1 dic. 2014

Siempre despiertos y dispuestos



SIEMPRE DESPIERTOS Y DISPUESTOS

Por José María Martín OSA

1- El adviento es el tiempo de la esperanza. Sólo es capaz de esperar aquél que está despierto y vigilante. Hoy suena el despertador en nuestra vida para sacarnos del adormecimiento. Pasamos casi un tercio de nuestra vida durmiendo, añádase a esto el tiempo en que vivimos adormilados y obnubilados. Nuestra mente está embotada por la rutina, la dispersión, el cansancio, el vacío. ¡Velad!, ¡Vigilad!, nos dice el Señor. ¿Cómo velar? Ante todo, sabemos que vela bien precisamente el que ama. Lo sabe la esposa que espera al marido que se ha quedado hasta tarde en el trabajo o que debe volver de lejos después de un viaje; lo sabe la madre que está intranquila porque el hijo todavía no ha vuelto a casa; lo sabe el enamorado que no ve la hora de encontrarse con su amada... El que ama sabe esperar también cuando el otro tarda. Esperamos a Jesús si lo amamos y deseamos ardientemente encontrarnos con Él. Se le espera amando concretamente, sirviéndolo, por ejemplo, en el que está cerca de nosotros, o comprometiéndose en la construcción de una sociedad más justa. Hoy Dios nos acucia para que velemos, para que no dejemos escapar la oportunidad de "vivir nuestra vida" con plenitud. Dios nos regala a raudales su Amor, viene a nuestra vida y quiere aprovechemos a tope los dones que nos da. Estamos a tiempo de hacer que nuestra vida merezca la pena.

2. - "Señor, Dios nuestro, restáuranos, que brille tu rostro y nos salve". Pero en nuestro mundo no sólo hay amor, también hay pecado y maldad. E incluso pensamos que la tiniebla domina sobre la luz, el mal sobre el bien. Cuando contemplamos la muerte del hombre y de la naturaleza, cuando vemos las consecuencias del egoísmo, de la corrupción, del terrorismo, de la droga, de la pornografía, de la explotación del hombre por el hombre, sale de nuestros labios la súplica del salmo: "Señor, Dios nuestro, restáuranos, que brille tu rostro y nos salve". Es el grito que dirigimos a Dios desde la desesperanza, el desánimo o la impotencia. Es posible que incluso le pidamos que venga sobre el mundo su castigo para que reaccione, que baje desde el cielo y derrita los montes para imponer la auténtica justicia, como dice el profeta Isaías. Pero el mismo profeta reconoce que Dios es nuestro Padre y sabe que nosotros somos de barro. Por eso se compadece de nuestras miserias y no deja de darnos una nueva oportunidad.

3. - Esperamos un mundo nuevo, pero ¿cuándo vendrá? Sólo será posible desde la compasión hacia el pobre o necesitado, pero además desde la indignación y el decir "¡basta ya!" ante tanta injusticia y miseria. De ahí vendrá nuestro compromiso solidario para construir un mundo nuevo. Sólo será posible si sabemos ser testigos de Dios en la historia, es decir será posible desde el Amor de Dios que transforma nuestras mentes y nuestros corazones. Por eso, le pedimos al Señor que venga pronto para que le conozcamos mejor y le queramos más, para que descubramos sus entrañas misericordiosas, para que transforme radicalmente nuestra vida. Adviento es espera, pero también transformación, conversión.... Nuestra oración "Ven, señor, Jesús" debe ir acompañada por la decisión "Voy, Señor Jesús". Pedimos en este comienzo de Adviento: unos ojos que estén en vela, que sean capaces de mirar a las personas y descubrir en ellas sus alegrías, sus preocupaciones, sus ilusiones, sus tristezas y además una actitud para estar dispuestos a responder a los que nos necesitan.

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