23 oct 2019

La herida de tus clavos



La herida de tus clavos

Autor: Fray Alejandro R. Ferreirós OFMConv


La herida de tus clavos
tu sangre en rojo vino
la llaga de la luz en su costado,
y fueron mis pecados
mi error, mi desatino
los que tienen tu cuerpo ensangrentado.

Tu amor en las espinas
tu amor soporta todo
una entrega total y sin reserva
amor en que te animas 
a darte de tal modo
que entregada, tu vida, me preserva.

Perdón, Señor amado
perdón por esa herida
que en tu cuerpo mi látigo de muerte
provoca despiadado
quitándole la vida
a la Iglesia en que el mundo puede verte.

Perdón, Señor bendito
por el gesto omitido.
Perdón por todo el bien desperdiciado,
mi corazón contrito
te pide arrepentido
perdones mi maldad y mi pecado.

Confío en tu clemencia
en tu misericordia
Señor Jesús, mi Dios, mi Bien, mi Vida
y entrego a tu indulgencia
mi presente y mi historia
tu Espíritu me de la paz perdida.

22 oct 2019

Santo Evangelio 22 de Octubre 2019



Día litúrgico: Martes XXIX del tiempo ordinario


Texto del Evangelio (Lc 12,35-38): En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Estén ceñidos vuestros lomos y las lámparas encendidas, y sed como hombres que esperan a que su señor vuelva de la boda, para que, en cuanto llegue y llame, al instante le abran. Dichosos los siervos, que el señor al venir encuentre despiertos: yo os aseguro que se ceñirá, los hará ponerse a la mesa y, yendo de uno a otro, les servirá. Que venga en la segunda vigilia o en la tercera, si los encuentra así, ¡dichosos de ellos!».


«Sed como hombres que esperan a que su señor vuelva de la boda»

Rev. D. Miquel VENQUE i To 
(Barcelona, España)

Hoy es preciso fijarse en estas palabras de Jesús: «Sed como hombres que esperan a que su señor vuelva de la boda, para que, en cuanto llegue y llame, al instante le abran» (Lc 12,36). ¡Qué alegría descubrir que, aunque sea pecador y pequeño, yo mismo abriré la puerta al Señor cuando venga! Sí, en el momento de la muerte seré yo quien abra la puerta o la cierre, nadie podrá hacerlo por mí. «Persuadámonos de que Dios nos pedirá cuentas no sólo de nuestras acciones y palabras, sino también de cómo hayamos usado el tiempo» (San Gregorio Nacianceno).

Estar en la puerta y con los ojos abiertos es un planteamiento clave y a mi alcance. No puedo distraerme. Estar distraído es olvidar el objetivo, querer ir al cielo, pero sin una voluntad operativa; es hacer pompas de jabón, sin un deseo comprometido y evaluable. Tener puesto el delantal significa estar en la cocina, preparado hasta el último detalle. Mi padre, que era agricultor, decía que no se puede sembrar si la tierra está "enfadada"; para hacer una buena siembra hay que pasearse por el campo y tocar las semillas con atención.

El cristiano no es un náufrago sin brújula, sino que sabe de dónde viene, a dónde va y cómo llegar; conoce el objetivo, los medios para ir y las dificultades. Tenerlo en cuenta nos ayudará a vigilar y a abrir la puerta cuando el Señor nos avise. La exhortación a la vigilancia y a la responsabilidad se repite con frecuencia en la predicación de Jesús por dos razones obvias: porque Jesús nos ama y nos “vela”; el que ama no se duerme. Y, porque el enemigo, el diablo, no para de tentarnos. El pensamiento del cielo y del infierno no podrá distraernos nunca de las obligaciones de la vida presente, pero es un pensamiento saludable y encarnado, y merece la felicitación del Señor: «Que venga en la segunda vigilia o en la tercera, si los encuentra así, ¡dichosos de ellos!» (Lc 12,38). Jesús, ayúdame a vivir atento y vigilante cada día, amándote siempre.

Hundido en el silencio

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Hundido en el silencio

Autor: Fray Alejandro R. Ferreirós OFMConv


Hundido en el silencio,
tan sólo un peregrino que a tus pies
se extiende como el lienzo
que da su pequeñez;
una espiga dorada de tu mies.

A tus pies pordiosero
de las migas sobrantes de tu mesa.
Si todo lo que quiero
beber de tu riqueza
es el vino que ofrece tu pureza.

