14 dic 2019

Santo Evangelio 14 de diciembre 2019



Día litúrgico: Sábado II de Adviento

Texto del Evangelio (Mt 17,10-13): Bajando Jesús del monte con ellos, sus discípulos le preguntaron: «¿Por qué, pues, dicen los escribas que Elías debe venir primero?». Respondió Él: «Ciertamente, Elías ha de venir a restaurarlo todo. Os digo, sin embargo: Elías vino ya, pero no le reconocieron sino que hicieron con él cuanto quisieron. Así también el Hijo del hombre tendrá que padecer de parte de ellos». Entonces los discípulos comprendieron que se refería a Juan el Bautista.


«Elías vino ya, pero no le reconocieron, sino que hicieron con él cuanto quisieron»

Rev. D. Xavier SOBREVÍA i Vidal
(Castelldefels, España)

Hoy, Jesús conversa con los discípulos cuando baja de la montaña, donde han vivido la Transfiguración. El Señor no ha acogido la propuesta de Pedro de quedarse, y baja respondiendo a las preguntas de los discípulos. Éstos, que acaban de participar brevemente de la gloria de Dios, están sorprendidos y no entienden que ya haya llegado el Mesías sin que antes haya venido el profeta Elías a prepararlo todo.

Resulta que la preparación ya ha sido realizada. «Os digo, sin embargo, Elías vino ya» (Mt 17,12): Juan Bautista ha preparado el camino. Pero los hombres del mundo no reconocen a los hombres de Dios, ni los profetas del mundo reconocen a los profetas de Dios, ni los prepotentes de la Tierra reconocen la divinidad de Jesucristo.

Es necesaria una mirada nueva y un corazón nuevo para reconocer los caminos de Dios y para responder con generosidad y alegría a la llamada exigente de sus enviados. No todos están dispuestos a entenderlo y, menos, a vivirlo. Es más, nuestras vidas y nuestros proyectos pueden estar oponiéndose a la voluntad del Señor. Una oposición que puede convertirse, incluso, en lucha y rechazo de nuestro Padre del Cielo.

Necesitamos descubrir el intenso amor que guía los designios de Dios hacia nosotros y, si somos consecuentes con la fe y la moral que Jesús nos revela, no han de extrañarnos los malos tratos, las difamaciones y las persecuciones. Ya que estar en el buen camino no nos evita las dificultades de la vida y Él, a pesar del sufrimiento, nos enseña a continuar.

A la Madre de Jesús, Reina de los Apóstoles, le pedimos que interceda para que a nadie le falten amigos que, como los profetas, le anuncien la Buena Nueva de la salvación que nos trae el nacimiento de Jesucristo. Tenemos la misión, tú y yo, de que esta Navidad sea vivida más cristianamente por las personas que encontraremos en nuestro camino.

Decir amigo

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Decir amigo

Autor: Fray Alejandro R. Ferreirós OFMConv


¡Qué difícil es hablar de la amistad sino imposible!
Como difícil es hablar del amor
y describirlo.
Así sucede al querer pronunciar
una palabra
tan honda y tan profunda
tan misteriosa y plena
y a la vez,
tan ambigua y manoseada.
¡Qué difícil es
decir amigo!

Y difícil como todo lo profundo,
cuando las palabras ya dicen tan poco
y sólo quedan los gestos
y actitudes
y los signos y símbolos
que muestran realidades
más hondas;
aquellas que rozan
el río de la vida
que corre en el interior
de cada uno.

¡Ese misterio de libertad
y de confianza!
Ese sacramento del abandono.
Esa persona ante la cual
puedo llorar amargamente
en los momentos
de la angustia más cerrada,
en aquellos de dolor más agobiante
y sentir que las lágrimas
caen en él como en tierra arada.

