27 dic 2017

Salmo 94. Invitación a la Alabanza Divina



Salmo 94 

INVITACIÓN A LA ALABANZA DIVINA

Venid, aclamemos al Señor,
demos vítores a la Roca que nos salva;
entremos a su presencia dándole gracias,
aclamándolo con cantos.

Porque el Señor es un Dios grande,
soberano de todos los dioses:
tiene en su mano las simas de la tierra,
son suyas las cumbres de los montes;
suyo es el mar, porque él lo hizo,
la tierra firme que modelaron sus manos.

Venid, postrémonos por tierra,
bendiciendo al Señor, creador nuestro.
Porque él es nuestro Dios,
y nosotros su pueblo,
el rebaño que él guía.

Ojalá escuchéis hoy su voz:
«No endurezcáis el corazón como en Meribá,
como el día de Masá en el desierto;
cuando vuestros padres me pusieron a prueba
y dudaron de mí, aunque habían visto mis obras.

Durante cuarenta años
aquella generación me repugnó, y dije:
Es un pueblo de corazón extraviado,
que no reconoce mi camino;
por eso he jurado en mi cólera
que no entrarán en mi descanso»

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

26 dic 2017

Santo Evangelio 26 de diciembre 2017


Día litúrgico: 26 de Diciembre: San Esteban, protomártir

Texto del Evangelio (Mt 10,17-22): En aquel tiempo, Jesús dijo a sus Apóstoles: «Guardaos de los hombres, porque os entregarán a los tribunales y os azotarán en sus sinagogas; y por mi causa seréis llevados ante gobernadores y reyes, para que deis testimonio ante ellos y ante los gentiles. Mas cuando os entreguen, no os preocupéis de cómo o qué vais a hablar. Lo que tengáis que hablar se os comunicará en aquel momento. Porque no seréis vosotros los que hablaréis, sino el Espíritu de vuestro Padre el que hablará en vosotros. Entregará a la muerte hermano a hermano y padre a hijo; se levantarán hijos contra padres y los matarán. Y seréis odiados de todos por causa de mi nombre; pero el que persevere hasta el fin, ése se salvará».

«Os entregarán a los tribunales y os azotarán»
Fray Josep Mª MASSANA i Mola OFM 
(Barcelona, España)


Hoy, recién saboreada la profunda experiencia del Nacimiento del Niño Jesús, cambia el panorama litúrgico. Podríamos pensar que celebrar un mártir no encaja con el encanto navideño… El martirio de san Esteban, a quien veneramos como protomártir del cristianismo, entra de lleno en la teología de la Encarnación del Hijo de Dios. Jesús vino al mundo para derramar su Sangre por nosotros. Esteban fue el primero que derramó su sangre por Jesús. Leemos en este Evangelio como Jesús mismo lo anuncia: «Os entregarán a los tribunales y (…) seréis llevados ante gobernadores y reyes, para que deis testimonio» (Mt 10,17.18). Precisamente “mártir” significa exactamente esto: testigo.

Este testimonio de palabra y de obra se da gracias a la fuerza del Espíritu Santo: «El Espíritu de vuestro Padre (…) hablará en vosotros » (Mt 10,19). Tal como leemos en los “Hechos de los Apóstoles”, capítulo 7, Esteban, llevado a los tribunales, dio una lección magistral, haciendo un recorrido por el Antiguo Testamento, demostrando que todo él converge en el Nuevo, en la Persona de Jesús. En Él se cumple todo lo que ha sido anunciado por los profetas y enseñado por los patriarcas.

En la narración de su martirio encontramos una bellísima alusión trinitaria: «Esteban, lleno del Espíritu Santo, miró fijamente al cielo y vio la gloria de Dios y a Jesús de pie a la diestra de Dios» (Hch 7,55). Su experiencia fue como una degustación de la Gloria del Cielo. Y Esteban murió como Jesús, perdonando a los que lo inmolaban: «Señor, no les tengas en cuenta este pecado» (Hch 7,60); rezó las palabras del Maestro: «Padre, perdónales porque no saben lo que hacen» (Lc, 23, 34).

Pidamos a este mártir que sepamos vivir como él, llenos del Espíritu Santo, a fin de que, fijando la mirada en el cielo, veamos a Jesús a la diestra de Dios. Esta experiencia nos hará gozar ya del cielo, mientras estamos en la tierra.

Cristo es la Vida


Himno:

 CRISTO ES LA VIDA

Cristo es la vida que, viniendo al mundo,
con sus heridas extirpó la muerte,
y, vuelto al Padre, a su derecha goza
reino perenne.

A él sigue Esteban, su primer discípulo,
galardonado de gloriosa suerte,
aquella que al morir le dio el Espíritu
benignamente.

