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1 oct 2019

Y Dios tuvo un sueño

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Y Dios tuvo un sueño

Autor: Mons. Rómulo Emiliani, c.m.f.

Sitio web: Un mensaje al corazón



La “carne inocente y vulnerable de quien no tiene defensa” despierta y atrae el apetito de la cobardía y la mediocridad

Y Dios tuvo un sueño de un paraíso con seres humanos viviendo en fraternidad y honrando su Presencia con un culto de amor. Dios tuvo un sueño en el que todas las criaturas tendrían un espacio y libertad de realización. Pero de pronto se encontró con un hombre camino al Calvario, cayendo y levantándose al subir las empedradas calles de Jerusalén con su cruz a cuestas. A empujones y gritos de “crucifícalo”, la misma masa de gente que había comido de los panes multiplicados, se saciaba voraz y sádicamente del espectáculo de un hombre todo hecho golpes y sangrando que luchaba por mantenerse en pie y llegar al lugar de tormento. En Dios no hay tiempo; todo es presente, y al ver frustrado su sueño, su infinito amor lo llevó a entregar a su hijo, tan Dios como Él, a la dimensión contaminada de la muerte por nosotros, los pecadores, y desde aquí realizar el proyecto de una nueva civilización del amor y salvarnos. Encarnarse, el hacerse Dios hombre, implica asumir toda la realidad nuestra menos el pecado, pero sí sus consecuencias, y sufrir, temer, cansarse y llorar, creer y no ver resultados y caminar y caer, volver a empezar, sentirse rechazado y aún así amar y volver a amar. Jesús de Nazareth hecho guiñapos era el centro de diversión de gentes que desahogaban en Él sus frustraciones y odios. Su cara irreconocible por la hinchazón de los puños de sus torturadores, con sangre, sudor y tierra del camino es por un momento acariciada y limpiada por las suaves manos de una joven audaz y valiente que rompió el cerco de los soldados con su candor y vigor. Jesús pudo, gracias a eso, ver con más claridad y observó el rostro inocente de esta mujer y la cara arrogante de los soldados invasores de Israel y las expresiones de odio contra él de la multitud. Pudo reconocer gentes que anteriormente se gozaban de sus enseñanzas y se maravillaban de sus milagros, ahora transformados en furiosos depredadores. La “carne inocente y vulnerable de quien no tiene defensa” despierta y atrae el apetito de la cobardía y la mediocridad. No veía a sus apóstoles; habían huido y solo un grupo de mujeres de Jerusalén que lloraban tras él, entre ellas su madre, lo seguían subiendo las escaleras angostas hacia las murallas.

Y Dios tuvo un sueño donde todos nos ayudaríamos a ser mejores y brindaríamos nuestro servicio desinteresado por amor a los demás. Y vio por las calles de Jerusalén a los fariseos y doctores de la ley y los sacerdotes del templo, orgullosos del trabajo hecho y gozando del suplicio dado a este hombre que “se había creído Dios” y “que era un impostor y loco”. Y vio a Pilato en su palacio tragando vino y diciéndose: “era mi pellejo o su vida… no tenía otro camino”. Y Dios vio a los apóstoles huyendo y escondiéndose por temor a perder la vida, y vio a Judas ahorcándose por no creer en la Misericordia de Dios.

Y Dios tuvo un sueño donde todos sus hijos e hijas nos honraríamos y nos ayudaríamos a levantarnos y crecer; y vio a su Hijo Único siendo levantado en una cruz y colgado del madero, objeto de burla y desprecio. Pero vio a un grupo de mujeres valientes, entre ellas a la madre de Jesús al pie de la Cruz, jugándose la vida y acompañando en esos momentos al Varón de Dolores. Vio a su Hijo elevando su débil voz al cielo y pidiendo perdón para sus asesinos porque “no sabían lo que hacían. Tengo sed… de amor y comprensión, pero no hay quien calme mi sed. Dios mío, ¿por qué me has abandonado?… Ya no te escucho ni te siento, qué lejos estás. No me dejes solo.” Era parte de la pasión experimentar la soledad de los pecadores que se han apartado de Dios. Tenía que pasar por eso y sentirse sólo sin Dios siendo Dios. Y morir y experimentar el Gran Silencio junto con los muertos que desde Adán ansiaban la salvación. Desde allí esperar ser resucitado por su Padre. Es el momento de la total impotencia, de sentir la nada, que eso es ser hombre sin la acción vivificadora de Dios, porque de Él dependemos para ser y existir. El que era y es Dios, el que hizo milagros tan grandes como resucitar a otros, ahora está allí (sin dejar de ser Dios) reducido a la total aniquilación de toda vitalidad y poder. La muerte de Cristo nos revela hasta dónde llega el Amor Misericordioso de Dios que se identifica con nosotros totalmente.

Y Dios tuvo un sueño que tampoco se cumplió porque los poderes dados, que no son más que oportunidades de servicio que se concede a algunos para ayudar a otros, se convirtieron en dioses. El poder religioso del tiempo de Jesús lo condena a muerte “en nombre de Dios”, porque Jesús representaba un cambio total en la concepción religiosa y les hacía tambalear su posición e instalación. Jesús nos hizo ver que Dios no se deja amarrar ni controlar por ritos y espacios sacros, sino que lo podemos encontrar siempre y en cualquier lugar, si somos adoradores en espíritu y verdad. La ley y el templo eran en la práctica más importantes que Dios y estaban al servicio de un minúsculo grupo de estudiosos de la ley y especialistas del rito. El poder político que estaba centrado en el César y en el Imperio Romano vio en Jesús otra amenaza más a la estabilidad y seguridad e inclusive a las divinidades, y por eso hay que hacerlo desaparecer. El poder económico no olvidaba la expulsión de los mercaderes del Templo y la gran posibilidad de que Jesús les arruinara el negocio de “salvación” por compra de animales y su sacrificio. Y el “príncipe de las Tinieblas” se gozaba del espectáculo porque había podido envenenar las mentes de tanta gente y creía que con eso la Maldad había vencido a la Bondad.

Y Dios tuvo un sueño, porque no ha dejado de tenerlos, donde nosotros seguimos al Maestro con nuestra Cruz a cuestas por los caminos de la vida sin los apegos a poderes y estructuras de pecado, siendo los gestores gracias al Espíritu de una nueva humanidad, donde servimos a los demás con amor y vivimos en fraternidad. Donde agradecidos a lo que otros han hecho por nosotros nos alegramos de su felicidad y pagamos con amor nuestras deudas de caridad. Dios tuvo un sueño y la realización del mismo somos nosotros, que también debemos llegar al Calvario y dejarnos colgar en la pasión de la entrega por amor a los demás. En ese sueño, como Jesús, abrimos los brazos y aceptamos ser hermanos de toda la humanidad y entregamos la vida por un mundo mejor. Y gracias al poder de Dios resucitaremos como resucitó Jesús. ¡Somos el sueño de Dios!




30 sept 2019

Vivir con un espíritu reconciliado

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Vivir con un espíritu reconciliado

Autor: Mons. Rómulo Emiliani, c.m.f.



Reconciliación es reparar, reconstruir, perfeccionar y renovar.

Reconciliarse con uno mismo significa sentirse amado por Dios.

El que se reconcilia con Él y con su propio ser
es capaz de volver a amar con mucha pasión, ternura y serenidad
y siente que es parte de un todo, de la sociedad y la historia.

Reconciliarse interiormente implica reconocer que Dios nos creó del barro, de tal manera que volvamos a sentir que somos tierra, aire, fuego, agua y cielo;  somos materia que el Señor usó para soplar alma y crear un espíritu encarnado.

Comprendiendo cuál es nuestro origen,
nos reconciliamos con nuestro ser creado y limitado.

Cuando estamos en pecado, sentimos como si fuéramos nada, basura.  Al aceptar nuestro pasado, con sus triunfos y fracasos, nos reconstruimos volviendo a sentirnos "ser" después de haber pasado por la experiencia de la "nada".  Entonces descubrimos que somos alguien útil, único, original y valioso.

Vivir con un espíritu reconciliado
significa apreciar los dones, carismas y cualidades de los demás;
saber que los demás valen, porque son seres humanos.

Un corazón reconciliado mantiene los canales del alma siempre abiertos a la comunicación con otros y sabe promover, reconocer y felicitar siempre que pueda las cosas buenas de los demás.

La persona que se ha reconciliado ama a los demás y busca reconstruir,  ayudando a que la sociedad mejore.
No es una persona pasiva, sino activa que se involucra en causas nobles que ayuden a solucionar, aunque sea en parte, los problemas de los más necesitados.

Una persona con espíritu reconciliado se pregunta:
¿Qué puedo hacer para detener en lo que pueda la delincuencia que hay en mi país?
¿Qué puedo hacer para que en el mundo haya menos pobreza y violencia?


¿QUE PUEDO HACER YO?
No, ¿qué tienen que hacer los demás por mí?

El pecado social es impresionante:
la pobreza, la delincuencia, el sufrimiento y la depresión de los demás,  la deforestación y el deterioro del medio ambiente,
así como la tremenda carga de desnutrición infantil,
la cantidad de crímenes que aumenta día a día y el desempleo galopante.

En parte, todo esto es provocado por un pecado social en el que todos, en una medida u otra, tenemos culpa,  porque vivimos aquí y de manera activa o pasiva contribuimos para que el mundo esté así.

También somos responsables de nuestro sufrimiento,
porque muchas veces sufrimos más por culpa nuestra que por las cruces que el Señor nos manda.

