22 jun 2020

Santo Evangelio 22 de junio 2020


Día litúrgico: Lunes XII del tiempo ordinario

Texto del Evangelio (Mt 7,1-5): En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «No juzguéis, para que no seáis juzgados. Porque con el juicio con que juzguéis seréis juzgados, y con la medida con que midáis se os medirá (…)».


Fraternidad: "juzgar" con la mirada de Cristo

Rev. D. Antoni CAROL i Hostench
(Sant Cugat del Vallès, Barcelona, España)

Hoy Jesucristo, como maestro, nos pide que ayudemos a los demás, y que lo hagamos con humildad, dando buen ejemplo y evitando el "juicio crítico". A veces "conocemos" los defectos en los demás y no "reconocemos" los nuestros; o exigimos lo que ni nosotros hacemos. El Señor nos advierte del peligro de la hipocresía y nos pide la sinceridad con nosotros mismos.

Amar a una persona es desear su mejora, su progreso. Para ello, con frecuencia debemos ver, juzgar y evaluar. Pero, ¿cómo hacerlo en positivo? El secreto es doble. Primero, el buen ejemplo propio, que anima a quienes nos rodean. Segundo, juzgar con la mirada de Cristo: con la Verdad por delante y acompañando con la misericordia. Eso es fraternidad.

—Jesús, deseo ocuparme de los míos como tú lo haces con nosotros. Te veo aceptando y disculpando a María Magdalena; te veo recogiendo y llevándote al cielo a Dimas, el buen ladrón. ¡Ayúdame a ayudar!

Jaculatoria

Fraternidad: "juzgar" con la mirada de Cristo

Jesucristo: 'El camino, y la verdad, y la vida'

Fraternidad: "juzgar" con la mirada de Cristo

Rev. D. Antoni CAROL i Hostench
(Sant Cugat del Vallès, Barcelona, España)

Hoy Jesucristo, como maestro, nos pide que ayudemos a los demás, y que lo hagamos con humildad, dando buen ejemplo y evitando el "juicio crítico". A veces "conocemos" los defectos en los demás y no "reconocemos" los nuestros; o exigimos lo que ni nosotros hacemos. El Señor nos advierte del peligro de la hipocresía y nos pide la sinceridad con nosotros mismos.

Amar a una persona es desear su mejora, su progreso. Para ello, con frecuencia debemos ver, juzgar y evaluar. Pero, ¿cómo hacerlo en positivo? El secreto es doble. Primero, el buen ejemplo propio, que anima a quienes nos rodean. Segundo, juzgar con la mirada de Cristo: con la Verdad por delante y acompañando con la misericordia. Eso es fraternidad.

—Jesús, deseo ocuparme de los míos como tú lo haces con nosotros. Te veo aceptando y disculpando a María Magdalena; te veo recogiendo y llevándote al cielo a Dimas, el buen ladrón. ¡Ayúdame a ayudar!

21 jun 2020

Santo Evangelo 21 de junio 2020

Jaculatoria

La única esperanza "fiable"

® Gifs y Fondos Paz enla Tormenta ®: SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS

La única esperanza "fiable"

REDACCIÓN evangeli.net (elaborado a partir de textos de Benedicto XVI)
(Città del Vaticano, Vaticano)

Hoy Jesucristo nos llama a mantener una esperanza "fiable", una meta tan grande que nos permita afrontar el fatigoso presente. La verdadera, la gran esperanza que resiste a pesar de todas las desilusiones, sólo puede ser Dios, que nos ama hasta el extremo. Quien no conoce a Dios, aunque tenga múltiples esperanzas, en el fondo está sin esperanza.

La historia lo ha demostrado: no es la ciencia, ni la acción político-económica, lo que rehace al hombre, sino el amor. Si existe un amor absoluto con su certeza absoluta, entonces —sólo entonces— el hombre es redimido. Gracias a Jesucristo estamos seguros de Dios (que no es una lejana "causa primera"), porque su Hijo unigénito se ha hecho hombre y se ha entregado totalmente por nosotros.

