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Mostrando entradas con la etiqueta Navidad. Mostrar todas las entradas
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24 dic 2020
25 dic 2019
La ternura de Dios
LA TERNURA DE DIOS
Por José María Martín OSA
1.- ¡Feliz Noche Buena! Tanto el evangelista Lucas como el profeta Isaías nos muestran al Niño que ha nacido con palabras hermosas y llenas de contenido. Toda la sabiduría y todas las promesas bíblicas están resumidas en estas definiciones, en estas descripciones que se nos hace de Jesús. El es el Salvador, el Mesías, el Señor. Él es Maravilla de consejero, Padre Perpetuo, Príncipe de la Paz. Él es hoy, esta noche y durante estos días santos del tiempo litúrgico de Navidad, el niño envuelto en pañales y recostado en un pesebre. Él es la grandeza de Dios en la realidad frágil, pobre, humilde, y tierna de un niño que acaba de nacer, de un niño para el que su Madre apenas encuentra lugar donde recostarle, un niño que, anunciado por los ángeles, es adorado por unos pastores que pasaban la noche al aire libre, velando por turnos su rebaño.
2.- La verdadera Noche Buena es la de Belén. En ese niño, como escribe Pablo en su epístola a Tito, "ha aparecido la gracia de Dios, que trae la salvación para todos los hombres, enseñándonos a renunciar a la vida sin religión y a los deseos mundanos, llevando ya desde ahora una vida sobria, honrada y religiosa, aguardando la dicha que esperamos: la aparición gloriosa del gran Dios y salvador nuestro: Jesucristo". La Navidad es el tiempo de Dios, el tiempo de la Fe, el tiempo de la Esperanza. De esa esperanza que es la salvación. Y no hay otra Navidad…..Por más que nos empeñemos en banalizarla, edulcorarla, maquillarla, disfrazarla y desnaturalizarla, viviendo y practicando tantas veces una Navidad sin Dios. Y no hay otra Navidad que la Navidad de Belén, la Navidad que el evangelista Lucas y el resto de los textos bíblicos de hoy y de estos días nos relatan. Algo muy distinto de las “otras navidades”. La verdadera Navidad es la Navidad de la Esperanza. En estos tiempos de crisis económica y moral debemos recuperar la Esperanza. En esta “Noche Buena” Dios se hace Niño y se manifiesta en la pequeñez y en pobreza para indicarnos el verdadero camino de la vida, la gran sabiduría de la existencia y la gran y única esperanza que nos salva.
3.- Regalar consuelo y ternura. Hagamos posible la esperanza con nuestros gestos y con nuestros detalles. Esperanza es el nuevo nombre de la Navidad. Y a esa esperanza hemos de comprometer nuestra vida. Una vida sobria que significa también solidaridad, fraternidad y justicia social, Una vida honrada en el cumplimiento de la entera ley de Dios, en el respeto a los demás, en la equidad y cuyos otros nombres son también solidaridad y fraternidad. Una vida religiosa: una vida que descubra a Dios, al Dios revelado por Jesucristo, al Dios de rostro y corazón humanos, que hoy, en Belén, en Jesús, es el niño envuelto en pañales y recostado en un pesebre. Una vida, sí, sobria, honrada y religiosa. Es decir, una vida abierta a Dios y dirigida al prójimo. Una vida cuajada, rebosante y remecida de una esperanza que se basa en el amor de Dios y que se demuestra en el amor al prójimo. Hagamos posible la esperanza regalando no sólo cosas materiales, sino lo que de verdad puede hacer felices a nuestros hermanos los hombres y mujeres de nuestro tiempo:
- El regalo de escuchar. Pero realmente escuchar, sin interrumpir, bostezar o criticar. Sólo escuchar. Y si te pones en el lugar de la persona que te cuenta sus problemas o preocupaciones, lo estarás haciendo de forma genial.
- El regalo del cariño. Ser generoso con besos, abrazos, una palabra amable, un apretón de manos. Con estas pequeñas acciones demuestras el cariño por tu familia y amigos.
- El regalo de la sonrisa. Llena tu vida de imágenes con sonrisas, dibujos, caricaturas, y tu regalo dirá «me gusta reír contigo»
- El regalo de una nota escrita. Puede ser un simple «gracias por ayudarme». Un detalle así puede ser recordado toda una vida, inclusive cambiarla.
- El regalo del reconocimiento. Un simple, pero sincero «estás guapísima con ese vestido»; «has hecho un gran trabajo»; «sin tu ayuda nunca hubiera terminado esta tarea»; «fue una cena estupenda»... pueden convertir en especial un día ordinario.
- El regalo del favor. Todos los días procura hacer un favor. Y pedir las cosas «por favor».
- El regalo de la gratitud. Una manera de hacer sentir bien a los demás es decir cosas como “muchas gracias”; “que suerte tenerte cerca”.
4.- Hoy podíamos hacerle esta pregunta al Señor en nuestra oración personal: ¿dónde y a quién puedo y tengo que llevar palabras y gestos de consuelo y no lo estoy haciendo? Dímelo Señor. Dame tu luz para darme cuenta y la fuerza para hacerlo. Que yo pueda celebrar tu nacimiento sembrando esta estrella en el corazón de aquel que vive a mi lado o que veo todos los días en mi trabajo. Que de mis labios salgan palabras de consuelo y ternura, de mis manos gestos de acogida, especialmente hacia los que más me cuesta, que suelen ser los que necesitan más amor en sus vidas.
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Navidad
1 ene 2019
La Buena Política está al servicio de la Paz
LA BUENA POLÍTICA ESTÁ AL SERVICIO DE LA PAZ
Por José María Martín OSA
1.- Feliz Año Nuevo. Hoy, primer día de 2019 tres temas están presentes en nuestra celebración. Hoy pedimos la bendición de Dios para el Nuevo Año y nos felicitamos; hoy es la fiesta de Santa María Madre de Dios; hoy también es la “Jornada Mundial de oración por la paz. Nos deseamos felicidades y algunos hacen propósitos nuevos. Año nuevo será si lo vivimos con el Señor. Año nuevo, si estamos abiertos a todos. La fórmula d bendición de los israelitas queremos hacerla realidad en nuestras vidas: "El Señor te bendiga y te proteja, ilumine su rostro sobre ti y te conceda su favor; el Señor se fije en ti y te conceda la paz". La paz es el compendio de todos los bienes. Deseamos que reine la paz en nuestro corazón y que sepamos transmitirla a nuestro alrededor. Hoy oramos con María, Madre de la Paz y corazón lleno de Dios, para recibir como ella las bendiciones de Dios al comenzar este nuevo año.
2.- "María conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón". No la cabeza sino el corazón es el lugar secreto donde Dios se cita con los hombres. Y María por la fe concibió a Jesús en su corazón antes que en su cuerpo. Todos tenemos familia, todos tenemos una relación de amistad con otras personas, y sin embargo no podemos decir que esa relación se mantenga inmóvil a lo largo de los años, porque el amor a nuestros padres, cuando niños, tenía un modo muy diferente al amor que les tuvimos cuando ya fuimos mayores. Con esto quiero decir que el nacimiento de Cristo, el amor a nuestra madre Santa María, nunca es igual, siempre tiene una novedad. Quizá hemos pasado en nuestra devoción a María del sentimentalismo al reconocimiento de su entrega, generosidad y participación en la obra de la redención. Hoy brota de nuevo en nosotros el agradecimiento ante el misterio de la Virgen Madre, toda disponible para Dios. Ella hizo posible que se hiciera realidad en nosotros el significado en el nombre de Jesús: la salvación. En este tiempo de Navidad, María es el vehículo de la divinidad.
4.- “La buena política está al servicio de la paz” Es el lema del Mensaje del Papa Francisco para la 52ª Jornada Mundial de la Paz, instaurada por San Pablo VI el 1 de enero de 1968. Nos recuerda que estamos llamados a llevar y anunciar la paz como la buena noticia de un futuro en el que cada ser vivo será considerado en su dignidad y sus derechos. El compromiso político, -que es una de las expresiones más altas de caridad- comporta la preocupación por el futuro de la vida y del planeta, de los más jóvenes y de los más pequeños, en su sed de realización.
El Papa afirma que “la responsabilidad política pertenece a cada ciudadano, y en particular a aquellos que han recibido el mandato de proteger y gobernar. Esta misión consiste en salvaguardar el derecho y fomentar el diálogo entre los actores de la sociedad, entre las generaciones y entre las culturas. No hay paz sin confianza mutua. Y la confianza tiene como primera condición el respeto por la palabra dada”.
