6 may 2014

Santo Evangelio 6 de Mayo de 2014

Día litúrgico: Martes III de Pascua

Texto del Evangelio (Jn 6,30-35): En aquel tiempo, la gente dijo a Jesús: «¿Qué señal haces para que viéndola creamos en ti? ¿Qué obra realizas? Nuestros padres comieron el maná en el desierto, según está escrito: Pan del cielo les dio a comer». Jesús les respondió: «En verdad, en verdad os digo: No fue Moisés quien os dio el pan del cielo; es mi Padre el que os da el verdadero pan del cielo; porque el pan de Dios es el que baja del cielo y da la vida al mundo». Entonces le dijeron: «Señor, danos siempre de ese pan». Les dijo Jesús: «Yo soy el pan de la vida. El que venga a mí, no tendrá hambre, y el que crea en mí, no tendrá nunca sed».


Comentario: Rev. D. Joaquim MESEGUER García (Sant Quirze del Vallès, Barcelona, España)
Es mi Padre el que os da el verdadero pan del cielo

Hoy, en las palabras de Jesús podemos constatar la contraposición y la complementariedad entre el Antiguo y el Nuevo Testamento: el Antiguo es figura del Nuevo y en el Nuevo las promesas hechas por Dios a los padres en el Antiguo llegan a su plenitud. Así, el maná que comieron los israelitas en el desierto no era el auténtico pan del cielo, sino la figura del verdadero pan que Dios, nuestro Padre, nos ha dado en la persona de Jesucristo, a quien ha enviado como Salvador del mundo. Moisés solicitó a Dios, a favor de los israelitas, un alimento material; Jesucristo, en cambio, se da a sí mismo como alimento divino que otorga la vida.

«¿Qué señal haces para que viéndola creamos en ti? ¿Qué obra realizas?» (Jn 6,30), exigen incrédulos e impertinentes los judíos. ¿Les ha parecido poco el signo de la multiplicación de los panes y los peces obrada por Jesús el día anterior? ¿Por qué ayer querían proclamar rey a Jesús y hoy ya no le creen? ¡Qué inconstante es a menudo el corazón humano! Dice san Bernardo de Claraval: «Los impíos andan alrededor, porque naturalmente, quieren dar satisfacción al apetito, y neciamente despreciar el modo de conseguir el fin». Así sucedía con los judíos: sumergidos en una visión materialista, pretendían que alguien les alimentara y solucionara sus problemas, pero no querían creer; eso era todo lo que les interesaba de Jesús. ¿No es ésta la perspectiva de quien desea una religión cómoda, hecha a medida y sin compromiso? 

«Señor, danos siempre de este pan» (Jn 6,34): que estas palabras, pronunciadas por los judíos desde su modo materialista de ver la realidad, sean dichas por mí con la sinceridad que me proporciona la fe; que expresen de verdad un deseo de alimentarme con Jesucristo y de vivir unido a Él para siempre.

7 de mayo SAN JUAN DE BEVERLEY

7 de mayo

SAN JUAN DE BEVERLEY

San Juan de Bevérley, obispo de York, 1721. Puede ser considerado como un precursor del benedictino Pedro Ponce de León, inventor del método de hacer hablar a los sordomudos. También él fue monje, después de haber estudiado letras divinas y humanas en el monasterio de Whitby, gobernado por una monja princesa, Santa Hilda. Gobernó primero la diócesis de Hexam, de donde pasó a la de York. Cuenta de él su biógrafo que llegó a hacer hablar a un sordomudo, enseñándole la vocalización paciente e ingeniosamente. Murió en 721.


Monje de Whitby, Inglaterra, y después obispo de York; en su afán de caridad, llega para sanar a un sordomudo, a descubrir un modo de paciente vocalización. Aunque muerto el año 721, ha sido considerado por ello como un precursor del sabio benedictino Ponce de León.

También en el siglo XX recibirá el nombre de "El sacerdote de los tartamudos"  el autor del método de convergencia ortofónica, de renombre general, muerto con fama de santidad en Madrid en 1963.

Uno de los más bonitos regalos que podemos hacemos a nosotros mismos es el de un día libre. No porque sea una vacación o una ocasión especial, sino porque sí.

Tanto entonces como ahora, los obispos no disponían de mucho tiempo libre. San Juan, sin embargo, lo robaba tanto como podía para su recreo espiritual. Pasaba sus días libres en un bosque.

