15 oct 2019

Santo Evangelo 15 de Octubre 2019



Día litúrgico: Martes XXVIII del tiempo ordinario


Texto del Evangelio (Lc 11,37-41): En aquel tiempo, mientras Jesús hablaba, un fariseo le rogó que fuera a comer con él; entrando, pues, se puso a la mesa. Pero el fariseo se quedó admirado viendo que había omitido las abluciones antes de comer. Pero el Señor le dijo: «¡Bien! Vosotros, los fariseos, purificáis por fuera la copa y el plato, mientras por dentro estáis llenos de rapiña y maldad. ¡Insensatos! el que hizo el exterior, ¿no hizo también el interior? Dad más bien en limosna lo que tenéis, y así todas las cosas serán puras para vosotros».


«Dad más bien en limosna lo que tenéis, y así todas las cosas serán puras para vosotros»

Rev. D. Pedro IGLESIAS Martínez 
(Rubí, Barcelona, España)

Hoy, el evangelista sitúa a Jesús en un banquete: «Un fariseo le rogó que fuera a comer con él» (Lc 11,37). ¡En buena hora tuvo tal ocurrencia! ¡Qué cara debió poner el anfitrión cuando el invitado se saltó la norma ritual de lavarse (que no era un precepto de la Ley, sino de la tradición de los antiguos rabinos) y además les censuró contundentemente a él y a su grupo social!. El fariseo no acertó en el día, y el comportamiento de Jesús, como diríamos hoy, no fue “políticamente correcto”.

Los evangelios nos muestran que al Señor le importaba poco el “qué dirán” y lo “políticamente correcto”; por eso, pese a quien pese, ambas cosas no deben ser norma de actuación de quien se considere cristiano. Jesús condena claramente la actuación propia de la doble moral, la hipocresía que busca la conveniencia o el engaño: «Vosotros, los fariseos, purificáis por fuera la copa y el plato, mientras por dentro estáis llenos de rapiña y maldad» (Lc 11,39). Como siempre, la Palabra de Dios nos interpela sobre usos y costumbres de nuestra vida cotidiana, en la que acabamos convirtiendo en “valores” patrañas que intentan disimular los pecados de soberbia, egoísmo y orgullo, en un intento de “globalizar” la moral en lo políticamente correcto, para no desentonar y no quedar marginados, sin que importe el precio a pagar, ni como ennegrezcamos nuestra alma, pues, a fin de cuentas, todo el mundo lo hace.

Decía san Basilio que «de nada debe huir el hombre prudente tanto como de vivir según la opinión de los demás». Si somos testigos de Cristo, hemos de saber que la verdad siempre es y será verdad, aunque lluevan chuzos. Esta es nuestra misión en medio de los hombres con quienes compartimos la vida, procurando mantenernos limpios según el modelo de hombre que Dios nos revela en Cristo. La limpieza del espíritu pasa por encima de las formas sociales y, si en algún momento nos surge la duda, recordemos que los limpios de corazón verán a Dios. Que cada uno elija el objetivo de su mirada para toda la eternidad.

En tu jardín regado

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En tu jardín regado

Autor: Fray Alejandro R. Ferreirós OFMConv


En tu jardín regado
en un huerto florido,
con naranjales frescos y glicinas
el Señor ha dejado
su cielo sumergido
frescura de su paz y luz divinas.

Un jardín cultivado
con muros protegido
y un jardinero fiel que lo vigila
un valle perfumado
de grama enrojecido
el huerto del Amor que me encandila.

De azahares aromado
de jazmín encendido
azul jacinto y nardo en sus rincones
y perfume en el prado
con lino entretejido
en el cielo en que juegan los gorriones.

Sus frutos son sabrosos
sus flores acabadas
el Amor lo ha plantado y lo defiende
sus colores preciosos,
parecen enjoyadas
su mirada amorosa las enciende.

Corazón entregado
que Dios ha recibido
como su propiedad preciosa y pura
se encuentra consagrado
a aquel que lo ha escogido
para ser su morada y hermosura.

14 oct 2019

Santo Evangelio 14 de Octubre 2019



Día litúrgico: Lunes XXVIII del tiempo ordinario


Texto del Evangelio (Lc 11,29-32): En aquel tiempo, habiéndose reunido la gente alrededor de Jesús, Él comenzó a decir: «Esta generación es una generación malvada; pide una señal, y no se le dará otra señal que la señal de Jonás. Porque, así como Jonás fue señal para los ninivitas, así lo será el Hijo del hombre para esta generación. La reina del Mediodía se levantará en el Juicio con los hombres de esta generación y los condenará: porque ella vino de los confines de la tierra a oír la sabiduría de Salomón, y aquí hay algo más que Salomón. Los ninivitas se levantarán en el Juicio con esta generación y la condenarán; porque ellos se convirtieron por la predicación de Jonás, y aquí hay algo más que Jonás».

