5 dic. 2014

Aprendamos con la catequesis de la liturgia




APRENDAMOS CON LA CATEQUESIS DE LA LITURGIA

Por Ángel Gómez Escorial

1.- La liturgia es una forma suprema de catequesis que reúne al pueblo de Dios todos los días. La presencia y escucha de los textos sagrados condensa una forma de enseñanza de gran importancia. Y esa catequesis se hace de especiales resonancias en las misas dominicales, en las eucaristías del Día del Señor. Vemos así como las lecturas de este primer domingo de Adviento pues guardan oportuna continuidad con los textos del domingo anterior en el que celebrábamos la solemnidad de Cristo Rey.

2.- El consejo se repite: tenemos que estar vigilantes porque la venida del Señor está próxima. En realidad, cada vez, que las oraciones de la misa decimos “¡Ven, Señor Jesús!” o “¡Hasta que vuelvas!” rezamos ante la venida segunda de Jesús –la Parusía—que aunque mantenga el secreto del momento en que se vaya a producir no por eso es menos deseada por los fieles del Señor. Y es que, entre otras cosas, uno de los más grandes anhelos del cristiano es ese encontrarse a Jesús de una vez y para siempre.

3.- Celebramos este primer domingo de Adviento y con él iniciamos un nuevo año litúrgico y estrenamos nuevo ciclo, el B. Ya en el altar, y en el ornamento del templo, se apreciará que estamos iniciando la cuenta atrás para la llegada de Jesús a la Tierra. Renovamos, una vez más, el deseo de verle Niño, allá en Belén, junto a María y a José. Y nos proponemos a recorrer ese tiempo de espera en la convicción profunda que algo nuevo debe abrirse en nuestro interior, para mejor recibir al Hijo de Dios. Es el Padre Dios quien nos lo envía para que todos los hombres y mujeres se salven y para que la paz y el amor reinen entre todos.

4.- Y eso se trasluce claramente en la primera lectura, sacada del capítulo 63 del libro de Isaías. En ella se anuncia –a nosotros y al pueblo judío de quinientos años del nacimiento de Cristo— la paternidad sublime de Dios y que ella va a sustituir, por mejora evidente, a aquella otra que inició el Patriarca Abrahán, porque para esperar al Hijo antes hay que reconocer al Padre, al Dios de todos que es Padre para todos. Isaías lo dice claramente: nosotros somos arcilla y Dios es el alfarero.

5.- San Pablo en el fragmento que hemos escuchado hoy de la primera carta a los fieles de Corinto nos confirma con sencillez y profundidad esa paternidad de Dios Padre, por revelación de Jesucristo. Hay además un matiz muy importante para estos tiempos: el llamamiento que Pablo de Tarso que hace a los Corintos contiene una invocación a la unidad, por la misma que mantienen Padre e Hijo. Y hemos de tenerlo en cuenta en este primer día del Adviento. Hemos de esperar a Jesús pero todos unidos. Eso no significa un uniformismo a ultranza o un diseño exclusivo del pensamiento de los fieles cristianos.

6.- La discrepancia es posible y hasta aconsejable. Pero no en nada de lo que es fundamental y que no es otra cosa que nuestra comunión en la unidad de Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo. Habría además una unidad operativa, útil y no restadora de libertades, que es la posición fraterna de todos aquellos que comparten la comunión con el Cuerpo y la Sangre de Cristo, pues dicha unidad es fuente de confianza para aquellos hermanos alejados que se acercan a nosotros.

7.- Hemos de esperar en el Señor. Lo dice el Evangelio de Marcos, que nos presidirá y nos enseñará durante este ciclo B. Pero esperar y confiar en Dios, no significa adentrarse por la senda de la vagancia y de la inoperancia. Hemos de pedir a Dios que nos cure, pero hemos de acudir al médico y poner toda nuestra voluntad en curarnos. Y así con todas las cosas de la vida. Es posible, no obstante, que el conocimiento de las ciencias modernas y de las tecnologías recién descubiertas nos lleven a pensar en lo contrario: que no necesitamos a Dios. Y eso puede ser un error fatal.

8.- Trabajamos junto a Dios para hacer un mundo mejor y para buscar el bienestar legítimo de nuestros hermanos. Sabemos que Jesús de Nazaret nos ha pedido que colaboremos con Dios Padre –con la Trinidad—en la redención de todos los hombres. Y la espera, hoy, que nos pide Marcos es un tiempo de esperanza, dirigido a hacer mejor nuestro trabajo, cuyas pautas fundamentales no son otras que esas ya muy sabidas de amar a Dios sobre todas las cosas y que ese mismo amor dirigido a los hermanos nos lleve a entregarnos a ellos, sin reservas, para su salvación y por tanto para su felicidad, tanto aquí en la tierra, como un poco más tarde, allá en el cielo. Despojémonos de todos los viejos hábitos, del viejo traje, para revestirnos de la gran esperanza de la llegada del Salvador del Mundo.

