18 abr 2018

Salmo 65 Himno para un sacrificio de acción de gracias

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Salmo 65

Himno para un sacrificio de acción de gracias


Aclamad al Señor, tierra entera; 
tocad en honor de su nombre, 
cantad himnos a su gloria. 

Decid a Dios: "¡Qué temibles son tus obras, 
por tu inmenso poder tus enemigos te adulan!" 

Que se postre ante ti la tierra entera, 
que toquen en tu honor, 
que toquen para tu nombre. 

Venid a ver las obras de Dios, 
sus temibles proezas en favor de los hombres: 
transformó el mar en tierra firme, 
a pie atravesaron el río. 

Alegrémonos con Dios, 
que con su poder gobierna eternamente; 
sus ojos vigilan a las naciones, 
para que no se subleven los rebeldes. 

Bendecid, pueblos, a nuestro Dios, 
haced resonar sus alabanzas, 
porque él nos ha devuelto la vida 
y no dejó que tropezaran nuestros pies. 

Oh Dios, nos pusiste a prueba, 
nos refinaste como refinan la plata; 
nos empujaste a la trampa, 
nos echaste a cuestas un fardo: 
sobre nuestro cuello cabalgaban, 
pasamos por fuego y por agua, 
pero nos has dado respiro. 

Entraré en tu casa con víctimas, 
para cumplirte mis votos: 
los que pronunciaron mis labios 
y prometió mi boca en el peligro. 

Te ofreceré víctimas cebadas, 
te quemaré carneros, 
inmolaré bueyes y cabras. 

Fieles de Dios, venid a escuchar, 
os contaré lo que ha hecho conmigo: 
a El gritó mi boca 
y lo ensalzó mi lengua. 

Si hubiera tenido yo mala intención, 
el Señor no me habría escuchado; 
pero Dios me escuchó, 
y atendió a mi voz suplicante. 

Bendito sea Dios, que no rechazó mi súplica 
ni me retiró su favor. 

17 abr 2018

Santo Evangelio 17 de abril 2018


Día litúrgico: Martes III de Pascua

Texto del Evangelio (Jn 6,30-35): En aquel tiempo, la gente dijo a Jesús: «¿Qué señal haces para que viéndola creamos en ti? ¿Qué obra realizas? Nuestros padres comieron el maná en el desierto, según está escrito: Pan del cielo les dio a comer». Jesús les respondió: «En verdad, en verdad os digo: No fue Moisés quien os dio el pan del cielo; es mi Padre el que os da el verdadero pan del cielo; porque el pan de Dios es el que baja del cielo y da la vida al mundo». Entonces le dijeron: «Señor, danos siempre de ese pan». Les dijo Jesús: «Yo soy el pan de la vida. El que venga a mí, no tendrá hambre, y el que crea en mí, no tendrá nunca sed».


«Es mi Padre el que os da el verdadero pan del cielo»

Rev. D. Joaquim MESEGUER García 
(Sant Quirze del Vallès, Barcelona, España)

Hoy, en las palabras de Jesús podemos constatar la contraposición y la complementariedad entre el Antiguo y el Nuevo Testamento: el Antiguo es figura del Nuevo y en el Nuevo las promesas hechas por Dios a los padres en el Antiguo llegan a su plenitud. Así, el maná que comieron los israelitas en el desierto no era el auténtico pan del cielo, sino la figura del verdadero pan que Dios, nuestro Padre, nos ha dado en la persona de Jesucristo, a quien ha enviado como Salvador del mundo. Moisés solicitó a Dios, a favor de los israelitas, un alimento material; Jesucristo, en cambio, se da a sí mismo como alimento divino que otorga la vida.

«¿Qué señal haces para que viéndola creamos en ti? ¿Qué obra realizas?» (Jn 6,30), exigen incrédulos e impertinentes los judíos. ¿Les ha parecido poco el signo de la multiplicación de los panes y los peces obrada por Jesús el día anterior? ¿Por qué ayer querían proclamar rey a Jesús y hoy ya no le creen? ¡Qué inconstante es a menudo el corazón humano! Dice san Bernardo de Claraval: «Los impíos andan alrededor, porque naturalmente, quieren dar satisfacción al apetito, y neciamente despreciar el modo de conseguir el fin». Así sucedía con los judíos: sumergidos en una visión materialista, pretendían que alguien les alimentara y solucionara sus problemas, pero no querían creer; eso era todo lo que les interesaba de Jesús. ¿No es ésta la perspectiva de quien desea una religión cómoda, hecha a medida y sin compromiso? 

«Señor, danos siempre de este pan» (Jn 6,34): que estas palabras, pronunciadas por los judíos desde su modo materialista de ver la realidad, sean dichas por mí con la sinceridad que me proporciona la fe; que expresen de verdad un deseo de alimentarme con Jesucristo y de vivir unido a Él para siempre.

Salmo 64 Solemne acción de gracias

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Salmo 64

Solemne acción de gracias


En Sión, oh Dios, conviene alabarte 
y en Jerusalén cumplir nuestras promesas, 
pues tú has oído la súplica. 