Nube de piedras su existencia apaga,
sin que la rabia de los malos cese,
piadoso acaba perdonando a aquellos
sayones crueles.

Oh, te pedimos, santo protomártir,
hoy habitante de la paz celeste,
que, desde el alto empíreo, nos depares
gratas mercedes.

Gloria a la Trinidad hoy entonemos,
que a Esteban coronó en dichosa muerte:
luchó el mártir, triunfó, y reina en los cielos
gloriosamente. Amén.

25 dic 2017

Santo Evangelio 25 de diciembre 2017




Texto del Evangelio (Lc 2,1-14): 

Sucedió que por aquellos días salió un edicto de César Augusto ordenando que se empadronase todo el mundo. Este primer empadronamiento tuvo lugar siendo gobernador de Siria Quirino. Iban todos a empadronarse, cada uno a su ciudad. Subió también José desde Galilea, de la ciudad de Nazaret, a Judea, a la ciudad de David, que se llama Belén, por ser él de la casa y familia de David, para empadronarse con María, su esposa, que estaba encinta. Y sucedió que, mientras ellos estaban allí, se le cumplieron los días del alumbramiento, y dio a luz a su hijo primogénito, le envolvió en pañales y le acostó en un pesebre, porque no tenían sitio en el alojamiento. 

Había en la misma comarca unos pastores, que dormían al raso y vigilaban por turno durante la noche su rebaño. Se les presentó el Ángel del Señor, y la gloria del Señor los envolvió en su luz; y se llenaron de temor. El Ángel les dijo: «No temáis, pues os anuncio una gran alegría, que lo será para todo el pueblo: os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un salvador, que es el Cristo Señor; y esto os servirá de señal: encontraréis un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre». Y de pronto se juntó con el Ángel una multitud del ejército celestial, que alababa a Dios, diciendo: «Gloria a Dios en las alturas y en la tierra paz a los hombres en quienes Él se complace».

«La Palabra se hizo carne, y puso su Morada entre nosotros (Jn 1,14)»
Mons. Jaume PUJOL i Balcells Arzobispo de Tarragona y Primado de Cataluña 
(Tarragona, España)


Hoy, con la sencillez de niños, consideramos el gran misterio de nuestra fe. El nacimiento de Jesús señala la llegada de la "plenitud de los tiempos". Desde el pecado de nuestros primeros padres, el linaje humano se había apartado del Creador. Pero Dios, compadecido de nuestra triste situación, envió a su Hijo eterno, nacido de la Virgen María, para rescatarnos de la esclavitud del pecado.

El apóstol Juan lo explica usando expresiones de gran profundidad teológica: «En el principio existía la Palabra y la Palabra estaba con Dios, y la Palabra era Dios» (Jn 1,1). Juan llama "Palabra" al Hijo de Dios, la segunda persona de la Santísima Trinidad. Y añade: «Y la Palabra se hizo carne, y puso su Morada entre nosotros» (Jn 1,14).

Esto es lo que celebramos hoy, por eso hacemos fiesta. Maravillados, contemplamos a Jesús acabado de nacer. Es un recién nacido… y, a la vez, Dios omnipotente; sin dejar de ser Dios, ahora es también uno de nosotros.

Ha venido a la tierra para devolvernos la condición de hijos de Dios. Pero es necesario que cada uno acoja en su interior la salvación que Él nos ofrece. Tal como explica san Juan, «a todos los que la recibieron les dio poder de hacerse hijos de Dios» (Jn 1,12). ¡Hijos de Dios! Quedamos admirados ante este misterio inefable: «El Hijo de Dios se ha hecho hijo del hombre para hacer a los hombres hijos de Dios» (San Juan Crisóstomo).

Acojamos a Jesús, busquémosle: solamente en Él encontraremos la salvación, la verdadera solución para nuestros problemas; sólo Él da el sentido último de la vida y de las contrariedades y del dolor. Por esto, hoy os propongo: leamos el Evangelio, meditémoslo; procuremos vivir verdaderamente de acuerdo con la enseñanza de Jesús, el Hijo de Dios que ha venido a nosotros. Y entonces veremos cómo será verdad que, entre todos, haremos un mundo mejor.

Evocación de Belén


EVOCACIÓN DE BELÉN

Por Antonio García- Moreno

1.- EN LA MISA DE MEDIANOCHE EN NAVIDAD, LA NOCHE BUENA POR EXCELENCIA, vamos a dirigir nuestra mirada el oriente, hacia Belén‚ a la Basílica de la Natividad, a la gruta donde nació Jesús, en el silencio de la noche, en la pobreza de una gruta, en el regazo cálido de María... Los apócrifos cuentan que había una mula y un buey, San Lucas habla de un pesebre, que sirvió de cuna. Habla también de un carpintero de la tribu de Judá y descendiente de David, José. El primer evangelista, el publicano Mateo, dice que era un varón justo, un hombre cabal podríamos traducir.

