18 jun 2013

Acompañados de María


Acompañados de María

Vocación.org 


Si usted quiere realmente intimar con María, debe comenzar por amarla en la fe, es decir, por acercarse a Ella como a la creatura nueva, surgida del poder redentor de Cristo, como a la creatura fiel, en quien Dios realizó maravillas, como a la creatura ejemplo y modelo, constituida por Dios Madre suya y Madre nuestra. Trate también de conocerla profundamente en el santo Evangelio, a través de la meditación fervorosa y actuada, para que María brille en su corazón con todo el esplendor de la creatura más grande y hermosa que ha existido. Trate finalmente de dejarle cabida en su vida, porque Ella, como Madre, se preocupa de usted, participa en sus alegrías y tristezas, se interesa de transformación en Cristo. Y no se preocupe si el sentimiento la favorece o no; viva sus relaciones con Ella en la fe, que no es en ningún modo obstáculo para la intimidad, para el cariño, para la cercanía, para el diálogo.

Y en segundo lugar, para lograr una mayor intimidad con María, trate de esforzarse por imitarla en todas sus virtudes.

Ponga la lo mejor de usted misma en esos actos que jalonan su vida de todos los días, y que tienen que ver con María. Rece fervorosamente el Rosario, al que Pablo VI llamaba: compendio de todo el Evangelio... salterio de la Virgen... atrayente por su intrínseca belleza (Exhortación apostólica Mariales Cultus, nº 42 ss.), y del que Juan Pablo II decía: El Rosario es mi oración predilecta (Ángelus, 29 de Octubre de 1978) Rece con entusiasmo y sentido el saludo a la Santísima Virgen, tanto al principio de cada jornada, como al mediodía, como al caer la tarde. Acuda en ratos libres a la capilla o ante la imagen de María todos los días, para hablarle a Ella de sus cosas, porque a María le interesa mucho todo lo suyo. Y nunca se acueste sin una breve visita a María, en la que le pida a Ella por su perseverancia final en su vida.

Si usted quiere realmente intimar con María, debe comenzar por amarla en la fe, es decir, por acercarse a Ella como a la creatura nueva, surgida del poder redentor de Cristo, como a la creatura fiel, en quien Dios realizó maravillas, como a la creatura ejemplo y modelo, constituida por Dios Madre suya y Madre nuestra. Trate también de conocerla profundamente en el santo Evangelio, a través de la meditación fervorosa y actuada, para que María brille en su corazón con todo el esplendor de la creatura más grande y hermosa que ha existido. Trate finalmente de dejarle cabida en su vida, porque Ella, como Madre, se preocupa de usted, participa en sus alegrías y tristezas, se interesa de transformación en Cristo. Y no se preocupe si el sentimiento la favorece o no; viva sus relaciones con Ella en la fe, que no es en ningún modo obstáculo para la intimidad, para el cariño, para la cercanía, para el diálogo.

Y en segundo lugar, para lograr una mayor intimidad con María, trate de esforzarse por imitarla en todas sus virtudes.



Ponga la lo mejor de usted misma en esos actos que jalonan su vida de todos los días, y que tienen que ver con María. Rece fervorosamente el Rosario, al que Pablo VI llamaba: compendio de todo el Evangelio... salterio de la Virgen... atrayente por su intrínseca belleza (Exhortación apostólica Mariales Cultus, nº 42 ss.), y del que Juan Pablo II decía: El Rosario es mi oración predilecta (Ángelus, 29 de Octubre de 1978) Rece con entusiasmo y sentido el saludo a la Santísima Virgen, tanto al principio de cada jornada, como al mediodía, como al caer la tarde. Acuda en ratos libres a la capilla o ante la imagen de María todos los días, para hablarle a Ella de sus cosas, porque a María le interesa mucho todo lo suyo. Y nunca se acueste sin una breve visita a María, en la que le pida a Ella por su perseverancia final en su vida.