Sin palabras, sin reproches, sin consejos,
aquel que me hace libre
porque respeta mi libertad;
aquel ante quien los miedos
se han esfumado
como por un mágico exorcismo.
Aquel en quien confío
y me ama y me acepta como soy.
Sin reproches,
pues la amistad,
como el amor,
se acepta o se rechaza;
no se interpreta.
Aquel ante quien puedo quedar
desnudo y vulnerable.
Aquel que puede conocerme
cuando el temor
de ser manipulado
ya se ha extinguido.

Es con quien puedo compartir
el gozo y la alegría
del tesoro encontrado.
Es quien puede comprender
a flor de piel esa alegría
y aceptarla como un don
y gozarse en ella
aunque en su corazón
la tristeza
haya establecido su morada.
Es el que siento
como de mi propia sangre
aunque la sangre nos separe.
Porque hay lazos más fuertes que la sangre.
Y puedo sentir su presencia cercana y fresca
aunque la distancia
que nos separe
sea infinita en el espacio.
Porque el Espíritu
está más allá
de todo espacio.

Un amigo
es un tesoro al revés:
no es algo que se posee
sino Alguien
a quién uno se entrega.

Es una roca en la tormenta
y rocío en el desierto.
Es firmeza en la debilidad
y ternura en la tempestad.
Calor en el invierno
y brisa en el verano.
Es fuego en la noche
y es una mano tendida
para recibir.
Aquel por quien se siente
necesidad de rezar
y con quien se puede orar.
Aquel con quien
la palabra compartir
puede significar
dejar de ser dos
para ser uno.
Con él se puede hablar
sin decir nada.

¡Qué difícil es decir Amigo!
Quizás
porque la única manera
de decirlo
es serlo.

13 dic 2019

Santo Evangelio 13 de diciembre 2019



Día litúrgico: Viernes II de Adviento


Texto del Evangelio (Mt 11,13-19): En aquel tiempo dijo Jesús a la gente: «¿Pero, con quién compararé a esta generación? Se parece a los chiquillos que, sentados en las plazas, se gritan unos a otros diciendo: ‘Os hemos tocado la flauta, y no habéis bailado, os hemos entonado endechas, y no os habéis lamentado’. Porque vino Juan, que ni comía ni bebía, y dicen: ‘Demonio tiene’. Vino el Hijo del hombre, que come y bebe, y dicen: ‘Ahí tenéis un comilón y un borracho, amigo de publicanos y pecadores’. Y la Sabiduría se ha acreditado por sus obras».

«¿Con quién compararé a esta generación?»

Rev. D. Antoni CAROL i Hostench
(Sant Cugat del Vallès, Barcelona, España)

Hoy debiéramos removernos ante el suspiro del Señor: «Con quién compararé a esta generación?» (Mt 11,16). A Jesús le aturde nuestro corazón, demasiadas veces inconformista y desagradecido. Nunca estamos contentos; siempre nos quejamos. Incluso nos atrevemos a acusarle y a echarle la culpa de lo que nos incomoda.

Pero «la Sabiduría se ha acreditado por sus obras» (Mt 11,19): basta contemplar el misterio de la Navidad. ¿Y nosotros?; ¿cómo es nuestra fe? ¿No será que con esas quejas tratamos de encubrir la ausencia de nuestra respuesta? ¡Buena pregunta para el tiempo de Adviento!

Dios viene al encuentro del hombre, pero el hombre —particularmente el hombre contemporáneo— se esconde de Él. Algunos le tienen miedo, como Herodes. A otros, incluso, les molesta su simple presencia: «Fuera, fuera, crucifícalo» (Jn 19,15). Jesús «es el Dios-que-viene» (Benedicto XVI) y nosotros parecemos "el hombre-que-se-va": «Vino a los suyos y los suyos no le recibieron» (Jn 1,11).

¿Por qué huimos? Por nuestra falta de humildad. San Juan Bautista nos recomendaba "menguarnos". Y la Iglesia nos lo recuerda cada vez que llega el Adviento. Por tanto, hagámonos pequeños para poder entender y acoger al "Pequeño Dios". Él se nos presenta en la humildad de los pañales: ¡nunca antes se había predicado un "Dios-con-pañales"! Ridícula imagen damos a la vista de Dios cuando los hombres pretendemos encubrirnos con excusas y falsas justificaciones. Ya en los albores de la humanidad Adán lanzó las culpas a Eva; Eva a la serpiente y…, habiendo transcurrido los siglos, seguimos igual.