Los días libres son simplemente eso: libres. No has de pagar por ellos haciendo recados o limpiando los roperos, o pagando las visitas debidas a familiares más viejos. Son días para dejar que el pequeño niño que hay en ti salga y juegue. ¿Recuerdas cuando eras pequeño y te apetecía jugar? Llamabas a un amigo y decías, ¿puedes salir? No te preocupaba que tu amigo pudiera considerarte tonto o irresponsable o molesto. Simplemente preguntabas ¿puedes salir? Y si podía, lo hacía.

Una vez que crecemos, suponemos que nuestros amigos son demasiado sofisticados para simplemente jugar. Así que hacemos planes y comemos juntos, y hacemos otras cosas importantes. Bajo la superficie lo que se esconde es el temor a que si decimos que lo único que realmente queremos hacer es arrojar piedras a un arroyo y escalar un árbol y hablar, nuestro amigo se reirá de nosotros y nos dejará. Así que ya no preguntamos. Y ya no jugamos.

Santo Domingo el Sabio. 6 de Mayo

6 de mayo

SANTO DOMINGO SAVIO

(† 1857)


Alumno de San Juan Bosco, nació en Riva de Chieri, provincia de Turín (Italia), el 2 de abril de 1842, y ese mismo día fue bautizado. Su padre era herrero y se llamaba Carlos; su madre, costurera, y tenía por nombre Brígida Agagliate; ambos muy buenos cristianos, deseosos de que sus hijos se educaran en la religión y las letras. Niño superdotado, a los cinco años sabía ayudar a misa y a los siete se le admitió a la primera comunión, a pesar de que la costumbre común no la permitía antes de los doce. De su talento son pruebas los "propósitos" que tomó ese día: "Primero, me confesaré con frecuencia y comulgaré todas las veces que me lo permita el confesor; segundo, santificaré los días de fiesta; tercero, mis amigos serán Jesús y María; cuarto, antes morir que pecar." ¿No son un patrimonio para las juventudes de todos los tiempos?

A los doce años su padre se lo presentó a Don Bosco. Este, después de sondearle, le dice: "Me parece que hay buena tela". "¿Para qué puede servir esta tela?" —responde el hijo del herrero y de la costurera. "Para hacer un buen traje y regalárselo a Nuestro Señor." "Entendido: pues yo soy la tela y usted el sastre: hagamos ese traje." Y así entró Savio en el colegio de Don Bosco, llamado "el Oratorio".

A la entrada del despacho vio un letrero que decía: Da mihi animas, cetera tolle. Con el poco latín que ya sabía y la ayuda de Don Bosco, sacó su traducción: "Dadme almas y quedaos con lo demás." "Comprendo —dijo Savio—; es un negocio de cielo, no de la tierra; quiero entrar en él." Y con esas disposiciones entró en el colegio.

Poco después oyó una plática en que el director decía a sus alumnos que: Primero, es voluntad de Dios que todos nos hagamos santos; segundo, que como Dios no manda cosas imposibles y, además, ayuda, es fácil hacerse santo, aunque no sea de altar; tercero, que hay grandes premios para quien se hace santo. Esto confirma a Domingo en sus ideas y propósitos. Decidió hacerse santo. Y por primera medida escogió un confesor fijo y director de espíritu, tomándolo al mismo Don Bosco. Tenía una idea un poco errada de la santidad, creyendo que era necesario macerarse el cuerpo a fuerza de ayunos y penitencias. Su confesor y director le enseñó que la esencia de la santidad está en hacer la voluntad de Dios y en servirle con santa alegría". A ciertos reparos del chico, el director le enseñó que la penitencia que de él quería Dios —pues que no le dispensaba de ella— era: combatir las propias pasiones cuando se desordenen, conservar la paz y alegría de espíritu, sobrellevar con paciencia las molestias del prójimo y las inclemencias y variedades del tiempo, convirtiendo así en virtud voluntaria lo que es necesidad, cumplir alegremente el propio deber y, sobre todo, trabajar por la salud de las almas, ejerciendo apostolado especialmente entre los propios compañeros y en el ambiente en que se vive".

Domingo tomó con todo empeño el desarrollo de este programa de santidad, tan práctico y relativamente tan fácil. Tenía su geniecito: un día que un compañero le gastaba unas bromas demasiado pesadas, Domingo le dio unos arañazos que le hicieron sangre. Quedó tan apesadumbrado, que se propuso refrenarse a costa de cualquier esfuerzo, y lo logró tan perfectamente, que otro día respondió a un bofetón de otro compañero iracundo con estas palabras: "Mira, podía otro tanto contigo, pero no lo hago; ahora, no lo hagas con otros compañeros, que te podría ir muy mal."