Todo mortal viene a ti con sus culpas a cuesta; 
nuestros pecados nos abruman 
pero tú los perdonas. 

Feliz tu invitado, tu elegido 
para hospedarse en tus atrios. 

Sácianos con los bienes de tu casa, 
con las cosas sagradas de tu Templo. 

Tú nos responderás, como es debido, 
con maravillas, Dios Salvador nuestro, 
esperanza de las tierras lejanas 
y de las islas de ultramar, 
tú que fijas los montes con tu fuerza 
y que te revistes de poder. 

Tú calmas el bramido de los mares 
y el fragor de sus olas; 
tú calmas el tumulto de los pueblos. 

Tus prodigios espantan a los pueblos lejanos, 
pero alegran las puertas 
por donde el sol nace y se pone. 

Tú visitas la tierra y le das agua, 
tú haces que dé sus riquezas. 

Los arroyos de Dios rebosan de agua 
para preparar el trigo de los hombres. 

Preparas la tierra, regando sus surcos, 
rompiendo sus terrones, 
las lluvias la ablandan, y bendices sus siembras. 

Coronas el año de tus bondades, 
por tus senderos corre la abundancia; 
las praderas del desierto reverdecen, 
las colinas se revisten de alegría; 
sus praderas se visten de rebaños 
y los valles se cubren de trigales, 
¡ellos aclaman, o mejor ellos cantan! 

16 abr 2018

Santo Evangelio 16 de abril 2018

Salmo 63 Súplica contra los enemigos

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Salmo 63

Súplica contra los enemigos



Escucha, oh Dios, la voz de mi lamento, 
protege mi vida del terrible enemigo; 
escóndeme de la conjura de los perversos 
y del motín de los malhechores: 

afilan sus lenguas como espadas 
y disparan como flechas palabras venenosas, 
para herir a escondidas al inocente, 
para herirlo por sorpresa y sin riesgo. 

Se animan al delito, 
calculan como esconder trampas, 
y dicen: "¿quién lo descubrirá?" 
Inventan maldades y ocultan sus invenciones, 
porque su mente y su corazón no tienen fondo. 

Pero Dios los acribilla a flechazos, 
por sorpresa los cubre de heridas; 
su misma lengua los lleva a la ruina, 
y los que lo ven menean la cabeza. 

Todo el mundo se atemoriza, 
proclama la obra de Dios 
y medita sus acciones. 

El justo se alegra con el Señor, 
se refugia en El, 
y se felicitan los rectos de corazón. 

15 abr 2018

Santo Evangelio 15 de abril 2018



Día litúrgico: Domingo III (B) de Pascua


Texto del Evangelio (Lc 24,35-48): En aquel tiempo, los discípulos contaron lo que había pasado en el camino y cómo le habían conocido en la fracción del pan. Estaban hablando de estas cosas, cuando Él se presentó en medio de ellos y les dijo: «La paz con vosotros». Sobresaltados y asustados, creían ver un espíritu. Pero Él les dijo: «¿Por qué os turbáis, y por qué se suscitan dudas en vuestro corazón? Mirad mis manos y mis pies; soy yo mismo. Palpadme y ved que un espíritu no tiene carne y huesos como veis que yo tengo». Y, diciendo esto, les mostró las manos y los pies. Como ellos no acabasen de creerlo a causa de la alegría y estuviesen asombrados, les dijo: «¿Tenéis aquí algo de comer?». Ellos le ofrecieron parte de un pez asado. Lo tomó y comió delante de ellos. 

Después les dijo: «Éstas son aquellas palabras mías que os hablé cuando todavía estaba con vosotros: ‘Es necesario que se cumpla todo lo que está escrito en la Ley de Moisés, en los Profetas y en los Salmos acerca de mí’». Y, entonces, abrió sus inteligencias para que comprendieran las Escrituras, y les dijo: «Así está escrito que el Cristo padeciera y resucitara de entre los muertos al tercer día y se predicara en su nombre la conversión para el perdón de los pecados a todas las naciones, empezando desde Jerusalén. Vosotros sois testigos de estas cosas».


«Mirad mis manos y mis pies; soy yo mismo»

Rev. D. Jaume GONZÁLEZ i Padrós 
(Barcelona, España)

Hoy, el Evangelio todavía nos sitúa en el domingo de la resurrección, cuando los dos de Emaús regresan a Jerusalén y, allí, mientras unos y otros cuentan que el Señor se les ha aparecido, el mismo Resucitado se les presenta. Pero su presencia es desconcertante. Por un lado provoca espanto, hasta el punto de que ellos «creían ver un espíritu» (Lc 24,37) y, por otro, su cuerpo traspasado por los clavos y la lanzada es un testimonio elocuente de que se trata del mismo Jesús, el crucificado: «Mirad mis manos y mis pies; soy yo mismo. Palpadme y ved que un espíritu no tiene carne y huesos como veis que yo tengo» (Lc 24,39).

