30 may. 2018

Salmo 101 Deseos y súplicas del desterrado

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Salmo 101

Deseos y súplicas del desterrado


Señor, escucha mi oración, 
que mi grito llegue hasta ti; 
no me escondas tu rostro 
el día de la desgracia. 
Inclina tu oído hacia mi; 
cuando te invoco, escúchame en seguida. 

Que mis días se desvanecen como humo, 
mis huesos queman como brasas; 
mi corazón está agostado como hierba, 
me olvido de comer mi pan; 
con la violencia de mis quejidos, 
se me pega la piel a los huesos. 

Estoy como lechuza en la estepa, 
como búho entre ruinas; 
estoy desvelado, gimiendo, 
como pájaro sin pareja en el tejado. 
Mis enemigos me insultan sin descanso; 
furiosos contra mí, me maldicen. 

En vez de pan, como ceniza, 
mezclo mi bebida con llanto, 
por tu cólera y tu indignación, 
porque me alzaste en vilo y me tiraste; 
mis días son una sombra que se alarga, 
me voy secando como la hierba. 

Tú, en cambio, permaneces para siempre, 
y tu nombre de generación en generación. 
Levántate y ten misericordia de Sión, 
que ya es hora y tiempo de misericordia. 

Tus siervos aman sus piedras, 
se compadecen de sus ruinas, 
los gentiles temerá tu nombre, 
los reyes del mundo, tu gloria. 

Cuando el Señor reconstruya Sión, 
y aparezca en su gloria, 
y se vuelva a las súplicas de los indefensos, 
y no desprecie sus peticiones, 
quede esto escrito para la generación futura, 
y el pueblo que será creado alabará al Señor. 

Que el Señor ha mirado desde su excelso santuario, 
desde el cielo se ha fijado en la tierra, 
para escuchar los gemidos de los cautivos 
y librar a los condenados a muerte. 

Para anunciar en Sión el nombre del Señor, 
y su alabanza en Jerusalén, 
cuando se reúnan unánimes los pueblos 
y los reyes para dar culto al Señor. 

El agotó mis fuerzas en el camino, 
acortó mis días; 
y yo dije: "Dios mío, no me arrebates 
en la mitad de mis días". 

Tus años duran por todas las generaciones: 
al principio cimentaste la tierra, 
y el cielo es obra de tus manos. 

Ellos perecerán, tú permaneces, 
se gastarán como la ropa, 
serán como un vestido que se muda. 
Tú, en cambio, eres siempre el mismo, 
tus años no se acabarán. 

Los hijos de tus siervos vivirán seguros, 
su linaje durará en tu presencia. 



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