17 jun 2013

Santo Evangelio 17 de Junio de 2013







Autor: Juan Fidel Medina | Fuente: Catholic.net
Los reconocerán por el amor
Mateo 5, 38-42. Tiempo Ordinario. Jesucristo ha venido a mostrarnos una nueva forma de ver la vida, basada en el amor por encima del odio.


Del Santo Evangelio según San Mateo 5, 38-42 

Habéis oído que se dijo: "Ojo por ojo y diente por diente". Pues yo os digo: no resistáis el mal; antes bien, al que te abofetee en la mejilla derecha, ofrécele también la otra; al que quiera pleitear contigo para quitarte la túnica, déjale también el manto; y al que te obligue andar una milla, vete con él dos. A quien te pida, da, y al que desee que le prestes algo, no le vuelvas la espalda. 

Oración introductoria 

Señor, no puedo quedar indiferente ante esta invitación que me haces a ser más generoso. Que vea tu ejemplo de amor por los demás y me esfuerce por imitarlo. 

Petición 

Señor Jesús, dame la fortaleza necesaria para vivir tu enseñanza de amor. Ayúdame a darme cuenta de que me invitas a ser más generoso. Que acoja esta invitación de forma que me done a los demás. 

Meditación del Papa 

Jesucristo ha venido a mostrarnos una nueva forma de ver la vida, basada en el amor por encima del odio. Ésta es la novedad del cristianismo. La convivencia entre los hombres llegará a ser realmente pacífica el día en que el amor prevalezca por encima de las demás cosas. "Al grito por la sangre derramada, que se eleva desde tantas partes de la tierra, Dios responde con la sangre de su Hijo, que entregó su vida por nosotros. Cristo no respondió al mal con el mal, sino con el bien, con su amor infinito". Ángelus de su Santidad Benedicto XVI, 5 de julio de 2009 

Reflexión 

El mundo en que vivimos sería realmente diferente si creyéramos en la fuerza del amor. La experiencia nos demuestra que donde se ha sembrado el rencor, sólo se han cosechado frutos amargos. El amor es la cura para tantos males que padece el mundo. El remedio para la soledad, el abandono y la tristeza es el amor. Con la fuerza del amor nos podemos enfrentar a los retos que nos va a presentar la vida. Un amor que nos libera de nuestro egoísmo y nos ayuda a abrirnos a los demás. 

Propósito 

Hoy tendré un detalle con algún familiar y perdonaré al que me ofenda. 

Diálogo con Cristo 

Jesús, gracias por haberme llamado a formar parte de tus discípulos. Dame la gracia de servir a los demás sin cálculo y sin medida, así como Tú lo hiciste. Tú has dicho: "Nadie tiene mayor amor que aquél que da la vida por sus amigos". Sé que hay muchas personas que esperan ser amadas, y yo estoy dispuesto. Pero este amor perderá su fuerza si Tú no lo alimentas, si Tú no lo alientas. No quiero tener límites en mi amor. Que cuando sirva a las personas con las que convivo, recuerde que te lo estoy haciendo a ti. 


El amor se manifiesta mejor con hechos que con palabras. (Santo Cura de Ars, Sermón sobre Jesucristo) 

Nuestra Señora del Amor




Nuestra Señora del Amor

Camilo Valverde Mudarra 

Son muchos los que rezan y tienen a María, como madre del Amor. Del amor más bello. Nuestra Señora del amor hermoso. Pues, por su Hijo, y a semejanza suya, ha sido la criatura que, con más y mejor ahínco, ha sabido amar. Jesús amó hasta el extremo más inmenso, hasta dar su vida por nosotros; nos amó hasta la muerte y ésta, de cruz. Y María nos dio, hasta el último momento de su vida, la lección suprema del amor inmolado. El amor es donación y servicio, entrega total. Y así fue su vida, entrega total, regalo e inmolación a los demás.