Y al patriarca, descendiente de David, quiero contemplar con la emoción contenida, con la admiración y el asombro ante cuanto ha ocurrido. José vigila el fuego, está pendiente de María y del Niño que duerme su primer sueño. José escucha el silencio, callado como tantas veces, pero eficaz siempre, fiel a su papel de actor secundario, sereno y contento en la penumbra, preparado y presto para ayudar y servir hasta en los más pequeños detalles, sobre todo en los pequeños detalles...

2.- POCO NOS NARRAN LOS EVANGELISTAS DE LA INFANCIA ACERCA DE SAN JOSÉ. Y sin embargo qué atrayente su figura, que ejemplar su conducta, qué asequible su ejemplo, qué importante su papel. Cuando el ángel le dice que se ponga en camino, no lo duda ni un instante, no se para a pensar si sería mejor esconderse, ni se le ocurre que si el Niño es Hijo de Dios nada le pasará... Lo mismo hará á cuando vuelva de Egipto. Entonces toma la iniciativa, dando muestra de prudencia y, temeroso de Arquelao, se marcha a Nazaret donde vivirá en el anonimato, entregado al trabajo de cada día, a la tarea sencilla de sacar adelante a su familia.

La noche se ha roto de pronto. Suenan cantos pastoriles por el camino que sube de los antiguos campos de Booz y de Rut. En el horizonte se recorta el perfil soberbio del Herodion, una de las fortalezas de Herodes. Las estrellas brillan con los claros fulgores del cielo palestino. Los pastores adoran al Niño y comprueban el anuncio del ángel, contemplando extasiados al Salvador del mundo, allí en brazos de aquella joven y hermosa virgen. José ha encendido otra lamparilla de barro y la luz brilla en la alegre mirada del Niño... Luego vuelve el silencio de la primera Nochebuena. María da de mamar al Niño que poco a poco se queda dormido. José sigue embelesado y también da alguna cabezada. Reaviva el fuego y se dispone a descansar. La lucecita se apaga y los gallos, a lo lejos, anuncian la segunda vigilia. La mirada de José se cruza con la de María, y sonríen... Yo sigo contemplando la escena, con una súplica en la mirada, pidiendo al Señor San José que siga haciendo de padre bueno con los Cristos Sacerdotes que se crían en el Seminario...

24 dic 2017

Santo Evangelio 24 de diciembre 2017


Día litúrgico: Domingo IV (B) de Adviento

Texto del Evangelio (Lc 1,26-38): En aquel tiempo, fue enviado por Dios el ángel Gabriel a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la casa de David; el nombre de la virgen era María. Y entrando, le dijo: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo». Ella se conturbó por estas palabras, y discurría qué significaría aquel saludo. 

El ángel le dijo: «No temas, María, porque has hallado gracia delante de Dios; vas a concebir en el seno y vas a dar a luz un hijo, a quien pondrás por nombre Jesús. Él será grande y será llamado Hijo del Altísimo, y el Señor Dios le dará el trono de David, su padre; reinará sobre la casa de Jacob por los siglos y su reino no tendrá fin». María respondió al ángel: «¿Cómo será esto, puesto que no conozco varón?». El ángel le respondió: «El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el que ha de nacer será santo y será llamado Hijo de Dios. Mira, también Isabel, tu pariente, ha concebido un hijo en su vejez, y este es ya el sexto mes de aquella que llamaban estéril, porque ninguna cosa es imposible para Dios». Dijo María: «He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra». Y el ángel dejándola se fue.

«Vas a dar a luz un hijo, a quien pondrás por nombre Jesús»
Fray Josep Mª MASSANA i Mola OFM 
(Barcelona, España)


Hoy, el Evangelio tiene el tono de un cuento popular. Las rondallas empiezan así: «Había una vez...», se presentan los personajes, la época, el lugar y el tema. Ésta llegará al punto álgido con el nudo de la narración; finalmente, hay el desenlace.

San Lucas, de modo semejante, nos cuenta, con tono popular y asequible, la historia más grande. Presenta, no una narración creada por la imaginación, sino una realidad tejida por el mismo Dios con colaboración humana. El punto álgido es: «Vas a dar a luz un hijo, a quien pondrás por nombre Jesús» (Lc 1,31).

