5 mar 2019

Santo Evangelio 5 de Marzo 2018



Día litúrgico: Martes VIII del tiempo ordinario


Texto del Evangelio (Mc 10,28-31): En aquel tiempo, Pedro se puso a decir a Jesús: «Ya lo ves, nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido». Jesús dijo: «Yo os aseguro: nadie que haya dejado casa, hermanos, hermanas, madre, padre, hijos o hacienda por mí y por el Evangelio, quedará sin recibir el ciento por uno: ahora en el presente, casas, hermanos, hermanas, madres, hijos y hacienda, con persecuciones; y en el mundo venidero, vida eterna. Pero muchos primeros serán últimos y los últimos, primeros».


«Nadie que haya dejado casa (...) por mí y por el Evangelio, quedará sin recibir el ciento por uno (...) y en el mundo venidero, vida eterna»

Rev. D. Jordi SOTORRA i Garriga 
(Sabadell, Barcelona, España)

Hoy, como aquel amo que iba cada mañana a la plaza a buscar trabajadores para su viña, el Señor busca discípulos, seguidores, amigos. Su llamada es universal. ¡Es una oferta fascinante! El Señor nos da confianza. Pero pone una condición para ser discípulos, condición que nos puede desanimar: hay que dejar «casa, hermanos, hermanas, madre, padre, hijos o hacienda por mí y por el Evangelio» (Mc 10,29).

¿No hay contrapartida? ¿No habrá recompensa? ¿Esto aportará algún beneficio? Pedro, en nombre de los Apóstoles, recuerda al Maestro: «Nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido» (Mc 10,28), como queriendo decir: ¿qué sacaremos de todo eso?

La promesa del Señor es generosa: «El ciento por uno: ahora en el presente (...) y en el mundo venidero, vida eterna» (Mc 10,30). Él no se deja ganar en generosidad. Pero añade: «Con persecuciones». Jesús es realista y no quiere engañar. Ser discípulo suyo, si lo somos de verdad, nos traerá dificultades, problemas. Pero Jesús considera las persecuciones y las dificultades como un premio, ya que nos ayudan a crecer, si las sabemos aceptar y vivir como una ocasión de ganar en madurez y en responsabilidad. Todo aquello que es motivo de sacrificio nos asemeja a Jesucristo que nos salva por su muerte en Cruz.

Siempre estamos a tiempo para revisar nuestra vida y acercarnos más a Jesucristo. Estos tiempos y todo tiempo nos permiten —por medio de la oración y de los sacramentos— averiguar si entre los discípulos que Él busca estamos nosotros, y veremos también cuál ha de ser nuestra respuesta a esta llamada. Al lado de respuestas radicales (como la de los Apóstoles) hay otras. Para muchos, dejar “casa, hermanos, hermanas, madre, padre...” significará dejar todo aquello que nos impida vivir en profundidad la amistad con Jesucristo y, como consecuencia, serle sus testigos ante el mundo. Y esto es urgente, ¿no te parece?

OBRAS SON AMORES Y NO BUENAS RAZONES



OBRAS SON AMORES Y NO BUENAS RAZONES

Por Pedrojosé Ynaraja

1.- Así dice el refrán castellano y, como la mayoría de ellos, está cargado de verdad. Seguramente os habréis dado cuenta, mis queridos jóvenes lectores, del interés que siento por Tierra Santa y las referencias que os doy a la cultura propia de la cuenca mediterránea. No es puro capricho. Si la Revelación, el fundamento de nuestra Fe, es de iniciativa divina libre y gratuita, tuvo su origen en un determinado terreno dotado de una geografía peculiar y donde habitaban concretas personas con su peculiar cultura. El paisaje y las costumbres dieron forma al lenguaje bíblico.

3.- Digo siempre, prácticamente lo mismo, pero con otras palabras: Tierra Santa es la matriz de la Palabra de Dios. Y vosotros bien sabéis que las características de un hombre vendrán condicionadas por sus genes, pero también por los avatares por los que pasó su madre cuando él estuvo en su seno. Si estuvo enferma, si fumó o bebió alcohol, si respiró la atmósfera contaminada de una gran urbe, la criatura gozará de menos calidades que si el embarazo transcurrió en el campo y se alimentó con sanos comestibles y bien sazonados. Conocer, pues, el paisaje y los usos y costumbres de la gente de aquel tiempo, ayudará a entender con más facilidad el mensaje bíblico.

