11 sept 2019

¡Que hacer con un colérico?

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¡Que hacer con un colérico?

Autor: Mons. Rómulo Emiliani, c.m.f.



¿Qué podemos hacer con una persona que es colérica? Pues, en primer lugar, comprender las causas de las cóleras. ¿Por qué las personas se vuelven iracundas y coléricas? Todos sabemos que de vez en cuando surgen desacuerdos en las relaciones humanas. Se desearía llegar a un acuerdo, pero... un ataque de ira evita toda conversación objetiva. ¿Cuántas veces terminan, por ejemplo, las discusiones conyugales con un ataque de cólera de parte de uno de los cónyuges, mientras que el otro debe esperar paciente y desconsoladamente que se tranquilice la tormenta? De hecho no se puede hablar con una persona que está sumamente afectada por la cólera. Y en el caso de los matrimonios, cuando uno de los dos está frenético, se rompe por un rato la unión entre ambos.

La ira y la cólera conducen a una agresión generalmente de forma verbal. Según el grado de fuerza de la excitación, se gradúan los insultos o también, algunas veces, se pasa a la agresión física. Con frecuencia, la persona que está sujeta a la ira, rompe o destruye algún objeto en sustitución de lo que quisiera hacer: atacar directamente a su prójimo. Curiosamente, las personas que sufren continuamente de ataques de ira y cólera tienen problemas con muchas personas.

Las personas que padecen de estas iras buscan, por lo general, algún motivo de disculpa para aclarar que estas manifestaciones agresivas son provocadas por su temperamento colérico. Con esto, quieren expresar que ellos por naturaleza son personas acaloradas, apasionadas y que no se deben tomar demasiado en cuenta sus afectadas expansiones; que ellos nacieron así y que todos tenemos que soportarlos tal como son. Estas explicaciones sirven de poco a las víctimas de estos ataques y son absolutamente inciertas. ¡Nadie nace así! Estas explicaciones representan una maniobra de auto-engaño y las personas que generalmente están psíquicamente irritadas y desequilibradas, saben justificar su acción con las mismas excusas.

La moderna investigación psicológica nos enseña que la ira no es una disposición, no es un hecho constitucional; es decir, uno no nace así. En lo esencial, la ira y la cólera son el resultado de una mala educación que produce graves lesiones psíquicas en el niño en edad de desarrollo. El niño cuanto más sojuzgado, cuanto más incomprendido, cuanto más rebajado sea en su dignidad por sus formadores - papás, maestros, el ambiente, etc. - tanto más sensible se hará con respecto a los ataques reales o imaginarios que se efectúen al sentido de su propio valer. Todas las personas iracundas han sufrido mucho en su juventud debido a fuertes sensaciones de inferioridad. Debido a esto, adquirieron una imagen bastante hostil del mundo y de las personas, la cual llevan consigo en su subconsciente. De allí que ellos no pueden acercarse demasiado a otras personas, pues tienen miedo a sufrir lo que experimentaron en el pasado. De hecho viven una especie de soledad sentimental y adoptan ciertos mecanismos de auto-defensa. También tienden a querer demostrar que ellos "valen" y a querer dominar, porque ellos se dicen a sí mismos: Antes que me dominen, como me dominaban en el pasado, yo voy a dominar.

Se puede observar también que las personas iracundas son súper-sensibles. Cualquier acción contraria a la que ellos han indicado les hace sentirse atropellados, porque les recuerda las impresiones que vivieron en su infancia: la severidad de sus papás, la dureza de su ambiente, etc., las cuales los han hecho alérgicos de tal manera a esas críticas y desacuerdos de opinión, que piensan que deben defenderse con gritos y de forma frenética para no sufrir. Dice Joseph Ramnas que solamente se puede comprender a estas personas iracundas, si se tiene conocimiento de las humillaciones y desesperaciones habidas en el interior de su desarrollo psíquico.

De hecho resulta entonces que una persona colérica se desahoga con su inocente esposa, con sus hijos - que no tienen culpa alguna de su problema - y con sus subordinados en una empresa o en cualquier oficio, quienes ignoran en la mayoría de estos casos toda la desgracia y el desconsuelo habido durante su crecimiento y desarrollo. Las personas coléricas, en el fondo, creen tener un temperamento acalorado y no se están dando cuenta de que se están vengando en personas inocentes de un daño que les hicieron en su niñez. Es un mecanismo de defensa, una forma de desahogar su problemática y de vengarse con aquellos que les hicieron daño. Pero, curiosamente, esa venganza la están proyectando en los seres más cercanos a ellos que no tienen nada que ver con el asunto.