Es aleccionante ver como hace de su vida un acto de amor continuo; al saber que su pariente Isabel, en su ancianidad, iba a tener un hijo, el Precursor de Aquel que llevaba en su seno, correr presurosa a prestar su ayuda; el Evangelio cuenta que salió muy deprisa, olvidándose de sí misma, en lugar de quedarse ensimismada tras el anuncio del ángel, dando gracias a Dios por su primera comunión, la primera del mundo. Es la primera lección que nos da a sus hijos; centra su enseñanza en que el bien, que hay hacerlo con prontitud, muy deprisa; enseña que Dios quiere amor, no liturgia, que Dios no quiere que los hombres suplamos nuestra carencia de amor con un culto farisaico y engañoso. La vida auténticamente religiosa debe expresarse en la atención cuidadosa a los hombres, pues la norma suprema del hombre, más si es religioso, no puede ser otra que el amor. Un amor sin límites, pues la medida del amor es amar sin medida. Amar a todo el mundo hasta olvidarse de uno mismo. El amor bien entendido comienza por los demás y termina por uno mismo. Amor sin ley, pues la única ley del amor es el amor mismo, hacer siempre lo que el amor demanda, pues obrando bajo el imperativo del amor, no habrá posibilidad de equivocarse nunca, ya que Dios, Grandeza Infinita, es amor, "el amor", y por tanto, cuando nos dejamos llevar por el amor, estamos siendo llevados por Dios.

María, por ese amor, fue llevada siempre. En lealtad absoluta, pues la lealtad pertenece a la esencia del amor. Amor es la palabra que define exactamente toda su realidad, todo su ser. La que más ha amado a Dios y a los hombres. La más amada por Dios; la eternamente amada en el Amado. La criatura que debe ser más amada por los hijos y las hijas del Amado. Ella enseña que la vida humana ni puede ni debe ser otra cosa que una relación de amor. Como relata el Cantar de los Cantares, el más bello cantar entre todos, el único, porque es un canto al amor, en el que la esposa -que somos todos nosotros-, de amor enloquecida, va tejiendo y destejiendo, trenzando y destrenzando el embriagante y maravilloso juego del amor con su esposo querido, que es el Amoroso Padre Celestial. Nada hay más fuerte que el amor, fuerte como la misma muerte, impulso radical que emerge irresistiblemente de la esencia profunda de nuestro ser sin que haya poder humano capaz de detenerlo. Porque, además, querer estrangularlo o detenerlo es atentar gravemente contra el derecho más fundamental del hombre, el derecho al amor. El hombre ha sido hecho para amar y para ser amado, en su esencia dada por Dios.

Hemos de amar a Dios, como lo amó la Señora del Amor, con todas las fuerzas del alma, y, con esas mismas fuerzas, tenemos que amar a todos los hombres. Ahí está la gran doctrina cristiana, una idolatría del hombre, pues de los hombres hace dioses; si no amamos a los hombres que vemos, no podemos amar a Dios al que no vemos. Sólo existe un mandamiento, el del amor; la señal inequívoca de que somos cristianos es que nos amamos los unos a los otros; al final de la vida nos van a examinar de amor, sólo de amor; por tanto, no vale la pena vivir, si no es amando, vivir para amar, pera estar continuamente en el amor; hay que hacer de todos los seres huma­nos una comunidad de amor; los cristianos son los locos de amor, se han entregado al amor, confían en el amor, se han confiado al amor. Por eso hemos adquirido el mayor compromiso, pues nada es capaz de comprometer como el amor. El amor lo sufre todo, lo aguanta todo, lo tolera todo, todo lo justifica en el amado. Si no tengo amor, no valgo absolutamente para nada, no soy nada; soy un ser sin sentido, címbalo que resuena.

A Dios no hay que temerlo, hay que amarlo; en el amor no puede haber temor y el que teme, no es perfecto en el amor. Dios es un padre amoroso que nos quiere con amores infinitos, al que nosotros debemos amar con la casi infinita capacidad de amor que Él nos ha regalado graciosamente por su simple amor, no por el nuestro que no necesita, pero lo quiere y nos lo tiene.