La tarea auténtica de reconciliación consiste en la reconstrucción de la sociedad y el medio ambiente.

El Apocalipsis habla de una nueva Jerusalén que viene de Dios y cae del cielo; una criatura que nace de nuevo.

El señor quiere que reconstruyamos la humanidad con un espíritu reconciliador, no combativo ni agresivo.

Para eso hay que renacer interiormente,  florecer en una nueva primavera, sacar brillo a ese metal precioso de que está hecho el corazón y que se encuentra empañado por el tiempo, la desidia y el pecado.

Debemos buscar y reencontrar a nuestro propio ser y establecer paz en el alma para volver a amar, sonreír y tolerar.

Tenemos que reunir los pedazos rotos que están sueltos y dispersos por la confusión del pecado para hacer un gran mural de mosaicos donde aparezca una figura nueva y hermosa.

Dentro de ese proceso de reconciliación, nos compenetramos tanto con lo que nos rodea que nos tiene que doler cada vez que un hombre golpea a su mujer, un hijo maltrata a su madre o una persona destruye algo de la naturaleza.

Una persona con espíritu reconciliado no puede permanecer indiferente al crimen, al maltrato físico, al niño desnutrido o al anciano que busca en el basurero algo que comer.

Somos parte de todo, no seres aislados.
El pecado es lo que aísla y nos hace indiferentes.

Cuando uno está en gracia de Dios, en comunión con los demás,
siente profundamente la devastación del medio ambiente, la tala de los árboles, la quema de los bosques, los ríos que se secan y el aire que se contamina,  así como el caso de una niña de trece años que queda embarazada y quiere abortar, un niño huérfano que llama a su papá que no existe o aquella persona que pasa cinco años en la cárcel, pudriéndose sin juicio.

Un cristiano de verdad, que se reconcilia con la humanidad,
siente estas cosas en carne propia y no puede dormir tranquilo ante el hambre o el sufrimiento.

Se siente compenetrado, llamado y golpeado por el sufrimiento de tal manera que necesita hacer algo para remediar estos males de la sociedad. Si no siente así, no está reconciliado con Dios ni con la sociedad y vive en pecado de omisión.

Entonces, para poder vivir una existencia digna,
tenemos que pagar por el pecado que hemos cometido y el mal que hemos hecho a la humanidad.

Todos somos deudores y debemos siempre procurar devolver bien por el mal que hacemos, sin complejo de culpa, pero conscientes de que como seres humanos, personal y comunitariamente, hacemos daño y tenemos una deuda con la sociedad.

En el fondo, los que nos reconciliamos debemos pagar la deuda con amor y ternura.

Con el poder de Cristo Jesús podemos reconstruir el mundo y hacerlo nuevo.

¡ RECUERDE QUE, CON DIOS, USTED ES INVENCIBLE !

28 sept 2019

Viva su presente

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Viva su presente

Autor: Mons. Rómulo Emiliani, c.m.f.


¿Se ha dado cuenta usted de la cantidad de veces que ha desperdiciado sus "momentos presentes" por estar en el pasado o por tener su mente en otro lado, en otro lugar? Son estos "momentos presentes" los alimentos del alma que fortalecen nuestro ser y nos ubican en la realidad. 

La torpeza de vivir estancados en el pasado, rumiando nuestros antiguos fracasos, cultivando nuestros viejos rencores o hundiéndonos en nuestros venenosos complejos de culpa, nos roba algo grande y maravilloso: VIVIR EL PRESENTE. Y es en el presente donde está la savia de la vida, la oportunidad de enriquecernos realmente, de crecer integralmente. Esta allí la puerta que el Señor nos abre para respirar el aire puro de la verdad, la belleza, el amor, la felicidad. En esos "momentos presentes", cuando estamos en contacto con la familia, con los amigos, con el trabajo honrado, con las tareas nobles, con la naturaleza, con la presencia de Dios, es cuando podemos vivir plenamente la existencia. Quedarnos allá en el pasado, conviviendo con los fantasmas de las desgracias sucedidas, es desperdiciar la felicidad y es envolvernos en la tiniebla de lo que ya no está; pero que es trágicamente recreado por nuestra mente enferma. ¡Y cuánta gente hay así, presa de sus infortunios pasados enredándose en la telaraña absorbente de sus miserias idas! ¡Cuánta gente que no se perdonan o que están hiriendo continuamente a otros por cosas miserables sucedidas, de las que ya no se puede hacer nada para cambiarlas! 

¡Y qué decir de los que están presos en el futuro; de los eternamente preocupados; de los siempre temerosos; de los que están fabricando en sus mentes alteradas acontecimientos atroces, sucesos negativos, cosas terribles que sucederán! Esos que tienen su mirada puesta en el futuro incierto. Los que pierden "momentos presentes" maravillosos, que podrían darles mucha paz y plenitud, tranquilizar su ánimo nervioso y hacerlos ver lo hermoso que es vivir. Esos que están obsesionados con el futuro, que están esperando la visita - tarde o temprano - del ladrón de la felicidad y de la seguridad; del monstruo que los tragará. Que están siempre visualizando en la esquina de la vida - allá cuando menos lo piensen - el ataque, el asalto feroz de lo trágico, de lo desgraciado, de lo tenebroso. Esos no están viviendo; están enfermos. Se están consumiendo en la preocupación obsesiva que mina su salud mental y física. Se están perdiendo el presente. 

Por esto, a unos y a otros les decimos: ¡Viva su "momento presente"! Sumérjase con gusto, con pasión, en la realidad presente: el lado de la vida con sus rostros de niños inocentes, amigos leales, misiones importantes, trabajo cotidiano, oración sencilla, meditación, soledad, diversión, buen humor, momentos de tristeza, de dolor, de incertidumbre, de amor. Viva todo esto. Abra un espacio grande en su alma, lo más grande posible, para vivir el presente. Verá que la vida se le hace nueva, joven, siempre sorpresiva, agradable, placentera. Jesús nos dice: "Cada día tiene su afán". Y en otro texto le anuncia a Zaqueo: "Hoy quiero hospedarme en tu casa". Hoy, sí, hoy. Hoy y ahora es el momento para el encuentro con Él y con la vida. Y no se olvide, con Cristo Jesús, usted podrá vencer los fantasmas del pasado y los monstruos del futuro, porque ¡CON ÉL, USTED ES INVENCIBLE! 

27 sept 2019

Valor al respeto

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Valor al respeto

Autor: Mons. Rómulo Emiliani, c.m.f.


Si usted quiere ser feliz, debe tener un gran respeto hacia los demás y hacia usted mismo. Ha de amar al prójimo como a usted mismo. Las personas que se estiman muy poco, sienten una baja estimación hacia los demás. Uno no lastima, hiere o ridiculiza a los demás si se respeta y se quiere a sí mismo. Detrás de una persona que constantemente ofende a otros hay un individuo, él mismo, que está continuamente despreciándose. No se acepta a sí mismo.

Si usted quiere ser feliz, debe respetarse y saber que usted tiene espíritu, alma y cuerpo. Debe tratarse bien. Por ejemplo: su cuerpo. Cuídelo. Necesita aire puro, calor del sol, descanso, limpieza, ejercicio. Y no olvide que su cuerpo es Templo del Espíritu Santo; por lo tanto, evite profanarlo con el uso de la droga, el licor como vicio y el uso descontrolado del sexo.

No se avergüence de su cuerpo. Dios lo hizo a usted realmente maravilloso. Fíjese en el funcionamiento perfecto de sus órganos: cerebro, estómago, riñones, etc. Trate bien a su cuerpo. Y cuando sienta problemas físicos, acuda a la ayuda de la medicina, que es un don de Dios para que el ser humano viva mejor.

En cuanto a su alma, cultive su mente, controle sus emociones y sentimientos y ejercite su fuerza de voluntad. Lea buenas lecturas, aprenda a meditar, a ejercitar la razón, la lógica y evite los sentimientos negativos como el odio, el rencor, la cólera, la envidia. Ejercite su fuerza de voluntad realizando grandes metas. Sepa que su alma es tan importante como su cuerpo y así como reviste con dignidad el mismo, no olvide que su alma necesita también embellecerse.

El respeto a sí mismo implica también fijarse en su espíritu. Éste es la capacidad que tenemos para abrirnos a Dios y a comunicarnos con Él. El hombre que respeta su parte espiritual es hombre de oración. Le encanta hablar con Dios y se siente a gusto con las cosas del espíritu. Orar es elevar el corazón y la mente hacia el Señor, es entregarse a Él dándole el primer lugar en nuestra vida.

Para respetarse a usted mismo debe mantener un sano equilibrio entre el espíritu, el alma y su cuerpo. Usted muestra respeto hacia usted mismo en la manera como viste, habla, juega; en la manera como se comporta con los demás. Somos el reflejo de lo que pensamos en la manera como hablamos, nos vestimos y nos comportamos con los demás.

Si una persona vive continuamente degradándose, irrespetándose irá cada vez más perdiendo el cultivo de esas tres áreas de su ser y así se manifestará públicamente, tarde o temprano. Y además terminará agrediendo, haciendo daño a los demás, de mil maneras. El que no es bueno consigo mismo, es malo con los demás.

Usted debe respetarse, quererse. Recuerde que "Dios no hace basura" y Dios lo hizo a usted. Por lo tanto, usted merece el mejor de los tratos. Estímese, ámese, deje de maltratarse y vea todo lo positivo y bueno que tiene. Dios quiere que se ame. Usted le falta el respeto a Dios despreciándose a usted mismo, porque Él es el autor de su vida. Rompa, pues, las cadenas del desprecio a sí mismo y comience a sentirse bien.