4.- El largo prólogo que os he escrito, como tantas veces ocurre, pretende presentar unas nociones que deberán tenerse en cuenta para la lectura y entendimiento de los textos litúrgicos de la misa de este domingo.

El autor del libro del Eclesiástico habría observado o practicado, la labor del agricultor cuando pasa por el cedazo la mies o la harina. Una parte, la buena, atraviesa la malla, la otra, las piedrecitas o las pieles, que son inútiles, se quedan en el tamiz y luego se tiran. Algo semejante ocurre con la arcilla que escoge un alfarero. De su calidad, de la destreza que ponga al mover con sus pies el torno y con las manos mojadas modelar la pasta, de acertar la temperatura del horno al introducir la pieza, que deberá estar seca, y de sacarla, que será preciso hacerlo sin precipitarse, dependerá la calidad y belleza del producto.

5.- Así también al observar y saborear una fruta, conoceremos la calidad del árbol del que ha salido. Teniendo en cuenta estas imágenes, el autor inspirado nos dice que si queremos calibrar la bondad de una persona no la juzguemos por su facilidad de palabra y la elegancia de su expresión verbal, sino por lo acertado de su juicio.

--Hablando bien se puede engañar. Con bellos discursos engatusar malos productos.

--Buenas sentencias estas para completarlas con las del Señor en la lectura evangélica.

--Del árbol sano se obtienen frutos saludables. De las zarzas, que lo invaden todo y se agarran a todo, no salen más que espinas.

6.- Hay conductores que por lo noche piensan y dicen que los faros de los demás están mal reglados y deslumbran, sin importarles comprobar dónde y cómo enfocan los suyos. No os fijéis en las parrafadas despampanantes de un orador político, observad si en su proceder son honrados y generosos y atienden a las necesidades de su pueblo, cuando ocupan cargos. Hay quien va a clase a sacar faltas de la lección que dicta el maestro, creyéndose más espabilado y erudito que él. El alumno debe aprender cuando va a clase, ya llegará el día que poseyendo conocimientos suficientes académicos, podrá tal vez superar al profesor y hasta ser un genio. Mientras tanto que sea modesto.

7.- Sorprende, pero no debería sorprendernos, que de una persona sencilla y buena, salgan favores, que un egoísta, pedante y narcisista, nunca sabrá otorgar. Fijaos bien en la bondad del hombre bueno y no hagáis caso del que se vanagloria de sus cualidades, pero a nadie da nada.

8.- Las flores de invierno y primavera, ingenuas y atrevidas, son más bellas que las que se están ahora incubando en invernaderos y saldrán a los mercados más tarde, de bello aspecto, pero, casi siempre, sin perfume e incapaces de permanecer vivas. Una planta silvestre, diminuta y perfumada, con su flor incauta, encontrada casualmente por la montaña, podéis ofrecerla, mis queridos jóvenes lectores, a la persona que más améis o depositarla junto al sagrario. Sabrá que el regalo es demostración de que la amáis, o expresión de amor y adoración a Jesús Eucaristía, sin que haya intervenido el dinero que podáis poseer, más o menos bien conseguido.

4 mar 2019

Santo Evangelio 4 de Abril 2019



Día litúrgico: Jueves IV de Cuaresma

Texto del Evangelio (Jn 5,31-47):

 En aquel tiempo, dijo Jesús a los judíos: «Si yo diera testimonio de mí mismo, mi testimonio no sería válido. Otro es el que da testimonio de mí, y yo sé que es válido el testimonio que da de mí. Vosotros mandasteis enviados donde Juan, y él dio testimonio de la verdad. No es que yo busque testimonio de un hombre, sino que digo esto para que os salvéis. Él era la lámpara que arde y alumbra y vosotros quisisteis recrearos una hora con su luz. Pero yo tengo un testimonio mayor que el de Juan; porque las obras que el Padre me ha encomendado llevar a cabo, las mismas obras que realizo, dan testimonio de mí, de que el Padre me ha enviado. Y el Padre, que me ha enviado, es el que ha dado testimonio de mí. Vosotros no habéis oído nunca su voz, ni habéis visto nunca su rostro, ni habita su palabra en vosotros, porque no creéis al que Él ha enviado.

»Vosotros investigáis las escrituras, ya que creéis tener en ellas vida eterna; ellas son las que dan testimonio de mí; y vosotros no queréis venir a mí para tener vida. La gloria no la recibo de los hombres. Pero yo os conozco: no tenéis en vosotros el amor de Dios. 