Asimismo, indica que cuando el hombre es respetado en sus derechos, como recuerda San Juan XXIII en la encíclica Pacem in Terris (1963), “brota en él el sentido del deber de respetar los derechos de otros”. De este modo, “los derechos y los deberes del hombre acrecientan la conciencia de pertenecer a una misma comunidad, con los demás y con Dios”.
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Reflexiones
30 dic 2018
3.- LO HICISTE EN FAMILIA, SEÑOR
3.- LO HICISTE EN FAMILIA, SEÑOR
Por Navidad, Señor, por Navidad
quisiste aparecer en el seno de un hogar.
Como distintivo, no la cantidad, sino la unión
Como riqueza, no el dinero, y sí el ejemplo de José y de María
Tu felicidad, Señor, no vino reflejada por la apariencia,
el oro, las perlas o la plata: fue el amor de tu familia nazarena.
En ella, en fracaso aparente y desprovisto de todo,
apareciste ante la gran indiferencia del pueblo
En ella, en las horas de fracaso y soledad
encontraste el amor sin tregua ni farsa.
En ella, en tus triunfos mesiánicos,
supiste ser ovacionado desde el silencio y la sencillez.
¡LO HICISTE EN FAMILIA, SEÑOR!
¿De dónde aprendiste el nombre de “Abba” “Padre”?
¿Quién te enseñó a distinguir entre el bien y el mal?
¿En quienes descubriste el don de la fe y el valor de la entrega?
¡En la familia, Señor!
¿No aprendiste todo ello en tu familia nazarena?
Hoy, en el colmado corazón de la Navidad,
nuestros ojos contemplan, el “tres en uno”,
Sí, Señor, tres personas unidas por un mismo amor
Tres personas teñidas con el color de la pobreza
Tres personas agasajadas por los que no tienen riqueza alguna
Tres personas que, bajo el umbral del portal,
siguen siendo referencia y ejemplo de santidad y de fe.
Naciste, Señor, y lo hiciste en una familia;
pobre, pero amorosa y rendida a tu causa
Sencilla, pero repleta de lo más importante: DIOS
Temerosa, pero valiente en sus decisiones y riesgos
Indiferente para muchos, pero única ante los ojos del Señor
¡EN FAMILIA, SEÑOR! ¡QUISISTE NACER EN UNA FAMILIA!
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Reflexiones
25 dic 2018
Contemplemos a ese niño recién nacido
CONTEMPLEMOS A ESE NIÑO RECIÉN NACIDO…
Por Francisco Javier Colomina Campos
Anoche el mundo entero se paralizaba para celebrar la Navidad. Un niño ha nacido, y es Dios que se hace hombre y que viene a salvarnos. Hoy nos asomamos de nuevo al portal de Belén para adorar a este niño y escuchamos el prólogo del Evangelio de san Juan.
1. En el principio ya existía la Palabra. Juan relata en su Evangelio una nueva creación. Si recordamos el comienzo de todo, el inicio de la creación, las primeras palabras del Génesis son: “Al principio creó Dios el cielo y la tierra”. En el origen existía el caos, y Dios creador comienza su obra. Dios crea a través de la palabra, pues según Dios va pronunciado se va formando la creación. La palabra de Dios es creadora. En el Evangelio de hoy, Juan nos dice: “En el principio ya existía la Palabra”. Esta Palabra es Cristo, el Verbo de Dios, que ya existía desde el principio, que era Dios y que estaba junto a Dios. Añade san Juan que todo fue creado por la Palabra, como hemos visto en el Génesis. Por lo tanto, el Hijo de Dios es eterno, existe desde el principio, y ha sido a través de Él como Dios ha creado el mundo. Esta Palabra se ha ido revelando poco a poco a través de la historia. Así, el autor de la carta a los Hebreos nos dice en la segunda lectura de hoy que Dios ha hablado a lo largo de la historia por medio de los profetas.
2. La palabra se hizo carne y acampó entre nosotros. Dios no se conformó con hablar a través de los profetas, como hizo a lo largo de la historia de Israel. Por eso, llegado el momento que Dios tenía pensado desde el principio, porque quiso que su Palabra resonase con fuerza en el mundo, nos mandó su Palabra para que se encarnase, para que se hiciese hombre, y así viviese entre nosotros. En la Antigua Alianza, la palabra de Dios estaba escrita en dos tablas de piedra, los diez mandamientos. Estas tablas se conservaban en el arca de la alianza que se custodiaba en la tienda del encuentro. Ahora, la Palabra se ha hecho carne y ha acampado entre nosotros, ya no en la tienda del encuentro, sino en la persona del Hijo, Dios hecho hombre, que habita en medio del mundo. Así lo proclama el autor de la carta a los Hebreos cuando afirma: “Ahora, en esta etapa final, nos ha hablado por el Hijo”. La Navidad es por tanto el misterio del amor de Dios que quiere hablarnos personalmente, al corazón de cada uno. Es el misterio de una Palabra tan fuerte, tan de verdad, que se hace carne.
3.- La Palabra era la luz verdadera, vino a su casa y los suyos no la recibieron. Como en la Misa de anoche, hoy vuelve a aparecer la simbología de la luz que brilla en la tiniebla. San Juan, en el prólogo de su Evangelio, compara la Palabra con el símbolo de la luz. Y afirma que la luz no fue recibida cuando vino a su casa. Es decir, Cristo, Palabra del Padre, se ha hecho carne, ha venido al mundo, sin embargo el mundo no recibe esa Palabra, no la escucha. El mundo de hoy prefiere la tiniebla a la luz. Cuando volvemos en Navidad al portal de Belén, recordamos cómo Jesús tuvo que nacer en un portal por no tener sitio en la posada. Dios no fue recibido por los hombres cuando se hizo hombre. La luz que disipa la oscuridad no es aceptada por muchos que prefieren vivir en la tiniebla. Un ejemplo lo tenemos en estos días de Navidad, que en medio de tanto trasiego, mucha gente vive como si Dios no existiese. Es triste celebrar la Navidad como nos la presenta el mundo, una Navidad sin Dios, en tiniebla, sin hacer caso a la luz.
En este día grande de la Natividad del Señor, estamos llamados a redescubrir el valor de este misterio. Jesucristo, Palabra del Padre, que existe desde siempre, por el que hemos sido creados, ha venido a nosotros para iluminar nuestra vida. Acerquémonos hoy al portal de Belén, asomémonos al pesebre, contemplemos a ese niño recién nacido y descubramos en él a Dios con nosotros. Él nos trae la paz, la felicidad y la luz que ilumina nuestras vidas. Este es el mejor deseo para estas fiestas de Navidad.
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Reflexiones
25 dic 2017
Evocación de Belén

EVOCACIÓN DE BELÉN
Por Antonio García- Moreno
1.- EN LA MISA DE MEDIANOCHE EN NAVIDAD, LA NOCHE BUENA POR EXCELENCIA, vamos a dirigir nuestra mirada el oriente, hacia Belén‚ a la Basílica de la Natividad, a la gruta donde nació Jesús, en el silencio de la noche, en la pobreza de una gruta, en el regazo cálido de María... Los apócrifos cuentan que había una mula y un buey, San Lucas habla de un pesebre, que sirvió de cuna. Habla también de un carpintero de la tribu de Judá y descendiente de David, José. El primer evangelista, el publicano Mateo, dice que era un varón justo, un hombre cabal podríamos traducir.
Y al patriarca, descendiente de David, quiero contemplar con la emoción contenida, con la admiración y el asombro ante cuanto ha ocurrido. José vigila el fuego, está pendiente de María y del Niño que duerme su primer sueño. José escucha el silencio, callado como tantas veces, pero eficaz siempre, fiel a su papel de actor secundario, sereno y contento en la penumbra, preparado y presto para ayudar y servir hasta en los más pequeños detalles, sobre todo en los pequeños detalles...
2.- POCO NOS NARRAN LOS EVANGELISTAS DE LA INFANCIA ACERCA DE SAN JOSÉ. Y sin embargo qué atrayente su figura, que ejemplar su conducta, qué asequible su ejemplo, qué importante su papel. Cuando el ángel le dice que se ponga en camino, no lo duda ni un instante, no se para a pensar si sería mejor esconderse, ni se le ocurre que si el Niño es Hijo de Dios nada le pasará... Lo mismo hará á cuando vuelva de Egipto. Entonces toma la iniciativa, dando muestra de prudencia y, temeroso de Arquelao, se marcha a Nazaret donde vivirá en el anonimato, entregado al trabajo de cada día, a la tarea sencilla de sacar adelante a su familia.
