8 jul 2022

Santo Evagelio 8 de Julio 2022

  


Texto del Evangelio (Mt 10,16-23):

 En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Mirad que yo os envío como ovejas en medio de lobos. Sed, pues, prudentes como las serpientes, y sencillos como las palomas. Guardaos de los hombres, porque os entregarán a los tribunales y os azotarán en sus sinagogas; y por mi causa seréis llevados ante gobernadores y reyes, para que deis testimonio ante ellos y ante los gentiles. Mas cuando os entreguen, no os preocupéis de cómo o qué vais a hablar. Lo que tengáis que hablar se os comunicará en aquel momento. Porque no seréis vosotros los que hablaréis, sino el Espíritu de vuestro Padre el que hablará en vosotros.

Entregará a la muerte hermano a hermano y padre a hijo; se levantarán hijos contra padres y los matarán. Y seréis odiados de todos por causa de mi nombre; pero el que persevere hasta el fin, ése se salvará. Cuando os persigan en una ciudad huid a otra, y si también en ésta os persiguen, marchaos a otra. Yo os aseguro: no acabaréis de recorrer las ciudades de Israel antes que venga el Hijo del hombre».



«Seréis odiados de todos por causa de mi nombre»


P. Josep LAPLANA OSB Monje de Montserrat

(Montserrat, Barcelona, España)

Hoy, el Evangelio remarca las dificultades y las contradicciones que el cristiano habrá de sufrir por causa de Cristo y de su Evangelio, y como deberá resistir y perseverar hasta el final. Jesús nos prometió: «Yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo» (Mt 28,20); pero no ha prometido a los suyos un camino fácil, todo lo contrario, les dijo: «Seréis odiados de todos por causa de mi nombre» (Mt 10,22).

La Iglesia y el mundo son dos realidades de “difícil” convivencia. El mundo, que la Iglesia ha de convertir a Jesucristo, no es una realidad neutra, como si fuera cera virgen que sólo espera el sello que le dé forma. Esto habría sido así solamente si no hubiese habido una historia de pecado entre la creación del hombre y su redención. El mundo, como estructura apartada de Dios, obedece a otro señor, que el Evangelio de san Juan denomina como “el señor de este mundo”, el enemigo del alma, al cual el cristiano ha hecho juramento —en el día de su bautismo— de desobediencia, de plantarle cara, para pertenecer sólo al Señor y a la Madre Iglesia que le ha engendrado en Jesucristo.

Pero el bautizado continúa viviendo en este mundo y no en otro, no renuncia a la ciudadanía de este mundo ni le niega su honesta aportación para sostenerlo y para mejorarlo; los deberes de ciudadanía cívica son también deberes cristianos; pagar los impuestos es un deber de justicia para el cristiano. Jesús dijo que sus seguidores estamos en el mundo, pero no somos del mundo (cf. Jn 17,14-15). No pertenecemos al mundo incondicionalmente, sólo pertenecemos del todo a Jesucristo y a la Iglesia, verdadera patria espiritual, que está aquí en la tierra y que traspasa la barrera del espacio y del tiempo para desembarcarnos en la patria definitiva del cielo.

Esta doble ciudadanía choca indefectiblemente con las fuerzas del pecado y del dominio que mueven los mecanismos mundanos. Repasando la historia de la Iglesia, Newman decía que «la persecución es la marca de la Iglesia y quizá la más duradera de todas».


Reina concebida sin mancha de pecado original



 Reina concebida sin mancha de pecado original


El título que vamos a comentar es muy glorioso para la Virgen María.

Fue el gesto sabio y providente del gran Pontífice Pío IX quien el 8 de Diciembre de 1854, la insertó en el sagrado tesoro de la fe católica por el Dogma de la Inmaculada Concepción.

Este singular privilegio de haber sido preservada de la culpa original, coloca a la Virgen junto al eterno Hijo de Dios, con un linaje de gloria que es el mayor que puede concebirse,

Para comprender este artículo de nuestra fe, hemos de remontarnos a la cuna del género humano cuando el pecado despojó a los primeros seres humanos de la gracia de Dios, de los dones sobrenaturales que Dios les había otorgado y de la justicia original.

La justicia original consistía en un conocimiento más perfecto de Dios y de si mismos, en la sujeción de la razón y de la voluntad a la ley Divina, en la inmortalidad del cuerpo y en la exención del dolor y de la fatiga. Todo esto se perdió por el pecado original.

