26 sept 2018

Niño, que por darme vida

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Himno

Niño, que por darme vida

Fuente: Liturgia de las horas

   

Niño, que por darme vida 
te pusiste mi vestido, 
bien que te viene nacido, 
mas no es hecho a tu medida.

Aunque eres, si bien se apura, 
tan grande como tu Padre, 
hoy te da señora Madre 
un vestido de criatura.

Traérosle toda la vida, 
sin mudar otro vestido, 
mas andarás encogido, 
por ser hecho a mi medida.

No te vendrá nada holgado; 
que, aunque paño baladí, 
primero que dé de sí 
le tendrás todo rasgado.

Y aun te costará la vida 
el habértele vestido, 
porque te traerá molido 
el ser hecho a mi medida.

Al Mesías tributad,
que nos trajo salvación, 
honor, gloria y bendición 
por toda la eternidad. 
Amén.

25 sept 2018

Santo Evangelio 25 de septiembre 2018


Día litúrgico: Martes XXV del tiempo ordinario

Texto del Evangelio (Lc 8,19-21):

 En aquel tiempo, se presentaron la madre y los hermanos de Jesús donde Él estaba, pero no podían llegar hasta Él a causa de la gente. Le anunciaron: «Tu madre y tus hermanos están ahí fuera y quieren verte». Pero Él les respondió: «Mi madre y mis hermanos son aquellos que oyen la Palabra de Dios y la cumplen».


«Mi madre y mis hermanos son aquellos que oyen la Palabra de Dios y la cumplen»

Rev. D. Xavier JAUSET i Clivillé 
(Lleida, España)

Hoy leemos un hermoso pasaje del Evangelio. Jesús no ofende para nada a su Madre, ya que Ella es la primera en escuchar la Palabra de Dios y de Ella nace Aquel que es la Palabra. Al mismo tiempo es la que más perfectamente cumplió la voluntad de Dios: «He aquí la esclava del Señor: hágase en mí según tu palabra» (Lc 1,38), responde al ángel en la Anunciación.

Jesús nos dice lo que necesitamos para llegar a ser sus familiares, también nosotros: «Aquellos que oyen...» (Lc 8,21) y para oír es preciso que nos acerquemos como sus familiares, que llegaron a donde estaba; pero no podían acercarse a Él a causa del gentío. Los familiares se esfuerzan por acercarse, convendría que nos preguntásemos si luchamos y procuramos vencer los obstáculos que encontramos en el momento de acercarnos a la Palabra de Dios. ¿Dedico diariamente unos minutos a leer, escuchar y meditar la Sagrada Escritura? Santo Tomás de Aquino nos recuerda que «es necesario que meditemos continuamente la Palabra de Dios (...); esta meditación ayuda poderosamente en la lucha contra el pecado».

Y, finalmente, cumplir la Palabra. No basta con escuchar la Palabra; es preciso cumplirla si queremos ser miembros de la familia de Dios. ¡Debemos poner en práctica aquello que nos dice! Por eso será bueno que nos preguntemos si solamente obedezco cuando lo que se me pide me gusta o es relativamente fácil, y, por el contrario, si cuando hay que renunciar al bienestar, a la propia fama, a los bienes materiales o al tiempo disponible para el descanso..., pongo la Palabra entre paréntesis hasta que vengan tiempos mejores. Pidamos a la Virgen María que escuchemos como Ella y cumplamos la Palabra de Dios para andar así por el camino que conduce a la felicidad duradera.

Niño que, antes de nacer

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Himno

Niño que, antes de nacer

Fuente: Liturgia de las horas



Niño que, antes de nacer,
reconoce a su Señor
y da saltos de placer
bien puede llegar a ser
su profeta y precursor.


Su nombre será San Juan,
su morada, los desiertos;
langostas serán su pan;
sobre el agua del Jordán,
verá los cielos abiertos.


Otros le vieron lejano
y le anunciaron primero;
Juan le ve ya tan cercano
que va extendiendo su mano
y señalando al Cordero.


Está llegando la hora,
ocaso de un Testamento,
pero del nuevo la aurora,
con la gracia triunfadora
de Juan en el nacimiento.


