14 ago 2019

La Familia ... Parte I y II

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La Familia ... Parte I y II

Autor: Mons. Rómulo Emiliani, c.m.f.



La familia, constituida por el Señor, proporciona el clima adecuado para su propio crecimiento personal; para el crecimiento de todos. La familia es el medio más adecuado para que tengamos más sosiego y más paz. Es el medio para la convivencia sana, para compartir generosamente, para el reencuentro con nosotros mismos, con nuestro propio origen, para adquirir parte de la visión de la realidad y del mundo. La familia nos humaniza y nos ayuda a llevar con más fuerza las cruces de la vida y es el medio adecuado para el encuentro con el Señor. Eso es la familia, según Dios.

Pero, según Satanás, la familia es un infierno y debe ser un infierno, con peleas y gritos, batallas cámpales diariamente, donde se vive una especie de frialdad espantosa y donde muchos creen que su casa es simplemente un hotel, donde se va a comer y a dormir. Eso es lo que quiere el diablo, porque el diablo quiere lo contrario a lo que Dios quiere. El diablo quiere usurpar el lugar de Dios y reinar en su casa convirtiéndola en un infierno.

Es doloroso ver la tremenda desintegración que hay en las familias y el dolor y la angustia que se vive en muchas casas. Cuánto llanto y lágrimas continuas de madres que sufren el abandono de los hijos, que lloran porque no hay un marido, cuántos niños se acuestan a dormir sin haber comido, desnutrición galopante y falta de centros escolares en nuestros campos y aldeas y aún en nuestras ciudades; angustia permanente en las casas donde ya no existe la esperanza. 

Y ahí está la viejecita, cada vez más arruinada mental y físicamente, cargando con los hijos de una hija, con los hijos de otro hijo que se fue. La clásica abuelita, muchas veces motivo de burla, pero la auténtica heroína que mantiene el fuego en el hogar y reparte amor a caudales. 

Eso pasa en muchos hogares panameños y en muchos hogares latinoamericanos donde se recrudece el problema del machismo, la falta de responsabilidad a la palabra dada, el creer que se es más hombre entre más mujeres deja preñadas y olvidándose de reconocer a sus hijos. El hombre se cree más hombre mientras más maltrata y golpea a la mujer, mientras más la mantiene como esclava, mientras más la hace rostro en tierra, morder el polvo. Y ese es el hombre nuestro, ese es nuestro héroe y modelo... el ejemplo que tienen muchos niños panameños.

Satanás se ríe a carcajadas, le encanta ese infierno, y Cristo sufre... las llagas de Cristo siguen abiertas, manando sangre por el calvario que se vive en muchos hogares. A Dios le duele y llora al ver que el Calvario se perpetúa en la Historia. Cuando llegue su segunda venida El separará, como dice la Palabra, a los corderos y a las cabras, a los buenos y a los malos. Y malo es aquél que se gasta el dinero en una cantina, emborrachándose, dejando a los niños desnutridos, maldiciendo a su familia con ese asqueroso vicio del alcohol que tanto daño hace a la familia y a la sociedad.

Malo es aquel o aquella que no le da amor a los niños y se los deja a las "nanas" para que se los cuiden y no les dan el tiempo debido. Malo o mala es aquel o aquella que convierte su casa en un hotel, muy fino quizás, en donde no hay calor humano.

Y, ¿usted quién es? ¿De parte de quién se pone? Está de parte del Señor o está sirviendo a Satanás? No piense en su esposa o en su esposo, en su madre o en su hijo, piense en usted. ¿Qué calidad de persona demuestra usted ser en su hogar? ¿Cómo está su casa y cómo está su familia? ¿Qué piensan sus hijos de usted? ¿Qué piensa su esposo o su esposa de usted? ¿Cómo está su vida familiar?

La familia puede ser fuente de alegrías o puede ser fuente de desdichas; puede ser fuente de paz o puede ser fuente de conflictos. La familia es el lugar donde usted va a poder expresarse mejor, el lugar adecuado para que cada uno se desarrolle más plenamente.

Defienda su hogar, cuídelo, vigile para que en su casa no entren las tinieblas, defienda su casa contra la invasión del pecado, de la droga, del alcoholismo, películas perniciosas y telenovelas que hacen daño. Defienda su familia de la mentalidad reinante del consumismo orando. Ore por sus hijos, ore por su familia pídale al Señor que sea El quien reine en su hogar, si El está presente serán siempre felices porque ... ¡con El somos...INVENCIBLES!