«Esta generación es una generación malvada; pide una señal»

P. Raimondo M. SORGIA Mannai OP 
(San Domenico di Fiesole, Florencia, Italia)

Hoy, la voz dulce —pero severa— de Cristo pone en guardia a los que están convencidos de tener ya el “billete” para el Paraíso solamente porque dicen: «¡Jesús, qué bello que eres!». Cristo ha pagado el precio de nuestra salvación sin excluir a nadie, pero hay que observar unas condiciones básicas. Y, entre otras, está la de no pretender que Cristo lo haga todo y nosotros nada. Esto sería no solamente necedad, sino malvada soberbia. Por esto, el Señor hoy usa la palabra “malvada”: «Esta generación es una generación malvada; pide una señal, y no se le dará otra señal que la señal de Jonás» (Lc 11,29). Le da el nombre de “malvada” porque pone la condición de ver antes milagros espectaculares para dar después su eventual y condescendiente adhesión.

Ni ante sus paisanos de Nazaret accedió, porque —¡exigentes!— pretendían que Jesús signara su misión de profeta y Mesías mediante maravillosos prodigios, que ellos querrían saborear como espectadores sentados desde la butaca de un cine. Pero eso no puede ser: el Señor ofrece la salvación, pero sólo a aquel que se sujeta a Él mediante una obediencia que nace de la fe, que espera y calla. Dios pretende esa fe antecedente (que en nuestro interior Él mismo ha puesto como una semilla de gracia).

Un testigo en contra de los creyentes que mantienen una caricatura de la fe será la reina del Mediodía, que se desplazó desde los confines de la tierra para escuchar la sabiduría de Salomón, y resulta que «aquí hay algo más que Salomón» (Lc 11,31). Dice un proverbio que «no hay peor sordo que quien no quiere oír». Cristo, condenado a muerte, resucitará a los tres días: a quien le reconozca, le propone la salvación, mientras que para los otros —regresando como Juez— no quedará ya nada qué hacer, sino oír la condenación por obstinada incredulidad. Aceptémosle con fe y amor adelantados. Le reconoceremos y nos reconocerá como suyos. Decía el Siervo de Dios Don Alberione: «Dios no gasta la luz: enciende las lamparillas en la medida en que hagan falta, pero siempre en tiempo oportuno».

¡ Falta algo !



¡FALTA ALGO!

Por Javier Leoz

Han quedado atrás las fiestas navideñas y, cuando tantos símbolos desaparecen de las calles o de las iglesias (luces, estrellas, belenes, adornos) un nuevo signo, por parte del Señor, sale a nuestro encuentro: comienza su misión ofreciendo buen vino, generoso y abundante, en la mesa de los hombres.

1.- Siempre falta algo en el intento de alcanzar la felicidad por parte del hombre. Y, siempre, mirando a María escuchamos lo que con insistencia, Ella pide a Jesús: que intervenga en nuestras vidas. Que, el agua por sí misma, no es suficiente para alegrar nuestro vivir. Que el hombre, por sí mismo, no es suficiente para llegar al colmo de la felicidad que pretende esta sociedad tan vacía de valores como aquellas tinajas que estuvieron a punto de abortar el éxito de una boda.

¿Qué son las bodas de Caná? Muchas interpretaciones se han dado al primer signo que, Jesús, realizó en el comienzo de su misión. Entre todas ellas, me quedo con una que me parece esencial: Jesús viene a establecer una alianza definitiva entre Dios y la humanidad. ¿Seremos capaces de percatarnos de este Misterio más allá de lo extraordinario del agua convertida en vino? María, siempre atenta y solícita a las peticiones de sus hijos, muestra las carencias de aquellos que –buscando al Señor- saben que sin Él, la vida, es difícil teñirla con el traje de fiesta.

Y es que, siempre, nos falta un algo y un alguien. Un algo para que la fiesta sea completa y un alguien para que ponga “ese punto” y todo sea un éxito.

2.- Llevemos alegría, como el vino mejor y más selecto, allá donde el otro vino –dulce pero traicionero- es incapaz de llegar: al corazón. Y es que, lo ebrio del mundo, no es lo más aconsejable para alcanzar la dicha o llegar al supremo grado de bienestar. Más bien al contrario. Las Bodas de Caná nos traen una sugerente catequesis: Dios pone todo en su punto. Dios pone ese “algo” y ese “alguien” cuando, la creatividad o las previsiones de las personas se quedan cortas. Faltó el vino en Caná, y María (lista como ella sola y controlando todo lo que acontecía) susurra a Jesús: “les falta el vino”. O lo que es lo mismo: se han quedado cortos para llegar hasta el final en el banquete de la vida.