Dios hizo a alguien maravilloso que es usted. El que no se respeta a sí mismo no respetará a nadie. Y no se olvide, con DIOS USTED ES… ¡INVENCIBLE !



26 sept 2019

Usted no es inferior a nadie

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Usted no es inferior a nadie

Autor: Mons. Rómulo Emiliani, c.m.f.


El complejo de inferioridad es un sentimiento muy triste, doloroso y trágico. Muchas personas poseen buenas cualidades, grandes atributos morales, espirituales y emocionales, tienen conocimientos y experiencias muy positivas y están capacitadas para triunfar tremendamente en un campo profesional determinado; pero padecen de un profundo y terrible complejo de inferioridad. Estas personas fracasan, no por falta de cualidades, sino por una imagen tan negativa, un concepto tan pobre de sí mismos, por un pensamiento tan triste de sus capacidades y de lo que son como personas. Sucumben catastróficamente en el fracaso por creerse inferiores. Por lo menos el 95% de las personas sienten en sus vidas algún sentimiento de inferioridad y para millones de individuos esto es una seria barrera para alcanzar la felicidad y el éxito. 

Lógicamente, todos tenemos cualidades, talentos, conocimientos y experiencias que otros no tienen. Quizás nunca podremos pintar como Picasso, cantar como Plácido Domingo o batir el record de velocidad de 500 metros. El hecho que uno no se desenvuelva con tanta habilidad como otros individuos que han sobresalido en deportes, el arte, la música o la ciencia, no significa que uno sea menos que ellos. No es saludable compararse desfavorablemente con personas que han destacado en ciertos campos ni permitir que esto le produzca sentimientos de inseguridad ni que opaque su existencia. 

El sentimiento de inferioridad origina cuando nos juzgamos y comparamos con las normas de otras personas, no con las nuestras. Hay personas que alimentan cada vez más su complejo de inferioridad al compararse a individuos que sobresalen en otros campos y, a un nivel inconsciente, tratan de ser igual a ellos. Como cada ser humano es diferente y no puede ser igual o idéntico a otro, se frustra y aparece con más crudeza el complejo de inferioridad. 

La única comparación auténticamente válida es la que uno hace con su propio ser: con sus cualidades, habilidades, tendencias, metas y valores. Debe verse tal y como tendría que ser si desarrolla al máximo lo que tiene que desarrollar y dónde puede llegar de acuerdo con lo que Dios quiere para usted, con sus metas, valores y posibilidades y para estimularse a ser mejor. Cada persona es tan digna, valiosa y estimable como cualquiera otra. Simplemente cada uno es diferente, porque nació en su propio ambiente, con influencias y tendencias distintas. No se compare con nadie y menos con personas que destacan en campos de la vida que no son necesariamente de su interés. 

Muchas personas se acomplejan, sufren de envidia y caen en una amargura terrible por tener la idea totalmente errónea de que tienen que ser como otros. Cada persona es como Dios la ha creado, única e irrepetible, diferente a cualquier otra, con sus propias cualidades, habilidades y virtudes. Es absurdo fijarse en otros para averiguar cómo tiene que ser. 

Ciertamente, en el campo en que usted se desenvuelve, sea profesional, técnico u otro, es bueno fijarse cómo actúan otros para imitar lo bueno. Investigue y tome de ejemplo técnicas, normas, métodos, ideas y consejos de otros para mejorar en su profesión u oficio; pero no caiga en la autosuficiencia de creer que es el único que sabe, el que más conoce y el más importante, sin considerar que hay otros que pueden ser iguales o mejores que usted. 

Usted es único, no es inferior ni superior a nadie; es simplemente usted, con sus propias aptitudes y debilidades. La personalidad suya no puede competir con ninguna otra personalidad, porque no existen dos personas iguales en la superficie de la tierra. Dios nunca pensó crear a todos igual en cuanto a capacidades, conocimientos, formas de pensar y actuar. No existe un modelo de hombre o mujer que sea común ni uniforme. El Señor creó a cada ser humano como un individuo único en su género, del mismo modo que hizo individual y único cada copito de nieve, cada hoja de un árbol, cada plantita de la tierra y cada flor. Dios creó a gente baja y alta, grande y pequeña, delgada y gruesa, negros, amarillos, cobrizos y blancos. Él jamás mostró preferencia por algún tipo, tamaño, semblante o color determinado y ama por igual a todas las personas, aunque sean diferentes. 

Un complejo de inferioridad lleva al desastre. Cada vez que uno se compara con otra persona, real o ficticia y no logra hacer las cosas igual, creerá que no vale, que es tonto y bruto. Es absurdo y ridículo compararse o medirse con otras personas. Usted es único y maravilloso, como ninguna otra persona en la tierra. Aunque no destaque tanto en algunos campos, no significa que es inferior a nadie. 

El Dr. Norton Williams, un célebre psiquiatra, expresó que la ansiedad del hombre moderno y sus sentimientos de inseguridad tienen origen en la carencia de fe en sí mismo y que la seguridad interior sólo puede hallarse al encontrar dentro de sí esa individualidad única y distinta, la cual es afín a la idea de haber sido creado a la imagen de Dios. 

Cada uno está mandado por el Señor a reafirmar con valor, tenacidad, orgullo y fe lo hermosa, maravillosa y grandiosa que es su personalidad y luchar contra sus sentimientos y complejos de inferioridad. Esto no constituye soberbia, sino andar con la verdad, la que nos hará libres, dice nuestro Señor Jesucristo. Si usted quiere ser feliz, ámese, valórese, quiérase, respétese; nunca se compare ni se sienta inferior a nadie ni se acompleje. No mida a nadie por su condición social, económica o por el color de su piel ni se le ocurra jamás pensar que usted es menos que otra persona, porque tiene menos. 

Sacúdase de una vez por todas de ese complejo de inferioridad que le impide realizar en su vida las metas y valores que usted siente y que debe cumplir. A Jesucristo, el Hijo de Dios, nuestro Señor maravilloso, no le importó llevar siempre la misma túnica, el mismo manto. Jesucristo jamás bajó la cabeza ante algún tipo de poder ni se avergonzó por su origen humilde ni porque le llamaran carpintero o hijo de un carpintero; porque conocía perfectamente bien su dignidad y su valor. 

Jesucristo, el Señor, es Hijo de Dios en el sentido pleno, pero usted también es hijo de Dios en Cristo, hecho a Su imagen y semejanza y templo del Espíritu Santo. Usted es una persona maravillosa, fantástica, única, original e increíble, como ninguna otra que haya existido en la faz de la tierra. Despierte, abra sus ojos y aprenda de una vez por todas a desterrar ese sentimiento de inferioridad que es tan trágico y lamentable. Si usted se acerca al Señor y lo busca, Él puede ayudarlo a cambiar. Él puede hacer maravillas en su vida y ayudarle a eliminar su sentimiento o complejo de inferioridad. Con Él usted vence cualquier cosa, porque con Dios, usted es... ¡INVENCIBLE! 

                       

25 sept 2019

¿Tiene sentido el sufrimiento?

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¿Tiene sentido el sufrimiento?

Autor: Mons. Rómulo Emiliani, c.m.f.


Mucha gente se lamenta de no encontrar un sentido a su sufrimiento. "¿Por qué a mí? ¿Qué he hecho yo para que me suceda esto? La vida me está tratando verdaderamente mal. ¿Para qué vivirla así? Esto es realmente absurdo". Pues bien, mientras no le encuentre sentido a la vida, al amor, a la alegría, a la tristeza, al dolor, al sufrimiento y a la misma muerte, no podrá encontrar la paz. Y usted necesita la paz.

Veamos: Los seres humanos tenemos varias tendencias fundamentales, entre ellas está la de encontrar la verdad, explicarnos las cosas de la vida y, por lo tanto, darle un sentido a la existencia. Cuando una persona no le encuentra respuestas a los interrogantes vitales, se sumerge en un abismo de angustia, desesperación y se siente invadido por las náuseas del absurdo. Por lo tanto, ¡déle un sentido a su vida!

¿Tiene sentido el sufrimiento? Sí lo tiene. Si usted ama, tendrá que sacrificarse por la gente que ama. Esto es sufrimiento. Y vale la pena. Si tiene que emprender un camino de superación profesional, tendrá que sacrificarse (dejar diversiones y muchas otras cosas buenas por el fin que persigue). Y vale la pena el sacrificio. Si ha cometido errores en el campo de la moral, de las relaciones interpersonales o en el de su trabajo, vendrá el sufrimiento. Esto es bueno y no se asuste. Remordimiento de conciencia, dolor por haber fallado, arrepentimiento, deseo de cambiar y una cierta sana ira contra sus actitudes negativas; todo esto es bueno. Impulsa al cambio. Ve usted, tiene sentido sufrir. Sin el sufrimiento, con una conciencia amoral, con una indiferencia enfermiza a lo relacionado con el bien y el mal, termina usted en la "calle de la vida", consumiéndose en el pecado, destruyendo su existencia y la de otros.

Creo yo que el sufrimiento es un buen termómetro para medir la calidad de su amor. La persona que más ama, se entrega y, por lo tanto, "muere" a su egoísmo, comodidad y aun a su derecho de mantener más ingresos, salud, descanso y otras cosas buenas. El caso más claro: Jesús que dio hasta la vida por usted y por todos nosotros. Y el caso de aquella mujer, por ejemplo, que levantó de la nada a siete hijos y les dio comida, ropa, educación y que a consecuencia de lavar y planchar ropa ajena a lo largo de muchos años, sufrió de una artritis espantosa que la deformó físicamente. En los últimos años de su vida sus hijos, ya trabajando, le pudieron dar una casita. Y en su lecho de muerte exclamaba que ni la casita ni nada de este mundo le daba más alegría que haber levantado a sus hijos y verlos hechos unos profesionales. Esto es amor. Y su amor la hizo abrazar el sufrimiento para realizarlo plenamente. Valió la pena sufrir.