Tuvo su pequeña crisis. La lucha y las naturales dificultades, la misma edad, le infundieron cierta melancolía. Su sabio director le advirtió que, "en medio de la turbación, no se puede oír la voz de Dios"; y le repitió la consigna: "Serena y constante alegría; perseverar en el cumplimiento de los deberes; empeño en la piedad y el estudio; participar siempre en los recreos de los compañeros, porque también el recreo puede y debe santificarse; hacerles todo el bien que pueda."

Tan bien comprendió la lección, que se consagró en alma y cuerpo al apostolado, tanto en el internado como en el oratorio festivo, del que era catequista, y en las calles y en el colegio a que iba a recibir las clases de bachillerato, pues el oratorio aún no las tenía, empleando acuciosidad, prudencia, amabilidad, celo, sonrisa, servicios de toda clase. Dice Don Bosco que "Savio llevaba más almas al confesionario con sus recreos que los predicadores con sus sermones".

Un día dos compañeros del instituto se enfadaron tanto el uno contra el otro, que se desafiaron "a muerte": las armas eran piedras, y el campo, la explanada de la ciudadela; la hora, una en que nadie pudiera estorbarlos. Domingo lo supo, los acompañó al "campo del honor" (¡!) y allí, a riesgo de su propia salud, logró amistarlos y hacerlos confesar.

Savio amó el deporte y practicó el canto. Tenía una voz hermosísima. Fue uno de los solistas del oratorio, en las iglesias y el teatro. No sin razón Su Santidad Pío XII lo ha nombrado patrono y modelo de los Pueri Cantores del mundo entero. En sus cantos ponía la mayor rectitud de intención: agradar sólo a Dios. Un día que había cantado un solo en la catedral y recibido muchas felicitaciones, le sorprendieron llorando. Preguntado por la causa, respondió: "Mientras cantaba, sentía cierta complacencia; ahora me felicitan...; así pierdo todo el mérito." En la clase se distinguió siempre entre los primeros, siendo esto parte del buen ejemplo que daba a sus compañeros. Sabía que cada minuto de tiempo es un, tesoro".

La caridad entre sus compañeros la practicó de mil maneras: ayudándoles en los estudios y trabajos, avisándoles de sus defectos e irregularidades para evitarles castigos, socorriéndoles en las necesidades, dándoles buenos consejos, consolándoles, intercediendo por ellos y hasta prestándose a sufrir castigos por ellos. En un invierno muy crudo, regaló a un compañero sus guantes, aunque él mismo tenía sabañones. Durante una epidemia de cólera morbo, que azotó la ciudad, se prestó, con otros compañeros, a servir a los apestados.

No podía oír una palabra malsonante y mucho menos una blasfemia sin repararla con una jaculatoria, y frecuentemente avisando al mal hablado; y lo hacía con tanta gracia y caridad, que, lejos de llevárselo a mal, se esforzaban por enmendarse. Cierta vez que compañeros malos llevaron una sucia revista y los chicos se entretenían mirándola, Savio se la arrancó de las manos y la hizo mil pedazos, afeándoles su malsana curiosidad, Otra vez que un corifeo de las sectas trataba de sembrar sus perversas doctrinas entre los chicos, Savio lo apostrofó, y como no se alejara, le quitó todos los oyentes. No tenía el menor respeto humano; al contrario, era valiente y franco en la profesión de la fe, en la práctica de la oración y en el cumplimiento exacto de todos los deberes del buen cristiano.

Secundó a su maestro en practicar y difundir la más tierna y práctica devoción a María Santísima y a Jesús Sacramentado. En los días en que Roma se preparaba para la definición del dogma de la Inmaculada Concepción, vibraba de entusiasmo, se preparó a la novena con la confesión general y el día de la fiesta estuvo rumiando en su interior algo especial para honrar a su dulce Madre y Señora. Don Bosco vino en su ayuda y así instituyó y perfiló esa admirable "Compañía de la Inmaculada", que pervive en todos los colegios y escuelas salesianas, haciendo un bien incalculable, y cuyo principal objetivo es santificar a sus socios mediante la exactitud en los deberes, el culto a la Santísima Virgen y a la Eucaristía, y el ejercicio activo del celo apostólico. Cuando rezaba el Angelus y el Rosario parecía un ángel.