»Yo he venido en nombre de mi Padre, y no me recibís; si otro viene en su propio nombre, a ése le recibiréis. ¿Cómo podéis creer vosotros, que aceptáis gloria unos de otros, y no buscáis la gloria que viene del único Dios? No penséis que os voy a acusar yo delante del Padre. Vuestro acusador es Moisés, en quién habéis puesto vuestra esperanza. Porque, si creyerais a Moisés, me creeríais a mí, porque él escribió de mí. Pero, si no creéis en sus escritos, ¿cómo vais a creer en mis palabras?».


«Si yo diera testimonio de mí mismo, mi testimonio no sería válido»

Rev. D. Miquel MASATS i Roca 
(Girona, España)

Hoy, el Evangelio nos enseña cómo Jesús hace frente a la siguiente objeción: según se lee en Dt 19,15, para que un testimonio tenga valor es necesario que proceda de dos o tres testigos. Jesús alega a favor suyo el testimonio de Juan el Bautista, el testimonio del Padre —que se manifiesta en los milagros obrados por Él— y, finalmente, el testimonio de las Escrituras.

Jesucristo echa en cara a los que le escuchan tres impedimentos que tienen para reconocerle como al Mesías Hijo de Dios: la falta de amor a Dios; la ausencia de rectitud de intención —buscan sólo la gloria humana— y que interpretan las Escrituras interesadamente.

El Santo Padre San Juan Pablo II nos escribía: «A la contemplación del rostro de Cristo tan sólo se llega escuchando en el Espíritu la voz del Padre, ya que nadie conoce al Hijo fuera del Padre (cf. Mt 11,27). Así, pues, se necesita la revelación del Altísimo. Pero, para acogerla, es indispensable ponerse en actitud de escuchar».

Por esto, hay que tener en cuenta que, para confesar a Jesucristo como verdadero Hijo de Dios, no es suficiente con las pruebas externas que se nos proponen; es muy importante la rectitud en la voluntad, es decir, las buenas disposiciones. 

En este tiempo de Cuaresma, intensificando las obras de penitencia que facilitan la renovación interior, mejoraremos nuestras disposiciones para contemplar el verdadero rostro de Cristo. Por esto, san Josemaría nos dice: «Ese Cristo, que tú ves, no es Jesús. —Será, en todo caso, la triste imagen que pueden formar tus ojos turbios...—Purifícate. Clarifica tu mirada con la humildad y la penitencia. Luego... no te faltarán las limpias luces del Amor. Y tendrás una visión perfecta. Tu imagen será realmente la suya: ¡Él!».

Sato Evangelio 4 de Marzo de 2019



Texto del Evangelio (Mc 10,17-27): Un día que Jesús se ponía ya en camino, uno corrió a su encuentro y arrodillándose ante Él, le preguntó: «Maestro bueno, ¿qué he de hacer para tener en herencia la vida eterna?». Jesús le dijo: «¿Por qué me llamas bueno? Nadie es bueno sino sólo Dios. Ya sabes los mandamientos: No mates, no cometas adulterio, no robes, no levantes falso testimonio, no seas injusto, honra a tu padre y a tu madre». Él, entonces, le dijo: «Maestro, todo eso lo he guardado desde mi juventud». Jesús, fijando en él su mirada, le amó y le dijo: «Una cosa te falta: anda, cuanto tienes véndelo y dáselo a los pobres y tendrás un tesoro en el cielo; luego, ven y sígueme». Pero él, abatido por estas palabras, se marchó entristecido, porque tenía muchos bienes. 

Jesús, mirando a su alrededor, dice a sus discípulos: «¡Qué difícil es que los que tienen riquezas entren en el Reino de Dios!». Los discípulos quedaron sorprendidos al oírle estas palabras. Mas Jesús, tomando de nuevo la palabra, les dijo: «¡Hijos, qué difícil es entrar en el Reino de Dios! Es más fácil que un camello pase por el ojo de la aguja, que el que un rico entre en el Reino de Dios». Pero ellos se asombraban aún más y se decían unos a otros: «Y ¿quién se podrá salvar?». Jesús, mirándolos fijamente, dice: «Para los hombres, imposible; pero no para Dios, porque todo es posible para Dios».