¿Qué hacer ante una situación así? Pues perdonar, comprender y ayudarlos a cambiar. Son personas también muy buenas, de grandes cualidades, pero que tristemente esta faceta de su vida no está bien elaborada, por su problemática interior del pasado. En parte son víctimas; también en parte son culpables. Por eso, ore mucho por esa persona, pídale a Dios que le dé la fuerza necesaria para comprender y ayudar a cambiar a esa persona colérica y no se olvide, con el Señor se puede, porque ¡CON DIOS, USTED ES... INVENCIBLE!

10 sept 2019

Santo Evangelio 10 de septiembre 2019



Evangelio según San Lucas 6,12-19.

Jesús se retiró a una montaña para orar, y pasó toda la noche en oración con Dios. Cuando se hizo de día, llamó a sus discípulos y eligió a doce de ellos, a los que dio el nombre de Apóstoles:
Simón, a quien puso el sobrenombre de Pedro, Andrés, su hermano, Santiago, Juan, Felipe, Bartolomé, Mateo, Tomás, Santiago, hijo de Alfeo, Simón, llamado el Zelote, Judas, hijo de Santiago, y Judas Iscariote, que fue el traidor.

Al bajar con ellos se detuvo en una llanura. Estaban allí muchos de sus discípulos y una gran muchedumbre que había llegado de toda la Judea, de Jerusalén y de la región costera de Tiro y Sidón, para escucharlo y hacerse curar de sus enfermedades. Los que estaban atormentados por espíritus impuros quedaban curados; y toda la gente quería tocarlo, porque salía de él una fuerza que sanaba a todos.
Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.

La Iglesia: el sacerdocio ministerial y la Jerarquía

Rev. D. Antoni CAROL i Hostench 
(Sant Cugat del Vallès, Barcelona, España)

Hoy recordamos a Cristo rezando toda una noche antes de elegir —de entre sus fieles— a los doce Apóstoles. Ellos —que nunca dejan de ser Pueblo de Dios— tendrán una "misión dentro de la misión" de la Iglesia: alimentar, alentar y sostener la santidad de todos los fieles.

Dios llama a algunos para el "sacerdocio ministerial": son los "fieles ordenados". Reciben, ciertamente, un poder; pero éste es una "potestad sagrada" para administrar el Pan y predicar la Palabra: un poder para servir. Forman la "Jerarquía", algo que hoy día suena mal porque es visto con categorías mundanas. Pero en la Iglesia el elemento jerárquico no es un "status" de privilegiados, sino un "elemento funcional" cuyo destino radical es el servicio a los hermanos. "Ministerio" significa exactamente servicio. El Papa, justamente, tiene por título "El siervo de los siervos de Dios".

—Jesús, te pedimos pastores con un corazón como el tuyo, Tú que no viniste a ser servido sino a servir.

¿Qué es el amor?


▷¿Qué es el amor? ◁ - TecnoMental

¿Qué es el amor?

Autor: Mons. Rómulo Emiliani, c.m.f.



Amor, amor, palabra tan pronunciada y tan profanada por el uso vacío de tantas canciones comerciales. Y esta palabra fue el concepto usado por San Juan para definir a Dios: "¡Dios es Amor!" y el que ama está en Dios, vive en Él. El amor es sagrado y es algo vital.

Pero, ¿cuándo uno ama? En definitiva, ¿qué es amar? Bueno, veamos una radiografía espiritual del que ama. El que ama busca darse a los demás y respeta la integridad y la individualidad del otro. Sabe que el otro es persona y lo reconoce siempre como tal. El que ama sabe que el otro no es perfecto y tiene paciencia, comprende y es capaz de perdonar. No busca hacerlo a su propia medida y no atropella su dignidad. No lo "usa". Sabe que el otro es un fin en sí mismo y no un medio para... placer, diversión, enriquecimiento. Reconoce, pues, el valor infinito de la persona y no lo instrumentaliza, no lo cosifica.

El que ama busca que el otro sea feliz y promueve lo mejor de los demás. Es realista y ve las virtudes y defectos, pero su visión de la persona a la que ama es tridimensional: lo ve por dentro y es capaz de descubrir sus grandes valores, lo ve por fuera y capta sus limitaciones y problemas y lo ve como puede ser, en el futuro, ya más realizado, más pleno y lo ayuda para que eso sea una realidad. Intenta, pues, hacer que el otro crezca integralmente.