¿Y qué decir de su amor a Jesús Sacramentado? Apenas despertaba, su corazón volaba al sagrario. Oía la santa misa como si asistiera a la última Cena y a la muerte del Señor en el Calvario. Era feliz cuando podía ayudarla. Ya a los pocos meses de estar en el oratorio su director le dio permiso de comulgar diariamente y hacíalo como pudieran los serafines. Durante el día, y especialmente durante los recreos, hacía frecuentes visitas "al Prisionero del altar", ya solo, ya acompañado de muchos condiscípulos.

Fiel alumno de Don Bosco, otra de sus grandes devociones era la de el Papa. Lo amaba ternísimamente, viendo en él al vicario y representante de Jesús. Oraba por él, hablaba de él, narraba sus hechos, secundaba, como podía, sus disposiciones y deseos. Antes de morir, le dio a su director el encargo de saludar al Papa y contarle una visión que había tenido, en la cual le había visto portando el Santísimo a través de un país nebuloso, el cual se iluminaba a medida que avanzaba; y que ese país era Inglaterra.

Nuestro Señor premió, tanto amor con gracias y carismas singulares. Un día, durante la misa, después de comulgar, quedó en éxtasis hasta las dos de la tarde, en que Don Bosco lo sorprendió detrás del altar mayor elevado del suelo y con la mirada fija en la parte que daba al tabernáculo. Despertado, preguntó si ya había terminado la misa. Las dulzuras que en estos raptos disfrutaba no se pueden expresar con palabras.

En sus visitas y en sus comuniones recibía, a veces, mensajes para el Papa, las autoridades, el mismo Don Bosco. Un día, durante el cólera, le sacó urgentemente de su despacho y lo llevó a través de unas callejas, hasta una buhardilla, donde, sin que nadie se hubiera dado cuenta, agonizaba una enferma, la cual así pudo ser asistida en su muerte. Preguntado cómo lo había sabido, miró indefiniblemente a su director y se echó a llorar. Este respetó su silencio.

De pronto, una enfermedad misteriosa empezó a minar su salud. Consultado el médico, que era una celebridad, Tomás Vallauri, diagnosticó: "A esta perla de muchacho, tres limas le están royendo contemporáneamente las fuerzas vitales: la precocidad de su inteligencia, la debilidad causada por su rápido crecimiento y la tensión de espíritu." Esta provenía de su intensa aplicación al estudio —pues deseaba ser un sacerdote sabio y santo—, de la diligencia permanente de excogitar medios de ayudar a sus compañeros y salvar almas, especialmente en las misiones, y el fervor en la oración mental, que había llegado ya a ser contemplación.

En la enfermería ayudaba al enfermero a servir a los otros enfermos.

A pesar de sus deseos de morir en el oratorio, como todos, incluso los médicos, tenían esperanza de que los aires nativos y el reposo le devolvieran la salud, tuvo que marchar a Mondonio, hermoso pueblecito en las rientes colinas del Monferrato. Los primeros días hubo alivio. Según costumbre de entonces, para curar la pulmonía, se le practicaron diez sangrías, que él miraba con la sonrisa en los labios y la alegría en el corazón: se unía a su Jesús.

Sintiendo acercarse la muerte, pidió los santos sacramentos, y luego a su padre que le rezara las letanías de la buena muerte, como se hace en el oratorio, y poco antes de terminarlas, abrió los ojos, levantó las manos y dijo: "¡Qué cosas hermosas estoy viendo! ¡La Santísima Virgen viene a llevarme! ¡Adiós, papá! ¡Valor!". Y así expiró. Era el 9 de marzo de 1857. Poco después se apareció a su padre y a Don Bosco, radiante de gloria y al frente de una multitud de niños y de personas mayores. Pío XI lo declaró Venerable en 1938; Pío XII lo elevó al honor de los altares como Beato el 1 de junio de 1950 y como Santo el 12 y 13 de junio de 1954.

Cuatro aspirantes de Acción Católica han hecho de él esta semblanza: "1) Fue siempre el primero en todo, por amor de Cristo Rey; 2) Vivió de Jesús; 3) Entregó su corazón a la Virgen; 4) Fue alegremente obediente; 5) Fue heroicamente leal; 6) Fue eucarísticamente puro; 7) Fue siempre alegre; 8) Fue apóstol; 9) Amó al Papa; 10) Amó a la patria."