Cuando el sufrimiento proviene de enfermedades, accidentes, calumnias, engaños, aunque son situaciones no buscadas por usted, tiene sentido ese dolor. Si lo ofrece al Señor por la purificación de sus pecados, por la salvación de la humanidad (Pablo habla de completar la pasión de Cristo) y lo aprovecha para madurar más en valentía, aplomo, control de sí mismo y le enseña a ser realista (la vida se compone de alegrías y dolores); tiene sentido el sufrimiento. Lo hizo realizarse más. Y esto no es masoquismo. Es sacarle algo positivo a todo, aun a lo más negativo. Pero sólo con el Señor podrá usted resistir las pruebas de la vida y salir adelante, pase lo que pase, porque ¡CON DIOS, USTED ES INVENCIBLE!



24 sept 2019

Silencio por favor

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Silencio por favor

Autor: Mons. Rómulo Emiliani, c.m.f.


En este Mensaje al Corazón en el día de hoy le decimos: "Silencio por favor". Sí, silencio por favor, porque necesitamos el silencio para vivir.

En nuestra sociedad moderna el ruido se ha convertido en una parte esencial de la vida. El ruido aparece en todas partes: en las industrias, en las fábricas, en el tráfico, en la televisión, en la radio, en las grabadoras, etc. También el ruido está en nuestras conversaciones. Hablamos con voz muy alta, decimos demasiadas cosas, muchas veces sin pensarlas, hablamos por hablar y decimos muy poco. Hay ruido en nuestro corazón, sí, ¡hay mucho ruido! Estamos almacenando el ruido de la calle, el ruido de nuestro pasado, de nuestras angustias, de nuestros odios, de chismes, de malas noticias, de pesimismos, derrotas y amarguras.

Hay ruido por todas partes y nos angustia, nos pone nerviosos y nos desespera. ¿Por qué no hacemos silencio? Sabemos que no se pueden parar las fábricas, tampoco se puede detener el tráfico, aunque sí se pueden crear campañas que aminoren el ruido excesivo como: no tocar la bocina en ciertas zonas, poner aparatos especiales que suavicen el ruido de los motores en las fábricas, etc.

Hoy quisiéramos decirle que usted puede hacer más silencio, aún con el ruido exterior que existe. ¿Cómo? Racionalice el uso de los aparatos tales como la radio, la televisión, las grabadoras, etc. Tenga en su casa un oasis de paz, un cuarto donde se respete el silencio o haga que en su hogar existan momentos de silencio que todos los miembros de la familia respeten. Lo cierto es que necesitamos el silencio para vivir; nos estamos neurotizando tremendamente por el exceso de ruido. El ruido nos va enloqueciendo, nos va acelerando emocional y mentalmente, nos va haciendo más violentos.

Vivimos en una sociedad demasiado ruidosa. No hay tiempo para la meditación; ahogamos el silencio a base de ruidos y así, ¿quién puede contemplar el misterio del ser humano? Nos encanta el ruido, porque nos aliena y nos impide pensar más. Se necesita el silencio para poder contemplar el misterio que somos cada uno de nosotros. Necesitamos callar y callar el ambiente, sumergirnos en nuestro interior y preguntarnos cada uno: ¿quién soy?, ¿a dónde voy?,¿qué estoy haciendo con mi vida?, ¿me estoy realizando?, ¿qué defectos tengo?, ¿qué traumas me condicionan?, ¿qué complejos me aturden?, ¿qué cosas me obsesionan? Preguntarme, responderme, oírme, saber de mis necesidades más ocultas, hacerme caso, tomarme en cuenta, saber que vivo, que existo, saber que antes no fui y que ahora soy, porque Dios me dio la vida y que algún día no seré aquí en la tierra, aunque siempre seré en la eternidad.

Si hiciéramos más silencio en la vida oiríamos tanto, escucharíamos los mensajes más fuertes, los clamores más inimaginables; oiríamos la voz de la historia que nos llama a actuar. En el silencio nos convertiríamos en redentores de esta humanidad y brindaríamos a los que nos necesitan, algo o mucho, todo depende de nuestra fortaleza, de nuestro amor y de nuestro silencio. En el silencio nos convertiríamos en buenos alumnos, aprenderíamos tanto de la historia que es maestra y nos convertiríamos en maestros también, porque le diríamos a otros lo que hemos oído.

En los hospitales generalmente hay letreros que dicen: "Silencio por favor". ¿Por qué? Porque los enfermos necesitan descanso, ya que es necesario para su recuperación. Pero hay muchos más enfermos fuera que dentro de los hospitales, sobre todo enfermos emocionales y puede ser el caso suyo. Gente que es víctima de la tensión, de las prisas, de las preocupaciones, de las angustias de la vida diaria y entre las cosas que necesitan está el silencio. No hacer mucho ruido, no alborotar más sus cabezas y sus corazones con un exceso de chismes, gritos, quejas, conversaciones sin sentido. Necesitamos todos un poco más de silencio, menos recargo de ideas inservibles y destructivas que se nos van metiendo día y noche. ¿Por qué no le pierde el miedo al silencio y comienza a fabricar su hora de silencio en donde se sentirá más persona? ¿Por qué no detiene un poco el ruido que lo ahoga y se sumerge en el silencio y en la soledad un poquito cada día, para encontrarse más con Dios y con usted mismo todos los días? Usted puede tener sus momentos de silencio. Apartarse un rato del ruido; retirarse un momento y hacer silencio. ¿Y por qué no en el templo, en nuestros templos que muchas veces, por desgracia, están vacíos? Podría ir usted un rato y encontrarse con el Señor.

¡Un poco más de silencio por favor! Silencio para que seamos mejores. No se olvide que si usted se encuentra con el Señor en el silencio crecerá más en santidad y recuerde: ¡CON DIOS, USTED ES INVENCIBLE!

23 sept 2019

Signos de la inmadurez

7 indiscutibles señales de que eres una persona inmadura


Signos de la inmadurez

Autor: Mons. Rómulo Emiliani, c.m.f.


Para llegar a la madurez es preciso haber desarrollado la facultad de hacerse responsable de la propia vida, independiente de los demás, sea papá, mamá u otras personas. Muchos padres, especialmente las mamás, cultivan intensamente el espíritu de dependencia en los hijos, cuando más bien deben modelar su autonomía. El ser humano depende de la familia mientras va creciendo, pero, en la misma medida, va adquiriendo independencia y criterios, valores y principios propios. Lógicamente que nadie es totalmente independiente, pues todos estamos muy relacionados con los demás. Pero debemos siempre conservar nuestra forma propia de ver la vida y de pensar, cultivar y defender nuestros valores y creencias. 

Para ser una persona madura y exitosa, hay que adaptarse a los cambios que ocurren en la vida, aquellos sucesos negativos que siempre han de llegar y que son parte de la vida. Algunas veces, la vida nos ofrece situaciones crueles, de las que parece que nunca podremos salir. Sin embargo, no aceptar la realidad y adaptarse lleva a cultivar una serie de emociones que engendran enfermedad. La adaptabilidad y la flexibilidad implican una clase muy preciosa de madurez que puede evitar un trastorno mental. La persona inmadura se encuentra permanentemente en medio de conflictos, porque rechaza todo lo negativo en vez de enfrentar aquellas cosas que sencillamente ocurren, luchar para solucionarlas y aceptar lo inevitable. 

Hay casos clarísimos de inmadurez en la esposa que consulta a cada momento a su mamá lo que debe hacer o no hacer en su matrimonio. La continua intervención de la madre en el matrimonio irrita al marido, la relación se deteriora y todos sufren enfermedades de origen emotivo provocadas por esta dependencia. 

Otro signo de inmadurez es la actitud infantil, terrible y nefasta del egoísmo y la rivalidad que muchas personas, tristemente, siguen cultivando aún a sus 30, 40 o 50 años. Resulta sumamente difícil convivir con personas así, porque tienen un espíritu de rivalidad exacerbada y se comparan continuamente en celosa competencia con los demás y nunca se libran de ser personas desgraciadas. Son personas ególatras que están siempre exhibiendo sus dotes y cualidades haciendo ver, con razón o sin ella, que son más que otros. Les domina constantemente la envidia, el orgullo herido y la hostilidad contra sus semejantes y contra sí mismos. Son capaces, por su egolatría, de hacer daño a otros, porque han crecido más que ellos llegando hasta a avasallar, atropellar o pisotear con tal de subir. 

Levantar la voz para gritar, buscar pleitos y ofender son señales claras de inmadurez. Hay demasiada gente extremadamente agresiva, porque en el fondo son como niños que se sienten débiles, dependientes e inseguros. Los estados infantiles son formas groseras de inmadurez, signos de debilidad, pruebas evidentes de miedo y fracaso. Muchos individuos llegan a la edad adulta, pero siguen siendo niños que no salen jamás de esa fase de agresividad hostil y manifiestan su inmadurez con crueldad, cólera y odio, que demuestran debilidad. En cambio, la amabilidad, el afecto, el amor y la buena voluntad son prueba de fortaleza y madurez. 

