11 jul 2020

Santo Evangelio 11 de julio 2020

Día litúrgico: Sábado XIV del tiempo ordinario



Texto del Evangelio (Mt 10,24-33): En aquel tiempo, Jesús dijo a sus Apóstoles: «(…) ¿No se venden dos pajarillos por un as? Pues bien, ni uno de ellos caerá en tierra sin el consentimiento de vuestro Padre. En cuanto a vosotros, hasta los cabellos de vuestra cabeza están todos contados. No temáis, pues; vosotros valéis más que muchos pajarillos (…)».


La dignidad única de cada persona

REDACCIÓN evangeli.net (elaborado a partir de textos del Papa Francisco)
(Città del Vaticano, Vaticano)

Hoy, en la “modernidad” se ha intentado construir la fraternidad universal entre los hombres fundándose sobre la igualdad. Poco a poco, sin embargo, hemos comprendido que esta fraternidad, sin referencia a un Padre común como fundamento último, no logra subsistir. Es necesario volver a la verdadera raíz de la fraternidad.

A lo largo de la historia de la salvación, el hombre descubre que Dios quiere hacer partícipes a todos, como hermanos, de la única bendición. La fe nos enseña que cada hombre es una bendición para mí, que la luz del rostro de Dios me ilumina a través del rostro del hermano. Gracias a la fe, hemos descubierto la dignidad única de cada persona, que no era tan evidente en el mundo antiguo.

—En el centro de la fe bíblica está el amor de Dios, su solicitud concreta por cada persona, su designio de salvación que abraza a la humanidad entera y a toda la creación, y que alcanza su cúspide en la encarnación, muerte y resurrección de Jesucristo.

Jaculatoria

No está el discípulo por encima del maestro

Matthew 16:21–28, Jesus walks with His disciples | Bible video ...

No está el discípulo por encima del maestro»

P. Raimondo M. SORGIA Mannai OP
(San Domenico di Fiesole, Florencia, Italia)

Hoy, el Evangelio nos invita a reflexionar sobre la relación maestro-discípulo: «No está el discípulo por encima del maestro, ni el siervo por encima de su amo» (Mt 10,24). En el campo humano no es imposible que el alumno llegue a sobrepasar a quien le enseñó el abc de una disciplina. Hay en la historia ejemplos como Giotto, que se adelanta a su maestro Cimabue, o como Manzoni al abad Pieri. Pero la clave de la suma sabiduría está sólo en manos del Hombre-Dios, y todos los demás pueden participar de ella, llegando a entenderla según diversos niveles: desde el gran teólogo santo Tomás de Aquino hasta el niño que se preparara para la Primera Comunión. Podremos añadir adornos de varios estilos, pero no serán nunca nada esencial que enriquezca el valor intrínseco de la doctrina. Por el contrario, es posible que rayemos en la herejía.

Debemos tener precaución al intentar hacer mezclas que pueden distorsionar y no enriquecer para nada la substancia de la Buena Noticia. «Debemos abstenernos de los manjares, pero mucho más debemos ayunar de los errores», dice san Agustín. En cierta ocasión me pasaron un libro sobre los Ángeles Custodios en el que aparecen elementos de doctrinas esotéricas, como la metempsicosis, y una incomprensible necesidad de redención que afectaría a estos espíritus buenos y confirmados en el bien.

El Evangelio de hoy nos abre los ojos respecto al hecho ineludible de que el discípulo sea a veces incomprendido, encuentre obstáculos o hasta sea perseguido por haberse declarado seguidor de Cristo. La vida de Jesús fue un servicio ininterrumpido en defensa de la verdad. Si a Él se le apodó como “Beelzebul”, no es extraño que en disputas, en confrontaciones culturales o en los careos que vemos en televisión, nos tachen de retrógrados. La fidelidad a Cristo Maestro es el máximo reconocimiento del que podemos gloriarnos: «Por todo aquel que se declare por mí ante los hombres, yo también me declararé por él ante mi Padre que está en los cielos» (Mt 10,32).

10 jul 2020

Santo Evangelio 10 de Julio 2020


Día litúrgico: Viernes XIV del tiempo ordinario

Texto del Evangelio (Mt 10,16-23): En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Mirad que yo os envío como ovejas en medio de lobos (…). Por mi causa seréis llevados ante gobernadores y reyes, para que deis testimonio ante ellos y ante los gentiles (…). Seréis odiados de todos por causa de mi nombre; pero el que persevere hasta el fin, ése se salvará (…)».