La ley vieja en él fenece,
la de gracia en él apunta;
de dónde claro parece
que en este niño amanece
libertad y gracia junta.


Claro espejo en el Jordán,
después que los dos se han visto
y abrazos de paz se dan:
resplandece Cristo en Juan,
y Juan reverbera en Cristo.


Juan a Jesús bautizaba,
el cielo entero se abría,
la voz del Padre sonaba,
la Paloma se posaba
en gloriosa teofanía.


Nunca se podrá acallar
la voz que habló en el desierto,
aunque le hayan de cortar
la cabeza; estará muerto,
mas no dejará de hablar.


Gloria al Padre muy amado,
gloria al Hijo Salvador,
que nos libra del pecado,
y gloria al que él ha enviado,
al Espíritu de Amor.



Amén.

24 sept 2018

Santo Evangelio 24 de septiembre 2018


Día litúrgico: Lunes XXV del tiempo ordinario

Santoral 24 de Septiembre: La Virgen de la Merced

Texto del Evangelio (Lc 8,16-18): 

En aquel tiempo, Jesús dijo a la gente: «Nadie enciende una lámpara y la cubre con una vasija, o la pone debajo de un lecho, sino que la pone sobre un candelero, para que los que entren vean la luz. Pues nada hay oculto que no quede manifiesto, y nada secreto que no venga a ser conocido y descubierto. Mirad, pues, cómo oís; porque al que tenga, se le dará; y al que no tenga, aun lo que crea tener se le quitará».


«Pone (la lámpara) sobre un candelero, para que los que entren vean la luz»

+ Rev. D. Joaquim FONT i Gassol 
(Igualada, Barcelona, España)

Hoy, este Evangelio tan breve es rico en temas que atraen nuestra atención. En primer lugar, “dar luz”: ¡todo es patente ante los ojos de Dios! Segundo gran tema: las Gracias están engarzadas, la fidelidad a una atrae a otras: «Gratiam pro gratia» (Jn 1,16). En fin, es un lenguaje humano para cosas divinas y perdurables.

¡Luz para los que entran en la Iglesia! Desde siglos, las madres cristianas han enseñado en la intimidad a sus hijos con palabras expresivas, pero sobre todo con la “luz” de su buen ejemplo. También han sembrado con la típica cordura popular y evangélica, comprimida en muchos refranes, llenos de sabiduría y de fe a la vez. Uno de ellos es éste: «Iluminar y no difuminar». San Mateo nos dice: «(...) para que alumbre a todos los que están en la casa. Brille así vuestra luz delante de los hombres para que, al ver vuestras buenas obras, den gloria a vuestro Padre que está en los cielos» (Mt 5,15-16).

Nuestro examen de conciencia al final del día puede compararse al tendero que repasa la caja para ver el fruto de su trabajo. No empieza preguntando: —¿Cuánto he perdido? Sino más bien: —¿Qué he ganado? Y acto seguido: —¿Cómo podré ganar más mañana, qué puedo hacer para mejorar? El repaso de nuestra jornada acaba con acción de gracias y, por contraste, con un acto de dolor amoroso. —Me duele no haber amado más y espero lleno de ilusión, estrenar mañana el nuevo día para agradar más a Nuestro Señor, que siempre me ve, me acompaña y me ama tanto. —Quiero proporcionar más luz y disminuir el humo del fuego de mi amor.

En las veladas familiares, los padres y abuelos han forjado —y forjan— la personalidad y la piedad de los niños de hoy y hombres de mañana. ¡Merece la pena! ¡Es urgente! María, Estrella de la mañana, Virgen del amanecer que precede a la Luz del Sol-Jesús, nos guía y da la mano. «¡Oh Virgen dichosa! Es imposible que se pierda aquel en quien tú has puesto tu mirada» (San Anselmo).

Nada te turbe

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Himno

Nada te turbe

Fuente: Liturgia de las horas



Nada te turbe,
nada te espante,
todo se pasa,
Dios no se muda;
la paciencia
todo lo alcanza;
quien a Dios tiene
nada le falta:
sólo Dios basta.