RODOLFO FIERRO, S. D. B.

5 may 2014

Santo Evangelio 5 de Mayo de 2014



Texto del Evangelio (Jn 6,22-29): Después que Jesús hubo saciado a cinco mil hombres, sus discípulos le vieron caminando sobre el agua. Al día siguiente, la gente que se había quedado al otro lado del mar, vio que allí no había más que una barca y que Jesús no había montado en la barca con sus discípulos, sino que los discípulos se habían marchado solos. Pero llegaron barcas de Tiberíades cerca del lugar donde habían comido pan. Cuando la gente vio que Jesús no estaba allí, ni tampoco sus discípulos, subieron a las barcas y fueron a Cafarnaúm, en busca de Jesús. 

Al encontrarle a la orilla del mar, le dijeron: «Rabbí, ¿cuándo has llegado aquí?». Jesús les respondió: «En verdad, en verdad os digo: vosotros me buscáis, no porque habéis visto señales, sino porque habéis comido de los panes y os habéis saciado. Obrad, no por el alimento perecedero, sino por el alimento que permanece para la vida eterna, el que os dará el Hijo del hombre, porque a éste es a quien el Padre, Dios, ha marcado con su sello». Ellos le dijeron: «¿Qué hemos de hacer para realizar las obras de Dios?». Jesús les respondió: «La obra de Dios es que creáis en quien Él ha enviado».


Comentario: Abbé Jacques FORTIN (Alma (Quebec), Canadá)
Obrad (…) por el alimento que permanece para la vida eterna

Hoy, después de la multiplicación de los panes, la multitud se pone en busca de Jesús, y en su búsqueda llegan hasta Cafarnaúm. Ayer como hoy, los seres humanos han buscado lo divino. ¿No es una manifestación de esta sed de lo divino la multiplicación de las sectas religiosas, el esoterismo?

Pero algunas personas quisieran someter lo divino a sus propias necesidades humanas. De hecho, la historia nos revela que algunas veces se ha intentado usar lo divino para fines políticos u otros. Hoy, en el Evangelio proclamado, la multitud se ha desplazado hacia Jesús. ¿Por qué? Es la pregunta que hace Jesús afirmando: «Vosotros me buscáis, no porque habéis visto señales, sino porque habéis comido de los panes y os habéis saciado» (Jn 6,26). Jesús no se engaña. Sabe que no han sido capaces de leer las señales del pan multiplicado. Les anuncia que lo que sacia al hombre es un alimento espiritual que nos permite vivir eternamente (cf. Jn 6,27). Dios es el que da ese alimento, lo da a través de su Hijo. Todo lo que hace crecer la fe en Él es un alimento al que tenemos que dedicar todas nuestras energías.

Entonces comprendemos por qué el Papa nos anima a esforzarnos para re-evangelizar nuestro mundo que frecuentemente no acude a Dios por los buenos motivos. En la constitución "Gaudium et Spes" ("La Iglesia en el mundo actual") los Padres del Concilio Vaticano II nos recuerdan: «Bien sabe la Iglesia que sólo Dios, al que ella sirve, responde a las aspiraciones más profundas del corazón humano, el cual nunca se sacia plenamente con solo los alimentos terrenos». Y nosotros, ¿por qué continuamos siguiendo a Jesús? ¿Qué es lo que nos proporciona la Iglesia? ¡Recordemos lo que dice el Concilio Vaticano II! ¿Estamos convencidos del bienestar que proporciona este alimento que podemos dar al mundo?

Comentario: Rev. D. Josep GASSÓ i Lécera (Ripollet, Barcelona, España)
La obra de Dios es que creáis en quien Él ha enviado

Hoy contemplamos los resultados de la multiplicación de los panes, resultados que sorprendieron a toda aquella multitud. Ellos bajan de la montaña, al día siguiente, hasta la orilla del lago, y se quedan allí mirando Cafarnaúm. Se quedan allí porque no hay ninguna barca. De hecho, sólo había habido una: aquella que en la tarde anterior había marchado sin Jesús.

La pregunta es: ¿Dónde se encuentra Jesús? Los discípulos han marchado sin Jesús, y, sin duda, Jesús allá no está. ¿Dónde está, pues? Afortunadamente, la gente puede subir a unas barcas que han ido llegando, y zarpan en busca del Señor a Cafarnaúm.