La noche se ha roto de pronto. Suenan cantos pastoriles por el camino que sube de los antiguos campos de Booz y de Rut. En el horizonte se recorta el perfil soberbio del Herodion, una de las fortalezas de Herodes. Las estrellas brillan con los claros fulgores del cielo palestino. Los pastores adoran al Niño y comprueban el anuncio del ángel, contemplando extasiados al Salvador del mundo, allí en brazos de aquella joven y hermosa virgen. José ha encendido otra lamparilla de barro y la luz brilla en la alegre mirada del Niño... Luego vuelve el silencio de la primera Nochebuena. María da de mamar al Niño que poco a poco se queda dormido. José sigue embelesado y también da alguna cabezada. Reaviva el fuego y se dispone a descansar. La lucecita se apaga y los gallos, a lo lejos, anuncian la segunda vigilia. La mirada de José se cruza con la de María, y sonríen... Yo sigo contemplando la escena, con una súplica en la mirada, pidiendo al Señor San José que siga haciendo de padre bueno con los Cristos Sacerdotes que se crían en el Seminario...
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Reflexiones
8 ene 2017
Misión posible
MISIÓN POSIBLE
Por Javier Leoz
1.- Con un buen capitán, toda travesía es posible. Con una mente lúcida, la idea realizable y, con Jesús por delante, el Reino de Dios comienza a instalarse en este mundo con un punto de partida: el Bautismo.
“Este es mi Hijo amado, escuchadle”. Son las cartas de presentación de un Jesús que, en hechos y palabras, no dejará indiferente a nadie.
A partir de ahora, el pobre, comenzará a ser rico y –el rico- llamado a ser un poco más pobre pero interiormente más rico.
A partir de ahora, el enfermo, sabrá que no es tan mala la enfermedad como la parálisis de corazón, alma, mente o espíritu.
A partir de ahora, los marginados, sabrán y entenderá que hay “alguien” que comparte su condición –de mendigo y descartado- con la fuerza del amor de Dios.
2.- Ser discípulo de Jesús, en este día de su Bautismo, es interpelarnos sobre el cómo llevamos nuestra identificación con Él. ¿Somos entusiastas o apáticos? ¿Orientamos nuestra vida desde Él o marginándolo a Él? ¿Conocemos su vida o solamente nos acercamos en momentos más sociales que cristianos?
Aquel Niño que nació en una noche estrellada y silenciosa, hablará con fuerza sobre el amor y la justicia. Nos dirá que, el perdón, es distintivo de aquellos que se dicen amigos suyos y, sobre todo, nos invitará a ser testigos de lo que, El, dice, forja y enseña.
Si Jesús, desde el día de su nacimiento, comparte nuestra condición humana, ahora, con su Bautismo carga con nuestras deficiencias y pecados, se compromete de lleno en un intento de recuperarnos y de llevarnos a Dios.
¿Qué ser cristiano no es cómodo ni fácil? ¡Por supuesto! ¡Nunca lo ha sido! Pero, Jesús, no se conformó con descender al Jordán para hacer el numerito. No cumplió el rito por simple tradición o presión social. En su ascenso, a la tierra llana y dura, comprobó enseguida que su mensaje era causa de tensión. ¡No dejaba indiferente a nadie! Fue un Niño que, siendo joven, no dejó frío a nadie.
3.- Me gusta pensar en aquel momento del Bautismo del Señor: “Jesús haciendo cola para ser bautizado por las manos de Juan Bautista”. Pero lo hacía con todas las consecuencias. Sabedor del compromiso que adquiría. Consciente de las dificultades que le esperaban en el recorrido del anuncio de su reino.
Y, también, me preocupa –por comparación- recordar la escena de tantos cristianos que se acercan (con muy poca paciencia, sin hacer cola y si puede ser, sin preparación alguna, mejor que mejor) para ser bautizados pero muy poco conscientes de lo que implica el vivir y sentirse como bautizados.
Con el Señor, renovemos en el inicio de este año 2017 nuestro deseo de que la presencia de Dios en nuestra vida sea algo real, vivo, visible y testimonial.
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Navidad
6 ene 2017
Los que buscan a Dios son encontrados por Dios
LOS QUE BUSCAN A DIOS SON ENCONTRADOS POR DIOS
Por Gabriel González del Estal
1.- Unos Magos de Oriente se presentaron en Jerusalén, preguntando: ¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido? En esta fiesta de la Epifanía del Señor celebramos el momento en el que el Niño de Belén se muestra a unos magos de Oriente que se habían esforzado mucho para poder encontrarle. Que el Dios de Israel se apareciera a unas personas no judías tenía que parecer a muchos judíos, en aquella época, algo raro y hasta escandaloso. El pueblo de la promesa era Israel y ninguno más. Sólo a ellos, a sus profetas, a sus sacerdotes y a sus reyes, les había hablado el Señor. Sólo al pueblo de Israel había prometido Yahveh su protección, su alianza y su continuo amor. Ni Herodes, ni ninguno de los sabios de Jerusalén habían detectado el nacimiento encarnado de Dios en un niño nacido en Belén. Es verdad que ellos no le habían buscado, porque no necesitaban buscarle, porque ellos lo conocían ya, lo adoraban como a su único Dios desde tiempos inmemoriales. La fiesta de la epifanía del Señor nos dice que Dios encuentra al que le busca, al que busca su rostro. Da igual ser judío o gentil, rey o barrendero. Si nosotros buscamos al Señor, él nos encuentra. Y cuando el Señor nos encuentra se nos llena el alma de alegría, el corazón de gozo. Y sentimos la necesidad de comunicar el gozo del encuentro a los demás, a todas las personas que amamos. La fiesta de la epifanía del Señor nos anima a buscar siempre a Dios y a ser anunciadores y evangelizadores de su presencia entre nosotros.
2.- Los pueblos caminarán a su luz. El profeta Isaías habla de una luz de Dios que se posará sobre una Jerusalén triunfadora y radiante, luz que llenará de orgullo y de alegría a un pueblo que ha sido guiado a la victoria final por su Dios, por Yahveh. Nosotros, en cambio, tendremos que aprender a ver a Dios de una manera más sencilla y menos espectacular. Tenemos que aprender a ver la luz de Dios en la humildad de sus criaturas, de manera especial en las personas humanas. Lo importante para nosotros es aprender a ver la luz de Dios en el niño y en el anciano, en una puesta de sol o en una relampagueante tormenta, en la ternura de una flor o en la santidad del héroe o del misionero. Tenemos, sobre todo, que aprender a ver a Dios en el interior de nuestro corazón.
3.- También los gentiles son coherederos. De esta manera, la fiesta de la epifanía es también la fiesta de la catolicidad de la Iglesia de Cristo. Todos estamos llamados a formar parte del rebaño del único pastor, Cristo Jesús. Los católicos sabemos que somos hermanos de todas las personas del mundo, sin distinción de raza, ni de lengua, ni de color, ni de posición social. Nosotros queremos ser hermanos hasta de los que no quieran ser hermanos nuestros. Nuestras manos siempre estarán tendidas y nuestras puertas abiertas para que entre todo el que, con sincero corazón, busque la verdad y el verdadero rostro de Dios. Ser discípulo de Cristo es ser católico, es decir, ser universal, teniendo a Cristo como nuestro verdadero camino, verdad y vida.
4.- La estrella que habían visto salir comenzó a guiarlos hasta que vino a posarse encima de donde estaba el niño. El mundo está lleno de pequeñas estrellas que quieren conducirnos hasta Dios. El problema es saber verlas y saber dejarse guiar por ellas. Herodes y los pontífices y los letrados del país no supieron ver la estrella que guiaba a los Magos porque tenían el corazón lleno de orgullo y los ojos sucios de ambición. San Agustín decía que a los ojos enfermos la luz les resultaba odiosa. Purifiquemos nuestro corazón y nuestra mirada, si de verdad queremos buscar y encontrar a Dios.
