21 ago 2026

Santo Evangelio 21 de agosto 2026

 



 Texto del Evangelio (Mt 22,34-40):

 En aquel tiempo, cuando los fariseos se enteraron de que Jesús había tapado la boca a los saduceos, se reunieron en grupo, y uno de ellos le preguntó con ánimo de ponerle a prueba: «Maestro, ¿cuál es el mandamiento mayor de la Ley?». Él le dijo: «Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente. Éste es el mayor y el primer mandamiento. El segundo es semejante a éste: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos penden toda la Ley y los Profetas».



«Amarás al Señor, tu Dios... Amarás a tu prójimo»


Rev. D. Pere CALMELL i Turet

(Barcelona, España)

Hoy, el maestro de la Ley le pregunta a Jesús: «¿Cuál es el mandamiento mayor de la Ley?» (Mt 22,36), el más importante, el primero. La respuesta, en cambio, habla de un primer mandamiento y de un segundo, que le «es semejante» (Mt 22,39). Dos anillas inseparables que son una sola cosa. Inseparables, pero una primera y una segunda, una de oro y la otra de plata. El Señor nos lleva hasta la profundidad de la catequesis cristiana, porque «de estos dos mandamientos penden toda la Ley y los Profetas» (Mt 22,40).

He aquí la razón de ser del comentario clásico de los dos palos de la Cruz del Señor: el que está cavado en tierra es la verticalidad, que mira hacia el cielo a Dios. El travesero representa la horizontalidad, el trato con nuestros iguales. También en esta imagen hay un primero y un segundo. La horizontalidad estaría a nivel de tierra si antes no poseyésemos un palo derecho, y cuanto más queramos elevar el nivel de nuestro servicio a los otros —la horizontalidad— más elevado deberá ser nuestro amor a Dios. Si no, fácilmente viene el desánimo, la inconstancia, la exigencia de compensaciones del orden que sea. Dice san Juan de la Cruz: «Cuanto más ama un alma, tanto más perfecta es en aquello que ama; de aquí que esta alma, que ya es perfecta, toda ella es amor y todas sus acciones son amor».

Efectivamente, en los santos que conocemos vemos cómo el amor a Dios, que saben manifestarle de muchas maneras, les otorga una gran iniciativa a la hora de ayudar al prójimo. Pidámosle hoy a la Virgen Santísima que nos llene del deseo de sorprender a Nuestro Señor con obras y palabras de afecto. Así, nuestro corazón será capaz de descubrir cómo sorprender con algún detalle simpático a los que viven y trabajan a nuestro lado, y no solamente en los días señalados, que eso lo sabe hacer cualquiera. ¡Sorprender!: forma práctica de pensar menos en nosotros mismos.

Atraiga Siempre Lo Mejor

 



 Atraiga Siempre Lo Mejor

Autor: Mons. Rómulo Emiliani, c.m.f.

Sitio web: Un mensaje al corazón


"Yo sabía que esto me iba a ocurrir y así sucedió". Este comentario lo ha hecho usted muchas veces en el pasado cuando las cosas le han salido mal. Usted temía y anticipaba el futuro atrayéndolo negativamente. Su fe en que la cosas iban a salir mal causó que su potencial interior funcionara contra usted mismo y no en favor suyo. 

Existe una ley por la cual se guían muchas veces sus pensamientos y su conducta. La ley es: Cosas iguales se atraen. Tenga buenos pensamientos y con el tiempo usted atraerá cosas buenas. Tenga pensamientos malos y usted atraerá en última instancia pensamientos malos. Aunque usted conoce las consecuencias de alvergar emociones destructoras y recelosas cuando lo asaltan los temores ¿no le permite usted frecuentemente que existan dentro de su conciencia? Todos desgraciadamente lo permitimos. Por eso, muchas veces no son contestadas nuestras oraciones para liberarnos de una situación difícil o angustiosa; porque se debe disponer la mente para recibir lo que se pide. Usted debe permitir interiormente que el poder de Dios actúe, y dar las imágenes mentales y los sentimientos positivos adecuados. Dios hará maravillas en la medida que usted coopere. 

Si lo que vive en usted es miedo, temor, angustia, amargura, eso es lo que va a atraer, porque dice Jesús en el evangelio: "Que se haga como tu dices que crees"( MT 15,28). - El modo más seguro del mundo de atraer dificultades, es imaginar la posibilidad de que vengan a usted más dificultades - dice Harold Cherman. 

Ahora bien: los problemas son parte de la vida y no van a desaparecer porque tenga una mente positiva. Los problemas serán más fácilmente solucionados con una mente positiva porque usted atraerá las soluciones adecuadas y el señor podrá inspirarle el camino seguro. Si usted está anticipando lo peor mientras dice esperar lo mejor, es muy probable que va a recibir lo peor. Crea que está vencido y lo está. Crea que va a fracasar y fracasará. Las dificultades que encuentra en la vida se solucionarán en la medida que usted esté bien. Enderece su persona y podrá vencer las dificultades. 

Usted no puede pensar en amor y odio al mismo tiempo. Contrólese interiormente y decídase si va a tener una mente positiva o negativa. Una batalla continua está ocurriendo en nuestra conciencia debido a ese juego de sentimientos buenos y malos. Como criaturas que somos de libre voluntad, depende de nosotros crear un control emotivo y mental. Es nuestra misión conquistar nuestros temores y preocupaciones, y dirigir nuestros deseos por canales adecuados. Dice Jesús en el evangelio: "Si tu ojo está sano todo tu cuerpo estará sano". (Mt 6,22-23). La expresión ojo significa mente, yo interior, y cuerpo no sólo lo físico sino nuestros actos. Todo nuestro exterior es consecuencia de nuestro interior. 