La madurez trae consigo la hermosa preocupación de alegrar la vida de las demás personas. La persona que llega a la madurez prefiere dar, más que recibir. De esta manera, sus horizontes y perspectivas se ensanchan, porque la persona madura no vive en un reducido encierro, tratando a tientas de agarrar lo que sea posible en sus oscuros límites. Más bien, camina a la luz del sol por el mundo inmenso, encontrando a otras personas a las que pueda dar, ofrecer y servir. Es triste estar siempre recibiendo, porque jamás se experimenta la dicha indescriptible que proporciona el dar. 

¿Es usted maduro o inmaduro? Hágase un examen de conciencia para comprobar si usted está cultivando algunos de estos signos de inmadurez. Es importante que usted examine bien estos aspectos de su personalidad, pues le pueden estar ocasionando serios problemas en su vida, en su relación con sus seres queridos y con otras personas. Queremos que usted sea una persona mucho mejor y luchamos para conseguir eso para todos. Con la ayuda del Señor se pueden superar muchas cosas en nuestra vida que no están del todo bien. En la medida en que usted se sienta bien con usted mismo, se sentirá mejor y más feliz en su relación con las personas que lo rodean, que lo aman y desean lo mejor para usted. Con el Señor sí se puede, porque con Él podemos vencer todo lo que venga en la vida y superar la inmadurez. Con Dios, en verdad, seremos. . . ¡INVENCIBLES!

21 sept 2019

Signos de la inmadurez

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Signos de la inmadurez

Autor: Mons. Rómulo Emiliani, c.m.f.


Para llegar a la madurez, es preciso haber desarrollado la facultad de hacerse responsable de la propia vida, independiente de los padres u otras personas que aparecen como elementos protectores. A medida que va creciendo, la persona adquiere autonomía, así como criterios, valores y principios propios. Cuando la infancia es muy prolongada, especialmente en familias donde el cuidado protector es excesivo, se desarrolla la tendencia a depender demasiado de los demás. Muchas madres cultivan la dependencia de los hijos, cuando más bien deberían modelar su independencia. Se encuentran muchos casos de personas que dependen casi totalmente de otras para pensar o decidir y esto es fatal. 
Una persona puede crecer mucho físicamente o puede crecer su bolsillo, su fama, su conocimiento en una profesión determinada o su grado de santidad. Pero nada de eso significa que la persona crece integralmente. Por lo tanto, no es una persona madura. Una actitud característicamente infantil es el afán de recibir todo lo que se desea, lo cual es la puerta de entrada para las emociones mezquinas. A medida que estas personas se hacen mayores, ya no consiguen lo que recibían en la infancia, pero continúan pensando que les corresponde ser obsequiados. Este deseo de ser complacido siempre los coloca en un callejón sin salida en el que se estrellan con un desencanto profundo. Estas personas suelen obrar según lo que piensan obtener. Sus emociones tensas y agarrotadas por la frustración de estar siempre esperando recibir en vez de dar se reflejan en su continua falta de salud. Muchas personas cultivan y promueven la actitud infantil de la egolatría, aún a los 30, 40 ó 50 años y jamás pierden esa fijación de egoísmo y rivalidad, resultando difícil convivir con ellas porque siempre se enfrentan a todo el mundo. Las personas que cultivan ese espíritu de rivalidad exacerbada son desgraciadas porque las domina constantemente la envidia, el orgullo herido, la hostilidad contra sus semejantes y contra sí mismos. Es triste encontrar personas con enfermedades emotivas serias por estar demasiado llenas de este espíritu de rivalidad para llegar a la cumbre, sin importarles pisotear, avasallar o atropellar con tal de subir. Hay que procurar llegar a la meta de las aspiraciones compitiendo con uno mismo y llegar a ser lo máximo que uno pueda de acuerdo con sus posibilidades. 

Las personas que despliegan emociones agresivas hostiles, como la cólera, el odio y la crueldad, lejos de ser fuertes demuestran inmadurez, debilidad, miedo y fracaso. En el fondo son como niños que se sienten débiles, dependientes e inseguros, y cuando ven contrariados sus deseos, reaccionan agresivamente. En cambio, las personas verdaderamente fuertes saben ser dulces y amables. 

Otro signo de inmadurez es no ser realista. Un niño acepta una fantasía como la realidad sin tratar de establecer diferencias y se le incentiva a esto para que cultive su imaginación y creatividad. Lo malo es que ese niño llegue a la edad adulta no sabiendo distinguir entre la realidad y la fantasía, lo que causa un diluvio de conflictos que le inunda de emociones perniciosas. Son personas cuyo sentido irreal de la vida los lleva a imaginar las cosas más catastróficas. Sienten que todo el mundo está en su contra, que hablan mal de ellos, los persiguen, los rechazan y buscan hacerles daño. Se habitúan a la mentira y llenan su mundo de fantasías irrealizables, soñando llegar a ser y creyendo que son muy inteligentes, sabias e importantes cuando realmente están rayando en la demencia. Inventan toda clase de cuentos e historietas y no les importa manchar la fama de cualquiera con tal de alimentar su imaginación enfermiza. 

Claro está que algunas hay situaciones en las que parece que el suelo se hunde bajo los pies: el fracaso de un negocio, la enfermedad o muerte de un ser querido, una enfermedad propia, un problema grave que ocurra en la familia, el negocio o la oficina. Pero rebelarse, llenarse de ira, cólera o frustración, cuestionar el por qué de las cosas, no aceptar la realidad que un desastre puede llegar en cualquier momento y no adaptarse para seguir luchando, levantándose y surgiendo, lleva a cultivar un cúmulo de emociones que engendran enfermedades. La persona inmadura se encuentra permanentemente en medio de conflictos, porque no acepta las cosas negativas que vengan en la vida y hay muchas que no hay más remedio que aceptar. Hay que luchar, sacar provecho a la situación negativa, levantarse y perseverar en las metas propuestas. Lógicamente, tampoco hay que conformarse apáticamente creyendo que nada se puede hacer. 

La persona madura prefiere dar más que recibir. La madurez trae consigo una hermosa preocupación: la de alegrar la vida de las demás personas, con lo que los horizontes y perspectivas se ensanchan. Queremos que usted sea una persona que luche para ser mucho mejor de lo que es. Con el Señor se puede vencer todo lo que venga en la vida y superar la inmadurez, porque CON El, EN VERDAD SOMOS . . . ¡INVENCIBLES! 


                        

20 sept 2019

Sea siempre agradecido

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Sea siempre agradecido

Autor: Mons. Rómulo Emiliani, c.m.f.



Usted es un ser afortunado y por eso debe dar gracias, siempre gracias por lo inmensamente rico que es. Es tanto lo bueno que tiene: salud, familiares que le quiere, amigos que se preocupan por usted. Tantas cosas buenas, pero sobre todo tiene el don de la Presencia de Dios en su alma, lo cual tiene un valor incalculable e infinitamente valioso.

En realidad somos inmensamente ricos, pero somos tan inconscientes que no valoramos nuestros haberes positivos y por lo tanto no los aprovechamos y disfrutamos completamente. Sin embargo, nos quejamos todo el tiempo, somos una máquina de quejas y por eso andamos tristes y malhumorados.

Si diariamente hiciéramos un recuento de todo lo bueno que tenemos y diéramos gracias a Dios, así como a las personas que nos han ayudado a ser lo que somos, seríamos muy felices. Uno es más feliz en la medida en que es más agradecido. No espera a mañana, haga hoy un recuento de las cosas buenas que posee. Adquiera el saludable hábito de hacer un recuento diario de sus haberes positivos y se asombrará de su inmensa riqueza personal.

Bienaventurados los que tienen espíritu de gratitud porque llevarán la felicidad donde quiera que vayan. Agradezca todo lo bueno que hagan por usted, diga gracias por todo y a todos. Admire las cosas buenas de la vida; enseñe a otros a ser agradecidos, a descubrir lo que usted está viviendo; no con afán exhibicionista, sino con el sano propósito de que descubran la belleza real de la vida.

Para penetrar en la belleza de la vida debe usted:

1.- Purificar su visión negativa de la vida: Admire lo bueno, aparte de usted todo lo negativo, recuerde que proyectamos lo que percibimos.

2.- Saber alabar: Conviértase en el poeta de lo lindo que hay en la vida. Cante las maravillas de la naturaleza, de la grandeza de Dios, de sus semejantes. Alabe siempre.

3.- Agradecer todo lo bueno que hagan por usted: Diga gracias por todo y a todos, recuerde que la gratitud es la memoria del alma buena.

Como pueden ver, hay un buen número de formas en que podemos cambiar nuestra vida. Por supuesto, esto es si así lo deseamos; si lo llevamos a cabo y claro que podemos llevarlo a cabo si tenemos presente que con Dios somos Invencibles.



                       

18 sept 2019

Se siente viejo... ¡Cuidado!



Se siente viejo... ¡Cuidado!

Autor: Mons. Rómulo Emiliani, c.m.f.


Una de las cosas que usted tiene que vigilar, quizás con más atención que el peso, los ingresos económicos y los líos del mundo, es su actitud ante la edad, sobre todo ante la tercera edad. Pasa usted de los sesenta o está llegando allí y ya se siente viejo, cansado, acabado... ¡Cuidado! No malogre lo que le queda de vida con una sicología de "viejo". No diga: "Ya estoy viejo", "no sirvo para nada". Viejo se pone el carro, un mueble, el pantalón, los zapatos. Esas son cosas que se deterioran y cuando no sirven, se "tiran" y se acabó. Pero usted no es una cosa. Usted es una persona: espíritu, alma y cuerpo. 