El que ama no espera recompensas por su amor ni está reclamando derechos, privilegios o gratificaciones por el amor que da. No da el amor calculadamente. No convierte este don de Dios en una mercancía que se puede vender o intercambiar por dinero, protección, compañía, sexo o por cariño. ¡El amor no se vende! Esto es profanar algo que viene del mismo Dios. El amor se da, porque nace de dentro de nosotros como una fuente de agua cristalina, pura, milagrosa y que mientras más corre, más caudalosa se hace y se extiende sin medida. Se da sin cálculos. Brota naturalmente y mientras más fluye, más nos hace humanos y, por lo tanto, divinos. Y es que en el fondo de la humanidad, de lo pleno humano, está la fuente, el origen que es Dios. El amor es vida, vida del mismo Dios que mezclada, unida íntimamente con nuestro propio ser se da de una manera misteriosa, vibrante, deliciosa, armoniosa, plena. Por eso el que ama es feliz, porque se está realizando; el que ama se santifica, porque permite que Dios viva en él; el que ama cumple la misión de hacer de este mundo un lugar maravilloso. Y por donde quiera que ha pasado alguien que ha amado, ha dejado una huella imborrable en el corazón de los demás; ha humanizado la realidad.

El que ama se sabe importante, necesario, porque en su ser contiene la vida de Dios y su misión consiste en darla. Sabe que hay gente que espera sedienta esa vida, ese torrente vital de amor. El que ama se siente impulsado a entregar eso que tiene. Corre a entregarlo. El que ama se siente puente entre lo divino y lo terreno y aunque algunas veces no sea consciente de eso, siente que con el amor que da va transformando el mundo, haciendo que las rosas marchitas recobren vida, las praderas resecas adquieran verdor, los cauces secos de los corazones tristes se empapen de Dios. El que ama se convierte en mensajero de la vida, en impulsor de lo más noble que hay en nosotros. El que ama despierta lo humano que hay en cada uno y su paso por el mundo es el de un ángel iluminador que hace que lo muerto vuelva a vivir. El que ama vive en Cristo y en sus manos se ven también las señales de los clavos, porque el que ama también sufre, se sacrifica y hasta da la vida por los que ama. El que ama aguanta y resiste todo por amor, por puro amor, porque Dios es amor y ¡CON ÉL, SOMOS INVENCIBLES!




9 sept 2019

Santo Evangelio 9 de septiembre 2019


Lectura del santo evangelio según san Lucas (6,6-11):

Un sábado, entró Jesús en la sinagoga a enseñar. Había allí un hombre que tenía parálisis en el brazo derecho. Los escribas y los fariseos estaban al acecho para ver si curaba en sábado, y encontrar de qué acusarlo. 

Pero él, sabiendo lo que pensaban, dijo al hombre del brazo paralítico: «Levántate y ponte ahí en medio.» Él se levantó y se quedó en pie.

Jesús les dijo: «Os voy a hacer una pregunta: ¿Qué está permitido en sábado, hacer el bien o el mal, salvar a uno o dejarlo morir?»

Y, echando en torno una mirada a todos, le dijo al hombre: «Extiende el brazo.»

Él lo hizo, y su brazo quedó restablecido. Ellos se pusieron furiosos y discutían qué había que hacer con Jesús.

Palabra del Señor

Sin Jesús-Redentor es inevitable "endurecer el corazón"

REDACCIÓN evangeli.net (elaborado a partir de textos de Benedicto XVI) 
(Città del Vaticano, Vaticano)

Hoy, todos —judíos y no judíos— debemos tomar una determinación: "morir a nosotros mismos" y reconocer a Jesús-Redentor. Sin Dios el hombre no se explica a sí mismo y cae en las más absurdas contradicciones. Es inevitable "endurecer el corazón", rechazando el conocimiento propio y negando la propia culpa, si no hay "Alguien" que conlleve esa culpa, la "elabore" y la perdone. 

Se da aquí una reciprocidad: sin la idea del Redentor —que no disimula la culpa, sino que la padece en sí— no se puede soportar la verdad de la propia culpa y se recurre a la primera falsedad: la obcecación ante esa culpa, de la que nacen todas las otras falsedades, y, finalmente, la incapacidad general ante la verdad. Y, a la inversa: no es posible conocer al Redentor y creer en Él sin tener el valor de ser veraz consigo mismo. 

—Señor, te pido la gracia de la "confesión" para reconocer la verdad: la tuya (¡te necesito!) y la mía (¡no soy "dios", sino una criatura débil!).