Y, efectivamente, al llegar a la otra orilla del lago, le encuentran. Se sorprenden de su presencia allí, y le preguntan: «Rabbí, ¿cuándo has llegado aquí?» (Jn 6,25). La realidad es que la gente no sabía que Jesús había caminado por encima de las aguas de manera milagrosa, y Jesús tampoco da respuesta directa a las preguntas que le hacen.

¿Qué dirección y qué esfuerzo llevan a encontrar a Jesús verdaderamente? Nos lo dice el mismo Señor: «Obrad, no por el alimento perecedero, sino por el alimento que permanece para vida eterna, el que os dará el Hijo del hombre, porque a éste es a quien el Padre, Dios, ha marcado con su sello» (Jn 6,27).

Detrás de todo esto continúa estando la multiplicación de los panes, signo de la generosidad divina. La gente insiste y continúa preguntando: «¿Qué hemos de hacer para realizar las obras de Dios?» (Jn 6,28). Jesús responde claramente: «La obra de Dios es que creáis en quien Él ha enviado» (Jn 6,29).

Jesús no pide una multiplicación de obras buenas, sino que uno tenga fe en aquel que Dios Padre ha enviado. Porque con fe, el hombre realiza la obra de Dios. Por esto designó la fe misma como obra. En María tenemos el mejor modelo de amor manifestado en obras de fe.

5 de mayo San Hilario


5 de mayo

San Hilario

Un santo curioso este que hoy celebramos y que pudo causar hasta un cisma llevado por su celo apostólico. Nació Hilario a principios del siglo V, en una noble familia, y era pariente de san Honorato.

Este santo varón, había buscado la soledad y el silencio en la abadía de Lerins, por el fundada, y era su deseo que su pariente Hilario siguiese su misma vida. Ni corto ni perezoso, Honorato dejó su abadía para intentar convencer a nuestro santo de que lo siguiese. Pero Hilario no estaba por la labor y no hizo caso a esta propuesta. Sin embargo, las palabras de Honorato hicieron huella en Hilario, que empezó a pensar en que, a lo mejor, el Señor lo estaba llamando. Después de un tiempo de reflexión, se decidió a seguir a su pariente Honorato, y se presentó en la abadía de Lerins, donde abrazó la vida monástica. En el año 429 lo eligieron como arzobispo de Arles, pese a su oposición, en sustitución de Honorato. Desplegó entonces una actividad frenética por toda su archidiócesis, visitando monasterios y obispados. Su ardor era tal que exasperaba a muchos, y le causó no menos problemas, como la vez que nombró un obispo para una sede que aun no estaba vacante, sólo porque el obispo titular estaba enfermo, cuando este se repuso, tuvo que intervenir el papa para quitar a uno, el nombrado por Hilario, y así evitar el cisma.

A pesar de todo, nuestro santo dio toda su vida testimonio de una amor entregado y apasionado a Jesucristo, hasta su muerte en el año 449.


4 may 2014

Santo Evangelio 4 de Mayo de 2014


Autor: Juan Pablo Durán | Fuente: Catholic.net
En el camino de Emaús
Lucas 24, 13-35. Pascua. Dejarnos conquistar por la esperanza que nos ofrece Jesús, y en la Eucaristía llevarlo para siempre.