Pero llega Jesús-Dios: en el frío y la pobreza extrema de Belén no vociferó ni nos reprochó nada. ¡Todo lo contrario!: ya empieza a cargar sobre sus pequeñas espaldas todas nuestras culpas. Entonces, ¿le vamos a tener miedo?; ¿de verdad van a valer nuestras excusas ante ese "Pequeño-Dios"? «La señal de Dios es el Niño: aprendamos a vivir con Él y a practicar también con Él la humildad» (Benedicto XVI).

Calor de amigo


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Calor de amigo

Autor: Fray Alejandro R. Ferreirós OFMConv


El calor de un amigo:
fuego de hogar
en que las brasas queman
y en el ardor serenan
al calentar
el alma que busca abrigo.

Es la risa compartida:
luz del cristal
que me ilumina la vida
cansada en sus travesías
de tanto andar
buscando su alegría.

Es la mano tendida
para rozar
los sentimientos puros
escalando los muros
y el alfeizar
que guarda su armonía.

Es el pecho cercano
que contendrá
el caudal de mis llantos
la ilusión de mis cantos
y abrigará
el glacial de mis manos.

Su presencia es alivio:
lluvia otoñal
que lava las heridas
que me ha abierto la vida
sin esperar
que suplique su auxilio.

Su palabra oportuna
conducirá
el caudal de mis ríos
hacia el puerto elegido
y amarrará
la nave ya segura.

Su mirada serena
de manantial
como fragancia nueva
que me envuelve recrea
fecundará
mis brotes de primavera.

El sol de su presencia
ilumina ya
un mar de amaneceres
volcán de atardeceres
que llorarán
la noche interminable de su ausencia.

12 dic 2019

Santo Evangelio 12 de diciembre 2019



Día litúrgico: Jueves II de Adviento



Texto del Evangelio (Mt 11,11-15): En aquel tiempo, dijo Jesús a las turbas: «En verdad os digo que no ha surgido entre los nacidos de mujer uno mayor que Juan el Bautista; sin embargo, el más pequeño en el Reino de los Cielos es mayor que él. Desde los días de Juan el Bautista hasta ahora, el Reino de los Cielos sufre violencia, y los violentos lo arrebatan. Pues todos los profetas, lo mismo que la Ley, hasta Juan profetizaron. Y, si queréis admitirlo, él es Elías, el que iba a venir. El que tenga oídos, que oiga».


«El Reino de los Cielos sufre violencia, y los violentos lo arrebatan»

Rev. D. Ignasi FABREGAT i Torrents
(Terrassa, Barcelona, España)

Hoy, el Evangelio nos habla de san Juan Bautista, el Precursor del Mesías, aquel que ha venido a preparar los caminos del Señor. También a nosotros nos acompañará desde hoy hasta el día dieciséis, día en el que acaba la primera parte del Adviento.

Juan es un hombre firme, que sabe lo que cuestan las cosas, es consciente de que hay que luchar para mejorar y para ser santo, y por eso Jesús exclama: «Desde los días de Juan el Bautista hasta ahora, el Reino de los Cielos sufre violencia, y los violentos lo arrebatan» (Mt 11,12). Los “violentos” son los que se hacen violencia a sí mismos: —¿Me esfuerzo para creerme que el Señor me ama? ¿Me sacrifico para ser “pequeño”? ¿Me esfuerzo para ser consciente y vivir como un hijo del Padre?

