3 may. 2015

“Y Yo cuando sea elevado de la tierra atraeré a todos hacia Mí”



TE ADORAMOS, OH CRISTO, Y TE BENDECIMOS PORQUE CON TU SANTA CRUZ REDIMISTE AL MUNDO


“Y Yo cuando sea elevado de la tierra atraeré a todos hacia Mí”

(Jn. 12, 32)


¿Quién, al pensar en Jesucristo, no asocia inmediatamente a su Persona la cruz? Aquella cruz de la que pendió el Salvador del mundo será siempre la Santa Señal de los cristianos.

La cruz es el lenguaje más sublime empleado por Cristo, Palabra hecha carne. Es el testimonio elocuente del Amor del Hijo al Padre, del amor de Dios a la humanidad, sello que garantiza la divinidad de Jesucristo, Siervo sufriente de Yahvé. Es anuncio clamoroso del triunfo de la Redención, victoria sobre la muerte y puerta abierta para los cielos nuevos y para la tierra nueva.

Cristo y su cruz no pueden separarse; ¿puede acaso rechazarla el cristiano? La debilidad de la cruz es la fuerza que vence al mundo.

A través de los siglos resonarán las palabras del Señor que fue crucificado: “Si alguien quiere venir en pos de Mí, cargue con su cruz y sígame”. Esta invitación hecha a la humanidad forma parte del núcleo de la predicación evangélica. El Evangelio es Evangelio de la Cruz y por ello de la Gracia, Buena Nueva de Salvación.

No hay lugar para cobardías cuando Aquél mismo que cargó con el peso del madero nos invita a seguirle y nos anuncia: “Mi yugo es llevadero y mi carga ligera”.

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