¿Por Qué Tanto Miedo a lo Desconocido?

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¿Por Qué Tanto Miedo a lo Desconocido? 

Autor: Mons. Rómulo Emiliani, c.m.f.


Sabe usted que uno de los caminos seguros de estancarse en la vida es el de agarrarse a lo "seguro"; el caminar por los mismos senderos de siempre, hacer en todo momento lo de ayer, no dar ningún paso sin pensarlo mucho, calcularlo todo y si hay riesgo de fracaso, no hacerlo. El dicho aquel: "más vale lo malo conocido que lo bueno por conocer", y muchas actitudes de extrema prudencia nos pueden paralizar e impedir alcanzar el éxito en la vida. Ese gran miedo al riesgo; ese terror a lo desconocido; a lanzarse a abrir camino; a extender las fronteras de nuestro amor, conocimiento, efectividad, capacidad empresarial, espíritu de lucha y superación, ese miedo paraliza; nos entierra en lo de siempre y nos impide alcanzar nuevas metas.

Si muchos pioneros, héroes de la histoira no bubieran roto ese miedo a lo desconocido, el nuevo mundo - América, no hubiera sido descubierto. Los aviones y satélites no estarían surcando los cielos ahora; no hubiéramos visto los automóviles y estaríamos moviéndonos a caballo todavía. Ni aún eso, porque domar un potro y montarse en él supone un riesgo, un lanzarse a lo desconocido. Existe en el ser humano un deseo profundo de realizarse, extender su dominio en todas las áreas de la existencia. Reprimir esto es hacernos inhumanos.

Hay una gama de posibilidades, no alcanzadas por usted pero reales, posibles, alcanzables si se decide a aventurarse en territorios que no le ofrecen garantías y seguridades. Usted tiene la fuerza de un coloso, la grandeza del genio, pero las experimentará mejor en el terreno de lo inseguro; allí donde tiene que ser creativo, fuerte, ingenioso y astuto. Pero si vive en la rigidez de lo siempre hecho, acostumbrado a caminar sólo por lo planificado y experimentado, dispuesto a hacer sólo lo de "ayer", entonces se sentirá insatisfecho y por miedo a la derrota, al riesgo, caerá en el fracaso de no ser lo que podría haber sido.

En vez de andar buscando seguridades busque la seguridad interior que le brinda tener confianza en sí mismo y en su capacidad de solucionar cualquier problema que se le presente. Tiene que ser una roca de autoestima. La seguridad que necesita es la de saber que puede enfrentarse con cualquier cosa, aún sin seguridades externas. La de saber que está hecho y creado por el Señor, con todo lo necesario para abrir camino, luchar y enfrentarse a cualquier problema.

No tenga miedo a lo que no conoce, ni aún al posible fracaso que venga si se lanza. El fracaso es escuela para el éxito; es escalón para el triunfo. En el terreno de lo inseguro se despiertan sus mejores cualidades. Y recuerde, si se apoya en el Señor, si tiene fe como para mover montañas, si cree en el infinito poder de Dios y cree en sí mismo, vencerá, porque ¡CON EL SEÑOR USTED ES INVENCIBLE!.


8 sept 2019

Santo Evangelio 8 de septiembre 2019



Evangelio según San Lucas 14,25-33.

Junto con Jesús iba un gran gentío, y él, dándose vuelta, les dijo: "Cualquiera que venga a mí y no me ame más que a su padre y a su madre, a su mujer y a sus hijos, a sus hermanos y hermanas, y hasta a su propia vida, no puede ser mi discípulo. El que no carga con su cruz y me sigue, no puede ser mi discípulo. ¿Quién de ustedes, si quiere edificar una torre, no se sienta primero a calcular los gastos, para ver si tiene con qué terminarla? No sea que una vez puestos los cimientos, no pueda acabar y todos los que lo vean se rían de él, diciendo: 'Este comenzó a edificar y no pudo terminar'. ¿Y qué rey, cuando sale en campaña contra otro, no se sienta antes a considerar si con diez mil hombres puede enfrentar al que viene contra él con veinte mil? Por el contrario, mientras el otro rey está todavía lejos, envía una embajada para negociar la paz. De la misma manera, cualquiera de ustedes que no renuncie a todo lo que posee, no puede ser mi discípulo."