Este mensaje nos dice que la Navidad está ya cercana. María nos abrirá la puerta con su colaboración en la obra de Dios. La humilde doncella de Nazaret escucha sorprendida el anuncio del Ángel. Precisamente rogaba que Dios enviara pronto al Ungido, para salvar el mundo. Poco se imaginaba, en su modesto entendimiento, que Dios la escogía justamente a Ella para realizar sus planes.

María vive unos momentos tensos, dramáticos, en su corazón: era y quería permanecer virgen; Dios ahora le propone una maternidad. María no lo entiende: «¿Cómo se hará eso?» (Lc 1,34), pregunta. El Ángel le dice que virginidad y maternidad no se contradicen, sino que, por la fuerza del Espíritu Santo, se integran perfectamente. No es que Ella ahora lo entienda mejor. Pero ya le es suficiente, pues el prodigio será obra de Dios: «A Dios nada le es imposible» (Lc 1,38). Por eso responde: «Que se cumplan en mi tus palabras» (Lc 1,38). ¡Que se cumplan! ¡Que se haga! ¡Fiat! Sí. Total aceptación de la Voluntad de Dios, medio a tientas, pero sin condiciones.

En aquel mismo instante, «la Palabra se hizo Carne y habitó entre nosotros» (Jn 1,14). Aquel cuento popular deviene a un mismo tiempo la realidad más divina y más humana. Pablo VI escribió el año 1974: «En María vemos la respuesta que Dios da al misterio del hombre; y la pregunta que el hombre hace sobre Dios y la propia vida».

María, la mujer creyente


MARÍA, LA MUJER CREYENTE

Por José María Martín OSA

1.- La promesa mesiánica de Dios se hace realidad. Estamos ya tocando la Navidad, tiempo de gracia en que se hacen realidad las promesas mesiánicas. Dios advierte a David por medio del profeta Natán que no urge en absoluto la construcción de un santuario de piedra, de un templo, y que nunca ha pedido tal cosa. Se subraya en este segundo libro de Samuel que lo característico de Yahvé es caminar delante de su pueblo, sacarlo una y otra vez de todas las esclavitudes y conducirlo a la verdadera tierra prometida en la que, al fin, habite la justicia. El Dios de los nómadas que no tienen ciudad permanente nunca podrá confundirse con los dioses que consagran un territorio y un orden establecido. Por eso no será David el que construya una casa, un templo, para Yahvé, sino que Yahvé construirá la casa de David; es decir, lo hará padre de una dinastía. El profeta Isaías precisará que el Mesías ha de nacer de la casa de David y anunciará la eternidad de su reinado. Pero este reinado será universal y para todos en el Mesías, Jesucristo, en quien el Hijo de Dios planta su tienda en medio de nosotros. Jesucristo será el descendiente de David y será también el verdadero templo de Dios no construido por manos de hombre.

2.- La fe, respuesta al Evangelio, compromete al hombre entero. Por eso la fe en la Carta a los Romanos es concebida como obediencia. Ella implica, efectivamente, que el hombre acepte libremente comprometer su vida y su persona al Dios que se revela a él como fiel y veraz y que, renovando al hombre, le permite y posibilita obedecer a su voluntad. Si la contemplación del misterio revelado ahora en Jesús no nos lleva a una acción solidaria en favor de los más desprovistos del pueblo, tal vez estemos vaciando de contenido lo más específico de nuestra fe. Esta es la verdadera obediencia: amar al hombre entero. Tal vez ésta sea la mejor manera de poder acercarse al misterio de Jesús entre nosotros.

3.- Fe y entrega sin condiciones de María. En la escena de la Anunciación se pone la última piedra de la casa prometida por Dios a David. Se pone, a su vez, la primera piedra del verdadero templo de Dios entre los hombres. El cielo se acerca a la tierra. La tierra escogida para levantar este santuario es María, una joven desconocida de Nazaret, un pueblo insignificante. Ahora las promesas hechas a David se cumplen: "El Señor Dios le dará el trono de David, su padre... y su reino no tendrá fin". Al oír las palabras del ángel María “se turbó..." Hay en ella pues, una primera reacción de desconcierto. En María, la esclava del Señor, tenemos una verdadera creyente. Al sentirse favorecida del Altísimo, no le responde que la deje pensar más despacio a fin de calcular mejor los riesgos. María reproduce el gesto de Abraham, padre de los creyentes, cuando deja su patria para irse hacia lo desconocido. La persona de fe se confía en Dios como el bebé en su madre. María-madre es a la vez María-niña, que no pone objeciones. Es la entrega sin buscar recompensa, la servidora a cualquier riesgo. María cierra la escena con unas palabras que son paradigma de la actitud del creyente: disponerse confiadamente a ser instrumento de la acción de Dios: “Hágase en mí según tu palabra”