13 ago 2019

Santo Evangelio 13 de agosto 2019



Lectura del santo evangelio según san Mateo (18,1-5.10.12-14):

En aquel momento, se acercaron los discípulos a Jesús y le preguntaron: «¿Quién es el más importante en el reino de los cielos?» 

Él llamó a un niño, lo puso en medio y dijo: «Os aseguro que, si no volvéis a ser como niños, no entraréis en el reino de los cielos. Por tanto, el que se haga pequeño como este niño, ése es el más grande en el reino de los cielos. El que acoge a un niño como éste en mi nombre me acoge a mí. Cuidado con despreciar a uno de estos pequeños, porque os digo que sus ángeles están viendo siempre en el cielo el rostro de mi Padre celestial. ¿Qué os parece? Suponed que un hombre tiene cien ovejas: si una se le pierde, ¿no deja las noventa y nueve en el monte y va en busca de la perdida? Y si la encuentra, os aseguro que se alegra más por ella que por las noventa y nueve que no se habían extraviado. Lo mismo vuestro Padre del cielo: no quiere que se pierda ni uno de estos pequeños.»

Palabra del Señor


"Niños" ante Dios (filiación divina)

REDACCIÓN evangeli.net (elaborado a partir de textos de Benedicto XVI) 
(Città del Vaticano, Vaticano)

Hoy nos preguntamos en qué consiste este "ser niños" que Jesús considera como una necesidad ineludible. Ser niños, en el sentido de Jesucristo, significa aprender a decir "Padre". El hombre quiere ser Dios y —dando a esta expresión su sentido correcto— debe llegar a serlo. Para comprender la enorme fuerza que se encierra en esta palabra, es preciso leerla en la perspectiva de Jesús, el Hijo.

Pero cuando el hombre trata de serlo emancipándose de Dios y de su condición de creatura, poniéndose por encima de todo y centrándose en sí mismo —como en el eterno diálogo con la serpiente en el paraíso terrenal— entonces acaba en la nada, porque se pone en contra de su misma verdad, que significa un referirlo todo a Dios. 

—¿Qué aprendiste tú, Jesús, de tu Madre? El "sí". No un "sí" cualquiera, sino la palabra "sí", que avanza siempre, incansablemente. Todo lo que tú quieras, Dios mío: "He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra".

La esperanza

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La esperanza

Autor: Mons. Rómulo Emiliani, c.m.f.


La esperanza es una virtud teologal que está fundamentada en el poder de Dios. Tal como la entendemos los Cristianos, la esperanza no tiene su raíz en lo terreno, sino que trasciende todo aquello que es de este mundo. De tal manera que no podemos entender la esperanza, tal como nosotros la vivimos desde la fe, como algo que tenga que ver simplemente con causas naturales. 
Existe una diferencia entre la esperanza fundamentada en lo natural y la que viene de lo alto. La esperanza, cuando está motivada solamente por lo natural, se fundamenta justamente en las evidencias. Si no hay evidencias concretas, la esperanza desaparece. Esto es importante porque esa es la actitud negativa y desconfiada del que necesita "ver para creer", que es lo que mueve humanamente a muchas personas. 

En cambio, cuando la esperanza es una virtud que nace de lo alto, que viene de arriba, que es misteriosa, profunda, grande, trasciende lo terreno y traspasa todo el ser, ya no se fundamenta en "ver para creer" sino en "creer para ver", que es muy diferente. El "creer para ver" no se fundamenta en evidencias terrenas, sino que se basa solamente en el misterio del poder de Dios y es lo que nos mueve espiritualmente. 

Los Apóstoles conocieron a Jesús como un ser extraordinario a través de la transfiguración, la resurrección, la ascensión al cielo y también con el milagroso acontecimiento de la Eucaristía. Jesús se les dio a conocer de todas esas formas para afianzar su fe. Pero la fe de los Apóstoles fue débil ante el poder y la soberbia del mundo. 