«Haz brillar sobre nosotros la luz de tu rostro, Señor», canta el salmo de la liturgia de hoy. Efectivamente, Jesús «abrió sus inteligencias para que comprendieran las Escrituras» (Lc 24,45). Es del todo urgente. Es necesario que los discípulos tengan una precisa y profunda comprensión de las Escrituras, ya que, en frase de san Jerónimo, «ignorar las Escrituras es ignorar a Cristo».

Pero esta compresión de la palabra de Dios no es un hecho que uno pueda gestionar privadamente, o con su congregación de amigos y conocidos. El Señor desveló el sentido de las Escrituras a la Iglesia en aquella comunidad pascual, presidida por Pedro y los otros Apóstoles, los cuales recibieron el encargo del Maestro de que «se predicara en su nombre (...) a todas las naciones» (Lc 24,47).

Para ser testigos, por tanto, del auténtico Cristo, es urgente que los discípulos aprendan -en primer lugar- a reconocer su Cuerpo marcado por la pasión. Precisamente, un autor antiguo nos hace la siguiente recomendación: «Todo aquel que sabe que la Pascua ha sido sacrificada para él, ha de entender que su vida comienza cuando Cristo ha muerto para salvarnos». Además, el apóstol tiene que comprender inteligentemente las Escrituras, leídas a la luz del Espíritu de la verdad derramado sobre la Iglesia.

Se necesitan testigos

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SE NECESITAN TESTIGOS

Por José María Martín OSA

1.- Dios lo resucitó de entre los muertos. Pedro, tras la curación del tullido en la Puerta Hermosa del Templo pronuncia este segundo discurso. Tras la admiración que ha provocado el milagro, proclama la resurrección de Jesús y su papel en la salvación de los hombres. Los que reciben con asombro este signo de curación son invitados por la palabra de Pedro a descubrir su sentido. No basta con saber para salir de la ignorancia. Ellos, por ignorancia, mataron al autor de la vida, pero Dios lo resucitó de entre los muertos. Ahora ya lo saben, pero no basta con descubrirlo, es necesario cambiar de actitud para salir de la ignorancia: " arrepentíos y convertíos". Aceptar que el paralítico ha sido curado en nombre de Jesús es aceptar que el resucitado es el Dios de la vida, actúa en la vida y transforma nuestra experiencia por el perdón que sigue al arrepentimiento. A pesar del mal y de la muerte, la vida sigue siendo posible por Cristo resucitado. El discurso de Pedro señala dos ideas fundamentales:

--Jesús, el siervo de Dios crucificado, es autor y dador de vida, el origen y el que nos guía hasta ella porque venció a la muerte con su resurrección.

-- El milagro ha sido realizado porque el enfermo tenía fe en el "nombre de Jesús". La fe es una condición indispensable para gozar de la vida en plenitud.

2.- Testigos de la resurrección. El evangelio de San Lucas de este domingo es la continuación de la aparición a los discípulos de Emaús. Ellos le reconocieron y volvieron a Jerusalén a contárselo a todos. Reconocieron que "era verdad, ha resucitado el Señor y se ha aparecido a Simón". Pedro fue de los primeros en reconocer al Señor resucitado después de las mujeres que fueron al sepulcro. Hay dos cosas que nos llaman la atención:

-- No basta con que alguien hable de la resurrección, sino que es necesario tener experiencia del resucitado. Esta experiencia es personal e intransferible, poco a poco la van teniendo los discípulos. Cuando recibieron a los dos de Emaús estaban comentando lo que les había sucedido por el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan. Pero ahora Jesús toma de nuevo la iniciativa y se hace presente en medio de los discípulos. La insistencia en que le palpen las manos y los pies es porque quiere demostrarles que Él es el mismo que murió en la cruz. Muerte y resurrección van unidas. Se cumplen así las Escrituras: el Mesías padecerá, pero resucitará al tercer día. Comprendemos que dice al tercer día porque para los judíos uno no estaba definitivamente muerto hasta que pasaban tres días del óbito. Así se aseguraban totalmente de que no enterraban a un ser vivo. Sólo entonces procedían a encerrarle definitivamente en el sepulcro.

--Jesús les pide a los discípulos, también a nosotros, que sean testigos de la resurrección, que anuncien la conversión y el perdón de los pecados, comenzando por Jerusalén. Testigo es aquél que no sólo ha visto o ha oído, sino que sobre todo ha experimentado algo que ha transformado su vida. Entonces no le queda más remedio que comunicarlo a todos. Podemos preguntarnos: ¿Cómo puedo ser testigo aquí y ahora de la experiencia de Cristo resucitado?

En nuestro tiempo se necesitan testigos antes que maestros. La experiencia de fe no se transmite de memoria o por lo que hemos aprendido en los libros, sólo nuestro testimonio será creíble si lo que decimos lo hemos experimentado antes en nuestra vida. Es un mandato del Señor resucitado dar testimonio de nuestra fe.