18 jul 2018

Salmo 144 Himno a la grandeza de Dios

Imagen relacionada

Salmo 144

Himno a la grandeza de Dios




Te ensalzaré, Dios mío, mi rey;
bendeciré tu nombre por siempre jamás.

Día tras día, te bendeciré
y alabaré tu nombre por siempre jamás.

Grande es el Señor, merece toda alabanza,
es incalculable su grandeza;
una generación pondera tus obras a la otra,
y le cuenta tus hazañas.

Alaban ellos la gloria de tu majestad,
y yo repito tus maravillas;
encarecen ellos tus temibles proezas,
y yo narro tus grandes acciones;
difunden la memoria de tu inmensa bondad,
y aclaman tus victorias.

El Señor es clemente y misericordioso,
lento a la cólera y rico en piedad;
el Señor es bueno con todos,
es cariñoso con todas sus criaturas.

Que todas tus criaturas te den gracias, Señor,
que te bendigan tus fieles;
que proclamen la gloria de tu reinado,
que hablen de tus hazañas;

explicando tus hazañas a los hombres,
la gloria y majestad de tu reinado.
Tu reinado es un reinado perpetuo,
tu gobierno va de edad en edad.

El Señor es fiel a sus palabras,
bondadoso en todas sus acciones.
El Señor sostiene a los que van a caer,
endereza a los que ya se doblan.

Los ojos de todos te están aguardando,
tú les das la comida a su tiempo;
abres tú la mano,
y sacias de favores a todo viviente.

El Señor es justo en todos sus caminos,
es bondadoso en todas sus acciones;
cerca está el Señor de los que lo invocan,
de los que lo invocan sinceramente.

Satisface los deseos de sus fieles,
escucha sus gritos, y los salva.
El Señor guarda a los que lo aman,
pero destruye a los malvados.

Pronuncie mi boca la alabanza del Señor,
todo viviente bendiga su santo nombre
por siempre jamás. 

17 jul 2018

Santo Evangelio 17 de julio 2018


Día litúrgico: Martes XV del tiempo ordinario

Texto del Evangelio (Mt 11,20-24): En aquel tiempo, Jesús se puso a maldecir a las ciudades en las que se habían realizado la mayoría de sus milagros, porque no se habían convertido: «¡Ay de ti, Corozaín! ¡Ay de ti, Betsaida! Porque si en Tiro y en Sidón se hubieran hecho los milagros que se han hecho en vosotras, tiempo ha que en sayal y ceniza se habrían convertido. Por eso os digo que el día del Juicio habrá menos rigor para Tiro y Sidón que para vosotras. Y tú, Cafarnaúm, ¿hasta el cielo te vas a encumbrar? ¡Hasta el Hades te hundirás! Porque si en Sodoma se hubieran hecho los milagros que se han hecho en ti, aún subsistiría el día de hoy. Por eso os digo que el día del Juicio habrá menos rigor para la tierra de Sodoma que para ti».

«¡Ay de ti, Corozaín! ¡Ay de ti, Betsaida!»

Fr. Damien LIN Yuanheng 
(Singapore, Singapur)

Hoy, Cristo reprende a dos ciudades de Galilea, Corozaín y Betsaida, por su incredulidad: «¡Ay de ti, Corozaín! ¡Ay de ti, Betsaida! Porque si en Tiro y en Sidón se hubieran hecho los milagros que se han hecho en vosotras, (...) se habrían convertido» (Mt 11,21). Jesús mismo da testimonio en favor de las ciudades fenicias, Tiro y Sidón: éstas hubieran hecho penitencia, con gran humildad, de haber experimentado las maravillas del poder divino.

Nadie es feliz recibiendo una buena reprimenda. En efecto, tiene que ser especialmente doloroso ser reprendido por Cristo, Él que nos ama con un corazón infinitamente misericordioso. Simplemente, no hay excusa, no hay inmunidad cuando uno es reprendido por la mismísima Verdad. Recibamos, pues, con humildad y responsabilidad cada día la llamada de Dios a la conversión.

También notamos que Cristo no se anda con rodeos. Él situó a su audiencia frente a frente ante la verdad. Debemos examinarnos sobre cómo hablamos de Cristo a los demás. A menudo, también nosotros tenemos que luchar contra nuestros respetos humanos para poner a nuestros amigos frente a las verdades eternas, tales como la muerte y el juicio. El Papa Francisco, conscientemente, describió a san Pablo como un “alborotador”: «El Señor siempre quiere que vayamos más lejos... Que no nos refugiemos en una vida tranquila ni en las estructuras caducas (…). Y Pablo, molestaba predicando al Señor. Pero él iba hacia adelante, porque tenía dentro de sí aquella actitud cristiana que es el celo apostólico. No era un “hombre de compromiso”». ¡No rehuyamos nuestro deber de caridad!

