2 dic 2018

Prepararos para la venida del Señor

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PREPARARNOS PARA LA VENIDA DEL SEÑOR

Por Francisco Javier Colomina Campos

Con la celebración de este domingo damos comienzo al tiempo de Adviento, un tiempo de espera y de preparación. Durante estas próximas semanas iremos preparando la venida del Señor que nace hecho niño en Belén. Esperamos su venida, la deseamos, pero además nos vamos preparando para ella. Pero además, el tiempo de Adviento es tiempo de recordar la segunda venida de Cristo, cuando vendrá lleno de gloria y majestad al final de los tiempos. También hemos de esperar esta nueva venida del Señor y nos hemos de preparar para ello.

1. “Suscitaré a David un vástago legítimo, que hará justicia y derecho en la tierra”. La primera lectura, del libro del profeta Jeremías, nos habla de futuro. Por tres veces anuncia el profeta lo que sucederá “en aquellos días”. Se trata de una promesa de futuro, la promesa del Mesías. Este Mesías, nacido del linaje de David, traerá la justicia y el derecho a la tierra, pues traerá la salvación. La promesa hecha desde antiguo se cumple en Jesús, el Hijo de Dios, descendiente de David, y el día de Navidad adoraremos a ese niño nacido del seno de la Virgen y colocado en un humilde pesebre. Ese niño, sencillo y humilde, es el cumplimiento de las promesas de Dios. Se trata de la primera venida de Cristo que nace como hombre para traer la salvación a los hombres. En el tiempo de Adviento preparamos no sólo nuestros hogares, sino sobre todo nuestra vida para que Dios venga a nosotros, para que Cristo vuelva a nacer de nuevo en nosotros. Él nos trae la salvación. Y como hace más de dos mil años, Él vuelve a buscar un corazón dispuesto para acogerle.

2. “Levantaos, alzad la cabeza: se acerca vuestra liberación”. Jesús, durante su vida en la tierra, antes de su muerte y resurrección, anunció su vuelta al final de los tiempos. Es la segunda venida de Cristo. El Señor ha prometido volver de nuevo, y el Adviento es tiempo de recordar esta segunda venida del Señor. En el Evangelio de este primer domingo, siguiendo con el lenguaje apocalíptico de domingos anteriores, Jesús anuncia una serie de signos en el cielo y de angustia en las gentes. Será entonces cuando veremos venir al Hijo del hombre “con gran poder y majestad”. Y es en ese momento cuando el Señor nos da una palabra de esperanza: en medio del sufrimiento y de las dificultades hemos de levantarnos y de alzar la cabeza, pues se acerca nuestra liberación. Cuando el Señor nos llama a levantarnos es porque andamos en la vida tantas veces postrados, quizá a causa de nuestro pecado, de nuestra inconstancia. Como a aquel paralítico del Evangelio a quien Jesús le dice “levántate, coge tu camilla y echa a andar”, también a nosotros nos llama a ponernos de pie, a levantarnos cuando nos caemos. Cuando el Señor nos llama a levantar la cabeza es porque andamos en la vida tantas veces con la cabeza agachada, mirándonos a nosotros mismos, metidos en nuestros propios problemas. Cristo nos llama a mirarle a Él, pues es el Salvador que viene a traernos la libertad.

3. “Que el Señor os colme y os haga rebosar de amor mutuo, que así os fortaleza internamente, para que cuando vuelva os presentéis santos e irreprensibles ante Dios”. Mientras que en este tiempo de Adviento nos preparamos para celebrar la Navidad, y mientras que recordamos que Cristo ha de venir de nuevo, Jesús nos invita a llenarnos de amor para estar preparados para cuando Él vuelva. Durante todo el año, en cada momento, hemos de ir preparándonos para la llegada del Señor. Pero especialmente en Adviento hemos de disponer nuestra vida para encontrarnos un día con Cristo. Y lo que el Señor quiere de nosotros es que nos llenemos de amor hasta rebosar, de amor a todos, un amor que nos fortalece interiormente. Para poder levantarnos y alzar la cabeza es necesaria la fuerza del amor. Esto nos hará fuertes. Y así podremos presentarnos santos ante Dios, irreprensibles por nuestra conducta. La vida cristiana es un progreso en el amor, es vivir en la tensión evangélica en espera del encuentro definitivo con Dios. Sólo el amor nos prepara para ello.

Que en este tiempo de Adviento que hoy inauguramos el Señor colme nuestro corazón de amor, nos fortalezca interiormente, para que mientras preparamos las celebraciones de la venida de Cristo en la humildad de la carne, alcemos nuestra cabeza hacia el horizonte para ver a Cristo que vuelve de nuevo lleno de gloria y majestad. Adviento es espera y es también preparación. Dios viene a salvarnos. Salgamos con alegría a su encuentro cogidos de la mano de María, la Madre de Dios, que nos acompaña a lo largo de este camino. Buen Adviento.

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