Por este pecado tenemos necesidad de la redención de Jesucristo y de la gracia de Dios, gracia que nos sitúa en un estado, bajo muchos aspectos mejor que aquel del cual caímos, "donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia". (Rom. 5.20).

Argumentos que prueban la Inmaculada Concepción de María.

Para fortalecer nuestra fe es suficiente la voz infalible de la Iglesia, pero para mayor gloria de Dios y de María Santísima, examinaremos los principales argumentos en los que se funda el Dogma de la Inmaculada Concepción.

La Sagrada Escritura:

De un privilegio tan excelso de María, nos dio el mismo Dios claro testimonio cuando prometió al futuro Redentor y afirmaba, dirigiéndose al demonio: "pondré enemistades entre ti y la mujer, entre tu linaje y el suyo, ella aplastará tu cabeza,"

María Santísima y su Divino Hijo tendrán los dos las mismas enemistades con el demonio, con el pecado, por consiguiente María será concebida como concebirá Ella a Jesús, en la enemistad del mal, o sea sin pecado.

• La tradición:

En las obras de los santos Padres y de los escritores eclesiásticos, se encuentran varias frases que expresan la pureza Inmaculada de María Santísima.

• La razón:

Dios es santidad Infinita, esencial, absoluta. Dios no puede habitar donde no brilla la santidad más perfecta y más pura. Esta es la razón por la cual María fue preservada del pecado original, porque Dios pudo consentir que Ella fuera pobre, ignorada, y aun despreciada a los ojos del mundo, pero no pudo permitir que fuera ni un solo instante esclava del pecado. El Altísimo santificó su tabernáculo.

Porque María estaba destinada a ser Madre de Dios, fue preservada del pecado original, así lo exigía la santidad de Cristo, el honor de Dios, el atributo necesario de su santidad.

Otra prueba de la Inmaculada Concepción de María puede deducirse de su oficio de Corredentora de la humanidad. No queremos significar con esto que la Obra Redentora de Jesucristo y la de su Madre deban situarse en un mismo plano de igualdad; Ella cooperó al gran rescate como y cuanto pudo hacerlo una criatura, según la ordenación divina. El Hijo de Dios, queriendo redimir a la humanidad, se hizo hombre en el seno purísimo de María, que fue el instrumento, el medio por el cual El asumió nuestra naturaleza. María Santísima concurrió de hecho, especialmente en el Calvario a la Oblación de Jesús. En este sentido la llamamos Corredentora.

He aquí como la Sagrada Escritura, los Santos Padres, la revelación y también la razón iluminada por la fe demuestran la verdad de la Inmaculada Concepción de María y cuan justamente la Iglesia Católica honra y saluda a la Virgen como Reina concebida sin mancha del pecado original.

¡Virgen Inmaculada. Madre de Dios y Madre nuestra. purifica nuestros corazones y prepáralos para recibir a Jesucristo, el Cordero Inmaculado, en el Sacramento del Amor!.

NOTA.- Con la verdad católica sobre el pecado original, queda abatido el primer fundamento de todas las herejías antiguas y modernas, las cuales niegan ESTA VERDAD,

Es evidente que si no existió el pecado original, es inútil la Redención de Cristo. inútil la Iglesia fundada por El, inútil la Jerarquía, etc. La solemne definición del Dogma de la Inmaculada Concepción de María aplasta todos los errores contra la fe y contribuye poderosamente a la exaltación de la FE CATÓLICA.


 

Salmo 120 - EL GUARDIÁN DEL PUEBLO.



 Salmo 120 - EL GUARDIÁN DEL PUEBLO.


Levanto mis ojos a los montes:

¿de dónde me vendrá el auxilio?

El auxilio me viene del Señor,

que hizo el cielo y la tierra.


No permitirá que resbale tu pie,

tu guardián no duerme;

no duerme ni reposa

el guardián de Israel.


El Señor te guarda a su sombra,

está a tu derecha;

de día el sol no te hará daño,

ni la luna de noche.


El Señor te guarda de todo mal,

él guarda tu alma;

el Señor guarda tus entradas y salidas,

ahora y por siempre.


Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

7 jul 2022

Santo Evangelio 7 de Julio 2022

  


Texto del Evangelio (Mt 10,7-15):

 En aquel tiempo, Jesús dijo a sus Apóstoles: «Id proclamando que el Reino de los Cielos está cerca. Curad enfermos, resucitad muertos, purificad leprosos, expulsad demonios. Gratis lo recibisteis; dadlo gratis. No os procuréis oro, ni plata, ni calderilla en vuestras fajas; ni alforja para el camino, ni dos túnicas, ni sandalias, ni bastón; porque el obrero merece su sustento. En la ciudad o pueblo en que entréis, informaos de quién hay en él digno, y quedaos allí hasta que salgáis. Al entrar en la casa, saludadla. Si la casa es digna, llegue a ella vuestra paz; mas si no es digna, vuestra paz se vuelva a vosotros. Y si no se os recibe ni se escuchan vuestras palabras, salid de la casa o de la ciudad aquella sacudiendo el polvo de vuestros pies. Yo os aseguro: el día del Juicio habrá menos rigor para la tierra de Sodoma y Gomorra que para aquella ciudad».



«Id proclamando que el Reino de los Cielos está cerca»


Rev. D. Antonio BORDAS i Belmonte

(L’Ametlla de Mar, Tarragona, España)

Hoy, el texto del Evangelio nos invita a evangelizar; nos dice: «Predicad» (cf. Mt 10,7). El anuncio es la buena nueva de Jesús, que intenta hablarnos del reino de Dios, que Él es nuestro salvador, enviado por el Padre al mundo y, por este motivo, el único que nos puede renovar desde dentro y cambiar la sociedad en la que vivimos.

Jesús anunciaba que «el Reino de los Cielos está cerca» (Mt 10,7). Él era el anunciador del reino de Dios que se hacía presente entre los hombres y mujeres en la medida en que el bien avanzaba y retrocedía el mal.

Jesús quiere la salvación del hombre total, en su cuerpo y en su espíritu; más aun, ante el enigma que preocupa a la humanidad, que es la muerte, Jesús propone la resurrección. Quien vive muerto por el pecado, cuando recupera la gracia, experimenta una nueva vida. Éste es un gran misterio que comenzamos a experimentar a partir de nuestro bautismo: ¡los cristianos estamos llamados a la resurrección!

Una muestra de cómo el Papa Francisco busca el bien del hombre: «Esta “cultura del descarte” nos ha hecho insensibles también al derroche y al desperdicio de alimentos. En otro tiempo nuestros abuelos cuidaban mucho que no se tirara nada de comida sobrante. ¡El alimento que se desecha es como si se robara de la mesa del pobre, de quien tiene hambre!».

Jesús nos dice que seamos siempre portadores de paz. Cuando los sacerdotes llevamos la Comunión a un enfermo decimos: «¡La paz del Señor sea en esta casa!». Y la paz de Cristo permanece ahí, si hay personas dignas de ella. Para recibir los dones del reino de Dios se necesita una buena disposición interior. Por otro lado, también vemos cómo mucha gente pone excusas para no recibir el Evangelio.

Nosotros tenemos un gran cometido entre los hombres, y es que no podemos dejar de anunciar el Evangelio después de haber creído, porque vivimos de él y queremos que otros también lo vivan.

Reina de todos los Santos



 Reina de todos los Santos


No se piense que es superfluo este titulo, otorgado ya a María al recordar las varias clases de santos, ni se crea que la Iglesia haga aquí un recapitulación de los títulos precedentes. Esta Invocación nos parece fundada sobre dos justas razones:

1. Que María es canal de toda santidad. Que entre todas las criaturas, Ella fue el modelo más perfecto de santidad.

La primera de estas razones ha sido extensamente explicada en el decurso de estas meditaciones:

María es el canal por el cual Dios, autor y fuente de toda gracia, hace llegar hasta nosotros la virtud y la santidad. En el cuerpo místico de Jesucristo, Ella hace, por decirlo así, el oficio de cuello: transmite a la Cabeza las súplicas de los miembros y desde la Cabeza hace llegar a todo el cuerpo (místico) aquellas gracias por las cuales crece toda virtud, toda perfección y santidad.

Ilustraremos aquí la segunda razón: María, modelo de santidad para todos, especialmente para la mujer.

Dios es la santidad primera, la santidad por esencia, a esta divina santidad y perfección debemos conformar necesariamente la nuestra. La santidad divina aparece infinitamente lejana, en una luz inaccesible ... pero Dios nos la hizo accesible en su Unigénito Hijo, Jesucristo, dice San Pablo: "Dios nos eligió en Cristo, antes de la constitución del mundo, para que fuésemos santos e inmaculados ante El y nos predestinó en caridad a la adopción de hijos suyos por Jesucristo, conforme al beneplácito de su voluntad para alabanza y gloria de su gracia". (Ef. 1: 4-6).

