14 jul 2019

Vete, haz tu lo mismo

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VETE, HAZ TU LO MISMO

Por José María Martín OSA

1.- Como a nosotros mismos. El Deuteronomio recuerda el precepto principal, que es amar a Dios sobre todas las cosas. ¿Y respecto al prójimo? El prójimo es también el extranjero que habita de manera estable en el país: “lo amarás como a ti mismo, porque vosotros fuisteis inmigrantes en la tierra de Egipto”. En la parábola del Buen Samaritano “prójimo” es el que no da rodeos ni pasa de largo, sino que se aproxima para ayudar a quien necesita ayuda. “Prójimo” es quien sabe actuar solidariamente y entiende su vida como “ser para los otros”. Mi prójimo es un hombre cualquiera que me encuentra tirado en el camino, excluido, herido, abandonado… Ese hombre concreto está apelando a la conciencia de quien lo encuentra, para que reconozca en el rostro desfigurado y en el cuerpo contrahecho y dolorido la imagen del hermano, del otro yo que pide una ayuda efectiva, una mano cercana.

2.- Intentemos ahora aplicar el evangelio a nuestros días. ¿Quién es mi prójimo?

--Esa persona concreta excluida es hoy uno de los miles de niños —la criatura más débil e inocente— que son eliminados en el seno materno. La cuna natural de la vida se convierte para él en el corredor de la muerte. Una sociedad que legitima un crimen tan abominable como el aborto está perdiendo el sentido mismo de la dignidad humana, base de los derechos fundamentales y de la verdadera democracia.

--Esa persona concreta excluida en nuestra sociedad puede ser una de las madres que, ante las dificultades para sacar adelante al hijo de sus entrañas, es dejada sola. En ese período en el que necesita más ayuda muchas veces no encuentra el apoyo efectivo al que tendría derecho.

--Esa persona concreta excluida puede ser también hoy, en nuestra sociedad, uno de los emigrantes pobres que acuden a nuestras tierras —quizá tras sobrevivir a una penosa travesía—, buscando una oportunidad en la vida. En ocasiones encuentra que el bienestar no es repartido entre todos.

--Esa persona concreta excluida puede ser hoy, en nuestra sociedad, uno de esos muchos ancianos abandonados. La sociedad los considera cada día más como una carga insoportable. Se llega a la aberración de la aceptación cultural y legal de la llamada eutanasia, forma gravísima de insolidaridad. La enumeración de formas de despojo podría seguir.

3.- “¡Primero, los últimos”! El Papa Francisco nos decía el pasado 27 de mayo, con motivo de la Jornada Mundial del Migrante que “no hay que excluir a nadie, pues la mayor caridad es la que se ejerce con quienes no pueden corresponder y tal vez ni siquiera dar gracias”. El verdadero lema del cristiano es “¡primero los últimos!”, pues en la lógica del Evangelio, “los últimos son los primeros, y nosotros tenemos que ponernos a su servicio”. En su mensaje para la Jornada Mundial que se celebrará el 29 de septiembre, el Pontífice recuerda cual es “respuesta al desafío planteado por las migraciones contemporáneas” en cuatro verbos: acoger, proteger, promover e integrar como ya lo hizo en el 6º congreso del Foro internacional “Migración y Paz”, celebrado en Roma en 2017.

4.- ¿Quién fue prójimo del hombre excluido? Esta respuesta debe darla cada ser humano con sus obras. Esa respuesta decide, juzga, el auténtico valor de su vida. En su contestación el interlocutor no se atreve a mencionar el nombre samaritano, pero acierta igualmente. Fue verdaderamente prójimo del hombre despojado el que practicó misericordia con él. Hasta un niño habría sabido contestar a una pregunta tan fácil. El Evangelio de la misericordia predicado por Jesús llega sencillamente al corazón del hombre, de todo hombre. ¡El Buen Samaritano escuchó a su conciencia! Fueron tres los que pasaron ante este hombre herido... y solamente uno de los tres ofreció su ayuda... La conclusión del diálogo y de la parábola no requiere más comentarios. Requiere, simplemente, que cada uno la convirtamos en norma de vida: Vete y haz tú lo mismo.

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