecho, estupefactos. Todos confesaron su crimen, arrepentidos, y la virtud de fray Telmo de esta hecha va a parecerse más al oro purificado en el crisol.

 A seguida de este triste episodio abandona Andalucía y de allí a poco le vemos en Galicia. ¿Desazonado y molesto quizá? ¿Acaso por la atracción que desde niño ejercía sobre él el camino francés? ¿Aposta y en virtud de un plan preconcebido de sus superiores? Bien pudiera ser que por las tres razones. Los dominicos no tenían en Galicia más conventos que el de Santiago, centro de irradiación admirable, así en el orden religioso como en el civil, mayormente desde los tiempos de Gelmírez, para un apostolado brillante y de altura y propagativo. A él es destinado fray Telmo, llevando consigo a fray Pedro de las Mariñas, de Betanzos, sólo que en el camino se deja ver y misiona por donde pasa, y de aquí proviene tal vez que más de una ciudad, pongo por caso Astorga, haya reivindicado la gloria de su cuna.

 Sin embargo, su centro evangelizador en esta época no parece haber sido Santiago, sino Lugo, cultivando extensa zona, muy populosa, hasta Puente Sampayo. Primeramente constituyóse en maestro de sacerdotes y luego se prodigó con toda la grey. Es una táctica muy española, dígalo el Maestro Avila, de apóstol a lo grande. Si no tenemos luz en el candelero ni hay sal, ¿cómo no va a ser insípido el mundo y cómo evitaremos andar a oscuras y a repelones? La honda transformación operada en toda aquella comarca, la difusión del rezo del rosario, los primeros contactos con pescadores y marineros, un clima blando y tibio de beneficencia y amparo al desvalido, hasta multiplicársele milagrosamente las viandas que podía proporcionarse, nuevos triunfos de su castidad, renovándose el milagro del fuego, datan de esta primera etapa. En Portugal, en el convento de Amarante, residió dos años como maestro de novicios, y de esa escuela salió un santo: Gonzalo de Amarante.

 De nuevo, sin que sea posible precisar la fecha, fray Telmo se halla presente en Andalucía y toma parte en la marcha sobre Córdoba, que fue ganada en 1236. En tal coyuntura figura como director espiritual del ejército y confesor del rey. Una tabla magnífica que se conserva en la catedral de Túy representa la tienda de campaña de San Fernando. Dentro, de rodillas, está el monarca, y, sentado, San Pedro González Telmo. ¿Por qué no prolongó su función de "capellán castrense" y rehusó acompañar al rey santo en la corte, como confesor y consejero, mientras preparaba el asalto a Sevilla? Noble de alcurnia, es cierto; con grande influencia y valimiento en las clases rectoras de Castilla, de finas maneras y placentera presencia, con sólida fama de santidad, fray Telmo, empero, no era palaciego, y su alma de apóstol, enamorada del pueblo sencillo, imbele y abandonado, le hace volver a Galicia, de donde ya no volverá a salir más.

 En esta segunda fase de su estancia en Galicia, que apenas duró cuatro años, Túy es su Cafarnaúm. Alójase donde puede, renovando la táctica antigua, que tan buenos resultados le diera, y perfecciona y completa personales experiencias. Causa asombro su prodigiosa actividad en tan corto período de tiempo: docencia y cura de almas, y, en particular, padre, maestro y juez de conciencia; acción sobre las personas y sobre las organizaciones y fuerzas sociales; precursor de los gremios y cofradías de mareantes.

 El siglo XIII en que estamos significa en la historia universal más de lo que algunos creen. Tiene un ideal armonioso, a despecho de su pedantería y barbarie, y cuenta los santos a montones, algunos de ellos de ejemplares méritos. La predicación hácese independiente de la patrística, más popular, nerviosa y práctica; auméntanse las riquezas y se desarrolla el comercio; despiértase el espíritu asociativo, incluso para construir puentes y caminos; abunda lo bueno y edificante, como que, sin bordar de realce, ningún otro siglo ha hecho tanto por los pobres como él, así en la beneficencia pública como en la privada. No obstante, la avaricia y la miseria andan a toca ropa, y, sin haberse despeñado todavía en el escepticismo, al lado de la virtud verbenea la inmoralidad. Conviene paremos mientes en que, si bien es cierto que quedaban pocos siervos de la gleba, pululan los collazos, behetrías, iuniores de heredad y los villanos o pecheros. La vida de todos éstos era difícil. Y San Telmo no fue anacrónico ni retrógrado, sino coetáneo de su tiempo, anduvo al paso de su época y sólo se propuso salvar a los hombres de su generación.

 Como orador, hubo de predicar con frecuencia al aire libre, porque las iglesias eran harto mezquinas para contener a las muchedumbres; como obras sociales suyas, cuéntanse el puente de Castrelos de Ribadavia y el de la Ramallosa en el valle Míñor de las cercanías de Vigo, como sacerdote, era el padre de los pobres, el amigo, fiscal y consejero de los grandes, y espejo impoluto de edificación en todas partes, estampa viva de férvida oración, de espíritu de sacrificio, de inflamado celo.

 Con todo eso, un problema acuciante, grave y pavoroso, que era a la vez industrial, comercial y sociológico, sobre ser moral, había planteado en este rincón del noroeste gallego: el marinero. Tanto la pesca como el transporte marítimo ocupaban a una numerosa población y estaban reclamando a voces al osado y vidente que los encauzara, a fin de hacer más llevadera la vida en la costa atlántica. Y San Telmo, sin que fuese obstáculo para ello el haber venido al mundo en tierras de pan llevar, se dio cuenta de la tragedia, puso mano en la obra de la formación individual del marinero y hasta ensayó la teoría e institución de los gremios, los cuales habían de encarnar y crecer como la espuma después de su muerte. Ante todo y sobre todo pues, fue el apóstol y paladín de los hombres de mar, así como, reconocidos, fueron también éstos quienes más de corazón se dieron a él y luego hicieron de cantores y panegíristas suyos.

