19 may. 2015

Yo te he glorificado sobre la tierra, he coronado la obra que me encomendaste»

Yo te he glorificado sobre la tierra, he coronado la obra que me encomendaste»

«He manifestado tu Nombre a los hombres.» Estas palabras incluyen, en el pensamiento del Salvador, todos los que creerían en él al ser miembros de esta gran Iglesia de la que forman parte todas las naciones, y de la cual el salmista ha dicho: «Te daré gracias en la gran asamblea» (Salmo 21,26). Así pues es, verdaderamente, esta glorificación por la cual el Hijo da gloria al Padre propagando el conocimiento de su Nombre entre las naciones y a las innombrables generaciones humanas. Cuando dice: «He manifestado tu Nombre a los hombres que me has dado», esto se refiere a lo que precede: «Te he glorificado sobre la tierra...» 

«He manifestado tu Nombre a los hombres que me has dado»: no el nombre de Dios, sino el nombre de Padre. Este nombre no podía manifestarlo nadie más que el Hijo. Efectivamente, no hay ningún pueblo que, incluso antes de creer en Jesucristo, no haya tenido un cierto conocimiento de Dios como el Dios de toda la creación. Porque el poder del Dios verdadero es de tal magnitud que no puede estar escondido en una criatura razonable que quiere usar de su espíritu. Excepto un pequeño número de individuos cuyo carácter ha llegado a la depravación, todo el género humano reconoce a Dios como al autor de este mundo... Pero el nombre de Padre de Jesucristo, por el cual él quita el pecado del mundo, no era, en absoluto, conocido, y es éste nombre el que el Señor manifiesta a aquellos que su Padre le ha dado. 


San Agustín (354-430), obispo de Hipona (África del Norte), doctor de la Iglesia 
Tratados sobre S. Juan, nº 106 




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