Quizá, como yo, encontrarás iluminadoras estas palabras de san Josemaría Escrivá: «(…) Se trata de hablar en sabio, en cristiano, pero de modo asequible a todos». No podemos dormirnos en los laureles —acomodarnos— para ser entendidos por muchos, sino que debemos pedir la gracia de ser humildes instrumentos del Espíritu Santo, con el fin de situar de lleno a cada hombre y a cada mujer ante la Verdad divina.

Salmo 143 Oración por la victoria y la Paz


Resultado de imagen de paisajes naturales

Salmo 143

Oración por la victoria y la Paz


Bendito el Señor, mi Roca,
que adiestra mis manos para el combate,
mis dedos para la pelea;

Mi bienhechor, mi alcázar,
baluarte donde me pongo a salvo,
mi escudo y refugio,
que me somete los pueblos.

Señor, ¿qué es el hombre para que te fijes en él?
¿Qué los hijos de Adán para que pienses en ellos?
El hombre es igual que un soplo;
sus días, una sombra que pasa.

Señor, inclina tu cielo y desciende;
toca los montes, y echarán humo;
fulmina el rayo y dispérsalos;
dispara tus saetas y desbarátalos.

Extiende la mano desde arriba:
defiéndeme, líbrame de las aguas caudalosas,
de la mano de los extranjeros,
cuya boca dice falsedades,
cuya diestra jura en falso.

Dios mío, te cantaré un cántico nuevo,
tocaré para tí el arpa de diez cuerdas:
para tí que das la victoria a los reyes,
y salvas a David, tu siervo. 

16 jul 2018

Santo Evangelio 16 de julio 2018


Día litúrgico: Lunes XV del tiempo ordinario

Santoral 16 de Julio: La Virgen del Carmen


Texto del Evangelio (Mt 10,34--11,1): En aquel tiempo, Jesús dijo a sus apóstoles: «No penséis que he venido a traer paz a la tierra. No he venido a traer paz, sino espada. Sí, he venido a enfrentar al hombre con su padre, a la hija con su madre, a la nuera con su suegra; y enemigos de cada cual serán los que conviven con él. 

El que ama a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; el que ama a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí. El que no toma su cruz y me sigue detrás no es digno de mí. El que encuentre su vida, la perderá; y el que pierda su vida por mí, la encontrará. Quien a vosotros recibe, a mí me recibe, y quien me recibe a mí, recibe a Aquel que me ha enviado. Quien reciba a un profeta por ser profeta, recompensa de profeta recibirá, y quien reciba a un justo por ser justo, recompensa de justo recibirá. Y todo aquel que dé de beber tan sólo un vaso de agua fresca a uno de estos pequeños, por ser discípulo, os aseguro que no perderá su recompensa».

Y sucedió que, cuando acabó Jesús de dar instrucciones a sus doce discípulos, partió de allí para enseñar y predicar en sus ciudades.


«El que no toma su cruz y me sigue detrás no es digno de mí»

Rev. D. Valentí ALONSO i Roig 
(Barcelona, España)

Hoy Jesús nos ofrece una mezcla explosiva de recomendaciones; es como uno de esos banquetes de moda donde los platos son pequeñas "tapas" para saborear. Se trata de consejos profundos y duros de digerir, destinados a sus discípulos en el centro de su proceso de formación y preparación misionera (cf. Mt 11,1). Para gustarlos, debemos contemplar el texto en bloques separados.

Jesús empieza dando a conocer el efecto de su enseñanza. Más allá de los efectos positivos, evidentes en la actuación del Señor, el Evangelio evoca los contratiempos y los efectos secundarios de la predicación: «Enemigos de cada cual serán los que conviven con él» (Mt 10,36). Ésta es la paradoja de vivir la fe: la posibilidad de enfrentarnos, incluso con los más próximos, cuando no entendemos quién es Jesús, el Señor, y no lo percibimos como el Maestro de la comunión.

En un segundo momento, Jesús nos pide ocupar el grado máximo en la escala del amor: «quien ama a su padre o a su madre más que a mí…» (Mt 10,37), «quien ama a sus hijos más que a mí…» (Mt 10,37). Así, nos propone dejarnos acompañar por Él como presencia de Dios, puesto que «quien me recibe a mí, recibe a Aquel que me ha enviado» (Mt 10,40). El efecto de vivir acompañados por el Señor, acogido en nuestra casa, es gozar de la recompensa de los profetas y los justos, porque hemos recibido a un profeta y un justo.