Ellos se sentían felices y alegres cuando tenían cerca a Cristo por lo que fácilmente abandonaron todo por seguirlo y cumplir sus enseñanzas. Los Apóstoles prometieron no abandonar jamás a Jesús, pero al llegar la hora y sentir cerca la muerte del Maestro, cayeron víctimas del miedo. Cuando la gente los reconoció y señaló como seguidores de Jesús, huyeron y se escondieron, permitiendo que en su corazón entrara el desánimo, la desilusión, la depresión y la tristeza. Después, reconocieron que su fe era débil y simplemente volvieron a sus viejas actitudes, actividades y costumbres. 

Los Apóstoles confirmaron su fe en Cristo a través de la resurrección. Para reanimar y fortalecer su fe y mantener siempre esa llama viva, el Señor envió al Espíritu Santo, que es la comunión del Padre y del Hijo, creando así hombres nuevos con una fe profunda, firme y limpia. Los Apóstoles recibieron el mandato de predicar a todas las generaciones y sintieron la necesidad de evangelizar llevando el mensaje verdadero para hacer un mundo nuevo con hombres nuevos. 

El Espíritu Santo eliminó el miedo y es el que concede el don de la fe, el cual alimenta y fortalece la esperanza. Al final, Jesús triunfó y quedó como Señor de la historia, con todo Su poder y gloria. 

La esperanza nace de la fe y la fe destruye todo cimiento mal construido. No puede haber bases firmes sin fe y esperanza. Si una casa se apoya sobre bases firmes, no puede ser destruida por ninguna tempestad. Así debe ser nuestra fe. Sin fe no hay auténtica esperanza y ésta es la que mueve al mundo hacia adelante. Con la ayuda del poder de Dios que fortalece la fe, el hombre puede lograr mantener siempre una actitud positiva. Con Dios todo se puede porque CON EL, SOMOS . . . ¡INVENCIBLES! 


12 ago 2019

Santo Evangelio 12 de agosto 2019



Lectura del santo evangelio según san Mateo (17,22-27):

En aquel tiempo, mientras Jesús y los discípulos recorrían juntos Galilea, les dijo Jesús: «Al Hijo del hombre lo van a entregar en manos de los hombres, lo matarán, pero resucitará al tercer día.» Ellos se pusieron muy tristes. Cuando llegaron a Cafarnaún, los que cobraban el impuesto de las dos dracmas se acercaron a Pedro y le preguntaron: «¿Vuestro Maestro no paga las dos dracmas?» 
Contestó: «Sí.» Cuando llegó a casa, Jesús se adelantó a preguntarle: «¿Qué te parece, Simón? Los reyes del mundo, ¿a quién le cobran impuestos y tasas, a sus hijos o a los extraños?» 
Contestó: «A los extraños.» Jesús le dijo: «Entonces, los hijos están exentos. Sin embargo, para no escandalizarlos, ve al lago, echa el anzuelo, coge el primer pez que pique, ábrele la boca y encontrarás una moneda de plata. Cógela y págales por mí y por ti.»

Palabra del Señor

Jesús es el nuevo Templo

REDACCIÓN evangeli.net (elaborado a partir de textos de Benedicto XVI) 
(Città del Vaticano, Vaticano)

Hoy leemos dos párrafos en providencial conexión: 1. Jesús anuncia su pasión (y resurrección); 2. Jesús paga el tributo del templo. Jesucristo fue exquisitamente respetuoso con el Templo de Jerusalén ("la casa de mi Padre"). Pero, mediante su crucifixión, el antiguo culto del templo quedó abolido y, al mismo tiempo, llevado a su cumplimiento.

El rechazo a Jesús, su crucifixión, significa simultáneamente la "demolición" del templo. Llega un nuevo culto en un templo no construido por hombres: su Cuerpo —sacrificado y resucitado— que congrega a todos los pueblos y los une en el sacramento de la Eucaristía. Con la obediencia de Cristo se ha realizado la expiación de los pecados que intentaban los sacrificios de animales y, así, Jesús mismo se ha puesto en lugar del templo: Él es el nuevo Templo.

—Con tu resurrección, Jesús, comienza un modo nuevo de venerar a Dios, no ya en un monte o en otro, sino "en espíritu y en verdad", viviendo la obediencia al Padre.

TE CONOCEMOS, SEÑOR?

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TE CONOCEMOS, SEÑOR?