El hombre, elevado por la misericordia Divina al estado sobrenatural y constituido hijo de Dios, tiene en Jesucristo el espejo de la perfección divina, pero los rayos que emanan de Jesucristo son todavía demasiado brillantes para la dignidad humana; la suya es una santidad increada, infinita.

Es cierto que El practicó las virtudes sencillas permitidas al hombre, como la humildad, la paciencia, la obediencia, etc., pero el modo y la perfección como las vivió son infinitamente superiores a las fuerzas humanas, aunque estén apoyadas por la gracia.

Para allanarnos el camino de la santidad, Dios nos propuso en nuestra Señora un modelo de santidad creada, una luz más suave a nuestros débiles ojos, un modelo, el más cercano a la santidad infinita, que nos animara a imitarla.

Ella poseyó sin duda una perfección y una santidad sobrehumanas, pero una santidad creada, unida a aquella perfección a la que no llegará jamás ninguna criatura; se acerca y toca los confines del infinito. La santidad de María es solo inferior a la santidad de Dios. María espejo, ejemplo y modelo perfecto de santidad, es lo que nos propone la Iglesia cuando la invoca como Reina de los santos.

María Santísima modelo de la mujer cristiana.

Quien conozca la importancia moral de la mujer en el mundo no podrá menos de admirar la Providencia de Dios por haber preparado en la Virgen Madre, el modelo singular de la perfección femenina.

La mujer constituye la mitad del género humano, y es ella la que forma y educa a la otra mitad. La mujer que usa rectamente de los preciosos atractivos de naturaleza y de gracia con los cuales Dios la ha enriquecido, tiene un ascendente bienhechor sobre su esposo y un influjo poderoso y decisivo sobre el carácter y la conciencia de los hijos.

Más profunda y más grande es la influencia social de la mujer - madre. Los principios de la educación maternal permanecen imborrables; aún cuando en medio del torbellino de las pasiones y de la vida el sello de la mano materna permanezca obscurecido y sepultado bajo las ruinas de los vicios, tarde o temprano sale de nuevo y conduce a !os extraviados al buen sendero, como bajo las ruinas sembradas por los vándalos o bajo la capa del olvido, reaparece la belleza artística de los antiguos monumentos. Se puede decir que la sociedad es como quiere la mujer.

En la antigüedad, la mujer no contaba para nada en la sociedad, era esclava de las pasiones del hombre y la mitad del linaje humano era para la otra mitad fomento y causa de corrupción.

El hombre y la mujer tenían extrema necesidad de un remedio poderoso que los sanara, que los hiciera en verdad virtuosos y santos. Este poderoso remedio fue ofrecido por Jesucristo, por su religión, por su moral y por su gracia.

El decreto de Cristo devolvió al matrimonio su unidad natural y su indisolubilidad y lo elevó a la dignidad de Sacramento. El ejemplo de Cristo y de la Inmaculada Virgen María: he allí la medicina que restauró al hombre y ennobleció a la mujer.

María Santísima es el modelo perfecto de la mujer, esposa y madre.

• ESPOSA.- María Santísima fue perfecta, santa y amorosa esposa de San José, en Ella las virtudes humanas eran sobrenaturales (esposa del Espíritu Santo), pero tomando en cuenta el ser de esposas y esposos terrenales aplicaremos de la la. Carta a los Corintios (cfr. Cap. 7).

La esposa debe tener un verdadero amor de caridad al esposo que supone, entre otras cosas:

• Paciencia ... perseverando con constancia en aquel o aquellos buenos ideales que resulta difícil alcanzar por diferencia en: educación, criterio, opiniones y hasta de valores ... y por medio de oración, de amor manifestado y evitando discusiones, tratar de convencer al esposo del bien que se persigue.

• Ser servicial - atenderlo con alegría, prontitud y lo mejor posible, no dejándose llevar por los errores actuales, que, promoviendo la liberación de la mujer pretenden, entre otras cosas, que la mujer no debe atender al esposo.

• No ser jactanciosa - no alabarse a sí misma, ni cansar al esposo con comentarios inútiles.