«Anda, cuanto tienes véndelo y dáselo a los pobres (...); luego, ven y sígueme»


P. Joaquim PETIT Llimona, L.C. 
(Barcelona, España)

Hoy, la liturgia nos presenta un evangelio ante el cual es difícil permanecer indiferente si se afronta con sinceridad de corazón.

Nadie puede dudar de las buenas intenciones de aquel joven que se acercó a Jesucristo para hacerle una pregunta: «Maestro bueno: ¿qué he de hacer para tener en herencia la vida eterna?» (Mc 10,17). Por lo que nos refiere san Marcos, está claro que en ese corazón había necesidad de algo más, pues es fácil suponer que —como buen israelita— conocía muy bien lo que la Ley decía al respecto, pero en su interior había una inquietud, una necesidad de ir más allá y, por eso, interpela a Jesús.

En nuestra vida cristiana tenemos que aprender a superar esa visión que reduce la fe a una cuestión de mero cumplimiento. Nuestra fe es mucho más. Es una adhesión de corazón a Alguien, que es Dios. Cuando ponemos el corazón en algo, ponemos también la vida y, en el caso de la fe, superamos entonces el conformismo que parece hoy atenazar la existencia de tantos creyentes. Quien ama no se conforma con dar cualquier cosa. Quien ama busca una relación personal, cercana, aprovecha los detalles y sabe descubrir en todo una ocasión para crecer en el amor. Quien ama se da.



En realidad, la respuesta de Jesús a la pregunta del joven es una puerta abierta a esa donación total por amor: «Anda, cuanto tienes véndelo y dáselo a los pobres (…); luego, ven y sígueme» (Mc 10,21). No es un dejar porque sí; es un dejar que es darse y es un darse que es expresión genuina del amor. Abramos, pues, nuestro corazón a ese amor-donación. Vivamos nuestra relación con Dios en esa clave. Orar, servir, trabajar, superarse, sacrificarse... todo son caminos de donación y, por tanto, caminos de amor. Que el Señor encuentre en nosotros no sólo un corazón sincero, sino también un corazón generoso y abierto a las exigencias del amor. Porque —en palabras de san Juan Pablo II— «el amor que viene de Dios, amor tierno y esponsal, es fuente de exigencias profundas y radicales».

La bondad siempre florece



LA BONDAD SIEMPRE FLORECE

Por Ángel Gómez Escorial

1.- Como de costumbre, tenemos una relación muy precisa entre la primera lectura y la tercera, el evangelio. El Libro del Eclesiástico., en su capitulo 27 y Lucas en el capitulo 6 de su relato evangélico coinciden en su diagnostico de no precipitarse en el juicio hacia los demás. La distancia temporal entre el texto del Antiguo Testamento y el momento en que san Lucas recoge las palabras de Jesús que acabamos de escuchar en considerable. Pero también son muchos años los dos mil transcurridos desde que Jesús de Nazaret predicaba por las tierras de Palestina y nuestros tiempos, pero todo sigue igual. Y aunque Jesús es drástico y hasta muy duro en sus palabras, los cristianos hemos seguido apreciando más la mota en ojo ajeno que la viga en la nuestra. La hipocresía, con la soberbia, son los más grande defectos de la humanidad a lo largo de los siglos.

2.- San Pablo en su carta primera a los Corintios nos transmite las siguientes frases “La muerte ha sido absorbida en la victoria. ¿Dónde está, muerte, tu victoria? ¿Dónde está, muerte, tu aguijón?”. Obviamente la victoria es de Cristo y según Pablo de Tarso la muerte es el pecado. Hoy., todavía, impresionan esas frases, aun limitadas un tanto por las muchas veces que las hemos escuchado. Pero si todos los humanos hemos de acabar en la muerte parece que esta, finalmente, vence. Pero, no; nuestro final no existe porque seguiremos viviendo junto a Cristo.

3.- La bondad del hombre aparece sin esfuerzo y sin grandes investigaciones. Está presente en su vida cotidiana y en su relación con los demás hermanos. Y Cristo señala que puede ser similar para el hombre malo: a la maldad se la ve venir. Sin duda, hay hombres y mujeres malvados que tapan, que ocultan, su maldad y no asumen su mal proceder. Pero no podrán ocultar su desafuero por mucho tiempo. Y aunque algunos intentan disfrazar su maldad en bien, tampoco lo consiguen. El mensaje de Jesús de Nazaret queda muy claro: “El hombre bueno, de la bondad que atesora en su corazón saca el bien, y el que es malo, de la maldad saca el mal; porque de lo que rebosa el corazón habla la boca”.