En el camino de Emaús
Del santo Evangelio según san Lucas 24, 13-35

Aquel mismo día iban dos de ellos a un pueblo llamado Emaús, que distaba sesenta estadios de Jerusalén, y conversaban entre sí sobre todo lo que había pasado. Y sucedió que, mientras ellos conversaban y discutían, el mismo Jesús se acercó y siguió con ellos; pero sus ojos estaban retenidos para que no le conocieran. Él les dijo: «¿De qué discutís entre vosotros mientras vais andando?» Ellos se pararon con aire entristecido. Uno de ellos llamado Cleofás le respondió: «¿Eres tú el único residente en Jerusalén que no sabe las cosas que estos días han pasado en ella?» Él les dijo: «¿Qué cosas?» Ellos le dijeron: «Lo de Jesús el Nazareno, que fue un profeta poderoso en obras y palabras delante de Dios y de todo el pueblo; cómo nuestros sumos sacerdotes y magistrados le condenaron a muerte y le crucificaron. Nosotros esperábamos que sería él el que iba a librar a Israel; pero, con todas estas cosas, llevamos ya tres días desde que esto pasó. El caso es que algunas mujeres de las nuestras nos han sobresaltado, porque fueron de madrugada al sepulcro, y, al no hallar su cuerpo, vinieron diciendo que hasta habían visto una aparición de ángeles, que decían que él vivía. Fueron también algunos de los nuestros al sepulcro y lo hallaron tal como las mujeres habían dicho, pero a él no le vieron». Él les dijo: «¡Oh insensatos y tardos de corazón para creer todo lo que dijeron los profetas! ¿No era necesario que el Cristo padeciera eso y entrara así en su gloria?» Y, empezando por Moisés y continuando por todos los profetas, les explicó lo que había sobre él en todas las Escrituras. Al acercarse al pueblo a donde iban, Él hizo ademán de seguir adelante. Pero ellos le forzaron diciéndole: «Quédate con nosotros, porque atardece y el día ya ha declinado». Y entró a quedarse con ellos. Y sucedió que, cuando se puso a la mesa con ellos, tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo iba dando. Entonces se les abrieron los ojos y le reconocieron, pero él desapareció de su lado. Se dijeron uno a otro: «¿No estaba ardiendo nuestro corazón dentro de nosotros cuando nos hablaba en el camino y nos explicaba las Escrituras?» Y, levantándose al momento, se volvieron a Jerusalén y encontraron reunidos a los Once y a los que estaban con ellos, que decían: «¡Es verdad! ¡El Señor ha resucitado y se ha aparecido a Simón!» Ellos, por su parte, contaron lo que había pasado en el camino y cómo le habían conocido en la fracción del pan. 


Oración introductoria 

Gracias, Señor, por buscarme, por no dejarme solo en el camino. Me conoces y sabes que soy presa fácil del desánimo y del abatimiento y me cuesta mucho reconocerte en mi oración. Ilumina mi mente y mi corazón para que sepa descubrirte y experimente esa cercanía que me llena de paz y amor. 

Petición 

Cristo resucitado, enciende el calor de mi fe y esperanza de tal manera, que en esta Pascua de resurrección, la vivencia de la caridad sea el distintivo de mi vida. 

Meditación del Papa Francisco 

En el Evangelio, Jesús no se enfada, pero finge cuando los discípulos no entendían las cosas. A los de Emaús les dice: insensatos y lentos de corazón. ´Insensatos y lentos de corazón´... Quien no entiende las cosas de Dios es una persona así. El Señor quiere que entendamos lo que sucede: lo que sucede en mi corazón, lo que sucede en mi vida, lo que sucede en el mundo, en la historia... Y Jesús nos pide pensar libremente, pensar para entender lo que sucede. La verdad es que ¡solos no podemos! Necesitamos la ayuda del Señor. Lo necesitamos para entender los signos de los tiempos, el Espíritu Santo nos da este regalo, un don: la inteligencia para entender y no porque otros me digan qué sucede. [...] 
Esta es la gracia que debemos pedir al Señor: la capacidad que nos da el Espíritu para entender los signos de los tiempos. (Cf. S.S. Francisco, 29 de noviembre de 2013, homilía en Santa Marta). 

Reflexión 

El último capítulo del "Evangelio de la misericordia" nos narra un acontecimiento que se ha repetido en prosa y en cantos, que ha inspirado a las obras de arte más conocidas, que ha suscitado conversiones e inspirado a los cristianos en el camino a la santidad. 

Comienza con dos discípulos desencantados, que están abandonando la causa por la cual, tres años antes, habían dejado todo. Pero ahora, después de tres días de esperar al Maestro en el que habían creído, se habían convencido de su tontería, y partían para tratar de reconstruir las vidas que habían dejado atrás. En un fin de semana se les había escapado el único ideal que había llenado sus corazones jóvenes. 

En su camino se les aparece Cristo, pero aunque lo veían, algo les impedía reconocerle. Aquí nos tenemos que preguntar, ¿por qué? ¿Por qué no reconocen su rostro después de haberlo seguido por tres años? ¿Por qué no reconocen su voz después de haber dejado todo el día que escucharon su llamada? ¿Por qué no reconocen sus palabras después de haberlo oído predicar? 

Tal vez es porque, como ellos mismos admiten, Él ha desilusionado las esperanzas que tenían, de que Él fuera el libertador de la nación de Israel. El obstáculo no es que no tengan a Jesús al lado, caminando con ellos, es que ellos esperan ver a alguien diferente. Así nunca verán a Jesús, por más claro que se les aparezca. ¡La esperanza que ellos habían tenido, pequeña y a su medida, no les deja aceptar la gloria y el gozo de la resurrección! 