El apóstol

Fray Josep Mª MASSANA i Mola OFM
(Barcelona, España)

Hoy, Jesús anuncia a los suyos lo que sufrirán por el hecho de ser apóstoles. No les abre perspectivas muy motivadoras: juicios, azotes, odio de la propia familia, persecuciones, muerte. Actitud de los apóstoles: astucia e inocencia. Su tarea: recorrer el mundo dando testimonio de Jesús, hablando inspirados por el Espíritu Santo… huyendo cuando sea necesario. Lo más importante: perseverar hasta el fin.

"Apóstol" es un término griego que significa "enviado"; enviado por Jesús para anunciar su mensaje. Son doce los que Jesús escogió. Para mantener íntegro el Evangelio, la predicación apostólica se conserva desde el principio hasta el fin de los tiempos, por una sucesión ininterrumpida. Esta transmisión viva la denominamos "tradición": predicación apostólica continuada en la sucesión apostólica. Tradición y Escritura son las dos grandes fuentes de la fe.

—Señor, gracias por los apóstoles que han hecho llegar la fe hasta hoy, y porque nos envías a nosotros como parte de esta "cadena" apostólica que anuncia el Evangelio.

Jaculatoria

Seréis odiados de todos por causa de mi nombre


Seréis odiados de todos por causa de mi nombre»

 (Mt 10,16-23)

P. Josep LAPLANA OSB Monje de Montserrat
(Montserrat, Barcelona, España)

Hoy, el Evangelio remarca las dificultades y las contradicciones que el cristiano habrá de sufrir por causa de Cristo y de su Evangelio, y como deberá resistir y perseverar hasta el final. Jesús nos prometió: «Yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo» (Mt 28,20); pero no ha prometido a los suyos un camino fácil, todo lo contrario, les dijo: «Seréis odiados de todos por causa de mi nombre» (Mt 10,22).

La Iglesia y el mundo son dos realidades de “difícil” convivencia. El mundo, que la Iglesia ha de convertir a Jesucristo, no es una realidad neutra, como si fuera cera virgen que sólo espera el sello que le dé forma. Esto habría sido así solamente si no hubiese habido una historia de pecado entre la creación del hombre y su redención. El mundo, como estructura apartada de Dios, obedece a otro señor, que el Evangelio de san Juan denomina como “el señor de este mundo”, el enemigo del alma, al cual el cristiano ha hecho juramento —en el día de su bautismo— de desobediencia, de plantarle cara, para pertenecer sólo al Señor y a la Madre Iglesia que le ha engendrado en Jesucristo.

Pero el bautizado continúa viviendo en este mundo y no en otro, no renuncia a la ciudadanía de este mundo ni le niega su honesta aportación para sostenerlo y para mejorarlo; los deberes de ciudadanía cívica son también deberes cristianos; pagar los impuestos es un deber de justicia para el cristiano. Jesús dijo que sus seguidores estamos en el mundo, pero no somos del mundo (cf. Jn 17,14-15). No pertenecemos al mundo incondicionalmente, sólo pertenecemos del todo a Jesucristo y a la Iglesia, verdadera patria espiritual, que está aquí en la tierra y que traspasa la barrera del espacio y del tiempo para desembarcarnos en la patria definitiva del cielo.

Esta doble ciudadanía choca indefectiblemente con las fuerzas del pecado y del dominio que mueven los mecanismos mundanos. Repasando la historia de la Iglesia, Newman decía que «la persecución es la marca de la Iglesia y quizá la más duradera de todas».

9 jul 2020

Santo Evangelio 9 de julio 2020


Día litúrgico: Jueves XIV del tiempo ordinario

Texto del Evangelio (Mt 10,7-15): En aquel tiempo, Jesús dijo a sus Apóstoles: «Id proclamando que el Reino de los Cielos está cerca (…)».


La nueva evangelización

Rev. D. Antoni CAROL i Hostench
(Sant Cugat del Vallès, Barcelona, España)

Hoy el Señor nos envía —como a los Apóstoles— a "pro-clamar" un anuncio que el mundo necesita escuchar urgentemente: el Reino de los Cielos está cerca. ¡Sí!, es posible un nuevo orden mundial, pero sólo con la luz de Cristo. El Reino de los Cielos ya ha comenzado entre y dentro de nosotros. Y, de un modo misterioso —es decir, discreto, pero real— introduce el "orden de Dios" en el mundo, haciéndolo más "respirable".

Debemos afrontar con valentía una situación cada vez más variada dentro de la globalización. Es necesaria una "nueva evangelización", reavivando en nosotros el impulso y el ardor de la predicación apostólica después de Pentecostés. Esta pasión suscitará en la Iglesia una nueva acción misionera, que no podrá ser delegada a unos pocos "especialistas". ¡No hay "especialistas" del apostolado!: cada bautizado es un apóstol porque participa de la misión sacerdotal (salvadora) de Cristo.

—Jesús, quien te ha encontrado verdaderamente no puede "re-tenerte" sólo para sí, debe anunciarte.