1 ene 2013

La Chispa de Dios










LA CHISPA DE DIOS



Cuenta una leyenda que al terminar Dios la creación del mundo decidió dejar una chispa de su ser en la humanidad, pero quería dejarla en un lugar difícil de encontrarla, ya que el ser humano valora muy poco todo aquello que encuentra con facilidad.

Reunido al "Gran Consejo Celeste", sus miembros comenzaron a aconsejarle: Tenéis que esconder la chispa sobre lo más alto de la tierra, o en la mayor profundidad posible, o en el medio de los océanos. A cada propuesta respondía negativamente Dios, ya que estaba seguro que en esos lugares el ser humano, con su espíritu aventurero, con la tecnología y con su aguda inteligencia sería capaz de descubrirla.

Pero a Dios se le ocurrió un lugar seguro: "Voy a esconder mi chispa divina en el lugar más inaccesible de cuantos ustedes y el ser humano puedan imaginar. En un lugar de muy difícil acceso. Voy a esconderla... en lo más profundo de la persona".

Salmo 5 Oración de la mañana



Salmo 5
Oración de la mañana


Señor, escucha mis palabras, 
atiende a mis gemidos, 
haz caso de mis gritos de auxilio, 
Rey mío y Dios mío. 

A ti te suplico, Señor; 
por la mañana escucharás mi voz, 
por la mañana te expongo mi causa, 
y me quedo aguardando. 

Tú no eres un Dios que ame la maldad, 
ni el malvado es tu huésped, 
ni el arrogante se mantiene en tu presencia. 

Detestas a los malhechores, 
destruyes a los mentirosos; 
al hombre sanguinario y traicionero 
lo aborrece el Señor. 

Pero yo, por tu gran bondad, 
entraré en tu casa, 
me postraré ante tu templo santo 
con toda reverencia. 

Señor, guíame con tu justicia, 
porque tengo enemigos; 
alláname tu camino. 

En su boca no hay sinceridad, 
su corazón es perverso; 
su garganta es un sepulcro abierto, 
mientras halagan con la lengua. 

Que se alegren los que se acogen a ti, 
con júbilo eterno; 
protégelos, para que se llenen de gozo 
los que aman tu nombre. 

Porque tú, Señor, bendices al justo, 
y como un escudo lo rodea tu favor. 

31 dic 2012

Ante Jesús Sacramentado



Oh amabilísimo Señor, estoy aquí presente delante de ti con una viva fe y una particular confianza ya que tú con tanto amor te has acercado a mí y te has dado a mí totalmente en modo admirable. ¿Qué cosa no puedo y no debo esperar de tu bondad?

Sí, yo espero, y lo espero sin duda, que habiéndote donado totalmente a mí en este sacramento por mi salvación, por mi proyecto espiritual, por mi perseverancia en la virtud y en la perfección cristiana, tú no me negarás nada de lo que necesitaré y podrá contribuir a mi satisfacción.

Espero que como Mediador, Sacerdote y Victima, por  medio de quien podemos entrar en presencia del Padre Eterno, Tú, me reconcilies con Él, a quien he ofendido tantas veces y en modo grave.

Espero que Tú, como Pan bajado del cielo, vivo y vivificante, nutriéndome de tu Carne y de tu Sangre, me transformarás todo en ti, reinarás en mí, y según tu promesa, abras cuidado que yo en el futuro no viva sino por ti, así como tú no vives sino por tu Padre Eterno.

Finalmente, espero que Tú como gran médico que encarnándote has venido al mundo, donde aún habitas para la sanación de nuestros males, te dignaras concederme, por medio de tu sacrificio y de tu sacramento, la virtud de tus sufrimientos, de tus languideces y de tus llagas. De esta tu Eucaristía es monumento, así como es expresión real de las cicatrices que conse4rvas aún en medio de la gloria, para fortalecer mi alma y mi cuerpo: Haz, oh mi  gran Jesús que esta virtud divina venga todavía  sobre todas las potencias de mi alma y en todas las facultades de mi cuerpo: en mi intelecto para fortalecer y acrecentar mi fe; en mi corazón para separarlo de todas tus criaturas y para inflamarlo con tu santo Amor; para reprimir los movimientos  de mis malas pasiones y para someterlas a las leyes  de la razón y de tu gracia.