Saquemos pues nuestras consecuencias y, sobre todo, sigamos, junto a Jesús, las muchas vicisitudes de nuestras vidas. El bien ha de ser nuestra divisa y el amor a nuestros hermanos, el mejor trabajo cotidiano.

3 mar 2019

Santo Evangelio 3 de Marzo 2019



Día litúrgico: Domingo VIII (C) del tiempo ordinario


Texto del Evangelio (Lc 6,39-45): En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos esta parábola: «¿Podrá un ciego guiar a otro ciego? ¿No caerán los dos en el hoyo? No está el discípulo por encima del maestro. Todo discípulo que esté bien formado, será como su maestro. ¿Cómo es que miras la brizna que hay en el ojo de tu hermano, y no reparas en la viga que hay en tu propio ojo? ¿Cómo puedes decir a tu hermano: ‘Hermano, deja que saque la brizna que hay en tu ojo’, no viendo tú mismo la viga que hay en el tuyo? Hipócrita, saca primero la viga de tu ojo, y entonces podrás ver para sacar la brizna que hay en el ojo de tu hermano».

»Porque no hay árbol bueno que dé fruto malo y, a la inversa, no hay árbol malo que dé fruto bueno. Cada árbol se conoce por su fruto. No se recogen higos de los espinos, ni de la zarza se vendimian uvas. El hombre bueno, del buen tesoro del corazón saca lo bueno, y el malo, del malo saca lo malo. Porque de lo que rebosa el corazón habla su boca».


«El hombre bueno, del buen tesoro del corazón saca lo bueno»

+ Dr. Johannes VILAR 
(Köln, Alemania)

Hoy hay sed de Dios, hay frenesí por encontrar un sentido a la existencia y a la actuación propias. El boom del interés esotérico lo demuestra, pero las teorías auto-redentoras no sirven. A través del profeta Jeremías, Dios lamenta que su pueblo haya cometido dos males: le abandonaron a Él, fuente de aguas vivas, y se cavaron aljibes, aljibes agrietados, que no retienen el agua (cf. Jer 2,13).

Hay quienes vagan entre medio de pseudo-filosofías y pseudo-religiones —ciegos que guían a otros ciegos (cf. Lc 6,39)— hasta que descorazonados, como san Agustín, con el esfuerzo proprio y la gracia de Dios, se convierten, porque descubren la coherencia y trascendencia de la fe revelada. En palabras de san Josemaría Escrivá, «La gente tiene una visión plana, pegada a la tierra, de dos dimensiones. —Cuando vivas vida sobrenatural obtendrás de Dios la tercera dimensión: la altura, y, con ella, el relieve, el peso y el volumen».

Benedicto XVI iluminó muchísimos aspectos de la fe con textos científicos y textos pastorales llenos de sugerencias, como su trilogía "Jesús de Nazaret". He observado cómo muchos no-católicos se orientan en sus enseñanzas (y en las de san Juan Pablo II). Esto no es casual, pues no hay árbol bueno que dé fruto malo, no hay árbol malo que dé fruto bueno (cf. Lc 6,43). 

Se podrían dar grandes pasos en el ecumenismo, si hubiere más buena voluntad y más amor a la Verdad (muchos no se convierten por prejuicios y ataduras sociales, que no deberían ser freno alguno, pero lo son). En cualquier caso, demos gracias a Dios por esos regalos (Juan Pablo II no dudaba en afirmar que Concilio Vaticano II es el gran regalo de Dios a la Iglesia en el siglo XX); y pidamos por la Unidad, la gran intención de Jesucristo, por la que Él mismo rezó en su Última Cena.

Los frutos de nuestra vida

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LOS FRUTOS DE NUESTRA VIDA

Por Francisco Javier Colomina Campos

Después de escuchar el pasado domingo la llamada de Jesús acerca del amor a todos, incluso a los enemigos, y a punto de celebrar el Miércoles de Ceniza y con él dar comienzo a la Cuaresma, la liturgia de la palabra nos invita hoy a preguntarnos si los frutos que estamos dando en nuestra vida son los frutos que espera Dios de nosotros, y a tomarnos en serio el camino de conversión y de preparación a la Pascua que comenzaremos el próximo miércoles con la imposición de la ceniza.