Es normal que venga el desgaste físico al paso de los años. Ya no puede correr como cuando tenía 20 años. Ni quizás levantar los pesos como hace treinta años. Pero es porque su organismo físico tiene una limitación en el tiempo y el desgaste es normal. Pero su espíritu, su alma son eternamente jóvenes. No hay desgaste. Son realidades espirituales que no pueden ser golpeadas por el tiempo ni por el espacio. En ellas se refleja con más pureza la grandeza y eternidad de Dios, de quien provenimos. Somos hechos a imagen y semejanza de Él. Y con el alma joven, con el espíritu siempre recién hecho, usted puede reír, cantar, hablar y pensar positivamente; amar, perdonar, jugar, sentir, vibrar, apreciar lo hermoso de la vida y sentirse y ser joven siempre, con sus ochenta o noventa años. O sus cincuenta, porque algunos tristemente creen que llegar allí es prepararse para la decadencia. No hay decadencia en el ser humano. No existe eso en lo profundo del ser, allí donde está nuestro yo interior. El alma puede ser siempre vigorosa, firme, ágil, liviana, lúcida, iluminada, despierta, feliz. Usted puede experimentar el desgaste físico, pero mantenerse siempre así: joven y lleno de vida 

Pero si usted se acompleja, si compara su rostro con ciertas arrugas con el de ese joven o aquella muchacha, si está siempre lamentándose: "Si tuviera veinte años de nuevo"... Si está añorando tiempos idos, si está arrinconándose, si le da pena decir la edad, si está siempre expresando que es un viejo, que ya no hay nada que hacer, está desperdiciando una época de su vida que podría ser maravillosa, porque su alma no envejece. Su alma no se desgasta. 

Hoy le aconsejamos a usted. Entre en contacto con el Dios de la vida, con Jesús Nuestro Señor. Él quiere darle vida en abundancia. Renovar su alma, hacerle nacer de nuevo, rejuvenecer su vida y hacerle sonreír. Él puede transformarlo y hacerle ver su realidad más profunda: que usted siempre es joven, porque su alma, su espíritu están hechos a imagen y semejanza de Dios. Y no se olvide... ¡CON DIOS, SOMOS INVENCIBLES! 

17 sept 2019

¡Salve su matrimonio!

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¡Salve su matrimonio!

Autor: Mons. Rómulo Emiliani, c.m.f.


Hoy queremos decirle: ¡Salve su matrimonio! Vale la pena, está bajo la bendición de Dios y, probablemente, hay hijos de por medio. Sí es posible. Para Dios no hay imposibles. La vida no es fácil, en la vida hay muchos obstáculos. Ustedes saben que todo lo bueno cuesta conseguirlo y que en el caso del matrimonio, el complementarse, el llegar a ser una sola carne, amar a pesar de todo, comprender, perdonar, tratar de ser paciente ante los defectos del otro, toma tiempo. Hermano, hermana, recuerde que su cónyuge es un ser imperfecto. Para salvar su matrimonio hay que aprender a amarse nuevamente. ¿Cómo se puede hacer esto? Usted no puede producir sentimientos, sacarlos del aire, pues no me refiero a sentimientos, sino al amor y no es lo mismo. El amor no es puramente sentimientos. El amor es la determinación, el deseo y la acción de hacerle el bien al otro. De esa actitud nace el sentimiento. 

En muchas partes de la Biblia, en el Antiguo y sobre todo en el Nuevo Testamento, Dios nos manda amar: "Amarás al Señor tu Dios con todo el corazón, con toda tu mente, con todas tus fuerzas y amarás al prójimo como a ti mismo". Dios nos ordena amar. Si el amor fuera exclusivamente un sentimiento, Dios no podría dar un mandamiento así. El amor está por encima del sentimiento. Es algo más. A través del Apóstol San Pablo el Señor nos dice: "Maridos, amen a sus esposas como Cristo ama a la Iglesia y se entregó a sí mismo". La cuestión está en amar. Ustedes pueden aprender a amar de verdad, de una manera profunda, por encima de los sentimientos. Se puede dejar de querer por un tiempo. Los sentimientos se pueden apagar, pero el amor es una actitud, un deseo, una forma de actuar. Lo que les pasa a muchas parejas es que han dejado de vivir en Dios y, en consecuencia, están en crisis. 

Muchos matrimonios fracasan, porque se casan simplemente por una atracción carnal, por una pasión momentánea y no por un amor profundo. Por eso hay que insistir mucho más en la importancia del noviazgo. El noviazgo es algo muy serio e importante. En el noviazgo tiene que existir amor en el sentido bíblico: presencia de Dios en el alma. Muchos creen que la solución a los problemas matrimoniales es el divorcio; mas no es lo más adecuado. En casos excesivos como demencia, salvajismo, la Iglesia recomienda separación y en casos extremos, por seguridad, un divorcio. Esto cuando no hay solución humana. 

Hay muchos casos de matrimonios que se hubieran salvado con una buena orientación espiritual y psicológica, con un encuentro profundo con Dios. Muchos matrimonios se pueden salvar, si aprenden a amarse. ¡El divorcio conlleva tantos problemas! Dios nos quiere dar la paz y el gozo, pero para eso hay que abrirle el corazón. Hay que renunciar al pecado, sobre todo al pecado de la soberbia y del orgullo, que muchas veces hace a las parejas no ceder mutuamente. Hay que bajar las armas, aprender a amarse aún a pesar de todo. Todavía es posible la solución. Se puede ser como antes o mejor que antes.

¿Por qué no abren sus corazones? ¿Por qué no hablan y se ayudan a cambiar mutuamente? Reconozcan sus defectos. Aprendan a perdonarse y olviden el pasado. Toda persona tiene la oportunidad de un cambio. Hay que estar continuamente conquistándose. Quizás se han descuidado mutuamente y esto ha provocado un abismo. Comprendan los dos que el amor no es un simple sentimiento: amar implica un darse. Muchas veces el sentimiento es egocéntrico, mientras el amor se enfoca hacia los demás. El amor está vinculado al dar como ha hecho Dios con nosotros. Deben aprender a darse el uno al otro. No importa que el otro no responda igual. Entréguense sin esperar nada o, de lo contrario, nunca lo harán. 

Hermano o hermana, que quizás estén en crisis matrimonial: ¡se puede salvar el matrimonio! Aprenda a amar. El que aprende a amar, aprende a perdonar y el que aprende a perdonar, aprende a olvidar, aprende a servir, a ser paciente, aprende a darse, aprende a ser humilde, en fin, aprende tantas cosas… ¿Por qué no comienza a salvar su matrimonio? Todo es posible, baje las armas, deje de estar rivalizando con el otro, cambie de actitud, hágalo por usted, por su pareja, por sus hijos, por su futuro, por el Señor. Se puede, sí se puede, porque ¡CON DIOS, EN VERDAD, USTED ES INVENCIBLE!





16 sept 2019

Respete lo Sagrado

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Respete lo Sagrado

Autor: Mons. Rómulo Emiliani, c.m.f.



En este Mensaje al Corazón quiero hablarle de el respeto a lo sagrado. Y ¿qué es lo sagrado? Lo sagrado es lo divino, lo trascendente, lo absoluto. Lo sagrado es Él que creó el mundo de la nada; es Él que tiene todo el poder y la gloria. Lo sagrado es Dios y todo lo que tiene que ver con Dios. Lo sagrado es lo más importante porque es la fuente de donde proviene todo; por eso debemos respetarlo. 

Dios se ha manifestado a todos los hombres a través de la fe. A pesar de que la única religión que tiene la verdad completa es la de nuestra Iglesia, en toda religión, aún en las no cristianas, hay algo de verdad. Por ello hay que manifestar respeto a todas las religiones. 

Para nosotros el ámbito de lo sagrado está en el templo, donde vamos a adorar nuestro Creador que es el Padre, un Dios liberador y redentor, que es el Hijo y un Dios santificador, el Dios amor, que es El Espíritu Santo. Está en las oraciones que hacemos donde nos comunicamos con Dios, en las devociones particulares y comunitarias, en los sacramentos donde encontramos la presencia santa del Señor. También el ámbito de lo sagrado está en el hogar, en la familia, en el matrimonio y por supuesto en toda persona en la que Dios está por ser nosotros templos vivos del Espíritu Santo. 

Respetar lo sagrado es darle importancia al culto, a la oración, a la liturgia y a la Eucaristía; no hacer las cosas como "robots" y simplemente por rutina, por obligación, por compromiso o por miedo a condenarse. Respetar lo sagrado va a implicar hacer las cosas de corazón, porque en verdad creemos en ellas, y en verdad amamos y queremos honrar y glorificar a Dios. Si sentimos pereza es cuando más debemos esforzarnos y disciplinarnos porque el Señor merece todo el respeto y la gloria. 

Muchas veces vamos a la Eucaristía o estamos rezando, "tocando lo divino", tocando lo sagrado, pero sin fe. Esto no produce el efecto que queremos. Es fundamental que nos acerquemos a lo sagrado con el corazón abierto, muy despiertos mentalmente y sintiendo la necesidad de experimentar la presencia de Dios. 

Respetar lo sagrado va a implicar no usar el nombre de Dios en vano; esto implica no jurar en el nombre de Dios. No poner a Dios como testigo de nuestros actos. Es una tentación no usar bien el nombre del Señor, haciéndolo testigo de cosas que son mentiras. Evite jurar en el nombre de Dios y no blasfeme. Blasfemia significa insultar a Dios. Esto es un irrespeto terrible a lo sagrado, al igual que hacer chistes de lo divino. ¡De Dios nadie se ríe! 