La recomendación del Maestro acaba valorando los pequeños gestos de ayuda y apoyo a quienes viven acompañados por el Señor, a sus discípulos, que somos todos los cristianos. «Y todo aquel que dé de beber tan sólo un vaso de agua fresca a uno de estos pequeños, por ser discípulo...» (Mt 10,42). De este consejo nace una responsabilidad: respecto al prójimo, debemos ser conscientes de que quien vive con el Señor, sea quien sea, ha de ser tratado como le trataríamos a Él. Dice san Juan Crisóstomo: «Si el amor estuviera esparcido por todas partes, nacerían de él una infinidad de bienes».

Salmo 142 Lamentación y súplica ante la angustia

Resultado de imagen de paisajes naturales

Salmo 142

Lamentación y súplica ante la angustia



Señor, escucha mi oración; 
tú, que eres fiel, atiende a mi súplica; 
tú, que eres justo, escúchame. 
No llames a juicio a tu siervo, 
pues ningún hombre vivo es inocente frente a ti. 

El enemigo me persigue a muerte, 
empuja mi vida al sepulcro, 
me confina a las tinieblas 
como a los muertos ya olvidados. 
Mi aliento desfallece, 
mi corazón dentro de mí está yerto. 

Recuerdo los tiempos antiguos, 
medito todas tus acciones, 
considero las obras de tus manos 
y extiendo mis brazos hacia ti: 
tengo sed de ti como tierra reseca. 

Escúchame en seguida, Señor, 
que me falta el aliento. 
No me escondas tu rostro, 
igual que a los que bajan a la fosa. 

En la mañana hazme escuchar tu gracia, 
ya que confío en ti. 
Indícame el camino que he de seguir, 
pues levanto mi alma a ti. 

Líbrame del enemigo, Señor, 
que me refugio en ti. 
Enséñame a cumplir tu voluntad, 
ya que tú eres mi Dios. 
Tú espíritu, que es bueno, 
me guíe por tierra llana. 

Por tu nombre, Señor, consérvame vivo; 
por tu clemencia, sácame de la angustia. 

15 jul 2018

Santo Evangelio 15 de julio 2018


Día litúrgico: Domingo XV (B) del tiempo ordinario


Texto del Evangelio (Mc 6,7-13): En aquel tiempo, Jesús llamó a los Doce y comenzó a enviarlos de dos en dos, dándoles poder sobre los espíritus inmundos. Les ordenó que nada tomasen para el camino, fuera de un bastón: ni pan, ni alforja, ni calderilla en la faja; sino: «Calzados con sandalias y no vistáis dos túnicas». Y les dijo: «Cuando entréis en una casa, quedaos en ella hasta marchar de allí. Si algún lugar no os recibe y no os escuchan, marchaos de allí sacudiendo el polvo de la planta de vuestros pies, en testimonio contra ellos». Y, yéndose de allí, predicaron que se convirtieran; expulsaban a muchos demonios, y ungían con aceite a muchos enfermos y los curaban.

«Jesús llamó a los Doce y comenzó a enviarlos de dos en dos»

Rev. D. Jordi SOTORRA i Garriga 
(Sabadell, Barcelona, España)

Hoy, Domingo XV (B) del tiempo ordinario, leemos en el Evangelio que Jesús envía a los Doce, de dos en dos, a predicar. Hasta ahora han acompañado al Maestro por los caminos de Galilea, pero ha llegado la hora de comenzar la difusión del Evangelio, la Buena Nueva: la noticia de que nuestro Padre Dios nos ama con un amor infinito y que nos ha traído a la vida para hacernos felices por toda la eternidad. Esta noticia es para todos. Nadie ha de quedar al margen de la enseñanza liberadora de Jesús. Nadie queda excluido del Amor de Dios. Es necesario llegar hasta el último rincón del mundo. Hay que anunciar el gozo de la salvación plena y universal, por medio de Jesucristo, el Hijo de Dios hecho hombre por nosotros, muerto y resucitado y presente activamente en la Iglesia.

Equipados con «poder sobre los espíritus inmundos» (Mc 6,7) y con un bagaje casi inexistente -«Les ordenó que nada tomasen para el camino, fuera de un bastón: ni pan, ni alforja, ni calderilla en la faja; sino: ‘Calzados con sandalias y no vistáis dos túnicas’» (Mc 6,8)- inician la misión de la Iglesia. La eficacia de su predicación evangelizadora no vendrá de influencias humanas o materiales, sino del poder de Dios y de la sinceridad, de la fe y del testimonio de vida del predicador. «Todo el impulso, la energía y la entrega de los evangelizadores provienen de la fuente que es el amor de Dios infundido en nuestros corazones con el don del Espíritu Santo» (San Juan Pablo II).