1. La verdadera justicia comienza por uno mismo. Después de las exigencias del amor a los enemigos que escuchábamos en el Evangelio del pasado domingo, hoy Jesús nos invita a revisarnos a nosotros mismos. Es fácil pensar que los demás son los que no hacen bien las cosas. Cuántas veces leemos en la Escritura algún texto, o escuchamos la homilía de un sacerdote, y pensamos: qué bien le vendría a fulanito escuchar esto… Por eso hoy Jesús nos llama la atención y nos dice que no es posible que podamos ver la mota de polvo que tiene el otro en su ojo cuando intentamos quitársela, si no nos quitamos nosotros primero la viga que tenemos en el nuestro. Es decir, que hemos de empezar por juzgarnos a nosotros mismos antes de juzgar a los demás, que hemos de corregirnos a nosotros mismos antes de pretender corregir a los demás. No está el discípulo por encima de su maestro, dice Jesús en el Evangelio de hoy, y esto se completa cuando nos damos cuenta de que hemos de considerar a los demás como maestros, como superiores a nosotros. Hemos de abrir bien los ojos, pero no para fijarnos en las faltas y en los defectos de los demás, sino para ver primero nuestras faltas y defectos, para sacarnos las “vigas” de nuestros ojos, y entonces, cuando veamos con claridad, poder guiar a otros, poderles ayudar a quitarse la mota de polvo que tienen en su ojo. Qué fácil es exigir a los demás, cuando nosotros no hacemos muchas veces ni la mitad de lo que exigimos a otros. Si queremos que las cosas vayan bien, si deseamos que el mundo o la misma Iglesia funcionen mejor, comencemos por cambiarnos a nosotros mismos y pongámonos en camino de conversión, y después estaremos en disposición de ayudar a otros a que se corrijan.

2. ¿De qué tenemos lleno el corazón? Jesús, a continuación, nos invita a preguntarnos qué tenemos en nuestro interior, en nuestro corazón. Pues “de lo que rebosa el corazón habla la boca”. Si queremos un criterio que nos ayude a conocer qué tenemos en nuestro corazón, fijémonos en las cosas que decimos. ¿De qué cosas solemos hablar?, ¿cuáles son nuestros temas habituales de conversación? Así es como sabremos si nuestro corazón está lleno de amor y de compasión hacia los demás o más bien está lleno de juicios; o si en verdad está lleno de Dios o más bien está lleno de las cosas del mundo. Jesús nos recuerda que cada árbol da el fruto que le corresponde, y que de un árbol bueno se espera que dé fruto bueno, mientras que de un árbol malo se espera que de fruto malo. Del mismo modo, de un hombre que tiene un buen corazón, lleno del amor de Dios, saldrán frutos de bondad, de amor y de misericordia hacia los demás, mientras que un corazón lleno de maldad, de rencor y de juicios hacia los demás sólo podrá dar furos de odio, de división y de maldad. Por ello, hoy es un buen día, cercanos ya a la Cuaresma, para que nos preguntemos: ¿cuáles son los frutos que estoy dando?

3. Dios nos da la victoria sobre el mal y sobre la muerte. Pero no hemos de olvidar que quien llena nuestro corazón de la bondad y del amor es Dios. Él es quien nos da la salvación y quien es capaz de convertir nuestro corazón de piedra por un corazón de carne. Es importante recordar esto: que no somos nosotros quienes podemos cambiar nuestro corazón, por mucho que nos esforcemos en ello. Es Dios, como nos dice san Pablo en la segunda lectura, quien nos da la victoria sobre el mal y sobre la muerte, es Él quien ha vencido a la muerte con su propia muerte. Así, si deseamos dar los buenos frutos que Dios espera de nosotros, lo primero que hemos de hacer es acercarnos a Él, con un corazón sencillo y humilde, para que Él llene nuestro corazón de la bondad y del amor. Demos gracias a Dios que nos da la victoria por medio de Jesucristo, como nos invita san Pablo, conscientes de que no somos nosotros, sino que es Dios quien vence a la muerte. Ya no hay nada que pueda con nosotros si estamos con Él y en Él.

Este tiempo de Cuaresma, que estamos ya cercanos a comenzar, es un tiempo propicio de conversión para acercarnos de nuevo a Dios y dejar que Él nos transforme, que nos ayude a quitar las “vigas” que tenemos en nuestros ojos, que llene nuestro corazón de amor y de misericordia, pues es Él quien ha muerto por nosotros en la cruz y es Él quien nos da la salvación.