LA HOMILÍA MÁS JOVEN

ESPERANZA

Por Pedrojosé Ynaraja

1.- El calendario litúrgico cambia de tercio, entramos en el ciclo B, durante el cual nos acompañarán, en la misa dominical, textos del evangelio de Marcos, excepto en algunas ocasiones especiales, que se nos proclamarán fragmentos del de Juan.

Vistas en conjunto las tres lecturas de hoy expresan muy bien el sentido de este tiempo: etapa de preparación. Observando con algún detenimiento, comprobaremos que la primera y la tercera nos llaman a la Esperanza y es a esta actitud exclusiva y genuinamente humana, la que voy brevemente a explicar, mis queridos jóvenes lectores.

2.- Si observáis en vuestro entorno y si examináis vuestro interior, comprobaréis que nuestra actualidad está enferma de Esperanza. Por si no lo habéis advertido, os lo digo ahora, esta virtud tan olvidada, la escribiré siempre con mayúscula. Os recomiendo que si estáis interesados por ella, leáis a Charles Péguy. Este autor místico francés es un poco difícil de asimilar. Su lenguaje es llano y sencillo, pero repetitivo. Os trasmito una imagen muy suya: la Esperanza es como una criatura pequeñita que va de la mano de sus dos hermanas mayores: la Fe y la Caridad.

3.- Vivimos muchos en lo que se ha venido a llamar la sociedad del bienestar. Otros, con acierto, la califican como la del derroche. Me estoy refiriendo a lo que llamamos Primer Mundo. La ausencia de Esperanza era una realidad un tanto oculta hace unos años. Al introducirse “como elefante en una cristalería”, la crisis económica, esta pandemia se ha hecho mucho más visible y la enfermedad ha empeorado la situación.

4.- El fenómeno del suicidio molesta a todos. Cuando acontece en una persona joven es todavía más enojosa y se trata, generalmente, de ocultar por parte de los allegados, sea familia o amistades. Pues sucede que, a la noticia de la muerte, de inmediato viene la pregunta ¿la provocaron los padres? ¿Tal vez es consecuencia de un fracaso sentimental? A nadie le gusta verse involucrado en ello, más vale, pues, tratar de ignorarlo, relegarlo al olvido. Pero el triste fenómeno continúa existiendo. Tal vez no se recurra a él por diversos motivos, pero se acude a la droga de cualquier clase, incluido el alcoholismo, como a una muerte obtenida a plazos.

Pensaréis, mis queridos jóvenes lectores, que me he vuelto trágico o pesimista y no os acusaré de que así lo imaginéis. Pero os advierto que la única manera de elevarse a la Esperanza, que es algo muy superior al optimismo, es conociendo la profundidad de donde estamos.

5.- El profeta Isaías nos anuncia un cambio radical. Utiliza un vocabulario propio de una cultura agrícola y de tiempos lejanos. De las espadas forjarán arados, de las lanzas podaderas, dice. Debemos hacer un esfuerzo y traducirlo a nuestra actualidad. Tal vez podamos expresarlo así: los cañones, las minas antipersona, los misiles, se convertirán en diversiones festivas, en fuegos de artificio para la fiesta final, la gran celebración. Él habla de Jerusalén, nosotros debemos atribuirlo a la Iglesia y no iremos errados. Habréis observado que en la Santa Madre Iglesia brotan las flores del martirio con una fuerza y cantidad que nunca se dieron en otros tiempos. Que si a nuestro alrededor observamos indiferencia y los medios de comunicación se abonan a difundir maldades y desvelar vicios entre personas que ocupan lugares importantes, que en muchos casos son ciertas, no olvidemos que para lograr la limpieza de un tejido, debemos conocer primero con detalle las características de la mancha.

6.- Otro síntoma. Si en otros tiempos, con deseos de dominio, los países que se creían civilizados ejercieron poder injusto sobre otros, principalmente del hemisferio sur, que vivían pobremente y se aprovecharon para ventaja propia, ahora no hay rincón del mundo donde un misionero esté presente con su testimonio y junto a él, una escuela y un hospital. Mártires y misioneros son la Esperanza. Diminuta semilla que germina y crece.

7.- Un fenómeno inesperado ha sido la elección del Papa Francisco que ofrece una imagen nueva de la Iglesia. Ahora bien, si no debemos ignorar su valor y su valer, tampoco desdeñar a quienes le acompañan, los que conociéndole lo escogieron y, sintiéndolos a su lado, le dan coraje y ánimos para la difícil tarea, preparada por sus antecesores, de renovar a la Iglesia.

8.- No perdáis la Esperanza, fundamentarla en la Iglesia de Jesucristo. Que crezca el conocimiento y vivencia de la Fe. Que no olvidéis el Amor. Amor de conmiseración con los indigentes, de cuerpo y de espíritu. Amor generoso de amistad, de comunicación sin precauciones. Amor de enamoramiento, proyecto común y generoso de un obrar juntos, para mejorar el futuro, otorgando a la sociedad nuevas vidas y a la Iglesia nuevos santos. El egoísmo y la pereza son obstáculos que debéis superar. Estad preparados.

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