25 dic 2016
CELEBREMOS LA “NOCHEBUENA” CON ALEGRÍA CRISTIANA
CELEBREMOS LA “NOCHEBUENA” CON ALEGRÍA CRISTIANA
Por Gabriel González del Estal
1.- Acreciste la alegría, aumentaste el gozo; se gozan en tu presencia, como gozan al segar, como se alegran al repartirse el botín. Todos sabemos que las fiestas de Navidad sustituyeron, en su origen, a unas fiestas bulliciosas y desmadradas, llenas de crápula y desenfreno. Eran las fiestas que la sociedad celebraba en honor al sol invicto. Como se creía que el 25 de diciembre comenzaba el solsticio de invierno, es decir, que ese día el sol comenzaba a crecer, pues ese día comenzaban unas fiestas ruidosas y bullangueras, desmadradas, como hemos dicho, fiestas que duraban hasta el fin del año y el comienzo del año nuevo. Los cristianos participaban, como ciudadanos que eran, de la alegría de esas fiestas y también se podían ver envueltos en el clima de juergas y atropellos que se cometían en esos días. Contra estas fiestas quiso luchar la Iglesia y buscó un motivo religioso que pudiera cambiar estas celebraciones paganas por una celebración religiosa. Estamos a finales del siglo III y comienzos del siglo IV y la Iglesia dice a los cristianos que nuestro sol invicto es realmente Cristo Jesús y que debemos celebrar su nacimiento con más alegría aún que la que demostraban los paganos en memoria del nacimiento del sol. En esos momentos y de esa manera comenzó a celebrarse la Navidad cristiana. Frente a la alegría ruidosa y desmadrada de las fiestas paganas, los cristianos debemos manifestar en estos días una alegría igualmente grande, pero no una alegría pagana y externa, sino una alegría interior y religiosa. Siguiendo este deseo de la Iglesia, también ahora nosotros, los cristianos, debemos celebrar la y las fiestas de Navidad con una gran alegría humana, interior y exterior. En esta noche santa debemos vestir el alma con traje de inocencia, de ilusión confiada, de fe sencilla y niña, de alegría santa. La alegría es una nota distintiva de estas fiestas navideñas, alegría individual, alegría familiar, alegría comunitaria, alegría interior y religiosa, alegría también social y pública.
2.- No temáis, os traigo una buena noticia, una gran alegría para todo el pueblo: hoy, en la ciudad de David, os ha nacido un Salvador: el Mesías, el Señor. El principal motivo de nuestra alegría navideña no puede ser otro que la esperanza y la certeza de la venida de un Dios que, por amor, ha venido a salvarnos. Ha venido a salvarme a mí y, por eso, mi alegría es, en primer lugar, una alegría personal e íntima. Sé que, por mí mismo, no voy a merecer la salvación, pero también sé que, por los méritos de Cristo, Dios me va a salvar. Esto es motivo de profunda e íntima alegría religiosa y espiritual; la Navidad es tiempo propicio para experimentar y saborear esta alegría. La alegría navideña debe ser también una alegría familiar, celebrando familiarmente estas fiestas con una especial alegría. De hecho, en estos días de Navidad las familias se acogen y se reúnen con especial alegría. Estas reuniones alegres son un fruto bueno que debemos colgar del árbol de la Navidad. También los cristianos debemos expresar nuestra alegría navideña comunitariamente, como Iglesia de Cristo. Nos reunimos en la iglesia y expresamos nuestra alegría navideña contemplando el belén, cantando villancicos, y, sobre todo, participando espiritualmente en el misterio litúrgico de la eucaristía. En fin, que nuestra alegría debe ser humana, es decir, interior y exterior, íntima y privada, también exterior y pública. Una alegría llena de paz, de fraternidad, de compromiso con los miembros más necesitados del cuerpo de Cristo. Una alegría sin crisis, o a pesar de la crisis, humanamente cristiana y espiritualmente contagiosa. ¡FELIZ NAVIDAD!
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Navidad
17 dic 2016
Empezar a prepararnos para Navidad y la vida eterna...
Empezar a prepararnos para Navidad y la vida eterna...
Dejemos de poner nuestro corazón en las cosas pasajeras y pensemos más en los bienes eternos.
Por: Ma Esther De Ariño | Fuente: Catholic.net
Estamos en tiempo de Adviento Es el tiempo santo de preparación que la Iglesia Católica celebra desde el principio de los cuatro domingos anteriores a la Navidad.
Siempre que vamos a tener un gran acontecimiento en nuestras vidas, nos preparamos. Así se preparaban en los tiempos antiguos para la llegada del MESÍAS.
Así nosotros hemos de prepararnos para esta Nochebuena, para esta Navidad en que celebraremos la llegada del Niño-Dios.
Esto es una conmemoración pero también se nos pide una preparación muy especial para la segunda llegada de Jesucristo como Supremo Juez, también llamada Parusía en la que daremos cuenta del provecho que hayamos sacado de su Nacimiento y de su muerte de Cruz.
El día en que hemos de morir es el acontecimiento más grande e importante para el ser humano. No resulta agradable hablar de ello ni pensar en esto. Tal vez por ser lo único cierto que hay en nuestra vida: la muerte. Es más agradable quedarnos en la fiesta, en la alegría de una hermosa Navidad.
Pero no olvidemos que este episodio ya fue. El otro está por venir. Aún no llega, pero... llegará. Velen, pues, y hagan oración continuamente para que puedan comparecer seguros ante el Hijo del Hombre Juan 21, 25-28,34-36. Estas son las palabras de Jesús a sus discípulos, en aquellos tiempos y nos las está repitiendo continuamente en nuestro presente.
Dejemos de poner nuestro corazón en las cosas pasajeras y pensemos más en los bienes eternos. ¿Quién podrá comparecer seguro ante el Hijo del Hombre? Tan solo el pensamiento de este Juicio nos hace estremecer.
Pero recobremos la esperanza sabiendo que seremos juzgados con gran misericordia y amor si en este tiempo de Adviento nos preparamos rebosante de amor mutuo y hacia los demás como dice San Pablo en su carta a los tesalonicenses, porque tuve sed y me disteis de beber, porque tuve hambre y me disteis de comer...
Pensemos en los demás. Olvidemos en este tiempo de Adviento nuestro "pequeño mundo" y volvamos los ojos a los que nos necesitan, a los que nada tienen, a los que podemos hacer felices dándoles nuestra compañía, nuestro amor y apoyo, una palabra de ternura y aliento, una sonrisa... Siempre está en nuestra mano hacer dichoso a un semejante. Solo así podremos estar seguros ante la presencia y el Juicio de Nuestro Señor Jesucristo que lleno de amor y misericordia unirá a nuestras pobres acciones los méritos de su pasión y muerte.
Preguntas o comentarios al autor Ma. Esther de Ariño
30 dic 2015
Las 12 de la noche...Un año nuevo está por comenzar
Las 12 de la noche...Un año nuevo está por comenzar
Reflexiones Adviento y Navidad
¿Qué pasó con aquellos deseos que brotaron en nuestro corazón al terminar de oír las doce campanadas y nos hicieron decir:
Por: Ma Esther De Ariño | Fuente: Catholic.net
Mañana sonarán las campanas en el reloj.
Las 12. Las 12 de la noche.
Parece que los meses del año que termina, con sus días y sus horas se columpian en cada una de ellas... Doce meses, doce campanadas. El año se va. El año 2015 se acaba. Se esfuman los doce meses como en un conjuro de tiempo y eternidad. Los tuvimos en nuestras manos paro ya no volverán.
Fueron instantes nuestros, únicos e irrepetibles, vividos dentro de nuestro libre albedrío, hora tras hora y ahora se van, perdiéndose en la noche última del año. La noche vieja.
El poeta dice:
El indivisible tiempo
lo hemos dividido en años
y así decimos que pasa
cuando nosotros pasamos.
Así es, decimos que el tiempo se va cuando somos nosotros los que nos vamos. Decimos que el tiempo corre, que el tiempo vuela, pero los que corremos, los que volamos sobre el tiempo somos nosotros. El tiempo siempre está, el tiempo ni tiene tiempo, ni es joven ni viejo, nosotros si.
Las 12. Noche Vieja. Un año nuevo está por comenzar.
Las 12 horas del 31 de diciembre de 2015... ¿Qué hicimos con estos trescientos sesenta y cinco días? ¿Qué dijimos, qué pensamos una noche como esta pero del año pasado? ¡Cuántos planes, cuántas promesas, cuántos propósitos! ¿Somos los mismos de aquella noche de otras muchas noches o sentimos que fuimos limando las aristas de nuestro carácter, rellenando "baches" en los que caíamos una y otra vez, quitando obstáculos, que quizá amábamos pero que nos hacían tropezar en nuestro plan de ser mejores como seres humanos en nuestra plenitud y dignidad? ¿Qué pasó con aquellos deseos vehementes que brotaron en nuestro corazón al terminar de oír las doce campanadas y nos hicieron decir: "¡Ahora sí, este año nuevo sí!
Poco a poco se nos fueron aminorando las fuerzas, el entusiasmo, y llegó esa desgana o indiferencia por las cosas. La bruma de la rutina nos envolvió en sus días grises y nos heló el corazón y el coraje.
O no fue así... y sentimos que sí ha habido un cambio positivo. Que el sol del amor nos arropa y podemos repartir el calor que hay en nuestra alma a los demás. Que estamos en pie de lucha, que las 12 campanadas resuenan en nuestro corazón como el tañer de las campanas de la ermita invitándonos a orar.
Que cada campanada se un:
Perdón y gracias, Dios mío, me estás regalando otro año para crecer en la fe y en el amor a Ti y a los demás. El tiempo pasado está en Tus manos , el que comienza en las mías, pero quiero que Tu me acompañes a vivirlo!.