Hoy, en el Señor, vemos su semblante más festivo. Acostumbrados a escucharle en el templo, a tenerlo rodeado de leyes y de normas, nos asombra su otra dimensión: viene con nosotros y, cuando hace falta, se suma al espíritu festivo de nuestro caminar.

3.- Como María, también nosotros, debiéramos de estar atentos en esas situaciones que necesitan un poco de paz y de sosiego. María, con los ojos bien abiertos, fue consciente de que algo raro ocurría en aquel convite. Que, de repente, todo podría irse al traste si el vino, elemento importante en una comida, hubiera faltado. Esa puede ser también nuestra misión: ser sensibles a las necesidades de las personas o situaciones que nos rodean. Aquello de “ojos que no ven, corazón que no siente” no es una buena filosofía para aquellos que creemos y esperamos en Jesús. Que el Señor en este Año Santo de la Fe nos ayude a poner el buen vino de nuestra fe, de nuestro testimonio, de nuestra alegría cristiana en tantas mesas donde rezuman los vasos de licores que han dejado de ser cristianos para convertirse sólo en exponente de fiesta pagana sin referencia a lo eterno. Ojala, entre otras cosas, recuperásemos la bendición de la mesa como el vino de solera de cualquier fiesta social, familiar o incluso eclesial.

El lago aquel...

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El lago aquel...

Autor: Fray Alejandro R. Ferreirós OFMConv


El lago aquel de la mañana nueva
en que tu barca, lento navegaba,
la noche entera y nada se pescaba
y echan las redes que el Amor renueva.

Es tu presencia mística en la orilla
la que en la luz del sol ya resplandece
estás resucitado y amanece
sobre la noche estéril tu semilla.

Cuece tu fuego santo el don divino
el trigo de tu cuerpo que se ofrece
la carne de la pesca que acontece
el don del pescador en su camino.

el calor del amor que los reúne
en fuego y sacrificio matutino
tu Palabra realiza el don divino
y el celo por el reino los consume.

Tú multiplicas los dones de sus manos
das de comer Amor en el encuentro
das tu Palabra cálida en sustento
pescadores y amigos, tus hermanos.

Los alimenta tu pan resucitado
que por tus llagas se hace permanencia
¡Señor del tiempo y de la fiel presencia
Esposo de tu pueblo convocado!

13 oct 2019

Santo Evangelio 13 de octubre 2019



Día litúrgico: Domingo XXVIII (C) del tiempo ordinario


Texto del Evangelio (Lc 17,11-19): Un día, sucedió que, de camino a Jerusalén, Jesús pasaba por los confines entre Samaría y Galilea, y, al entrar en un pueblo, salieron a su encuentro diez hombres leprosos, que se pararon a distancia y, levantando la voz, dijeron: «¡Jesús, Maestro, ten compasión de nosotros!». Al verlos, les dijo: «Id y presentaos a los sacerdotes». Y sucedió que, mientras iban, quedaron limpios. 

Uno de ellos, viéndose curado, se volvió glorificando a Dios en alta voz; y postrándose rostro en tierra a los pies de Jesús, le daba gracias; y éste era un samaritano. Tomó la palabra Jesús y dijo: «¿No quedaron limpios los diez? Los otros nueve, ¿dónde están? ¿No ha habido quien volviera a dar gloria a Dios sino este extranjero?». Y le dijo: «Levántate y vete; tu fe te ha salvado».


«¡Jesús, Maestro, ten compasión de nosotros!»

Rev. D. Antoni CAROL i Hostench 
(Sant Cugat del Vallès, Barcelona, España)

Hoy podemos comprobar, ¡una vez más!, cómo nuestra actitud de fe puede remover el corazón de Jesucristo. El hecho es que unos leprosos, venciendo la reprobación social que sufrían los que tenían la lepra y con una buena dosis de audacia, se acercan a Jesús y —podríamos decir entre comillas— le obligan con su confiada petición: «¡Jesús, Maestro, ten compasión de nosotros!» (Lc 17,13).

La respuesta es inmediata y fulminante: «Id y presentaos a los sacerdotes» (Lc 17,14). Él, que es el Señor, muestra su poder, ya que «mientras iban, quedaron limpios» (Lc 17,14).

Esto nos muestra que la medida de los milagros de Cristo es, justamente, la medida de nuestra fe y confianza en Dios. ¿Qué hemos de hacer nosotros —pobres criaturas— ante Dios, sino confiar en Él? Pero con una fe operativa, que nos mueve a obedecer las indicaciones de Dios. Basta un mínimo de sentido común para entender que «nada es demasiado difícil de creer tocando a Aquel para quien nada es demasiado difícil de hacer» (Beato J. H. Newman). Si no vemos más milagros es porque “obligamos” poco al Señor con nuestra falta de confianza y de obediencia a su voluntad. Como dijo san Juan Crisóstomo, «un poco de fe puede mucho».