Te pedimos, Señora, que el amor nos penetre hasta el fondo del alma; que el Espíritu Santo, el amor substancial, el amor hecho persona, toque nuestro corazón con su palabra única: el amor. De este modo, podremos ir por el mundo sembrando de amor todos los caminos, para acabar con tantas malquerencias, tantos odios, tantas rivalidades y tantas incomprensiones, con el deseo incontenido de que formemos todos, como los primeros cristianos, una comunidad con un mismo corazón y unos mismos sentimien­tos. Ese amor que inunda y embriaga; que es paciente, que es servicial, que no se irrita ni se engríe. Ruega por nosotros para que vivamos el amor; la caridad que no pasa jamás. La caridad es eterna.

17 de Junio San Gregorio Barbarigo



17 de Junio

San Gregorio Barbarigo
Obispo. Año 1697

Este simpático santo nació en Venecia (Italia) en 1632, de familia rica e influyente. La madre murió de peste de tifo negro, cuando el niño tenía solamente dos años. Pero su padre, un excelente católico, se propuso darle la mejor formación posible.

El papá lo instruyó en el arte de la guerra y en las ciencias, y lo hizo recibir un curso de diplomacia, pero al joven Gregorio lo que le llamaba la atención era todo lo que tuviera relación con Dios y con la salvación de las almas.

Estudiando astronomía admiraba cada día más el gran poder de Dios, al contemplar tan admirables astros y estrellas en el firmamento.

Deseaba ser religioso, pero su director espiritual le aconsejó que más bien se hiciera sacerdote de una diócesis, porque tenía especiales cualidades para párroco. Y a los 30 años fue ordenado sacerdote.

Un amigo suyo y de su familia, el Cardenal Chigi, había sido elegido Sumo Pontífice con el nombre de Alejandro VII, y lo mandó llamar a Roma. Allá le concedió un nombramiento en el Palacio Pontificio y le confió varios cargos de especial responsabilidad.

Y en ese tiempo llegó a Roma la terrible peste de tifo negro (la que había causado la muerte a su santa madre) y el Santo Padre, conociendo la gran caridad de Gregorio, lo nombró presidente de la comisión encargada de atender a los enfermos de tifo. Desde ese momento Gregorio se dedica por muchas horas cada día a visitar enfermos, enterrar muertos, ayudar viudas y huérfanos y a consolar hogares que habrían quedado en la orfandad.

Acabada la peste, el Sumo Pontífice le ofrece nombrarlo obispo de una diócesis muy importante, Bérgamo. El Padre Gregorio le pide que lo deje antes celebrar una misa para saber si Dios quiere que acepte ese cargo. Durante la misa oye un mensaje celestial que le aconseja aceptar el nombramiento. Y le comunica su aceptación al Santo Padre.

Llega a Bérgamo como un sencillo caminante, y a los que proponen hacerle una gran fiesta de recibimiento, les dice que eso que se iba a gastar en fiestas, hay que emplearlo en ayudar a los pobres. Luego él mismo vende todos sus bienes y los reparte entre los necesitados y se propone imitar en todo al gran arzobispo San Carlos Borromeo que vivía dedicado a las almas y a las gentes más abandonadas. En Bérgamo jamás deja de ayudar a quien le pide, y los pobres saben que su generosidad es inmensa.

Propaga libros religiosos entre el pueblo y recomienda mucho los escritos de San Francisco de Sales. En sus viajes misioneros se hospeda en casas de gente muy pobre y come con ellos, sin despreciar a nadie. Después de pasar el día enseñando catecismo y atendiendo gentes muy necesitadas, pasa largas horas de la noche en oración. El portero del palacio tiene orden de llamarlo a cualquier hora de la noche, si algún enfermo lo necesita. Y aun entre lluvias y lodazales, a altas horas de la noche se va a atender moribundos que lo mandan llamar. Y es obispo.

El médico le aconseja que no se desgaste tanto visitando enfermos, pero él le responde: "ese es mi deber, y ¡no puedo obrar de otra manera!".

El Sumo Pontífice lo nombra obispo de una ciudad que está necesitando mucho un obispo santo. Es Padua. Los habitantes de Bérgamo decían: "Los de Milán tuvieron un obispo santo, que fue San Carlos Borromeo. Nosotros también tuvimos un obispo muy santo, Mr. Gregorio. Que gran lástima que se lo lleven de aquí".