A tus pies, yo, sediento,
deseando de tu fuente el agua pura
tan solo me alimento
de la presencia oscura
que en medio de la noche me asegura.

A tus pies el momento
que eterniza en el tiempo mi nostalgia
es cántico y lamento
que envuelve con su magia
el tiempo de la vida que presagia.

A tus pies me distiendo
y al sol de tu presencia mi alma entrego;
porque en Ti me comprendo
orante y pordiosero
y digo, sin palabras, que te quiero.



21 oct 2019

Santo Evangelio 21 de Octubre 2019



Día litúrgico: Lunes XXIX del tiempo ordinario


Texto del Evangelio (Lc 12,13-21): En aquel tiempo, uno de la gente le dijo: «Maestro, di a mi hermano que reparta la herencia conmigo». Él le respondió: «¡Hombre! ¿quién me ha constituido juez o repartidor entre vosotros?». Y les dijo: «Mirad y guardaos de toda codicia, porque, aun en la abundancia, la vida de uno no está asegurada por sus bienes».

Les dijo una parábola: «Los campos de cierto hombre rico dieron mucho fruto; y pensaba entre sí, diciendo: ‘¿Qué haré, pues no tengo donde reunir mi cosecha?’. Y dijo: ‘Voy a hacer esto: Voy a demoler mis graneros, y edificaré otros más grandes y reuniré allí todo mi trigo y mis bienes, y diré a mi alma: Alma, tienes muchos bienes en reserva para muchos años. Descansa, come, bebe, banquetea’. Pero Dios le dijo: ‘¡Necio! Esta misma noche te reclamarán el alma; las cosas que preparaste, ¿para quién serán?’. Así es el que atesora riquezas para sí, y no se enriquece en orden a Dios».

«La vida de uno no está asegurada por sus bienes»

Fray Lluc TORCAL Monje del Monasterio de Sta. Mª de Poblet 
(Santa Maria de Poblet, Tarragona, España)

Hoy, el Evangelio, si no nos tapamos los oídos y no cerramos los ojos, causará en nosotros una gran conmoción por su claridad: «Mirad y guardaos de toda codicia, porque, aun en la abundancia, la vida de uno no está asegurada por sus bienes» (Lc 12,15). ¿Qué es lo que asegura la vida del hombre?

Sabemos muy bien en qué está asegurada la vida de Jesús, porque Él mismo nos lo ha dicho: «El Padre tiene el poder de dar la vida, y ha dado al Hijo ese mismo poder» (Jn 5,26). Sabemos que la vida de Jesús no solamente procede del Padre, sino que consiste en hacer su voluntad, ya que éste es su alimento, y la voluntad del Padre equivale a realizar su gran obra de salvación entre los hombres, dando la vida por sus amigos, signo del más excelso amor. La vida de Jesús es, pues, una vida recibida totalmente del Padre y entregada totalmente al mismo Padre y, por amor al Padre, a los hombres. La vida humana, ¿podrá ser entonces suficiente en sí misma? ¿Podrá negarse que nuestra vida es un don, que la hemos recibido y que, solamente por eso, ya debemos dar gracias? «Que nadie crea que es dueño de su propia vida» (San Jerónimo).

Siguiendo esta lógica, sólo falta preguntarnos: ¿Qué sentido puede tener nuestra vida si se encierra en sí misma, si halla su agrado al decirse: «Alma, tienes muchos bienes en reserva para muchos años. Descansa, come, bebe, banquetea» (Lc 12,19)? Si la vida de Jesús es un don recibido y entregado siempre en el amor, nuestra vida —que no podemos negar haber recibido— debe convertirse, siguiendo a la de Jesús, en una donación total a Dios y a los hermanos, porque «quien vive preocupado por su vida, la perderá» (Jn 12,25).

Caminas por la orilla

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Caminas por la orilla

Autor: Fray Alejandro R. Ferreirós OFMConv


Caminas por la orilla
del lago en la mañana,
tan frescas tus pisadas en la arena,
y en tanta maravilla
la claridad temprana
roza la noche y rompe sus cadenas.

La pesca que prometen
las redes en tu nombre
es obra de tu Amor resucitado,
y a tu voz se someten
cansancio, fuerza y hombre.
La pesca milagrosa ya ha empezado.

El Amor en los ojos
de Juan que puede verte
con los ojos de un alma centinela,
supera con su arrojo
el muro de la muerte
ha encontrado a su Amor, la noche en vela.