Hoy en día, la Buena Noticia no ha llegado todavía a todas partes, ni con la intensidad que era necesaria. Se ha de predicar la conversión, hay que vencer a muchos espíritus malignos.

Quienes hemos recibido la Buena Noticia, ¿lo sabemos valorar? ¿Somos conscientes de ello? ¿Estamos agradecidos? Sintámonos enviados, misioneros, urgidos a predicar con el ejemplo y, si fuera necesario, con la palabra para que la Buena Nueva no falte a quienes Dios ha puesto en nuestro camino.

Todos los cristianos hemos nacido con la misión de predicar el Evangelio

Resultado de imagen de predicar el evangelio


 TODOS LOS CRISTIANOS HEMOS NACIDO CON LA MISIÓN DE PREDICAR EL EVANGELIO

Por Gabriel González del Estal

1.- En aquel tiempo, llamó Jesús a los doce y los fue enviando de dos en dos… Ellos salieron a predicar la conversión. Predicar el evangelio de Jesús es predicar la conversión al Reino de Dios: un reino de santidad y de gracia, de verdad y de vida, de justicia, de amor y de paz. Tenemos que empezar por nosotros mismos, porque si nosotros no estamos convertidos, mal podremos convencer a los demás. En el evangelio de este domingo Jesús dice a sus apóstoles que deben predicar el evangelio, la buena noticia, con humildad, con sobriedad y atendiendo principalmente a los pecadores y enfermos. Los cristianos de ahora y de siempre debemos, pues, ser personas humildes, sobrias y extremadamente generosas con todos los que nos necesiten. La sociedad en la que nosotros vivimos no soporta a los hipócritas, corruptos y explotadores. Jesús fue, por encima de todo, una persona que pasó por la vida haciendo el bien; intentemos nosotros hacer lo mismo.

2.- Respondió Amós: “no soy profeta ni hijo de profeta, sino pastor y cultivador de higos. El Señor me sacó de junto al rebaño y me dijo: “ve y profetiza a mi pueblo Israel””. El profeta Amós no era profeta oficial, ni sacerdote del templo; era pastor y cultivador de higos. El que le acusaba y le pedía que se marchara a su tierra sí era sacerdote oficial y vivía de su oficio. Nosotros, los que predicamos el evangelio de Jesús, debemos hacerlo por vocación, no por los beneficios económicos o sociales que la predicación puede reportarnos. Porque es evidente que la predicación del evangelio en nuestra sociedad puede reportarnos beneficios económicos y sociales que nos distinguen entre los fieles con los que convivimos. Nuestro predicar debe ser siempre un acto de servicio humilde y generoso, que busca exclusivamente el bien espiritual de los fieles a los que nos dirigimos. El predicador, repetimos, debe ser humilde y generoso, presentándose ante los fieles como un humilde servidor, sin buscar nunca en primer lugar su propio bien, sino el bien de los demás. Si no lo hace así, no lo hace como verdadero discípulo de Jesús de Nazaret.

3.- Dios nos eligió en la persona de Cristo, antes de crear el mundo, para que fuéramos santos e irreprochables ante él por el amor… Él nos ha destinado en la persona de Cristo a ser sus hijos. Este himno cristológico que hace de pórtico a la carta de san Pablo a los cristianos de Éfeso tiene un contenido teológico muy amplio, que no vamos a comentar aquí. Sólo queremos resaltar dos detalles. Primero, que Dios nos ha llamado a todos los cristianos, en la persona de Cristo, a ser santos e irreprochables ante él por el amor y segundo: que hemos sido destinados a ser sus hijos. Que la santidad de los cristianos debe estar fundamentada en el mandamiento del amor, parece algo evidente, ya que el mandamiento del amor es el mandamiento nuevo de Jesús. Como dice san Pablo en más de una ocasión: si no tenemos amor no somos cristianos. Y, en segundo lugar, que Dios nos ha destinado a vivir como hijos de Dios. Esto es algo necesario en lo que debemos distinguirnos los cristianos, porque las personas con las que convivimos en esta sociedad no se distinguen precisamente por esto, por vivir como . A nosotros, a los cristianos, no puede gustarnos una sociedad en la que los valores competitivos, económicos, materiales, son los valores primeros. Para nosotros, como ya hemos dicho, el valor primero es el amor, y esto nos lleva a no poder aceptar una sociedad tan desigual, tan injusta, tan materialista y tan corrupta como la sociedad en la que vivimos. Vivir como auténticos hijos de Dios, viviendo según el evangelio de Jesús, nos obligará en muchas ocasiones a rechazar los principales valores en los que vive nuestra sociedad.