 Por supuesto, en una obra de este temple no podían faltar los milagros. Dios los prodiga a veces a granel para poner de manifiesto su presencia en el mundo y para que los santos los puedan exhibir como credenciales de su mandato. Se pierde la cuenta de los que esmaltan la vida de fray Telmo. Es de advertir que en la catedral de Túy se conserva el original del proceso de su beatificación, a tenor del cual la mayor parte de ellos son rigurosamente teológicos, Mostró su poder sobre los elementos de la naturaleza y más de una vez se le vio atravesar el Miño a pie. Penetraba en los corazones, y los pescadores le interpelaban en medio de las borrascas, braveza y galernas de las procelosas aguas. Un día, dirigiéndose a Bayona, tuvo la revelación de la muerte de un sacerdote, amigo suyo a quien iba a visitar, en el camino, y, como sus compañeros de viaje desfallecieran de hambre, al remover una piedra que él les señaló descubrieron dos panes de nítida blancura. Otra vez, en la Ramallosa, como quiera que estaba edíficándose la fábrica del puente, del que más arriba hemos hecho mención, el inmenso gentío que le rodeaba, embobado por sus sermones, comenzó a huir despavorido ante la horrísona tempestad que habíase desatado y él, alzando sus manos hacía las nubes, las dividió en dos partes, y, a pesar de caer un verdadero diluvio sobre la tierra, sus oyentes no se mojaron poco ni mucho.

 Finalmente, a continuación de esta obra sorprendente y ciclópea, que legaba a sus queridos hijos de aquella comarca y en especial a los marineros, pero que para él no valía gran cosa, porque siempre es un grano de anís lo que hacemos por la gloria de Dios y la salvación de las almas, el Domingo de Ramos de 1240, en el curso de unas lecciones que había iniciado la semana anterior, San Telmo se despidió de la ciudad de Túy, tras revelar la hora de su muerte, dejando consternado al auditorio, y se dispuso a ingresar en el convento de Santiago, donde deseaba acabar sus días.

 Ya la fiebre minaba y atenazaba su débil y macilento cuerpo, gastado por la ascesis de tantos años. Pero, terne en su propósito, hatea, y, al llegar a la aldea de Santa Columba de Ribadelouro, a seis kilómetros de Túy, a par del puente que después se llamará "de Febres" por este incidente, el Señor le da a entender que regrese a la ciudad, y cabalmente para morir en ella, Allí durmióse entre los hombres y despertó entre los ángeles, como había vivido: santo de todo en todo y al pie de la letra, el 14 de abril, siendo prelado de la diócesis en aquellos días el preclaro don Lucas de Túy, autor del célebre Chronicon mundi. Por todo capital dejó a su patrón la correa y el báculo, reliquias que se guardan en la catedral, y, ¡soberanos designios de Dios!, un gran vacío que no se hizo esperar: naufragios, penas, mengua y penuria por doquier, desbarajuste, agostamiento de la vida cristiana y relajación de costumbres, que tanta parte habían de tener en su póstuma glorificación.

 Que sus honras fúnebres estuvieron concurridísimas y solemnes sobremanera, es de clavo pasado. Ofició en ellas el obispo don Lucas, el cual mandó levantar en la misma catedral un mausoleo, convertido muy pronto en centro de atracción por los portentos que allí se multiplicaban a diario. A doscientos ocho ascienden los comprendidos en una información judicial mandada abrir por aquel prelado. Por ejemplo, vióse manar muchas veces un aceite milagroso de suave fragancia, talismán contra diversas enfermedades. De la catedral, donde aún se conserva y venera el cráneo, los restos mortales fueron trasladados al oratorio de los obispos y, en 1579, a la suntuosa capilla que se les dedicó en la iglesia de las Franciscanas. Más tarde, en 1741, Benedicto XIV, comprobada su santidad y abundancia de milagros, instituyó su fiesta, que se extendió a Palencia y Túy en un principio y después a toda España.

 Nuestra nación, y especialmente Galicia, tiene con San Telmo una deuda de gratitud y sería injusto no pagarla de prisa y corriendo y en buena ley, porque ha sido una gloria nacional, inmarcesible y señera. No pasa lo mismo con los navegantes e hijos del agua, que siempre le han ofrendado espléndido y devoto culto. Su nombre es familiar en Lisboa, Oporto, Ancora, en toda la zona miñota de Portugal. Igual cabe decir de todo el litoral cantábrico, de la costa catalana y hasta de la lejana América. De un modo particular Pontevedra y Sevilla, en sus escuelas de marinos, fomentaron esta tradición. "San Telmo, ¡sálvanos!", sigue siendo todavía el grito angustioso del pescador cuando el peligro acosa. Y no olvidan que, en una sazón, como un grumete, zarandeado por el viento en la gavia alta de su nave, volteara sobre el inmenso piélago, San Telmo, flotante sobre las olas con su hábito blanco de dominico, le repuso a bordo. Y con esa fe sencilla y a un tiempo robusta, con un si es no es de vastedad cósmica, a las forescencias producidas por la electricidad en los momentos culminantes de la tormenta, que se columbran en las puntas de los mástiles, le dan el nombre de fuego de San Telmo.

 SANTIAGO FERNÁNDEZ SÁNCHEZ