Y con el año que se va y el nuevo que comienza, en esta Noche Vieja, la más vieja del año, recordamos al poeta que nos dice:
Un año más, no mires con desvelo
la carrera veloz del tiempo alado
que un año más en la virtud pasado
un paso es más que te aproxima al cielo.
Y siguiendo con los versos terminaremos esta pequeña reflexión con uno que una noche como esta me inspiro:
Esta noche es "noche-vieja"
y yo hago un alto en mi camino,
sentada bajo la luna
abro mi alforja y la miro.
¿Qué es lo que tengo en ella?
Oro y plata:-Te lo cambio
por la sonrisa de un niño.
Quiero caminar descalza
por lo prados con rocío
quiero soltar mis amarras
y extender libre mis alas
y sentir mi poderío.
Poderío y libertad
olvidando el claro-oscuro
de ambiciones que esclavizan
tan pesadas como un yugo.
Esta noche es "noche vieja"
tengo el alma transparente,
cuando llegue el año nuevo
que me encuentre en la vereda
como quién vuelve a nacer,
sin sandalias ,sin alforja,
con la piel limpia de luna
las estrellas en mi pelo
y cantando el "aleluya".
Esta noche es noche vieja,
y yo tengo el alma nueva...
¡quién lo pudiera creer!
25 dic 2015
Feliz Navidad
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Navidad
24 dic 2014
24 de diciembre VIGILIA DE NAVIDAD
24 de diciembre
VIGILIA DE NAVIDAD
Todo el Adviento es una búsqueda apasionada. Una noche obscura, ",con ansias, en amores inflamada", en la que palpita ya, lejanamente, la sombra sin tinieblas de la luz.
Pobre chiquilla desasosegada, la Iglesia se ha lanzado por los caminos y los desiertos. No puede lograr quietud. Se ve en abandono y en pobreza, masticando la piel amarga del desamparo. Falta en su casa el lustre de la vajilla bien compuesta, la blanca mantelería, el rincón con flores, la tarantela alegre de las mañanas con sol. Falta la ternura, la compañía.
A esta niña indigente la apoya sólo la esperanza. Le dieron, hace mucho tiempo, una palabra de amor. Le prometieron un Esposo que, librándola de toda villanía, habría de alzarla en un trono cubierta de rosas, encendida en belleza. Y ahora la niña—Iglesia se llama—ha salido en su busca. Lleva cuatro semanas de andadura.
¿Adonde te escondiste, Amado,
y me dejaste con gemido?
Como el ciervo huiste habiéndome herido:
salí tras ti clamando, y eras ido.
Va preguntando en las posadas, en las chozas de los pastores, en las alquerías: "¿Sabéis algo de mi Amado?'' La niña ha encontrado pronto quien le haya dicho algo de Él. Isaías, un hombre de recia y bella palabra, que ha esbozado con emoción la hermosa figura del prometido. Y, unos días más tarde, un robusto muchacho, vestido de pieles y moreno de sol—Juan Bautista—, le ha dicho a la pequeña un recado amable: el Esposo está cerca. Ella va gritando enamoradamente: ¡Ven, ven, Adonai, palabra henchida de sabiduría, raíz de Jesé, llave de David, Oriente lleno de fulgor, rey de las gentes, deseado de los hombres, Enmanuel, Salvador!
El camino esta mañana ha sido propicio y grato. Han regalado los oídos de la niña con un mensaje suavísimo: Él está ya muy cerca; mañana lo verá. Ella ha brincado entre lágrimas dulces, sin poder contener el gozo. Y grita sin desmayo—¡que se enteren bien todos!—: hoy vais a saber una feliz nueva: que viene el Señor. Y mañana, mañana contemplaréis su esplendor. Salid todos a esperarle, hijos de los hombres. Llamadle Señor y Príncipe, Caudillo de la paz, Aurora de grandezas, Rey sin ocaso, Dominador, Fuerte, Dios.
Hay un gozo, el de la víspera, que muchas veces supera al de la fiesta. Sin duda, a causa de la incontrovertible fugacidad de las cosas. Montamos un tren que no se detiene. El hombre no sabe mirar más que adelante o, nostálgicamente, hacia atrás. El paisaje, estrictamente paralelo a la ventanilla, es reducido y, además, se escapa pronto, como perseguido por un toro. Lo que pasó se va hundiendo en la lejanía; lo que llega, pronto caerá también al saco del recuerdo; lo que no llegó es perspectiva grata. La víspera, más sutilmente gozosa que la fiesta. Sólo cuando la fiesta no termine nunca, y haya para siempre, para siempre, luz y flores, música serena, contemplación de Dios, mar de maravillas, sólo entonces descansaremos sin inquietud en la orilla de la playa
La víspera de Navidad, ¿más alegre que la fiesta que se acerca? ¡Qué se yo! Tal vez no. Porque la Navidad misma no es sino un preámbulo, un ponerse en camino con la sorpresa de que Dios está a nuestro lado, en compañía de carne y sangre, de temor y de ternura, de ojos que ven, de nervios que vibran. La Navidad, prólogo también y víspera para los más soberanos regalos, que se llamarán Nazaret, Betania, camino del Gólgota, triunfo pascual, Y más adelante aún, Pentecostés, Iglesia militante y purgante, Sólo la Iglesia triunfante del último día, ya redonda en número y en gracia, encendidas en brillo las almas y rutilante de cuerpos gloriosos, será la sorpresa última, siempre igual y siempre nueva. Aun entonces la plenitud feliz de cada día será más luminosa con la seguridad de plenitud para el día siguiente.
De todos modos, hoy 24 de diciembre, víspera gozosa de tantos escondidos y sabrosos misterios. Y la Iglesia a nuestro lado diciéndonos, para que trepidemos jubilosamente; Hoy sabréis que viene el Señor y mañana contempiaréis su gloria (Intr. y Grad. de la misa; Invit. ad Matut., 2ª ant. de Laudes, resp. br. de tercia).
Saber..., contemplar. Noticia y visión. El verle cara a cara será únicamente cuando podamos recostarnos en el césped celestial. La contemplación es también noticia, 'noticia de Dios amorosa", como dice Juan de la Cruz. Un dejarse empapar por el rayo puro, sin motas ni polvillos, invisible, pero ya absorbente, del que brotan, como flores, mil claridades jugosas. Así la Iglesia mañana, abandonándose a la invasión de la alegría, a la clara presencia de su Señor. Hoy, vigilia de Navidad, hoy es el anticipo; la noticia en su recinto más reducido, casi de perfiles periodísticos: el suceso o novedad que se comunica según la prosa gélida del diccionario. Pero ya es también evangelio, "buena nueva", proclamada con alborozo. "Viene el Señor: mañana veréis su gloria."
Y porque la noticia es venturosamente excepcional, la liturgia la envuelve en ropajes solemnes. En el coro hay un ceremonial desacostumbrado para la lectura del martirologio, la gozosa y barroca calenda. Brillan en el altar las candelas encendidas, mientras en el centro del coro dos blandones con hachas montan guardia de luz al atril. A él llega, revestido de capa morada, el presidente de la asamblea con la compañía del maestro de,ceremonias, del turiferario, de los acólitos. Se inciensa el libro, que contiene grandes fechas gloriosas de la historia cristiana. Ninguna, tal vez, como ésta. Por eso el tono del anuncio va envuelto en melodía solemne, con un cortejo ingenuo pero impresionante de fechas antiguas, en un afán de remachar la ineludible historicidad del acontecimiento. "El año 5199 de la creación del mundo, cuando al principio creó Dios el cielo y la tierra; el 2957 del diluvio; del nacimiento de Abraham el 2015; el año 1510 desde Moisés y la salida del pueblo de Israel de Egipto...; el año 42 del Imperio de Octavio Augusto, estando todo el mundo en paz, en la sexta edad del mundo, Jesucristo, Dios eterno e Hijo del Eterno Padre: queriendo consagrar el mundo con su venida misericordiosa, concebido por obra del Espíritu Santo, transcurridos nueve meses desde su concepción, nace, hecho hombre, de la Virgen Maria, en Belén de Judá." Todo el coro está arrodillado. Y la voz del presidente, con el mismo tono en que se canta la pasión, gravemente, notifica a la Iglesia y al mundo: "¡La natividad de Nuestro Señor Jesucristo según la carne!" (Martyr. Rom.)