Hijo del  pobre José, 
pero rico y  expresivo en tu lenguaje
Hijo de la  sencilla María, 
y complicado  en tu vida
Hermano de  tus hermanos,
y defensor  de la verdad sin distinción



¿Te conocemos, Señor?
Decimos  quererte, y no entramos en Ti
Decimos  amarte, y no vivimos con el impulso de tu amor
Decimos  alabarte, y lo hacemos despegando los labios
pero, tal  vez, sin abrir el corazón.
Decimos  honrarte, y olvidamos que en el obrar,
es donde te  damos gloria y comprometida alabanza.



¿Te conocemos, Señor?
¿Sentimos al  que te envió?
¿Acogemos al  que te hizo nacer pobre y niño en Belén?
¿Obedecemos  al que te hizo obedecer subiendo a la cruz?
¡Creemos, Señor,  pero aumenta nuestra fe!
Fe para  verte como Hijo de Dios
Fe para  recibirte como el enviado del Padre
Fe para  dejarte compartir nuestra existencia
Fe para  transformarnos con el pan de la vida
Fe para  llenarnos de felicidad con el pan de la Eucaristía
Amén.      

11 ago 2019

Santo Evangelio 11 de agosto 2019



Lectura del santo evangelio según san Lucas (12,32-48):

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

«No temas, pequeño rebaño, porque vuestro Padre ha tenido a bien daros el reino.

Vended vuestros bienes y dad limosna; haceos bolsas que no se estropeen, y un tesoro inagotable en el cielo, adonde no se acercan los ladrones ni roe la polilla. Porque donde está vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón.

Tened ceñida vuestra cintura y encendidas las lámparas. Vosotros estad como los hombres que aguardan a que su señor vuelva de la boda, para abrirle apenas venga y llame.

Bienaventurados aquellos criados a quienes el señor, al llegar, los encuentre en vela; en verdad os digo que se ceñirá, los hará sentar a la mesa y, acercándose, les irá sirviendo.

Y, si llega a la segunda vigilia o a la tercera y los encuentra así, bienaventurados ellos.

Comprended que si supiera el dueño de casa a qué hora viene el ladrón, velaría y no le dejaría abrir un boquete en casa.

Lo mismo vosotros, estad preparados, porque a la hora que menos penséis viene el Hijo del hombre».

Pedro le dijo:

«Señor, ¿dices esta parábola por nosotros o por todos?».

Y el Señor dijo:

«¿Quién es el administrador fiel y prudente a quien el señor pondrá al frente de su servidumbre para que reparta la ración de alimento a sus horas?

Bienaventurado aquel criado a quien su señor, al llegar, lo encuentre portándose así. En verdad os digo que lo pondrá al frente de todos sus bienes.

Pero si aquel criado dijere para sus adentros: “Mi señor tarda en llegar”, y empieza a pegarles a los criados y criadas, a comer y beber y emborracharse, vendrá el señor de ese criado el día que no espera y a la hora que no sabe y lo castigará con rigor, y le hará compartir la suerte de los que no son fieles.

El criado que, conociendo la voluntad de su señor, no se prepara ni obra de acuerdo con su voluntad, recibirá muchos azotes; pero el que, sin conocerla, ha hecho algo digno de azotes, recibirá menos.

Al que mucho se le dio, mucho se le reclamará; al que mucho se le confió, más aún se le pedirá».

Palabra del Señor


La idolatría

REDACCIÓN evangeli.net (elaborado a partir de textos del Papa Francisco) 
(Città del Vaticano, Vaticano)

Hoy, aprendemos que la luz de la fe está vinculada al relato concreto de la vida, al recuerdo agradecido de los beneficios de Dios y al cumplimiento progresivo de sus promesas.

Lo contrario de la fe se manifiesta como idolatría. La fe, por su propia naturaleza, requiere renunciar a la posesión inmediata que parece ofrecer la visión. Ante el ídolo, no hay riesgo de una llamada que haga salir de las propias seguridades, porque los ídolos «tienen boca y no hablan» (Sal 115,5). Vemos entonces que el ídolo es un pretexto para ponerse a sí mismo en el centro de la realidad, adorando la obra de las propias manos. 