El cristiano es peregrino, camina con Jesús


Hoy, como la vida no está muy quieta hay que caminarla. Para permanecer en el amor de Jesús, salimos a caminar las calles de nuestra ciudad, con la certeza alegre de que Él está a nuestro lado. La alegría del amor del Señor nos hace caminar juntos como peregrinos, sintiéndonos pueblo fiel de Dios; vinculados con los demás.

No podemos hacer memoria de Jesús quedándonos instalados en nuestro propio yo. El cristiano es peregrino, caminante. Jesús nos dijo que Él es el Camino y para permanecer en un Camino hay que caminarlo. No “se permanece” estando quieto. Pero tampoco yendo a mil, chocando y atropellando: Jesús no nos quiere ni quietos ni atropelladores; nos quiere pacíficamente laboriosos en el camino. Él nos marca el ritmo.

—Así caminaba María: ella, apenas recibido el anuncio del Ángel, se levantó y se puso en camino para ir a servir a su prima. Ella acompañó a su Hijo en el camino de la Cruz y acompaña a la Iglesia hacia la casa del Padre.

Ser cristiano es preferir a Cristo a todo lo demás


SER CRISTIANO ES PREFERIR A CRISTO A TODO LO DEMÁS

Por Gabriel González del Estal

1.- . Si alguna viene a mí y no pospone a su padre y a su madre, a su mujer y a sus hijos, a sus hermanos y a sus hermanas, e incluso a sí mismo, no puede ser discípulo mío. Cuando decimos que hay que preferir a Cristo a todo lo demás, debemos entender estas palabras en un sentido estricto. Empezando por uno mismo, por mis bienes corporales y por todos mis bienes, incluida, por supuesto, mi familia, mi dinero, mis cargos públicos y privados. Si soy una persona sana y fuerte debo poner al servicio de Cristo mi salud y mi fortaleza; si soy débil o estoy enfermo, igualmente debo poner al servicio de Cristo mi debilidad y ni enfermedad. Todos tenemos, o podemos tener nuestras propias cruces, pongamos estas cruces al servicio de Cristo. Y si nos consideramos muy felices y afortunados por lo que somos y tenemos, pongámonos enteramente al servicio de Cristo. Es decir, que lo primero en mi vida es Cristo, después viene todo lo demás.

2. ¿Qué hombre conocerá el designio de Dios? Los pensamientos de los mortales son frágiles e inseguros nuestros razonamientos, porque el cuerpo mortal oprime el alma y esta tienda terrena abruma la mente pensativa. Esta lectura del libro de la Sabiduría debe hacernos pensar en la inmensa diferencia que hay entre ciencia y sabiduría. La ciencia es producto de la razón, la sabiduría es un don de Dios. Hay muchos científicos que, en su vida diaria, se comportan como verdaderos necios, y hay personas que no tienen muchos conocimientos científicos y, sin embargo, en sus relaciones consigo mismo, con el prójimo y con Dios son un verdadero ejemplo de sensatez y sabiduría. La ciencia en sí mismo es buena, pero si no la ponemos al servicio del bien propio y del bien común se convierte fácilmente en un verdadero mal. El sabio, es decir, el que se comporta como debe consigo mismo, con los demás y con Dios es siempre un verdadero beneficio para la humanidad; no podemos decir lo mismo del que es científico pero no sabe comportarse como debe consigo mismo, con los demás y con Dios. Aspiremos a ser científicos en la myor medida que podamos, sí, pero pidamos a Dios que nos conceda sobre todo el don la Sabiduría.

3. - Yo, Pablo, anciano, y ahora prisionero por Cristo, te recomiendo a Onésimo, mi hijo, a quien engendré en la prisión. Te lo envío como a hijo. Esta carta de Pablo a Filemón, el dueño del esclavo Onésimo, a quien Pablo había convertido en la prisión, nos hace ver cómo la esclavitud era considerada legal en tiempo de Pablo, como lo ha seguido siendo considerada legal durante muchos siglos por la sociedad cristiana y por la misma jerarquía eclesiástica. Sin embargo nos hace ver también que los buenos cristianos siempre tendieron a ver a los esclavos ya en tiempos de Pablo y posteriormente por las órdenes religiosas más como hermanos que como esclavos. San Agustín, en sus monasterios no permitía hacer distinciones entre esclavos y libres, en el trato diario, tanto en el trabajo, como en la comida, los vestidos y costumbres en general. Lo mismo podemos decir de casi todas las Órdenes religiosas en general. Los cristianos de este siglo XXI tenemos que esforzarnos denodadamente para conseguir una sociedad en la que todos tengamos los mismos derechos y las mismas obligaciones como personas.