Recuerde: usted es el arquitecto y el poder interno que usted tiene es el constructor de la casa que es su propio futuro. Funciona como un magneto, como un imán que atrae todo lo que usted representa mental y sentimentalmente. Las cosas suceden primero en su mente antes que puedan ocurrir en el mundo exterior. Su triunfo o su fracaso está en sus manos. Dígase: -Sé que solamente va a suceder lo bueno porque mi pensamiento es correcto-. Usted se va a convertir en un imán positivo. Busque los medios para que se realice y pídale mucha ayuda al Señor y así atraerá lo bueno. Dice Jesús en la palabra: "El que pide se le da, el que busca halla, aquél que está buscando se le dará lo que busca si con fe pide" (MT 7,7-12). 

Usted internamente tiene un poder increíble que le dio Dios. Por eso hoy le decimos atraiga siempre lo mejor. Sométase a una terapia espiritual donde exista mucha oración y pídale al señor que purifique su mente y su espíritu. Apunte en un papel que es lo que más quiere en la vida en orden de prioridades, y comience a poner los medios para alcanzarlo. Usted empezará a triunfar. El mayor problema que tiene para el triunfo es usted mismo. Sepa que Dios es su Padre y quiere ayudarlo. Piense en el Señor como su mejor alidado, su socio en esta empresa de triunfar, de superarse, de ser mejor. El Señor es maravilloso, el Señor es bueno, el Señor lo ama, el quiere hacer de usted una persona maravillosa, y no se olvide con Dios usted podrá vencer cualquier problema, porque ¡CON EL USTED ES INVENCIBLE!


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Jaculatoria

 


20 ago 2026

Santo Evangelio 20 de agosto 2026

 



 Texto del Evangelio (Mt 22,1-14):

 En aquel tiempo, Jesús propuso esta otra parábola a los grandes sacerdotes y a los notables del pueblo: «El Reino de los Cielos es semejante a un rey que celebró el banquete de bodas de su hijo. Envió a sus siervos a llamar a los invitados a la boda, pero no quisieron venir. Envió todavía a otros siervos, con este encargo: ‘Decid a los invitados: Mirad, mi banquete está preparado, se han matado ya mis novillos y animales cebados, y todo está a punto; venid a la boda’. Pero ellos, sin hacer caso, se fueron el uno a su campo, el otro a su negocio; y los demás agarraron a los siervos, los escarnecieron y los mataron. Se airó el rey y, enviando sus tropas, dio muerte a aquellos homicidas y prendió fuego a su ciudad.

»Entonces dice a sus siervos: ‘La boda está preparada, pero los invitados no eran dignos. Id, pues, a los cruces de los caminos y, a cuantos encontréis, invitadlos a la boda’. Los siervos salieron a los caminos, reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos, y la sala de bodas se llenó de comensales. Entró el rey a ver a los comensales, y al notar que había allí uno que no tenía traje de boda, le dice: ‘Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin traje de boda?’. Él se quedó callado. Entonces el rey dijo a los sirvientes: ‘Atadle de pies y manos, y echadle a las tinieblas de fuera; allí será el llanto y el rechinar de dientes’. Porque muchos son llamados, mas pocos escogidos».



«Mi banquete está preparado, se han matado ya mis novillos y animales cebados, y todo está a punto; venid a la boda»


Rev. D. David AMADO i Fernández

(Barcelona, España)

Hoy, la parábola evangélica nos habla del banquete del Reino. Es una figura recurrente en la predicación de Jesús. Se trata de esa fiesta de bodas que sucederá al final de los tiempos y que será la unión de Jesús con su Iglesia. Ella es la esposa de Cristo que camina en el mundo, pero que se unirá finalmente a su Amado para siempre. Dios Padre ha preparado esa fiesta y quiere que todos los hombres asistan a ella. Por eso dice a todos los hombres: «Venid a la boda» (Mt 22,4).

La parábola, sin embargo, tiene un desarrollo trágico, pues muchos, «sin hacer caso, se fueron el uno a su campo, el otro a su negocio...» (Mt 22,5). Por eso, la misericordia de Dios va dirigiéndose a personas cada vez más lejanas. Es como un novio que va a casarse e invita a sus familiares y amigos, pero éstos no quieren ir; llama después a conocidos y compañeros de trabajo y a vecinos, pero ponen excusas; finalmente se dirige a cualquier persona que encuentra, porque tiene preparado un banquete y quiere que haya invitados a la mesa. Algo semejante ocurre con Dios.

Pero, también, los distintos personajes que aparecen en la parábola pueden ser imagen de los estados de nuestra alma. Por la gracia bautismal somos amigos de Dios y coherederos con Cristo: tenemos un lugar reservado en el banquete. Si olvidamos nuestra condición de hijos, Dios pasa a tratarnos como conocidos y sigue invitándonos. Si dejamos morir en nosotros la gracia, nos convertimos en gente del camino, transeúntes sin oficio ni beneficio en las cosas del Reino. Pero Dios sigue llamando.

La llamada llega en cualquier momento. Es por invitación. Nadie tiene derecho. Es Dios quien se fija en nosotros y nos dice: «¡Venid a la boda!». Y la invitación hay que acogerla con palabras y hechos. Por eso aquel invitado mal vestido es expulsado: «Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin traje de boda?» (Mt 22,12).


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