—Quien no quiere fiarse de Dios se ve obligado a escuchar las voces de tantos ídolos. La fe, en cuanto asociada a la conversión, es lo opuesto a la idolatría; es separación de los ídolos para volver al Dios vivo, mediante un encuentro personal. Creer significa confiarse a un amor misericordioso, que siempre acoge y perdona, que sostiene y orienta la existencia.

El principal tesoro de un cristiano es su fe en Dios

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EL PRINCIPAL TESORO DE UN CRISTIANO ES SU FE EN DIOS

Por Gabriel González del Estal

1.- Donde está vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón. Parece evidente que durante siglos la fe en Dios ha sido el principal tesoro que ha dirigido el corazón de muchos cristianos. No me refiero, en este momento, a los líderes o protagonistas principales de la historia, sino a los millones de personas anónimas para quienes la fe en Dios fue su principal sostén y alimento. “Vela ahí, Dios lo ha querido”; “estaría de Dios”; “que sea lo que Dios quiera”; “gracias a Dios”; “que Dios nos coja confesaos”; “cuando Dios nos lo manda, por algo será”. Estas expresiones y otras muchas parecidas que decían tan frecuentemente nuestros abuelos y abuelas eran fruto y consecuencia de una actitud de resignación y consuelo que sólo encontraban explicación y razón de ser en su fe en Dios. Sin la fe en Dios muchas de esas personas se hubieran derrumbado y desesperado. Todavía hoy día, aunque en número muchísimo menor, se encuentran personas profundamente creyentes que, ante una grave enfermedad, o ante una gran desgracia, encuentran fuerza y ánimo para luchar gracias a su fe en Dios. Es cierto que la fe en Dios tiene hoy, para la mayor parte de las personas, una importancia menor, pero sigue siendo verdad que, en general, la fe en Dios es, para los que la tienen, fuente de fortaleza y de ánimo. Encauzar rectamente la fuerza que nos debe proporcionar nuestra fe en Dios es una tarea psicológica y espiritual que no debemos abandonar nunca.

2.- Los hijos piadosos… se imponían esta ley sagrada: que todos los santos serían solidarios en los peligros y en los bienes. Los “hijos piadosos” a los que se refiere el libro de la Sabiduría son los judíos del tiempo del éxodo que vieron y sintieron a Dios como la causa primera de su liberación. El sentirse hijos del mismo Dios los animaba a comportarse como hermanos, ayudándose mutuamente en los peligros y compartiendo los bienes. Para estos judíos piadosos era evidente que su fe en Dios debía ser siempre su principal fuerza para vencer al mal y hacer el bien. Nosotros, los cristianos, creemos que nuestra fe en Dios nos obliga a ser solidarios no sólo con “los santos”, o con los de nuestra misma religión, sino con todas las personas, porque todos somos hijos del mismo Dios, de un Dios liberador.

3.. La fe es seguridad de lo que se espera, y prueba de lo que no se ve. La esperanza es la fuerza que alimenta la fe. Sin esperanza la fe se desinfla y se pierde. El patriarca Abrahán fue capaz de esperar que la promesa de Dios se cumpliría, aun cuando, humanamente hablando, todo hacía prever que no se iba a cumplir. Nuestra esperanza debe ser siempre una esperanza activa, que nos impulse y nos dé fuerza para seguir caminando con fortaleza y ánimo. Una persona que vive animado por una esperanza activa suele ser una persona más eficaz y más alegre que las personas desesperanzadas. El patriarca Abrahán debe ser nuestro modelo de fe y nuestro modelo de esperanza.

4.- Vosotros estad como los que aguardan a que su señor vuelva. La esperanza activa exige vigilancia activa. Cuando esperamos a alguna persona querida o importante nos preparamos para recibirle lo mejor que sepamos y podamos. Así, nuestra vida debe ser una continua espera vigilante. La vigilancia nos exige una continua preparación y una continua atención. Somos viajeros y caminantes que esperamos encontrarnos, al final de nuestro camino, con nuestra anhelada tierra prometida. Si nuestra fe es firme, también nuestra esperanza y nuestra actitud vigilante serán firmes y continuadas. No es fácil tener fe y esperar en lo que no se puede ver con los ojos del cuerpo, pero así es nuestra fe religiosa. Creemos en Dios y esperamos en Dios, porque nos fiamos de Dios. La fe activa del patriarca Abrahán estuvo siempre sostenida por su confianza en Dios.