—Jesús, tu amor me da la posibilidad de perseverar —día a día— en medio de la imperfección natural de este mundo. Tu reino no es un más allá imaginario, sino que está presente allí donde Tú eres amado.

20 jun 2020

Evangelio 20 de junio 2020



Día litúrgico: El Corazón Inmaculado de María (Sábado después del Domingo II después de Pentecostés)


Texto del Evangelio (Lc 2,41-51): Los padres de Jesús iban todos los años a Jerusalén a la fiesta de la Pascua. Cuando tuvo doce años, subieron ellos como de costumbre a la fiesta y, al volverse, pasados los días, el niño Jesús se quedó en Jerusalén, sin saberlo sus padres. Pero creyendo que estaría en la caravana, hicieron un día de camino, y le buscaban entre los parientes y conocidos; pero al no encontrarle, se volvieron a Jerusalén en su busca.

Y sucedió que, al cabo de tres días, le encontraron en el Templo sentado en medio de los maestros, escuchándoles y preguntándoles; todos los que le oían, estaban estupefactos por su inteligencia y sus respuestas. Cuando le vieron, quedaron sorprendidos, y su madre le dijo: «Hijo, ¿por qué nos has hecho esto? Mira, tu padre y yo, angustiados, te andábamos buscando». Él les dijo: «Y ¿por qué me buscabais? ¿No sabíais que yo debía estar en la casa de mi Padre?». Pero ellos no comprendieron la respuesta que les dio. Bajó con ellos y vino a Nazaret, y vivía sujeto a ellos. Su madre conservaba cuidadosamente todas las cosas en su corazón.


«Su madre conservaba cuidadosamente todas las cosas en su corazón»

Rev. D. Jordi PASCUAL i Bancells
(Salt, Girona, España)

Hoy celebramos la memoria del Corazón Inmaculado de María. Un corazón sin mancha, lleno de Dios, abierto totalmente a obedecerle y escucharle. El corazón, en el lenguaje de la Biblia, se refiere a lo más profundo de la persona, de donde emanan todos sus pensamientos, palabras y obras. ¿Qué emana del corazón de María? Fe, obediencia, ternura, disponibilidad, espíritu de servicio, fortaleza, humildad, sencillez, agradecimiento, y toda una estela inacabable de virtudes.

¿Por qué? La respuesta la encontramos en las palabras de Jesús: «Donde está tu tesoro allí estará tu corazón» (Mt 6,21). El tesoro de María es su Hijo, y en Él tiene puesto todo su corazón; los pensamientos, palabras y obras de María tienen como origen y como fin contemplar y agradar al Señor.

El Evangelio de hoy nos da una buena muestra de ello. Después de narrarnos la escena del niño Jesús perdido y hallado en el templo, nos dice que «su madre conservaba cuidadosamente todas las cosas en su corazón» (Lc 2,51). San Gregorio de Nisa comenta: «Dios se deja contemplar por los que tienen el corazón purificado». ¿Qué guarda María en su corazón? Desde la Encarnación hasta la Ascensión de Jesús al cielo, pasando por las horas amargas del Calvario, son tantos y tantos recuerdos meditados y profundizados: la alegría de la visita del ángel Gabriel manifestándole el designio de Dios para Ella, el primer beso y el primer abrazo a Jesús recién nacido, los primeros pasos de su Hijo en la tierra, ver cómo iba creciendo en sabiduría y en gracia, su “complicidad” en las bodas de Caná, las enseñanzas de Jesús en su predicación, el dolor salvador de la Cruz, la esperanza en el triunfo de la Resurrección...

Pidámosle a Dios tener el gozo de amarle cada día de un modo más perfecto, con todo el corazón, como buenos hijos de la Virgen.