23 sept 2018

Santo Evangelio 23 de septiembre 2018


Día litúrgico: Domingo XXV (B) del tiempo ordinario

Texto del Evangelio (Mc 9,30-37): 

En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos pasaban por Galilea, pero Él no quería que se supiera, porque iba enseñando a sus discípulos. Les decía: «El Hijo del hombre será entregado en manos de los hombres; le matarán y a los tres días de haber muerto resucitará». Pero ellos no entendían lo que les decía y temían preguntarle. 

Llegaron a Cafarnaúm, y una vez en casa, les preguntaba: «¿De qué discutíais por el camino?». Ellos callaron, pues por el camino habían discutido entre sí quién era el mayor. Entonces se sentó, llamó a los Doce, y les dijo: «Si uno quiere ser el primero, sea el último de todos y el servidor de todos». Y tomando un niño, le puso en medio de ellos, le estrechó entre sus brazos y les dijo: «El que reciba a un niño como éste en mi nombre, a mí me recibe; y el que me reciba a mí, no me recibe a mí sino a Aquel que me ha enviado».


«El Hijo del hombre será entregado (...); le matarán y a los tres días de haber muerto resucitará»

Rev. D. Pedro-José YNARAJA i Díaz 
(El Montanyà, Barcelona, España)

Hoy, nos cuenta el Evangelio que Jesús marchaba con sus discípulos, sorteando poblaciones, por una gran llanura. Para conocerse, nada mejor que caminar y viajar en compañía. Surge entonces con facilidad la confidencia. Y la confidencia es confianza. Y la confianza es comunicar amor. El amor deslumbra y asombra al descubrirnos el misterio que se alberga en lo más íntimo del corazón humano. Con emoción, el Maestro habla a sus discípulos del misterio que roe su interior. Unas veces es ilusión; otras, al pensarlo, siente miedo; la mayoría de las veces sabe que no le entenderán. Pero ellos son sus amigos, todo lo que recibió del Padre debe comunicárselo y hasta ahora así ha venido haciéndolo. No le entienden pero sintonizan con la emoción con que les habla, que es aprecio, prueba de que ellos cuentan con Él, aunque sean tan poca cosa, para lograr que sus proyectos tengan éxito. Será entregado, lo matarán, pero resucitará a los tres días (cf. Mc 9,31).

Muerte y resurrección. Para unos serán conceptos enigmáticos; para otros, axiomas inaceptables. Él ha venido a revelarlo, a gritar que ha llegado la suerte gozosa para el género humano, aunque para que así sea le tocará a Él, el amigo, el hermano mayor, el Hijo del Padre, pasar por crueles sufrimientos. Pero, ¡Oh triste paradoja!: mientras vive esta tragedia interior, ellos discuten sobre quien subirá más alto en el podio de los campeones, cuando llegue el final de la carrera hacia su Reino. ¿Obramos nosotros de manera diferente? Quien esté libre de ambición, que tire la primera piedra.

Jesús proclama nuevos valores. Lo importante no es triunfar, sino servir; así lo demostrará el día culminante de su quehacer evangelizador lavándoles los pies. La grandeza no está en la erudición del sabio, sino en la ingenuidad del niño. «Aun cuando supieras de memoria la Biblia entera y las sentencias de todos los filósofos, ¿de qué te serviría todo eso sin caridad y gracia de Dios?» (Tomás de Kempis). Saludando al sabio satisfacemos nuestra vanidad, abrazando al pequeñuelo estrujamos a Dios y de Él nos contagiamos, divinizándonos.