Santa Teresita de Lisieux se refiere también a estas palabras de Jesús diciendo algo que nos puede ayudar en nuestra conversación personal e íntima con Jesús: «Eres tú, ¡oh Pobreza!, mi primer sacrificio, te acompañaré hasta que me muera. Sé que el atleta, una vez en el estadio, se desprende de todo para correr. ¡Saboread, mundanos, vuestra angustia y pena, y los frutos amargos de vuestra vanidad; yo, feliz, obtendré de la pobreza las palmas del triunfo». —Y yo, ¿por qué me quejo enseguida cuando noto que me falta alguna cosa que considero necesaria? ¡Ojalá que en todos los aspectos de mi vida lo viera todo tan claro como la Doctora!

De un modo enigmático Jesús nos dice también hoy: «Juan es Elías (...). El que tenga oídos que oiga» (Mt 11,14-15). ¿Qué quiere decir? Quiere aclararnos que Juan era verdaderamente su precursor, el que llevó a término la misma misión que Elías, conforme a la creencia que existía en aquel entonces de que el profeta Elías tenía que volver antes que el Mesías.

Amigo, Soneto 2



Amigo, Soneto 2

Autor: Fray Alejandro R. Ferreirós OFMConv



Amigo es palabra de victoria
que rompe soledades y me arranca
del pozo de la angustia y me levanta
para emprender con él la trayectoria.

La vida que se imprime en la memoria
y se dona, gratuita, en la mirada
libera del abismo de la nada
y perfuma quemándose en mi historia.

El incienso en quien subo al cielo abierto
el infinito mirándome a los ojos
el día en que a la vida me despierto...

resucitando en medio del despojo,
alabando a Dios porque lo encuentro
e el bálsamo suave de su rostro.


11 dic 2019

Santo Evangelio 11 de diciembre 2019




Día litúrgico: Miércoles II de Adviento

Texto del Evangelio (Mt 11,28-30): En aquel tiempo, respondiendo Jesús, dijo: «Venid a mí todos los que estáis fatigados y sobrecargados, y yo os daré descanso. Tomad sobre vosotros mi yugo, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es suave y mi carga ligera».

«Mi yugo es suave y mi carga ligera»

P. Jacques PHILIPPE
(Cordes sur Ciel, Francia)

Hoy, Jesús nos conduce al reposo en Dios. Él es, ciertamente, un Padre exigente, porque nos ama y nos invita a darle todo, pero no es un verdugo. Cuando nos exige algo es para hacernos crecer en su amor. El único mandato es el de amar. Se puede sufrir por amor, pero también se puede gozar y descansar por amor…

La docilidad a Dios libera y ensancha el corazón. Por eso, Jesús, que nos invita a renunciar a nosotros mismos para tomar nuestra cruz y seguirle, nos dice: «Mi yugo es suave y mi carga ligera» (Mt 11,30). Aunque en ocasiones nos cuesta obedecer la voluntad de Dios, cumplirla con amor acaba por llenarnos de gozo: «Haz que vaya por la senda de tus mandamientos, pues en ella me complazco» (Sal 119,35).

Me gustaría contar un hecho. A veces, cuando después de un día bastante agotador me voy a dormir, percibo una ligera sensación interior que me dice: —¿No entrarías un momento en la capilla para hacerme compañía? Tras algunos instantes de desconcierto y resistencia, termino por consentir y pasar unos momentos con Jesús. Después, me voy a dormir en paz y tan contento, y al día siguiente no me despierto más cansado que de costumbre.

No obstante, a veces me sucede lo contrario. Ante un problema grave que me preocupa, me digo: —Esta noche rezaré durante una hora en la capilla para que se resuelva. Y al dirigirme a dicha capilla, una voz me dice en el fondo de mi corazón: —¿Sabes?, me complacería más que te fueras a acostar inmediatamente y confiaras en mí; yo me ocupo de tu problema. Y recordando mi feliz condición de "servidor inútil", me voy a dormir en paz, abandonando todo en las manos del Señor…

Todo ello viene a decir que la voluntad de Dios está donde existe el máximo amor, pero no forzosamente donde esté el máximo sufrimiento… ¡Hay más amor en descansar gracias a la confianza que en angustiarse por la inquietud!
samto E