Y, como coronación de la confianza en Dios, llega el desbordamiento de la alegría y del agradecimiento: en efecto, «uno de ellos, viéndose curado, se volvió glorificando a Dios en alta voz; y postrándose rostro en tierra a los pies de Jesús, le daba gracias» (Lc 17,15-16).

Pero..., ¡qué lástima! De diez beneficiarios de aquel gran milagro, sólo regresó uno. ¡Qué ingratos somos cuando olvidamos con tanta facilidad que todo nos viene de Dios y que a él todo lo debemos! Hagamos el propósito de obligarle mostrándonos confiados en Dios y agradecidos a Él.

De bien nacidos es ser agradecidos

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DE BIEN NACIDOS ES SER AGRADECIDOS

Por Gabriel González del Estal

1.- Y sucedió que mientras iban de camino, quedaron limpios. Uno de ellos, viendo que estaba curado, se volvió alabando a Dios a grandes gritos y se postró a los pies de Jesús, rostro en tierra, dándole gracias. Este era un samaritano. Para ser agradecidos, a una persona o a Dios, lo primero que tenemos que hacer es reconocer que no merecíamos el don que nos han hecho. Ante Dios, esto para nosotros los cristianos nos resulta relativamente fácil, porque no resulta difícil reconocer que la mayor parte de los dones que Dios nos ha hecho no se han debido a méritos nuestros previos, sino a su bondad y misericordia. Así, por ejemplo, los dones de la vida, el haber nacido en una buena familia, la salud, la inteligencia, y muchos otros dones más. Nos resulta más difícil ser agradecidos a las personas que nos han hecho algún favor. Nos resulta, muchas veces, fácil pensar que los favores que nos hacen es porque nos lo merecemos. Por eso, yo aquí, ahora, prefiero insistir en lo bueno y lo cristiano que es ser agradecidos, en la vida, a las personas con las que convivimos habitualmente, o con las que tratamos por la razón que sea. El ser agradecidos es más que decir gracias, simplemente, es responder con hechos o con actitudes, al agradecimiento. Esta es muy importante hacerlo dentro de la familia, con los amigos, y con las personas con las que nos relacionamos por la razón que sea. Es decir, que ante las personas que son generosas con nosotros, nosotros debemos responder siendo generosos con ellas. E, incluso, ante las personas que son desagradecidas con nosotros, nosotros como cristianos que somos, debemos responder siendo generosas con ellas. Tenemos que ser agradecidos siempre, por humildad cristiana, e igualmente debemos ser generosos siempre por ser cristianos. El samaritano del evangelio sabía que él, como samaritano, no merecía ser tendido y curado por un judío, los otros nueve pensaban que ellos, como judíos que eran, merecían ser atendidos por los sacerdotes y ser curados por un judío.

2.- En aquellos días, el sirio Naamán bajó y se bañó en el Jordán siete veces, conforme a la palabra de Eliseo, el hombre de Dios. Y su carne volvió a ser como la de un niño pequeño: quedó limpio de la lepra. Naamán regresó al lugar donde se encontraba el hombre de Dios. Se detuvo ante él exclamando: Ahora reconozco que no hay en toda la tierra otro Dios que el de Israel. Recibe, pues, un presente de tu siervo. Pero Eliseo respondió: vive el Señor a quien sirvo, que no he de aceptar nada. El sirio Naamán era una persona agradecida, porque él, como extranjero, no creía que un profeta judío tuviera la obligación de atenderle. Por eso, creía que tenía que pagar al profeta Eliseo el favor que le habían hecho. Pero el profeta Eliseo sabía muy bien que el Dios de Israel atiende siempre generosamente al que se lo pide con fe. Jesús de Nazaret decía más de una vez a los que curaba: tu fe te ha salvado. Nosotros, los cristianos de siglo XXI, debemos saber que para nosotros, como discípulos de Jesús, todas las personas somos hermanos, sin distinción de raza, legua o nación. Atendamos, pues, a los emigrantes con generosidad de hermanos e igualmente seamos agradecidos a cualquier extranjero que nos hace algún favor. Favor con favor se paga.

3.. Lo aguanto todo por los elegidos, para que ellos también alcancen la salvación y la gloria eterna en Cristo Jesús. San Pablo nos invita en esta su carta a Timoteo a ser corredentores con Cristo de toda la humanidad. Sepamos, pues, aceptar nuestros dolores y sufrimientos y ofrecérselos a Dios. Cristo nos salvó con su cruz, unámonos nosotros a Cristo ofreciendo al Padre nuestras pequeñas cruces de cada día. Ser corredentores con Cristo nos hace de alguna manera ser otros Cristos y contribuir así a la salvación del mundo. Convertir nuestro sufrimiento en materia de salvación es actuar como auténticos cristianos, discípulos y seguidores de Cristo.