El discípulo de Jesús debe tener clara su vocación de servidor

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EL DISCÍPULO DE JESÚS DEBE TENER CLARA SU VOCACIÓN DE SERVIDOR

Por Gabriel González del Estal

1.- Quien quiera ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de todos. Como ya hemos dicho en otras ocasiones, y como todos vosotros sabéis, los discípulos de Jesús, antes de su muerte, creían en un Jesús Mesías triunfante y vencedor, que, por supuesto, era y sería el primero de todos en lo político, en lo social y en lo religioso. Por eso, discutían por el camino entre ellos quién de ellos iba a ser el primero, después de Jesús, en el reino del que Jesús sería el Rey y Jefe supremo. La respuesta de Jesús es clara y contundente: yo he venido a este mundo para servir, para salvar, para redimir a los hombres, no para ser jefe político y social de los demás; por eso, quien de vosotros quiera seguirme a mí debe tener clara su condición de servidor de los demás, no de jefe. El ejemplo que les pone de acoger a los niños hay que entenderlo también en este sentido: los niños en tiempo de Jesús no mandaban, confiaban en sus padres. Lo mismo nosotros, los discípulos de Jesús, debemos confiar en nuestro Padre Dios, y en su Hijo Jesucristo Y si Jesús vino para servir, no para mandar, los mismo debemos hacer nosotros, servir a los demás y confiar en Dios. Es evidente que en la vida ordinaria la persona adulta debe comportarse ante los demás como persona adulta, no como un niño, pero ante Dios y ante Jesús todos nosotros debemos comportarnos como niños y confiar no en nuestras propias fuerzas, sino en el poder y la misericordia de Dios. El servicio a los demás y la confianza en Dios son, pues, los dos mensajes principales de este relato del evangelista Marcos. Y, como para ser servidores de los demás hace falta ser humildes y sacrificados, pues hagamos hoy nosotros el propósito de ser en nuestra vida personas humildes, sacrificadas y con mucha confianza en Dios. Al fin de cuentas, como dice el salmo responsorial, salmo 53, espiritualmente no son nuestras fuerzas personales, sino nuestro Dios y su hijo Jesucristo los que sostienen nuestra vida y nos ayudan a vencer las tentaciones y adversidades de este mundo.

2.- Acechemos al justo, que nos resulta incómodo… Si el justo es hijo de Dios, lo auxiliará y lo librará del poder de sus enemigos: lo someteremos a prueba y a tortura, para comprobar su moderación y apreciar su paciencia; lo condenaremos a muerte ignominiosa, pues dice que hay quien se ocupe de él. Este texto del libro de la Sabiduría lo podemos aplicar muy bien a Cristo, a todos los mártires cristianos y a muchas personas que, a lo largo de su vida, han sufrido desprecios y sufrimientos por manifestar públicamente su fe. La vida de una persona justa y buena, que obra públicamente según su conciencia cristiana, no está nunca exenta de sufrimiento y mortificación. Apliquémonos nosotros este texto a nosotros mismos y hagamos el propósito de ser siempre fieles a nuestra conciencia cristiana, aunque esto muchas veces nos suponga mortificación y sacrificios. Ser buena persona y fiel a nuestra conciencia cristiana en todo momento nos va a suponer, seguro, mucha paciencia y fortaleza cristiana. Cristo no sufrió el desprecio y la muerte por gusto, sino porque fue el precio que tuvo que pagar por cumplir la voluntad de su Padre, Dios. Cuando nos lleguen a nosotros momentos de tener que sufrir por mantener públicamente nuestra fe cristiana aceptemos el sufrimiento, sabiendo que sólo así seremos fieles discípulos de nuestro Señor Jesucristo.

3.- Donde hay envidias y rivalidades, hay desorden y toda clase de males. La sabiduría que viene de arriba ante todo es pura y, además, es amante de la paz, comprensiva, dócil, llena de misericordia y obras buenas, constante, sincera. Los que procuran la paz están sembrando la paz, y su fruto es la justicia. Se ve que ya en tiempos del apóstol Santiago, en las primeras comunidades cristianas había envidias y rivalidades. No es fácil actuar siempre con la sabiduría de Dios, sembrando la paz y actuando con justicia. Examinémonos a nosotros mismos y a la comunidad cristiana donde nosotros vivimos ahora y veamos si somos personas de paz, que sembramos la paz y actuamos siempre con justicia. Las envidias y las rivalidades son, casi siempre, fruto de nuestro deseo innato de ser primeros y no parecer menos que los demás. Como hemos dicho al principio, si queremos ser buenos discípulos de Cristo no nos esforcemos tanto por mandar y ser primeros, sino por ser buenos servidores de los demás. Y confiemos siempre en Dios, que es, como nos dice el salmo 3, el que sostiene nuestra vida.