No usemos el nombre de Dios para manipular a las personas. Es común en los papás decirle a los niños: "Dios te va a castigar por esto". ¡Cuidado! No le inculquemos a los pequeños una idea de un Dios castigador o de un Dios que simplemente está defendiendo a los papás. Tampoco manipulemos a los demás diciendo: "Dios me dijo tal cosa". Ciertamente Dios anuncia, Dios inspira, pero cuidado con usar el nombre de Dios para imponer sus ideas. 

En cuanto al respeto a lo sagrado, no podemos confundir lo sagrado, lo que es de Dios, con la superstición, con la hechicería o brujería. No permita la mezcla de lo sagrado con todo aquello que es superstición ya que esto es tinieblas. También respetar lo sagrado, va a implicar amar a Dios, honrarle, darle gloria y no permitir que nadie ocupe su lugar. 

Le pedimos pues que respete lo sagrado, porque respetar lo sagrado es también respetar lo humano y es respetarse a sí mismo, porque usted es sagrado ya que el Señor está en usted. Respétese y valórese porque también así respeta a Dios y no se olvide, ¡CON DIOS USTED ES INVENCIBLE! 


                       

14 sept 2019

Quizás a Usted le está pasando esto...

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Quizás a Usted le está pasando esto...

Autor: Mons. Rómulo Emiliani, c.m.f.


Que se esté preocupando por todo y a todas horas; que esté martillando su mente con golpes incesantes de miedos y desgracias que pueden suceder; que su imaginación corra veloz, descontrolada y casi demente, visualizando sucesos que pueden ocurrir y que usted percibe con un realismo tan grande que su cerebro y su sistema nervioso lo experimentan como si estuvieran ocurriendo. Si a usted le está pasando esto, le decimos: Dios le perdona sus errores si se arrepiente. Probablemente mucha gente también le perdone si usted pide perdón, pero su sistema nervioso no perdona. Si usted cultiva la preocupación obsesiva y vive siempre alterado por cosas que están ocurriendo en su imaginación o en la realidad, pero agrandadas al máximo por su yo interior, su sistema nervioso se enfermará y puede ser irreversible el daño. El médico católico Alexis Carrel, premio Nóbel, dice que quienes no saben combatir las preocupaciones, mueren jóvenes. Puede ser que la vida física les dure bastantes años, pero su vida psicológica se les acaba pronto y quedan reducidos a ser unos seres entristecidos y huraños. Su sistema nervioso pueden dañarse para siempre. ¡Cuidado! 

El andar preocupados y llenos de temores y tristezas produce en el organismo la más completa colección de enfermedades, cada cual más desagradable. La persona preocupada sufre de indigestiones nerviosas, úlceras estomacales (que al sangrar abundantemente pueden producir la muerte en pocas horas), perturbaciones cardíacas, insomnio, jaquecas, etc. El estar tenso y nervioso afecta las glándulas que producen los jugos que intervienen en la digestión y esto daña el estómago. La preocupación pone demasiado tensos los músculos del cuello y esto afecta las arterias que llevan sangre al cerebro y de ahí pueden venir desvanecimientos. Y si todo esto es cierto, ¿por qué estar preocupado siempre, viviendo tenso, alterado, nervioso? Jesús, el Médico del alma, nos dice: ¿De qué nos sirve ganarnos el mundo entero si al final perdemos la vida, si al final perdemos la salud? Muchísima gente vive excesivamente preocupada por las cosas materiales y sus muchas tareas, pagando un precio muy alto por conseguir triunfos, honores, dinero, posesiones para al final perder su salud física y mental. Y algunos consiguen tantas cosas, pero con úlceras, jaquecas, insomnio o perturbaciones del corazón. ¿Es esto un triunfo? Creo que no. Claro que hay que luchar por ideales y metas, pero de manera equilibrada poniendo todo en su lugar, manteniendo una jerarquía de valores. Y el triunfo no se mide por las posesiones adquiridas, sino por la realización plena de todo el ser y por haber contribuido a hacer de este mundo, un mundo mejor. 

No se preocupe tanto y viva el hoy. Jesús dice que cada día tiene su afán y que si buscamos el Reino de Dios y su justicia, lo demás se nos dará por añadidura. Jesús no quería que sus discípulos se dejaran envenenar por las tribulaciones y repetía frecuentemente: No se preocupen ni por el alimento, ni por el vestido, ni por el día de mañana. No se preocupen. Mi Padre los ama y sabe lo que van a necesitar. ¿No han visto que a las aves que no tienen graneros de aprovisionamiento mi Padre Dios cuida de ellas? ¿No han visto que a las flores del campo que no hilan ni tejen, mi Padre Dios las viste tan elegantemente? No se preocupen. Ustedes valen más que muchas aves y flores. Jesús nos manda a confiar totalmente en nuestro Padre Dios y nos prohíbe las ansiedades excesivas, las que son enfermizas. No quiere que convirtamos nuestra vida en un infierno. Él quiere que mantengamos la paz, el equilibrio, la serenidad, el dominio de nosotros mismos. Por eso, no se preocupe tanto. No sea tan pesimista. Mire la vida positivamente. Tenga una gran fe en Dios y en la vida. 

¿Sabía usted que es alarmante el número de los que diariamente tratan de suicidarse? Algunos no lo consiguen, pero muchos sí. Y es muy probable que en muchos la preocupación enfermiza haya sido la causa que los haya llevado a buscar un fatal desenlace. Una tortura muy antigua consistía en dejar caer una gota de agua sobre la cabeza de la víctima, minuto por minuto. Esto terminaba enloqueciendo a la persona. Eso es la preocupación: una gota de agua que va taladrando su sistema nervioso y termina por hacer de usted un andrajo humano. Jesús no quiere eso para usted. Entréguele a Él sus inquietudes y angustias. Dígale que confía totalmente en Él y que usted va a luchar por ser mejor y no va a permitir más que la preocupación lo atormente. Y no se olvide que con Dios puede vencer cualquier cosa, porque con Él, ¡usted es invencible!

13 sept 2019

¿Quiere Triunfar?

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¿Quiere Triunfar?

Autor: Mons. Rómulo Emiliani, c.m.f.



Dios le dio la vida para triunfar. Y esto significa, vivir plenamente, realizarse en todo el sentido de la palabra. Para esto tiene que vivir MOTIVADO. Los que triunfan son personas motivadas y los que no se realizan, y fracasan como seres humanos, viven desmotivados. 

La motivación consiste en un sentirse impulsado, animado por una idea fuerte que afecta la mente y el corazón del hombre. Es una idea capaz de mover todo el ser. La persona motivada activa sus potencialidades; está despierta, lúcida y alerta. Se mueve, está viva y es capaz de vivir mejor sus "Momento- Presentes". 

Jesús siempre estuvo motivado: el amor y la obediencia a su Padre, la salvación de todos nosotros, la implantación del Reino de Dios en la historia y el revelar el gran misterio de Amor que es Dios. Los grandes hombres han sido gente muy motivada. Martín Luther King quería que se respetaran los derechos del negro americano. La Madre Teresa de Calcuta quería que todos los abandonados tuvieran un hogar y comida además de ser evangelizados. Churchill quiso que Inglaterra sobreviviera al ataque Nazi y fuera una gran potencia. Picasso quiso revolucionar el arte de la pintura y Dalí elevarlo a algo sublime. Francisco de Asís quiso que Dios fuera conocido y amado; que vieran la naturaleza como una hermana dulce y buena. Francisco Javier quiso que Cristo fuera conocido en el Oriente. Juana de Arco deseaba que Francia, con el poder de Dios, fuera liberada de las garras de sus enemigos. Martín de Porres anhelaba que Jesús fuera conocido por los humildes. La motivación es consecuencia de haber descubierto un gran ideal y dejar que ese ideal lo conquiste a uno. Para eso hay que meditar, tomar contacto con ese ideal y practicarlo. 

Vivir un gran ideal supone sacrificio, lucha, acción, renuncia, mucha fe y fidelidad. Tomás Alva Edison, para descubrir cómo hacer que la luz brillara en una bombilla, falló más de mil veces en los intentos, hasta que lo consiguió. Y así los grandes hombres y mujeres han fracasado también muchas veces, pero su perseverancia los ha llevado al triunfo. Algunos, y no pocos, han muerto por sus ideales. Madame Marie Curie, que junto a su marido descubrió el radio (los rayos X vienen de esa investigación) y que dos veces fue galardonada con el Premio Nóbel, murió a efectos de la radiación, ésta causada por sus intensos experimentos en laboratorios. La ciencia, el arte y la religión han avanzado gracias a personas con grandes ideales. 

Descubra pues un gran ideal y para eso: crea que nació para cumplir una misión; ore mucho, medite, investigue y vea ejemplos de gente célebre. Sepa que el ideal del amor, del servicio, del arte, de la ciencia, de la fe, no supone hacer cosas extraordinarias que todos vean, sino grandes y trascendentes aunque sólo usted lo sepa. Persevere hasta el final para poder lograr los frutos. No haga caso de los pesimistas y de la gente negativa. Busque personas que sientan algo parecido a lo de usted, y deje todo lo que impida la realización de su ideal. Recuerde que los mediocres han sido infieles a sus ideales y por lo tanto, han traicionado a la humanidad; que los más críticos son los que no hacen nada, gente sin ideal. El que más hace, menos tiempo tiene para criticar. ¡Vamos! a trabajar más, a luchar por ese gran ideal, recuerde que Dios lo ama y ¡Con El somos… INVENCIBLES!