Pero Jesús no los deja alejarse. Quiere conquistárselos para siempre. Hace la finta de seguir adelante para que lo inviten a cenar. Y ahí, en la intimidad de un pequeño cuarto, se les revela al entregarse en la Eucaristía. Eufóricos, corren hasta Jerusalén bajo la luz de las estrellas. ¡Ha resucitado, y vive con ellos para siempre! Se dejaron conquistar por la esperanza que les ofrece Jesús, y en la Eucaristía lo llevan consigo para siempre. 

Propósito 

Hacer una visita a Cristo Eucaristía para reflexionar sobre la Divina Providencia, a fin de que nunca me decepcione o dude de su Palabra. 

Diálogo con Cristo 

Cristo has resucitado, estás vivo y caminas conmigo. ¡Qué maravilla! ¡Qué experiencia! Mi corazón rebosa de gozo y quiero cantar, quiero gritar, quiero trasmitir a otros esta certeza. No estoy solo, Cristo quiere estar conmigo. Está vivo en la Eucaristía, esperándome pacientemente. No puedo ser indiferente o pasivo ante tanto amor, por eso hoy te pido me des la fuerza para correr a compartir con mi familia, y con los demás, esta Buena Nueva. 

4 de mayo Gotardo o Godofredo, obispo

4 de mayo

 Gotardo o Godofredo, obispo
(c. a. 960-1038)


Hildesheim es ciudad del noroeste de Alemania, en la Baja Sajonia, al pie del macizo montañoso del Harz, cerca de Hannover. Hoy es un gran centro industrial y de comunicaciones; en el siglo XIII era una ciudad libre del Sacro Imperio Romano Germánico y antes, en el siglo XI, san Bernardo la convirtió en un centro importante de del arte románico. Ya era obispado desde el comienzo del siglo IX. Traemos a la memoria a Hildesheim porque Gotardo fue su Obispo.

Había nacido Gotardo -o Godofredo- en Baviera, y no disponemos de datos que se refieran a su niñez. Se le conoce ya con datos fiables cuando en el 990 era monje benedictino en Nieder Altaich y, más tarde, abad electo de la abadía de Altaich.

Recorrió diversos monasterios de las regiones del Rhin, introduciendo la disciplina que devolvía toda su pureza original a la regla de san Benito, un tanto relajada en muchas comunidades, y con justicia puede ser considerado como uno de los reformadores más conspicuos de su época.

También bajo otro aspecto se estudia su personalidad. Es uno de los animadores de la cultura del siglo XI. Su obra de constructor sacro fue posible por la confluencia de entusiasmos de otro gran hombre contemporáneo suyo, Enrique II (973-1024), rey germano, coronado por el papa Benedicto VIII como emperador del Sacro Imperio Romano (1002), último de los gobernantes sajones, nacido en Abbach, también en Baviera, que fue un rey peleón -guerra contra Boleslao para recuperar Bohemia del 1004 al 1018; invadió Italia y fue proclamado rey de los lombardos; y en 1021 una tercera campaña militar en el sur de Italia, contra los bizantinos, para someter Capua y Salerno-, un emperador artista -procurando la construcción de catedrales del románico- y un hombre santo -canonizado en 1146- famoso por su piedad y por contribuir a la reforma eclesiástica.

Conocida la persona del reformador entusiasta de las obras sacras, el emperador Enrique II confió a Gotardo la reforma de otros cenobios, como las abadías de Hersfeld y Tergensee, y desde que en el 1022 sucedió a san Bernardo en su diócesis, también fue su epígono en la continuación de los proyectos artísticos bernardinos, llegando a terminar la catedral y la iglesia de San Miguel de Hildesheim.

Su labor pastoral no quedó agotada en las piedras por mucho arte que pudiera sacarse de ellas. Se esforzó igualmente en arbitrar medios que facilitaran la enseñanza de la juventud, proporcionó al pueblo sencillo escuelas y hospitales, y fundó asilos para pobres. Quizá sea por este trato directo con la enfermedad que intentaba aliviar en los dolientes, por lo que se le acostumbra a invocar entre sus muchos devotos en Austria y Prusia contra la gota y los reumatismos. De todos modos, ha pasado a la historia sobre todo como un gran obispo constructor.

Murió en el 1038.