Hay fuego preparado
y un banquete divino
que ofrece al navegante su reposo
hay pan resucitado
y sangre en rojo vino
el signo y la presencia del Esposo.

20 oct 2019

Santo Evangelio 20 de Octubre 2019



Día litúrgico: Domingo XXIX (C) del tiempo ordinario


Texto del Evangelio (Lc 18,1-8): En aquel tiempo, Jesús les decía una parábola para inculcarles que es preciso orar siempre sin desfallecer. «Había un juez en una ciudad, que ni temía a Dios ni respetaba a los hombres. Había en aquella ciudad una viuda que, acudiendo a él, le dijo: ‘¡Hazme justicia contra mi adversario!’. Durante mucho tiempo no quiso, pero después se dijo a sí mismo: ‘Aunque no temo a Dios ni respeto a los hombres, como esta viuda me causa molestias, le voy a hacer justicia para que no venga continuamente a importunarme’».

Dijo, pues, el Señor: «Oíd lo que dice el juez injusto; y Dios, ¿no hará justicia a sus elegidos, que están clamando a él día y noche, y les hace esperar? Os digo que les hará justicia pronto. Pero, cuando el Hijo del hombre venga, ¿encontrará la fe sobre la tierra?».


«Es preciso orar siempre sin desfallecer»

Rev. D. Pere CALMELL i Turet 
(Barcelona, España)

Hoy, Jesús nos recuerda que «es preciso orar siempre sin desfallecer» (Lc 18,1). Enseña con sus obras y con las palabras. San Lucas se nos presenta como el evangelista de la oración de Jesús. Efectivamente, en algunas de las escenas de la vida del Señor, que los autores inspirados de la Escritura Santa nos transmiten, es únicamente Lucas quien nos lo muestra rezando.

En el Bautismo en el Jordán, en la elección de los Doce y en la Transfiguración. Cuando un discípulo le pidió «Señor, enséñanos a orar» (Lc 11,1), de sus labios salió el Padrenuestro. Cuando anuncia las negaciones a Pedro: «Yo he rogado por ti, para que tu fe no desfallezca» (Lc 22,32). En la crucifixión: «Padre, perdónales, porque no saben lo que hacen» (Lc 23,34). Cuando muere en la Cruz: «Padre, en tus manos pongo mi espíritu», del Salmo 31. El Señor mismo es modelo de la oración de petición, especialmente en Getsemaní, según la descripción de todos los evangelistas.

—Puedo ir concretando cómo elevaré el corazón a Dios en las distintas actividades, porque no es lo mismo hacer un trabajo intelectual que manual; estar en la iglesia que en el campo de deportes o en casa; conducir por la ciudad que por la autopista; no es lo mismo la oración de petición que el agradecimiento; o la adoración que pedir perdón; de buena mañana que cuando llevamos todo el cansancio del día. San Josemaría Escrivá nos da una receta para la oración de petición: «Más consigue aquel que importuna más de cerca... Por tanto, acércate a Dios: esfuérzate por ser santo».

Santa María es modelo de oración, también de petición. En Caná de Galilea es capaz de avanzar la hora de Jesús, la hora de los milagros, con su petición, llena de amor por aquellos esposos y llena de confianza en su Hijo.

Escúchame, Señor

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ESCÚCHAME, SEÑOR

Aunque, mi pensamiento, vuele  por otros cielos
y no sea consciente de tu  presencia
Aunque, mis labios se abran  para bendecirte,
y mi corazón siga amando otros  dioses.


ESCÚCHAME,  SEÑOR
Porque, temo y siento a veces,
que mi oración es pura y  simple palabrería,
que mi alabanza es un quedar  bien contigo
que mi confianza es débil y muy  interesada


ESCÚCHAME,  SEÑOR
Porque tengo miedo a cortar  contigo
Porque, aun hablándote, me  siento solo
Porque, aun queriéndote,
no siempre eres mi amor  primero


¿ME  ESCUCHARÁS, SEÑOR?
¡Ayúdame!
Que no caiga en la tentación  de la pereza
Que no me canse nunca de estar  junto a Ti
ni de buscarte en el oasis de  la oración.


¿ME  ESCUCHARÁS, SEÑOR?
Ojala, que en el día que tú me  llames,
aun con mis deficiencias,  hipocresías y pecados
encuentres un poco de fe, sólo  un poco de fe,
en este que siempre quiere ser  tu amigo
Amén.