• No ser engreída - no le presuma de su valer (imaginario o real) haciéndolo sentir inferior.

• Ser decorosa - respetuosa de los gustos y aficiones del esposo, así como de sus familiares y amigos.

• No olvide la esposa que LA CARIDAD ES COMPRENSIVA Y MISERICORDIOSA, QUE ESPERA SIN LÍMITES Y PERDONA SIEMPRE. MADRE - Oficio y dignidad principal de la mujer es la maternidad, que le impone sagrados deberes (no olvidarlo nunca ya que actualmente se combate mucho esta gran dignidad de la maternidad).

El primero de estos deberes es el de aceptar de Dios y con gratitud aquellos hijos que quiera confiarle. Hoy la mujer mundana desea ser esposa pero rehuye el honor de la maternidad. El ritmo regulado de la vida de familia no le agrada; fatigarse para construir, piedra sobre piedra el edificio de la educación de sus hijos, es una empresa que no quiere asumir. Hoy la maternidad se limita lo más posible y aun cuando se acepte, no se le considera con alegría, sino más bien como un paréntesis doloroso en el movimiento acelerado de la vida moderna que ofrece a la mujer otros atractivos.

La maternidad que se sacrifica y que en el plan de la Providencia debería colocar a la mujer en lugar muy alto, es hoy abiertamente rechazada como algo que no corresponde a esta época, corno la supervivencia de una mentalidad superada. Y es que fuera del clima verdaderamente espiritual del cristianismo, hoy la maternidad es una función mecánica, determinada por el egoísmo.

Toda esposa cristiana, ante el dulce sacrificio de la maternidad, aun en medio de las angustias y de las dificultades de nuestros tiempos, debe repetir la palabra de nuestra Señora: "FIAT" ... HÁGASE.

El Papa Pío XI, al recibir en una ocasión a unas madres italianas les dijo: "La primera gloria de la Virgen Santísima es que es Madre de Dios y Madre nuestra. Ustedes tienen en su activo el ser madres tantas veces cuantos son los hijos que la Providencia les ha dado y confiado ... hasta entregarles tantas vidas y tantas almas ... ustedes deben confiar en El como El ha confiado en ustedes"

Otro deber de la madre es la educación cristiana de sus hijos. No debe olvidar que tienen necesidad de una educación paciente y constante, hecha de instrucción, corrección, vigilancia y de buen ejemplo.

¡Virgen Santa, excelsa Reina de todos los santos, tú que en el estado de Esposa y de Madre diste tan altos ejemplos de perfección, santifica a la mujer y con ella a la familia y a la sociedad.

 

El Templo de Dios es Santo, y ese Templo sois vosotros

 


El Templo de Dios es Santo, y ese Templo sois vosotros


Yo y el Padre vendremos a fijar en él nuestra morada. Que cuando venga encuentre, pues, tu puerta abierta, ábrele tu alma, extiende el interior de tu mente para que pueda contemplar en ella riquezas de rectitud, tesoros de paz, suavidad de gracia. Dilata tu corazón, sal al encuentro del sol de la luz eterna que ilumina a todo hombre. Esta luz verdadera brilla para todos, pero el que cierra sus ventanas se priva a sí mismo de la luz eterna. También tú, si cierras la puerta de tu alma, dejas afuera a Cristo. Aunque tiene poder para entrar, no quiere sin embargo ser inoportuno, no quiere obligar a la fuerza.

Él salió del seno de la Virgen como el sol naciente, para iluminar con su luz todo el orbe de la tierra. Reciben esta luz los que desean la claridad del resplandor sin fin, aquella claridad que no interrumpe noche alguna. En efecto, a este sol que vemos cada día suceden las tinieblas de la noche; en cambio, el sol de justicia nunca se Del Comentario de san Ambrosio, obispo, sobre el salmo ciento dieciocho.

(Núms. 12, 13-14: CSEL 62, 258-259)

Dichoso, pues, aquel a cuya puerta llama Cristo. Nuestra puerta es la fe, la cual, si es resistente, defiende toda la casa. Por esta puerta entra Cristo. Por esto dice la Iglesia en el Cantar de los cantares: La voz de mi amado llama a la puerta. Escúchalo cómo llama, cómo desea entrar: ¡Ábreme, hermana mía, amada mía, paloma mía! Que está mi cabeza cubierta de rocío, y mis cabellos de la escarcha de la noche.