Algo nos sorprende en este anuncio regocijado. El clima popular navideño está cuajado de nieves y de ternura. Se ensayan villancicos: van asomándose por los escaparates los portales agrestes, con un Niño encantador entre San José y la Virgen, la mula y el buey; los christmas son deliciosamente ingenuos, con ovejitas, estrellas y pequeños ángeles traviesos. Un aire de niñez, aceptado y aun buscado, envolviéndolo todo, como si el mundo estuviese en infancia, a punto de estrenar. Y, sin embargo, la Iglesia apenas si nos anuncia que el que llega es un niño, ni trenza su liturgia con cantinelas infantiles. Es cierto. Mañana nos dirá: "Un Niño nos ha nacido", y leerá la dulce historia de los pastores. Pero antes nos habrá mostrado, en un marco de notas solemnes, el salmo 102, cuadro de la majestad del Mesías dominando a los monarcas de la tierra. Y el salmo 109, himno a la grandeza de Dios, eterno y creador. También la proclamación grandiosa del misterio del Verbo, que era en el principio, antes que todas las cosas, por quien todo fue hecho. De modo parecido hoy, en el momento sabroso de la primera noticia, nos la da con trompetas solemnísimas: "Veréis al Señor en su gloria" (Intr.); "mañana reinará sobre nosotros el Salvador del mundo" (Alleluia; 3ª ant. ad Laudes; ant. y resp. br. ad sexta».): "se manifestará la gloria del Señor" (Communio); "Alzad, príncipes, vuestras puertas y entrará el rey de la gloria" (Ofert). Nada que haga suponer la humilde escena de la gruta de Belén.
Y es que la gloria del Cristo Señor es el quicio sobre el que van girando estos portones venerables de la liturgia navideña. "El Verbo ha plantado su tienda entre nosotros y hemos visto su gloria." Para San Juan el abajamiento de Dios es para engrandecimiento del hombre, en lo que se manifiesta la potencia de lo alto. La carne humana del Salvador no es sino un sendero por el que pasa la gloria que viene de los cielos y que ha de hacer resplandecer a la raza de los hombres en sus almas y hasta en sus cuerpos. El nacimiento de Cristo es una sinfonía nunca oída en la sala de conciertos del mundo. Todo en él brota de una fuente pura, virginal. Ni la concupiscencia de la carne ni la ley del pecado enturbian la clara melodía. El fruto de este nacimiento será una humanidad nueva, rescatada y purificada. La Encarnación va orientada, desde su mismo punto inicial, por la estrella polar de la glorificación, que ha de expansionar su fuerza, al término del tiempo, inundándolo todo. Y, como primicia y promesa de esta plenitud final, el resplandor del Señor resucitado, su cuerpo gloriosisimo sentado en el penacho de los cielos.
El misterio pascual es centro del año litúrgico. El ciclo navideño, lejos de un distanciamiento que lo empobrecería se acoge también a la gran luz de la Pascua. La pobre, la endeble materia humana, se ve en Jesús poblada por la potencia divina. La asunción de la carne por la persona del Verbo es un albor de glorias futuras, reflejado ya en los hijos de Adán. Tras el pequeño de Belén, la Iglesia contempla, absorta y agradecida, el rostro radiante del Kyrios, del Señor triunfante. Del plinto humilde, sobre el que alza su esbeltez única la vida de Cristo, ella encumbra su vista al tímpano radiante donde ángeles y santos, violines y estrellas, cantan a Jesús los himnos de la victoria. La liturgia navideña es una proclamación de la gloria del Verbo encarnado. Y su anuncio en esta vigilia abre ya perspectivas triunfales. "Mañana quedará borrada la iniquidad de la tierra. Y reinará sobre nosotros el Salvador del mundo" (resp. br. ad sexta».). En tono más brillante pero en grato acorde, las liturgias orientales: "Sacerdotes—exhorta, en el oficio de esta mañana, la liturgia armenia—, exaltad grandiosamente por los siglos, con cánticos espirituales, a Aquel que ha ascendido a lo alto llevando cautivo el imperio de la muerte y que hoy se nos comunica a los hombres en don de incorruptibilidad". La Iglesia contempla en el Verbo encarnado, más que su pequeñez y anonadamiento la potencia en Él encerrada, su rico filón de vida celestial que ha de iluminar y regenerar a los hombres. La Esposa está enamorada, desde el primer momento, de la gloria y del señorío de su Esposo.
En realidad, al dejar casi en sombras lo puramente anecdótico en el nacimiento de Cristo, la Iglesia nos posibilita la participación en el misterio de la Navidad. Sin duda que hay una conmemoración del hecho histórico del nacimiento del Señor. Pero, al recordar el episodio, la Iglesia pasa por encima de él y contempla el desarrollo del misterio de la Encarnación, o sea su propio misterio de los desposorios con Cristo, su incorporación a Él. El Verbo se hace carne para habitar entre nosotros, y, conforme vamos entrando en su tienda, vamos compartiendo los frutos de su presencia.
La esencia de la Navidad es el admirable comercio que se organiza entre Dios y los hombres. Él participa de nuestra pobreza; nosotros, de su encumbramiento. Él se hace hijo del hombre; nosotros, hijos de Dios. En el Verbo, sala donde se firma el intercambio, se encuentran ahora emparejadas la excelsitud de los cielos y la miseria de la tierra, la inefable Palabra, que es vida y vivifica, con la flor, que crece y muere. El misterio de la Encarnación es un ancho estadio propicio para los juegos de antítesis, y la liturgia los ha empleado para festejar la Navidad. Dios y hombre. Cruce inefable de caminos. Los textos vigiliares nos anuncian este sorprendente acercamiento de distancias, que abre ancho abismo para profundizar en contemplación, en acción de gracias, en rendida alabanza. En la epístola, San Pablo nos dice del Señor: Hijo de David según el linaje de la carne, constituido Hijo de Dios. (¿Te has fijado que en esta lectura de hoy, San Pablo nos habla del poder de Cristo "por su resurrección de entre los muertos"? Fuerza de atracción del centro. La Pascua siempre, con su ala de luz.) En el evangelio, la concepción de María, la congoja de San José, la respuesta del ángel, que tranquiliza. Humano y divino. Hijo de una mujer de la tierra, pero sin padre terreno. Unigénito del Padre de toda la vida, que le dió a Él el imperio, la grandeza y el poderío. "Su nombre será Jesús, porque salvará a su pueblo de sus pecados."
Es a este Dios-hombre, con su perfil glorioso, a quien la Iglesia contempla. Gracias a la unión indecible de las dos naturalezas en su Persona, la tierra toca al cielo y es así transfigurada. "El Verbo entra en mi cuerpo para que yo pueda contener su divinidad. Toma mi carne, dándome así su Espíritu. De este modo, dando y tomando, adquiere para mí un tesoro de vida. Toma mi carne a fin de santificarme; me da su Espíritu a fin de salvarme" (SAN JUAN CRISÓSTOMO: MG 56,389). No se trata de un panteísmo imposible, transformando a la criatura en la propia divinidad del Verbo, sino de un reflejo espléndido de la inexpresable vida divina, que hace brillar las almas de los justos.
De esta manera, como dice San León, al adorar la Natividad de nuestro Salvador festejamos nuestros propios orígenes. El misterio de salvación es único, aunque parcelado en etapas. El ciclo litúrgico es toda la economía de la salud vista por sus varias esquinas: nacimiento, pasión, resurrección, ascensión; pero no siendo en su volumen total más que una obra única y admirable, un castillo de inmensa luz, que acoge en su resplandor a todos los que se acercan a sus puertas. Cristo, que edifica su obra redentora; los hombres, que a Él nos agremiamos. En este niño de la gruta campesina de Belén se encuentra ya la plenitud de la salvación. "Es verdaderamente justo y necesario... darte gracias, Señor, Padre santo, Dios omnipotente y eterno porque todo el objeto del culto, ofrecido en su devoción por el pueblo cristiano, encuentra su origen en esta solemnidad y se halla contenido en este don", decía un prefacio para esta vigilia guardado en el sacramentario Leoniano. La obra de Cristo precisará pasar por escalas diversas, siendo principalmente su muerte la que rompa las vallas que nos separan de Dios. Pero desde el momento en que el nuevo Adán se encuentra entre nosotros, cuando la raza humana tiene ya un jefe para la empresa de su rescate, podemos estimar como una realidad palpitante el cable tendido entre Dios y los hombres, por el cual podremos trepar hasta el paraíso antiguo. Puede, ciertamente, decir el oficio de hoy: "Mañana estará con vosotros la salvación" (resp. 3 ad Matut., 5.a ant. ad Laudes).