Venga finalmente sobre todos mis sentidos y sobre todos los miembros de mi cuerpo, para anonadar en él las rebeldías y los malos deseos.

OH señor, si tú quiere, puedes purificarme y sanarme de todos mis males por medio de este divino Misterio. Yo lo espero de tu infinita bondad y misericordia y por lo pronto invito a todo el mundo a alabarte, adorarte, agradecerte en cada momento en el Santísimo y Divinísimo Sacramento



Amén.


Acordaos, ¡oh piadosísima Virgen María!



Acordaos, ¡oh piadosísima Virgen María!, que jamás se ha oído decir que ninguno de los que han acudido a vuestra protección, implorando vuestro auxilio, haya sido desamparado. Animado por esta confianza, a Vos acudo, oh Madre, Virgen de las vírgenes, y gimiendo bajo el peso de mis pecados me atrevo a comparecer ante Vos. Oh madre de Dios, no desechéis mis súplicas, antes bien, escuchadlas y acogedlas benigna mente. Amén.


Santo Evangelio 31 de Diciembre de 2012




Autor: Misael Cisneros | Fuente: Catholic.net
Y la Palabra se hizo carne
Juan 1, 1-18. Dejar que la luz de la cueva de Belén entre en nuestro entendimiento y sobre todo en nuestro corazón.


Del santo Evangelio según san Juan 1, 1-8

En el principio existía la Palabra y la Palabra estaba con Dios, y la Palabra era Dios. Ella estaba en el principio con Dios.
Todo se hizo por ella y sin ella no se hizo nada de cuanto existe. En ella estaba la vida y la vida era la luz de los hombres, y la luz brilla en las tinieblas, y las tinieblas no la vencieron. Hubo un hombre, enviado por Dios: se llamaba Juan. Este vino para un testimonio, para dar testimonio de la luz, para que todos creyeran por él. No era él la luz, sino quien debía dar testimonio de la luz. La Palabra era la luz verdadera que ilumina a todo hombre que viene a este mundo. En el mundo estaba, y el mundo fue hecho por ella, y el mundo no la conoció. Vino a su casa, y los suyos no la recibieron. Pero a todos los que la recibieron les dio poder de hacerse hijos de Dios, a los que creen en su nombre; la cual no nació de sangre, ni de deseo de hombre, sino que nació de Dios. Y la Palabra se hizo carne, y puso su Morada entre nosotros, y hemos contemplado su gloria, gloria que recibe del Padre como Hijo único, lleno de gracia y de verdad. Juan da testimonio de él y clama: Este era del que yo dije: El que viene detrás de mí se ha puesto delante de mí, porque existía antes que yo. Pues de su plenitud hemos recibido todos, y gracia por gracia. Porque la Ley fue dada por medio de Moisés; la gracia y la verdad nos han llegado por Jesucristo. A Dios nadie le ha visto jamás: el Hijo único, que está en el seno del Padre, él lo ha contado. 

Oración introductoria

Señor Jesús, ante un año más que termina te suplico humildemente que me concedes vivir junto a Ti el nuevo año, que está por comenzar para que sea una nueva oportunidad de mejorar mi servicio a los demás. Ven, Espíritu Santo, y guía esta oración para que sepa encontrar en ella la luz que guíe mi propósito de crecer en el amor.

Petición

Jesús, no quiero pedirte nada, sino darte las gracias por todos tus beneficios, pues sé que todo lo que soy y todo lo que tengo es un don tuyo.

Meditación del Papa

Todo eso no tiene nada de sensiblería. Precisamente en la nueva experiencia de la realidad de la humanidad de Jesús se revela el gran misterio de la fe. Francisco amaba a Jesús, al niño, porque en este ser niño se le hizo clara la humildad de Dios. Dios se ha hecho pobre. Su Hijo ha nacido en la pobreza del establo. En el niño Jesús, Dios se ha hecho dependiente, necesitado del amor de personas humanas, a las que ahora puede pedir su amor, nuestro amor. La Navidad se ha convertido hoy en una fiesta de los comercios, cuyas luces destellantes esconden el misterio de la humildad de Dios, que nos invita a la humildad y a la sencillez. Roguemos al Señor que nos ayude a atravesar con la mirada las fachadas deslumbrantes de este tiempo hasta encontrar detrás de ellas al niño en el establo de Belén, para descubrir así la verdadera alegría y la verdadera luz. (Benedicto XVI, 24 de diciembre de 2011).