Considera cuándo es principalmente que llama a tu puerta el Verbo de Dios, siendo así que su cabeza está cubierta del rocío de la noche. El se digna visitar a los que están tentados o atribulados, para que nadie sucumba bajo el peso de la tribulación. Su cabeza, por tanto, se cubre de rocío o de escarcha cuando su cuerpo está en dificultades. Entonces, pues, es cuando hay que estar en vela, no sea que cuando venga el Esposo se vea obligado a retirarse. Porque si estás dormido y tu corazón no está en vela, se marcha sin haber llamado; pero si tu corazón está en vela, llama y pide que se le abra la puerta.

Hay, pues, una puerta en nuestra alma, hay en nosotros aquellas puertas de las que dice el salmo: ¡Portones!, alzad los dinteles, levantaos, puertas antiguas: va a entrar el Rey de la gloria. Si quieres alzar los dinteles de tu fe, entrará a ti el Rey de la gloria, llevando consigo el triunfo de su pasión. También el triunfo tiene sus puertas, pues leemos en el salmo lo que dice el Señor Jesús por boca del salmista: Abridme las puertas del triunfo.

Del Comentario de san Ambrosio, obispo, sobre el salmo ciento dieciocho.

(Núms. 12, 13-14: CSEL 62, 258-259)


6 jul 2022

Santo Evangelio 6 de Julio 2022

  


Texto del Evangelio (Mt 10,1-7):

 En aquel tiempo, llamando a sus doce discípulos, les dio poder sobre los espíritus inmundos para expulsarlos, y para curar toda enfermedad y toda dolencia. Los nombres de los doce Apóstoles son éstos: primero Simón, llamado Pedro, y su hermano Andrés; Santiago el de Zebedeo y su hermano Juan; Felipe y Bartolomé; Tomás y Mateo el publicano; Santiago el de Alfeo y Tadeo; Simón el Cananeo y Judas el Iscariote, el mismo que le entregó. A éstos doce envió Jesús, después de darles estas instrucciones: «No toméis camino de gentiles ni entréis en ciudad de samaritanos; dirigíos más bien a las ovejas perdidas de la casa de Israel. Id proclamando que el Reino de los Cielos está cerca».



«Id proclamando que el Reino de los Cielos está cerca»


Rev. D. Fernando PERALES i Madueño

(Terrassa, Barcelona, España)

Hoy, el Evangelio nos muestra a Jesús enviando a sus discípulos en misión: «A éstos doce envió Jesús, después de darles estas instrucciones» (Mt 10,5). Los doce discípulos forman el “Colegio Apostólico”, es decir “misionero”; la Iglesia, en su peregrinación terrena, es una comunidad misionera, pues tiene su origen en el cumplimiento de la misión del Hijo y del Espíritu Santo según los designios de Dios Padre. Lo mismo que Pedro y los demás Apóstoles constituyen un solo Colegio Apostólico por institución del Señor, así el Romano Pontífice, sucesor de Pedro, y los Obispos, sucesores de los Apóstoles, forman un todo sobre el que recae el deber de anunciar el Evangelio por toda la tierra.

Entre los discípulos enviados en misión encontramos a aquellos a los que Cristo les ha conferido un lugar destacado y una mayor responsabilidad, como Pedro; y a otros como Tadeo, del que casi no tenemos noticias; ahora bien, los evangelios nos comunican la Buena Nueva, no están hechos para satisfacer la curiosidad. Nosotros, por nuestra parte, debemos orar por todos los obispos, por los célebres y por los no tan famosos, y vivir en comunión con ellos: «Seguid todos al obispo, como Jesucristo al Padre, y al colegio de los ancianos como a los Apóstoles» (San Ignacio de Antioquía). Jesús no buscó personas instruidas, sino simplemente disponibles, capaces de seguirle hasta el final. Esto me enseña que yo, como cristiano, también debo sentirme responsable de una parte de la obra de la salvación de Jesús. ¿Alejo el mal?, ¿ayudo a mis hermanos?

Como la obra está en sus inicios, Jesús se apresura a dar una consigna de limitación: «No toméis camino de gentiles ni entréis en ciudad de samaritanos; dirigíos más bien a las ovejas perdidas de la casa de Israel. Id proclamando que el Reino de los Cielos está cerca» (Mt 10,5-6). Hoy hay que hacer lo que se pueda, con la certeza de que Dios llamará a todos los paganos y samaritanos en otra fase del trabajo misionero.