22 nov 2012

La difamación...como agua en el suelo


Autor: Ma Esther De Ariño | Fuente: Catholic.net 
La difamación...como agua en el suelo
Nos gusta "el chisme" Saber, enterarnos de secretos para luego correr a contarlos, desde luego, siempre corregidos y aumentados.


La difamación...como agua en el suelo
Nos está tocando vivir días inquietantes de atmósfera cargada, no solo por la contaminación, sino por tantos rumores encargados de desestabilizar al país y con él a sus habitantes.

Nada tan nocivo como un bulo que empieza como chispa de un lugar oscuro en corazones perversos, en bocas malsanas que traman asustar, inquietar y destruir la paz y confianza de los hombres que con el esfuerzo cotidiano buscan dar empuje y un buen rumbo al país. 

Seamos sensatos y ecuánimes y no demos entrada a tantos rumores que no sirven para otra cosa que para empeorarnos y crear barullo y desconfianza convirtiendo en caos la vida que ya de por si está bastante difícil.

Nos gusta "el chisme" y si es amarillista, mejor. Nos gusta saber, enterarnos de secretos para luego correr a contarlos, desde luego, siempre corregidos y aumentados. 

Muchas personas caen en ese dañino y cruel juego... por eso nada nos inspira tanta confianza como conocer y tratar a una persona que jamás la oímos hablar mal de nadie, que no critica o que aún más, siempre busca alguna palabra de excusa para la persona criticada o busca la forma de justificar una u otra conducta.

Los Mandamientos de Dios, no son para someter a los seres humanos a un sinfín de negativas, sino para protegerlos y encauzarlos por el sendero por el que, por cumplirlos, encontrarán la felicidad y de quienes los rodean, contiene UNO en el que se nos pide: no mentir y no levantar falsos testimonios. 

Nos rodea el extremismo tanto en los crímenes como en la vida de las personas...

El mal trabaja, el mal no descansa. Mientras las buenas conciencias duermen, las fuerzas del mal maquinan asaltos, robos, violaciones, rumores nefastos, asesinatos. Y sabemos que no siempre es con un arma de fuego con lo que se puede terminar una vida. Es nuestra lengua la que puede herir, matar. Con nuestra lengua se puede hacer que una persona pierda su puesto de trabajo, se puede deshacer un matrimonio, se puede sembrar el odio entre hermanos, se puede quitar la honra de una persona con la difamación, con una calumnia... que una vez dicha es como agua derramada en el suelo
Aunque después se trate de recoger siempre quedará algo que nos haga albergar el sentimiento de la duda. 

Aunque parezca extremoso el pecado de la difamación y la calumnia es pecado grave, haciéndonos perder la gracia de Dios. 

Tengamos mucho cuidado de no propagar lo que nos cuentan, sobre todo si no nos consta para nada el hecho en cuestión y seamos cuidadosos con la honra y el buen nombre de los demás, como nos gustaría que hicieran con nosotros....

21 nov 2012

El trapecista


 


Martes, 20 de noviembre de 2012

Decía H. Noewen, autor del libro “El regreso del hijo pródigo”,  que el creyente se asemeja a un trapecista de circo. El trapecista se suelta del trapecio, con doble e incluso triple mortal, confiando en las manos firmes de su compañero que lo atrapará y no permitirá que caiga al suelo. De igual forma el cristiano necesita arriesgar su vida en determinados momentos, apostándolo todo a la promesa de salvación.

Esta confianza en Dios, base de la conversión del corazón, requiere que auténticamente estemos dispuestos a soltarnos en Él, a dejarnos sostener por sus manos de Padre.

Al igual que el trapecista, al soltarnos de nuestras ataduras, debemos esperar con manos firmes y sin vacilación, esto es, con fe, que Él no permitirá nuestra caída.Sin embargo, a diferencia de aquel, esta espera puede ser larga y particularmente difícil para nuestra alma. Es fácil enredarse en complicaciones, dudas y luchas interiores. En estos duros momentos de espera, no podemos seguir sino andando con sosiego un paso tras otro, alegrándonos con el sol que sale hoy, marchando con un corazón amplio, por el camino que hoy es el nuestro.

Lo demás, lo de ayer y lo de mañana, no debe inquietarnos. Debemos fiarnos de Dios y seguir dejándonos caer en sus brazos.Caminar, esperar y dejar que los pajarillos sigan cantando. Un día será primavera en nuestra alma y se abrirán las rosas.

Confiar en Dios es ponernos en sus manos, de ahí que los teólogos coinciden en que la fe no es, en primer término, dar por cierto hechos, sino tener confianza en Dios. Ellos hablan de una 'fe en ti' en oposición a la mera 'fe en que...'.  Tener fe significa tener confianza en Dios. El término alemán 'vertrauen' (tener confianza) proviene de treu 'fiel' y significa: firmeza. Quien tiene confianza en Dios, tiene un fundamento sólido bajo sus pies. Al mismo tiempo, la confianza en Dios es sostén para aprender a desarrollar la confianza en uno mismo y en las otras personas.

Permitidme que acabe la reflexión de esta semana invitándoos a que meditéis esta oración que me ha ayudado mucho en distintos momentos de mi vida, es de TEILHARD DE CHARDIN , dice así:

"No te inquietes por las dificultades de la vida, por sus altibajos, por sus decepciones, por su porvenir más o menos sombrío. Quiere lo que Dios quiere.

Ofrécele en medio de inquietudes y dificultades el sacrificio de tu alma sencilla que, pese a todo, acepta los designios de su providencia.

Poco importa que te consideres un frustrado si Dios te considera plenamente realizado; a su gusto. Piérdete confiado ciegamente en ese Dios que te quiere para sí. Y que llegará hasta ti, aunque jamás le veas. Piensa que estás en sus manos,
tanto más fuertemente cogido, cuanto más decaído y triste te encuentres.


Vive feliz. Te lo suplico. Vive en paz. Que nada te altere. Que nada sea capaz de quitarte tu paz. Ni la fatiga psíquica. Ni tus fallos morales. Haz que brote, y conserva siempre sobre tu rostro una dulce sonrisa, reflejo de la que el Señor continuamente te dirige.


Y en el fondo de tu alma coloca, antes que nada, como fuente de energía y criterio de verdad, todo aquello que te llene de la paz de Dios. Recuerda: cuanto te reprima e inquiete es falso. Te lo aseguro en nombre de las leyes de la vida y de las promesas de Dios. Por eso, cuando te sientas  apesadumbrado, triste, adora y confía..."



Tirar la primera piedra






Tirar la primera piedra.

Jesús de Nazaret era trementamente sorprendente en su vida pública. Él acogía a los pecadores y marginados como un gesto revolucionario de que Dios estaba de su parte y que había esperanza para ellos.

En cierta ocasión, cuando todo el peso de la ley atentaba contra una mujer adúltera, Él lanzó contra una multitud que la condenaba unas palabras de fuego, que paralizaron sus corazones y petrificaron sus deseos de venganza: “Aquel de vosotros que esté libre de pecado, que le tire la primera piedra” (Lc 8,7b). 
El relato evangélico nos dice que se marcharon uno tras otro, comenzando por los más viejos.

También hoy tú puedes sentir en tu vida, en ocasiones repleta de miserias, que las palabras de Cristo se repiten en tu historia y que no debes de juzgar sin misericordia a nadie, porque tus propios juicios se pueden volver contra tu propia existencia.

Autor: Francisco Baena