                       

12 sept 2019

¿Qué Pasa con Mucha Gente que Fracasa?

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¿Qué Pasa con Mucha Gente que Fracasa? 

Autor: Mons. Rómulo Emiliani, c.m.f.




Hay muchas personas que en un momento de su vida han dicho: "Todavía es muy pronto para empezar a luchar por mis metas" y creyeron que la vida se estancaba en un apartado eterno: la juventud. Pensaron que el tiempo se detenía y que "mañana", cuando tuvieran 20 años, 25, 30... cuando fueran a la universidad, cuando se casaran, cuando... Y fue transcurriendo el tiempo y un día se encontraron con la terrible sorpresa: El tiempo había pasado, la juventud había desaparecido. Se había esfumado una parte vital de la existencia. El agua del río que había corrido, ya no se devolvía. Lo que parecía eterno, la etapa juvenil, se había diluido y el encuentro con la realidad era espantoso. ¡Qué frustración! 

Existencias grises e inútiles, desperdiciadas, porque creyeron que todavía no era tiempo para empezar. Que "mañana" sería el momento. Postergando decisiones, dejando de hacer cosas importantes. Mucha gente se encuentra ahora con las manos vacías, lamentándose de haber dejado escapar tiempo precioso, tiempo que se fue para nunca más volver. No comenzaron a luchar, no tomaron la vida en serio. No sembraron esfuerzos, ideales, sacrificios y, por eso, ahora la cosecha es tan pobre. 

Por eso decimos: Nunca es temprano para empezar a labrar un porvenir pleno. Nunca es temprano para adquirir el hábito del estudio, del trabajo, de la oración, del pensar, del empeñarse en luchar por ideales. La vida se pasa rapidito. Todo corre más veloz de lo que suponíamos cuando éramos jovencitos. Ahora es el momento. No podemos dejar para otro día, para otro año, lo que ya se puede hacer. La oportunidad es única y no deje para mañana lo que hoy puede hacer. 

Sí, joven, la vida se nos presenta algunas veces como un espejismo donde todo lo vemos muy quieto, estable, casi inmóvil. ¡Y qué va! Todo se mueve. Los planetas, el universo, el corazón, las células, la vida entera y el tiempo. Sí, el tiempo marcha hacia adelante sin detenerse. Y es irreversible. Nada lo detiene. El ayer jamás volverá. Esto es muy serio para tomarlo en broma. El tiempo que quedó atrás jamás se podrá recuperar. Por eso, ahora es el momento de actuar. ¡Hoy! 

Pero el que lee este mensaje y se siente más o menos reflejado en lo que hemos dicho, le manifestamos: ¡Nunca es tarde para triunfar! Es cierto que desperdició tiempo en el pasado, pero todavía está vivo. Todavía tiene tiempo. Sí. Nunca se es demasiado viejo para tratar de triunfar. No hay edad que le impida el empezar. Usted puede comenzar su lucha por sus ideales y dedicar tanta intensidad en lo que pretende, en lo que desea. Usted puede conseguir lo que aspira. Cualquier día es oportuno para empezar. Lo grave sería no dar el primer paso o dejar de dar el último que se necesita para llegar a la meta. Porque muchos están a mitad de camino, tentados en no dar los últimos pasos que se necesitan para llegar a la meta. ¡No se rinda, por favor! El éxito puede estar a la vuelta de la próxima esquina que le falta por alcanzar. No sea de ese número de personas que empiezan con ánimo y esperanza y trabajan y actúan, pero después de unos años su resistencia comienza a flaquear y se convencen de que ya no vale la pena buscar más éxito y se dejan llevar por el desánimo. 

No se rinda a mitad del camino. ¡Levante su frente y suba cada día un peldaño más! Todo obstáculo es posible de vencer. Don Bosco repetía esta frase: "Yo, cuando encuentro un obstáculo, le doy una gran vuelta y paso hasta el otro lado. Pero... ¿echar para atrás? Jamás. Eso nunca." La constancia todo lo alcanza. Dios no regala a nadie sus triunfos fácilmente, pero siente mucho gusto en repartirlos entre los que no se desaniman en la lucha por conseguirlos. 

No se olvide que nunca es tarde para empezar y mientras tenga vida puede luchar. Si le pide ayuda al Señor, Él tiene todo el poder y la gloria y le puede dar lo que usted necesita: iluminación, esperanza, fortaleza, dominio de sí mismo y valentía. Y recuerde, con Dios, ¡usted es invencible!

11 sept 2019

¡Que hacer con un colérico?

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¡Que hacer con un colérico?

Autor: Mons. Rómulo Emiliani, c.m.f.



¿Qué podemos hacer con una persona que es colérica? Pues, en primer lugar, comprender las causas de las cóleras. ¿Por qué las personas se vuelven iracundas y coléricas? Todos sabemos que de vez en cuando surgen desacuerdos en las relaciones humanas. Se desearía llegar a un acuerdo, pero... un ataque de ira evita toda conversación objetiva. ¿Cuántas veces terminan, por ejemplo, las discusiones conyugales con un ataque de cólera de parte de uno de los cónyuges, mientras que el otro debe esperar paciente y desconsoladamente que se tranquilice la tormenta? De hecho no se puede hablar con una persona que está sumamente afectada por la cólera. Y en el caso de los matrimonios, cuando uno de los dos está frenético, se rompe por un rato la unión entre ambos.

La ira y la cólera conducen a una agresión generalmente de forma verbal. Según el grado de fuerza de la excitación, se gradúan los insultos o también, algunas veces, se pasa a la agresión física. Con frecuencia, la persona que está sujeta a la ira, rompe o destruye algún objeto en sustitución de lo que quisiera hacer: atacar directamente a su prójimo. Curiosamente, las personas que sufren continuamente de ataques de ira y cólera tienen problemas con muchas personas.

Las personas que padecen de estas iras buscan, por lo general, algún motivo de disculpa para aclarar que estas manifestaciones agresivas son provocadas por su temperamento colérico. Con esto, quieren expresar que ellos por naturaleza son personas acaloradas, apasionadas y que no se deben tomar demasiado en cuenta sus afectadas expansiones; que ellos nacieron así y que todos tenemos que soportarlos tal como son. Estas explicaciones sirven de poco a las víctimas de estos ataques y son absolutamente inciertas. ¡Nadie nace así! Estas explicaciones representan una maniobra de auto-engaño y las personas que generalmente están psíquicamente irritadas y desequilibradas, saben justificar su acción con las mismas excusas.

La moderna investigación psicológica nos enseña que la ira no es una disposición, no es un hecho constitucional; es decir, uno no nace así. En lo esencial, la ira y la cólera son el resultado de una mala educación que produce graves lesiones psíquicas en el niño en edad de desarrollo. El niño cuanto más sojuzgado, cuanto más incomprendido, cuanto más rebajado sea en su dignidad por sus formadores - papás, maestros, el ambiente, etc. - tanto más sensible se hará con respecto a los ataques reales o imaginarios que se efectúen al sentido de su propio valer. Todas las personas iracundas han sufrido mucho en su juventud debido a fuertes sensaciones de inferioridad. Debido a esto, adquirieron una imagen bastante hostil del mundo y de las personas, la cual llevan consigo en su subconsciente. De allí que ellos no pueden acercarse demasiado a otras personas, pues tienen miedo a sufrir lo que experimentaron en el pasado. De hecho viven una especie de soledad sentimental y adoptan ciertos mecanismos de auto-defensa. También tienden a querer demostrar que ellos "valen" y a querer dominar, porque ellos se dicen a sí mismos: Antes que me dominen, como me dominaban en el pasado, yo voy a dominar.

Se puede observar también que las personas iracundas son súper-sensibles. Cualquier acción contraria a la que ellos han indicado les hace sentirse atropellados, porque les recuerda las impresiones que vivieron en su infancia: la severidad de sus papás, la dureza de su ambiente, etc., las cuales los han hecho alérgicos de tal manera a esas críticas y desacuerdos de opinión, que piensan que deben defenderse con gritos y de forma frenética para no sufrir. Dice Joseph Ramnas que solamente se puede comprender a estas personas iracundas, si se tiene conocimiento de las humillaciones y desesperaciones habidas en el interior de su desarrollo psíquico.

De hecho resulta entonces que una persona colérica se desahoga con su inocente esposa, con sus hijos - que no tienen culpa alguna de su problema - y con sus subordinados en una empresa o en cualquier oficio, quienes ignoran en la mayoría de estos casos toda la desgracia y el desconsuelo habido durante su crecimiento y desarrollo. Las personas coléricas, en el fondo, creen tener un temperamento acalorado y no se están dando cuenta de que se están vengando en personas inocentes de un daño que les hicieron en su niñez. Es un mecanismo de defensa, una forma de desahogar su problemática y de vengarse con aquellos que les hicieron daño. Pero, curiosamente, esa venganza la están proyectando en los seres más cercanos a ellos que no tienen nada que ver con el asunto.

¿Qué hacer ante una situación así? Pues perdonar, comprender y ayudarlos a cambiar. Son personas también muy buenas, de grandes cualidades, pero que tristemente esta faceta de su vida no está bien elaborada, por su problemática interior del pasado. En parte son víctimas; también en parte son culpables. Por eso, ore mucho por esa persona, pídale a Dios que le dé la fuerza necesaria para comprender y ayudar a cambiar a esa persona colérica y no se olvide, con el Señor se puede, porque ¡CON DIOS, USTED ES... INVENCIBLE!