Reflexión

Hoy nuestros ojos ven la luz para no andar en tinieblas. Cristo niño se nos presenta como la estrella que guiará nuestros pasos en la noche de la vida, pues cuando la noche es más negra es cuando más brillan las estrellas, es cuando más fuerte brilla Cristo en nuestro corazón.

El ambiente de la Navidad es uno de los períodos que más disfrutamos y que más deseamos. Tal vez si nos dieran a elegir por un estado permanente en nuestra vida escogeríamos la Navidad. No sólo por los regalos, fiestas, turrones y música, sino porque en el fondo resuenan palabras de amor, de esperanza, de perdón que nos gustaría escuchar más a menudo.

En este día nuestros ojos contemplan la imagen de un niño que como todo recién nacido, cautiva por su sencillez, por su hermosura, por su debilidad. Experimentamos la necesidad de prestarle nuestra ayuda y nuestra atención. Esto es lo que admiran nuestros ojos materiales: un niño que llora, duerme y sonríe. Pero nuestros ojos espirituales vislumbran por la fe al Verbo hecho carne por amor a nosotros los hombres.

Está de nuestra parte, por tanto, que nosotros aceptemos esa luz que viene a iluminar nuestro corazón, que viene a traernos la alegría y sobre todo la esperanza y el amor, a pesar de que muchos hombres se esfuercen por apretar los ojos para no ver la Luz que es Cristo. Podemos pensar la imagen de Cristo en el portal a través de un prisma en donde todos sus rayos son rayos que reflejan a un padre bueno, no tirano ni cruel, a un amigo con el que siempre podemos contar, a un hermano que nos prestará su apoyo incondicional para realizar nuestras pequeñas o grandes empresas. Así se nos presenta hoy el Verbo encarnado, como un destello de esperanza y de amor. Sólo necesitamos dejar que la luz de la cueva de Belén penetre en nuestro entendimiento y sobre todo en nuestro corazón.

Propósito

Como parte de la celebración del fin de año, leer un pasaje del Evangelio que hable sobre el amor de Dios.

Diálogo con Cristo

Señor, gracias por darme tu Palabra para conocer el camino que me puede llevar a la santidad. Gracias por tu amor y por todas las gracias que me has concedido. Me duele mucho el haberte fallado tantas veces, te pido perdón por esas ocasiones que no supe amar, confío en tu misericordia. Te suplico que mis actitudes y actos concretos estén siempre impregnados por el amor.

Salmo 4


Salmo 4
Acción de gracias


Escúchame cuando te invoco, Dios, defensor mío; 
tú que en el aprieto me diste anchura, 
ten piedad de mí y escucha mi oración. 

Y vosotros, ¿hasta cuándo ultrajaréis mi honor, 
amaréis la falsedad y buscaréis el engaño? 
Sabedlo: el Señor hizo milagros en mi favor, 
y el Señor me escuchará cuando lo invoque. 

Temblad y no pequéis, 
reflexionad en el silencio de vuestro lecho; 
ofreced sacrificios legítimos 
y confiad en el Señor. 

Hay muchos que dicen: "¿Quién nos hará ver la dicha, 
si la luz de tu rostro ha huido de nosotros?" 

Pero tú, Señor, has puesto en mi corazón más alegría 
que si abundara en trigo y en vino. 

En paz me acuesto y en seguida me duermo, 
porque tú sólo, Señor, me haces vivir tranquilo. 

Himno: UN TAN HERMOSO DONCEL


Himno: UN TAN HERMOSO DONCEL

Un tan hermoso Doncel
hoy ha nacido en el suelo,
que la luna y sol del cielo
no lucen delante de él.

Es un Niño en quien se halla
hermosura tan sin par,
que no se pueden hartar
los ángeles de miralla.

Y aun lo menos que hay en él
es lo que mostró en el suelo,
pues la luna y sol del cielo
no lucen delante de él.

Nació este hermoso Doncel
de una graciosa Doncella,
después de Dios la más bella
de todo lo que no es él.

Como al fin Madre de aquel
que es Rey del cielo y del suelo,
y que las lumbres del cielo
no lucen delante de él.

Al Padre, al Hijo, al Amor,
alegres cantad, criaturas,
y resuene en las alturas
toda gloria y todo honor. Amén.