Pero el chorro bendito de luz no alcanza solamente a los hombres. Todas las criaturas terrestres—que encuentran en el hombre su punto de engarce con el cosmos espiritual—se ven transformadas y enaltecidas. "Mañana se borrará la iniquidad de la tierra" (Alleluia; 3a ant. ad Laudes). San Pablo nos descubre una dolorosa participación de las cosas en la maldad humana. Nos dice también que la creación está esperando con ansia la liberación de su servidumbre para participar en la gloria de los hijos de Dios. "Brilla un nuevo astro, que raerá toda vileza", canta el himno de laudes. A la hierba, al pájaro, al mar, a la estrella, les llega esta nueva claridad. Solidaria del hombre la creación está llamada a ser "el cielo nuevo y la nueva tierra" de que nos hablan Isaías y San Juan, el escenario para la eterna visión enamorada de los elegidos en el último día.
Porque aún todo está en camino, todo en víspera. La colecta de hoy nos habla de Cristo Juez. La secreta, del gozo de los dones eternos. No se cerrará la curva de la redención sino al final de los tiempos, cuando entre en las praderas celestiales la gran multitud que aclamará a Cristo como Cabeza y Señor. Ahora todo se realiza en misterio y en esperanza, a través del rito sensible y en la invisible caridad. Es el anticipo placentero de la eterna y juvenil alegría. Nuestra incorporación al Verbo encarnado, descendido de los cielos propter nostram salutem, nos da una cédula de confianza. Y también un comienzo de transformación asombrosa, aunque escondida.
La vigilia nos lleva de la mano hasta la gruta del nacimiento para que en él veamos nuestro propio renacimiento: para que contemplemos y adoremos la gloria oculta del hijo de la Virgen y soñemos en la nuestra futura. En esta espera trepidante de hoy la Iglesia nos invita al júbilo y a la santidad. "Cada año nos alegras con la expectación de nuestra redención", dice la colecta. "Santificaos hoy y estad preparados", exhortan los responsorios de maitines. Para compañía, ejemplo y ayuda, la Iglesia pone a nuestro lado a Santa María, en cuyo templo mayor romano se celebra el culto estacional. No podríamos encontrar más sabroso acompañamiento. Asidos a la ternura de Nuestra Señora, esperamos con impaciencia el momento en que "Jesucristo, Dios eterno e hijo del Padre eterno, queriendo consagrar el mundo con su venida misericordiosa', nazca, hecho hombre, en Belén de Judá (Martyr. Rom.)
JUAN Mª. LECEA
21 dic 2014
¿Una Navidad sin Cristo o un Cristo sin Navidad?
¿Una Navidad sin Cristo o un Cristo sin Navidad?
Cristo vino porque Dios nos ama y porque quiere hacer sentir su amor entre nosotros. Yo me siento orgulloso porque mi Buen Padre Dios me ama.
Autor: P. Alberto Ramírez Mozqueda | Fuente: Catholic.net
Cristo en su Navidad es el puente tendido por Dios para acercarse a los hombres que él ama
Cuentan que dos hermanos Roger y Alfonso cuyos terrenos colindaban, divididos sólo por un caudaloso río, un día tuvieron un altercado muy grande, al grado que Alfonso el hermano mayor quedó fuertemente resentido. Llamó éste a un carpintero, le narró lo del enojo con su hermano, le indicó que estaría de viaje por algún tiempo y señalando los límites del terreno, le indicó que cerca del granero había suficiente madera, para que hiciera algo, porque no quería volver a ver por mucho tiempo a su hermano.
El tiempo pasó, y a su vuelta, lo primero que hizo fue ir hasta el límite de sus terrenos, y se encontró con gran sorpresa de su parte, que el carpintero había construido precisamente un puente en el río que separaba su terreno del de su hermano. Y más grande fue su sorpresa, al darse cuenta de que su hermano Roger estaba cruzando el puente con paso firme y decidido y cuando estuvo cerca, lo abrazó efusivamente y le manifestó que cuando comenzaron a construir el puente, él percibió la señal del perdón de su hermano, y que ahora que él, Alfonso volvía, quería manifestarle su vergüenza por haberlo ofendido y quería pedirle perdón por la ofensa cometida.
La fábula no es lo mejor para situarnos, pero así quiero imaginarme hoy la llegada del Hijo de Dios, Jesucristo, hasta nuestra carne, hasta nuestra morada, convirtiéndose él mismo en el puente que uniría para siempre a nuestra humanidad caída, pecadora, desquiciada por su propio pecado, al Padre que dolorido, vio que el hombre, su creación máxima, en quien había puesto todo su amor y todo su cariño al crearle al frente de todo el universo, se le escapaba de sus manos.
Los teólogos dicen que Cristo vino a causa de nuestro pecado, yo prefiero decir que Cristo vino porque Dios nos amaba y porque quería hacer sentir precisamente su amor entre nosotros. Yo me siento orgulloso porque mi Buen Padre Dios me ama, y estoy seguro de que si no hubiera habido ninguna otra persona en el mundo, por mí y por ti, Cristo Jesús se habría encarnado. De hecho hay quien afirma que la Creación no estaría completa sin la venida de Cristo al mundo. Así, Cristo Jesús llega a ser entonces el culmen de la obra de la Creación, y cuando éste se encarna en María, la Madre del Señor, todo está listo para la redención del género humano.
Para esta Navidad me había propuesto ser sumamente breve, para dar espacio a que en el interior del corazòn, cada uno de nosotros sepamos acoger el misterio de todo un Dios que quiere hacerse hombre entre los hombres para llevarlos hacia él. Reciban tres consideraciones.
Primera: Es interesantísimo como San Mateo y San Lucas construyen artificiosamente pero con todo realismo, la genealogía de Cristo. Hay que caer en la cuenta de cómo los evangelistas tuvieron buen cuidado de situar perfectamente a Cristo en la historia y en la geografía, y por eso hacen remontar a Cristo hasta situarlo como descendiente de Abraham e incluso de Adán, el primero de los mortales sobre la tierra, para indicarnos hasta el cansancio que él se convierte en el Salvador de todos los hombres. Y sorprende que en su genealogía, no se dieran a la tarea de “limpiar” los tipos indeseables y las mujeres que no aparecen en la Escritura como de lo mejor, así aparecen algunos incestuosos, adulterinos otros, y aparecen también cuatro mujeres, cosa inaudita, porque en la sociedad machista en que vivió, la mujer no tenia que ser situada para nada en una genealogìa, porque ella era solo la que “engendraba” para el hombre y nada más. Por cierto que esas mujeres, por lo menos tres de ellas, no tuvieron una conducta francamente recomendable. Y si se las nombra, es para que quede claro que siendo ellas pecadoras, le darán oportunidad a Cristo de venir a salvar a su pueblo de todos sus pecados, además, porque siendo ellas extranjeras, Cristo tendrá la oportunidad de decir que la salvación es para todos los hombres y no solo para los orgullosos hebreos, y finalmente, si se las cita es porque ellas realizaron hechos muy beneméritos para el pueblo de Israel, y quisieron situarse al lado de los que esperaban la promesa de un futuro salvador.
Segunda. Otra de las sorpresas que nos deparan los Evangelistas es que tratándose de un hecho tan singular que partió en dos la historia de los hombres, ellos le dediquen tan solo unos cuántos renglones. A nosotros nos hubieran gustado muchos de los detalles que rodearon el gran acontecimiento del Hijo de Dios que se hace hombre. Pero en cambio, se detienen a considerar que los primeros que conocen del nacimiento de Jesús son los pastores, considerados despreciables en ese tiempo, como símbolo de todos los hombres a los que Cristo viene a salvar. Ellos que recibieron la noticia del nacimiento del Salvador, confían en el Ángel que les invita a ir a buscarlo. Ellos le creen y encuentran al niño Dios en brazos de su Madre y lo aceptan como signo de Dios, confían en la palabra salvadora y glorifican al Señor ofreciendo sus propios dones. Es la actitud que se nos invita a adoptar en esta Navidad, conocer al Hijo de Dios, al hijo de María, amarlo con todas las fibras del corazón y comenzar a imitarle en su ternura y su predilección por los más pequeños de los hombres.
Tercera. Si vemos que los evangelistas conceden tan poco espacio al acontecimiento ocurrido en la oscura aldea de Belén, tiene que ser por alguna razón poderosa, y en ese sentido el que nos da la clave es el Apóstol San Juan, que en el prólogo de su Evangelio, nos sitúa ante el Cristo con las verdaderas dimensiones del Hijo de Dios.
San Juan nos va a situar a Cristo como el que tiene la Palabra, el que ES la Palabra, para responder a aquellos que piensan en un Dios lejano, ocupado en sus propias cosas, y casi como un perro mudo que tiene nada que decir a los hombres. Él es el que viene a dar respuesta a ese gran sector de la población que crece día con día, de hombres ateos, haciéndoles sentir la cercanía de un Dios que tiene muchas cosas que decir, que va a explicarnos nuestra vida y nuestra incorporación al Dios que tiene en Cristo un nombre, una historia, una geografía, un corazón para amar y una salvación que ofrecer. San Juan nos hablará entonces de Cristo visto como el Verbo, la Vida, la Luz, la Gloria y la verdad y sobre todo nos hablará de Cristo como el Resucitado, como el Cristo Pascual que invita a seguirlo rumbo al Padre.
Dime cómo celebras tu Navidad, y te diré que clase de cristiano eres.
Padre Alberto Ramírez Mozqueda
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3 ene 2014
Los Magos de Oriente, modelos del verdadero sabio
Los Magos de Oriente, modelos del verdadero sabio
Descubrieron un nuevo rostro de Dios, una nueva realeza: la del amor.
Autor: SS Benedicto XVI | Fuente: Catholic.net
Las palabras del Papa durante el rezo del Ángelus, el miércoles 6 de enero de 2010 con los peregrinos reunidos en la Plaza de San Pedro en la Solemnidad de la Epifanía del Señor.
Celebraremos la gran fiesta de la Epifanía, el misterio de la Manifestación del Señor a todas las gentes, representadas por los Magos, venidos de Oriente para adorar al Rey de los Judíos (cfr Mt 2,1-2). El evangelista Mateo, que relata el acontecimiento, subraya que éstos llegaron a Jerusalén siguiendo una estrella, avistada en su surgimiento e interpretada como signo del nacimiento del Rey anunciado por los profetas, o sea, el Mesías. Llegados sin embargo a Jerusalén, los Magos necesitaron las indicaciones de los sacerdotes y de los escribas para conocer exactamente el lugar a donde dirigirse, es decir, Belén, la ciudad de David (cfr Mt 2,5-6; Mi 5,1). La estrella y las Sagradas Escrituras fueron las dos luces que guiaron el camino de los Magos, los cuales aparecen como modelos de los auténticos buscadores de la verdad.
Éstos eran unos sabios, que escrutaban los astros y conocían la historia de los pueblos. Eran hombres de ciencia en un sentido amplio, que observaban el cosmos considerándolo casi un gran libro lleno de signos y de mensajes divinos para el hombre. Su saber, por tanto, lejos de considerarse autosuficiente, estaba abierto a ulteriores revelaciones y llamadas divinas. De hecho, no se avergüenzan de pedir instrucciones a los jefes religiosos de los judíos. Habrían podido decir: hagámoslo solos, no necesitamos a nadie, evitando, según nuestra mentalidad actual, toda "contaminación" entre la ciencia y la Palabra de Dios. En cambio los Magos escuchan las profecías y las acogen; y, apenas se vuelven a poner en camino hacia Belén, ven nuevamente la estrella, casi como confirmación de una perfecta armonía entre la búsqueda humana y la Verdad divina, una armonía que llenó de alegría sus corazones de auténticos sabios (cfr Mt 2,10). El culmen de su itinerario de búsqueda fue cuando se encontraron ante "el niño con María su madre" (Mt 2,11). Dice el Evangelio que "postrándose le adoraron". Habrían podido quedarse desilusionados, es más, escandalizados. En cambio, como verdaderos sabios, se abrieron al misterio que se manifiesta de modo sorprendente; y con sus dones simbólicos demostraron que reconocían en Jesús al Rey y al Hijo de Dios. Precisamente en ese gesto se cumplen los oráculos mesiánicos que anuncian el homenaje de las naciones al Dios de Israel.
Un último detalle confirma, en los Magos, la unidad entre inteligencia y fe: es el hecho de que "advertidos en sueños de que no volvieran a Herodes, volvieron a su tierra por otro camino" (Mt 2,12). Habría sido natural volver a Jerusalén, al palacio de Herodes y al Templo, para proclamar su descubrimiento. En cambio, los Magos, que han elegido como soberano al Niño, lo custodian escondiéndolo, según el estilo de María, o mejor de Dios mismo, y tal como habían aparecido, desaparecieron en el silencio, apagados, pero también cambiados tras el encuentro con la Verdad. Habían descubierto un nuevo rostro de Dios, una nueva realeza: la del amor. Que nos ayude la Virgen María, modelo de verdadera sabiduría, a ser auténticos buscadores de la verdad de Dios, capaces de vivir siempre la profunda sintonía que hay entre la razón y la fe, entre la ciencia y la revelación.
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29 dic 2013
Sagrada Familia de Jesùs

Sagrada Familia de Jesùs
Fiesta, Domingo siguiente a la Navidad
En la festividad de la Sagrada Familia, recordamos y celebramos que Dios quiso nacer dentro de una familia para que tuviera alguien que lo cuidara, lo protegiera, lo ayudara y lo aceptara como era.
Al nacer Jesús en una familia, el Hijo de Dios ha santificado la familia humana. Por eso nosotros veneramos a la Sagrada Familia como Familia de Santos.
¿Cómo era la Sagrada Familia?
María y José cuidaban a Jesús, se esforzaban y trabajaban para que nada le faltara, tal como lo hacen todos los buenos padres por sus hijos.
José era carpintero, Jesús le ayudaba en sus trabajos, ya que después lo reconocen como el “hijo del carpintero”.
María se dedicaba a cuidar que no faltara nada en la casa de Nazaret.
Tal como era la costumbre en aquella época, los hijos ayudaban a sus mamás moliendo el trigo y acarreando agua del pozo y a sus papás en su trabajo. Podemos suponer que en el caso de Jesús no era diferente. Jesús aprendió a trabajar y a ayudar a su familia con generosidad. Él siendo Todopoderoso, obedecía a sus padres humanos, confiaba en ellos, los ayudaba y los quería.
¡Qué enseñanza nos da Jesús, quien hubiera podido reinar en el más suntuoso palacio de Jerusalén siendo obedecido por todos! Él, en cambio, rechazó todo esto para esconderse del mundo obedeciendo fielmente a María y a José y dedicándose a los más humildes trabajos diarios, el taller de San José y en la casa de Nazaret.
Las familias de hoy, deben seguir este ejemplo tan hermoso que nos dejó Jesús tratando de imitar las virtudes que vivía la Sagrada Familia: sencillez, bondad, humildad, caridad, laboriosidad, etc.
La familia debe ser una escuela de virtudes. Es el lugar donde crecen los hijos, donde se forman los cimientos de su personalidad para el resto de su vida y donde se aprende a ser un buen cristiano. Es en la familia donde se formará la personalidad, inteligencia y voluntad del niño. Esta es una labor hermosa y delicada. Enseñar a los niños el camino hacia Dios, llevar estas almas al cielo. Esto se hace con amor y cariño.
“La familia es la primera comunidad de vida y amor el primer ambiente donde el hombre puede aprender a amar y a sentirse amado, no sólo por otras personas, sino también y ante todo por Dios.” (Juan Pablo II, Encuentro con las Familias en Chihuahua 1990).
El Papa Juan Pablo II en su carta a las familias nos dice que es necesario que los esposos orienten, desde el principio, su corazón y sus pensamientos hacia Dios, para que su paternidad y maternidad, encuentre en Él la fuerza para renovarse continuamente en el amor.
Así como Jesús creció en sabiduría y gracia ante Dios y los hombres, en nuestras familias debe suceder lo mismo. Esto significa que los niños deben aprender a ser amables y respetuosos con todos, ser estudiosos obedecer a sus padres, confiar en ellos, ayudarlos y quererlos, orar por ellos, y todo esto en familia.
Recordemos que “la salvación del mundo vino a través del corazón de la Sagrada Familia”.
La salvación del mundo, el porvenir de la humanidad de los pueblos y sociedades pasa siempre por el corazón de toda familia. Es la célula de la sociedad.
Oración
“Oremos hoy por todas las familias del mundo para que logren responder a su vocación tal y como respondió la Sagrada Familia de Nazaret.
Oremos especialmente por las familias que sufren, pasan por muchas dificultades o se ven amenazadas en su indisolubilidad y en el gran servicio al amor y a la vida para el que Dios las eligió” (Juan Pablo II)
“Oh Jesús, acoge con bondad a nuestra familia que ahora se entrega y consagra a Ti, protégela, guárdala e infunde en ella tu paz para poder llegar a gozar todos de la felicidad eterna.”
“Oh María, Madre amorosa de Jesús y Madre nuestra, te pedimos que intercedas por nosotros, para que nunca falte el amor, la comprensión y el perdón entre nosotros y obtengamos su gracia y bendiciones.”
“Oh San José, ayúdanos con nuestras oraciones en todas nuestras necesidades espirituales y temporales, a fin de que podamos agradar eternamente a Jesús. Amén.”
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Autor: Tere Fernández | Fuente: Catholic.net
Etiquetas:
Navidad,
Reflexiones
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