En Padua se encuentra con que los muchachos no saben el catecismo y los mayores no van a Misa los domingos. Se dedica él personalmente a organizar las clases de catecismo y a invitar a todos a la S. Misa. Recorrió personalmente las 320 parroquias de la diócesis. Organizó a los párrocos y formó gran número de catequistas. Aun a las regiones más difíciles de llegar, las visitó, con grandes sacrificios y peligros. En pocos años la diócesis de Padua era otra totalmente distinta. La había transformado su santo obispo.

El nuevo Pontífice Inocencio XI nombró Cardenal a Monseñor Gregorio Barbarigo, como premio a sus incansables labores de apostolado. El siguió trabajando como si fuera un sencillo sacerdote.

Fundó imprentas para propagar los libros religiosos, y se esmeró con todas sus fuerzas por formar lo mejor posible a los seminaristas para que llegaran a ser excelentes sacerdotes.

Todos estaban de acuerdo en que su conducta era ejemplar en todos los aspectos y en que su generosidad con los pobres era no sólo generosa sino casi exagerada. La gente decía: "Monseñor es misericordioso con todos. Con el único con el cual es severo es consigo mismo". Su seminario llegó a tener fama de ser uno de los mejores de Europa, y su imprenta divulgó por todas partes las publicaciones religiosas. El andaba repitiendo: "para el cuerpo basta poco alimento y ordinario, pero para el alma son necesarias muchas lecturas y que sean bien espirituales".

San Gregorio murió santamente el 17 de junio del año 1697.

Dios nos mande muchos Gregorios más, así de santos y generosos.

Quien generosamente da, generosamente recibirá. S. Biblia, Prv. 11.

16 jun 2013

Santo Evangelio 16 de Junio de 2013



Autor: Misael Cisneros | Fuente: Catholic.net
La pecadora arrepentida
Lucas 7,36-8,3 Tiempo Ordinario. ¿Quieres saber cuánto vales? No cuentes lo que tienes, mira solamente lo que amas.


Del santo Evangelio según san Lucas 7,36-8,3

En aquel tiempo un fariseo le rogó a Jesús que comiera con él, y, entrando Jesús en la casa del fariseo, se puso a la mesa. Había en la ciudad una mujer pecadora pública, quien al saber que estaba comiendo en casa del fariseo, llevó un frasco de alabastro de perfume, y poniéndose detrás, a los pies de él, comenzó a llorar, y con sus lágrimas le mojaba los pies y con los cabellos de su cabeza se los secaba; besaba sus pies y los ungía con el perfume. Al verlo el fariseo que le había invitado, se decía para sí: Si éste fuera profeta, sabría quién y qué clase de mujer es la que le está tocando, pues es una pecadora. Jesús le respondió: Simón, tengo algo que decirte. Él dijo: Di, maestro. Un acreedor tenía dos deudores: uno debía quinientos denarios y el otro cincuenta. Como no tenían para pagarle, perdonó a los dos. ¿Quién de ellos le amará más? Respondió Simón: Supongo que aquel a quien perdonó más. Él le dijo: Has juzgado bien, y volviéndose hacia la mujer, dijo a Simón: ¿Ves a esta mujer? Entré en tu casa y no me diste agua para los pies. Ella, en cambio, ha mojado mis pies con lágrimas, y los ha secado con sus cabellos. No me diste el beso. Ella, desde que entró, no ha dejado de besarme los pies. No ungiste mi cabeza con aceite. Ella ha ungido mis pies con perfume. Por eso te digo que quedan perdonados sus muchos pecados, porque ha mostrado mucho amor. A quien poco se le perdona, poco amor muestra. Y le dijo a ella: Tus pecados quedan perdonados. Los comensales empezaron a decirse para sí: ¿Quién es éste que hasta perdona los pecados? Pero Él dijo a la mujer: Tu fe te ha salvado. Vete en paz. Después, Jesús recorría las ciudades y los pueblos, predicando y anunciando la Buena Noticia del Reino de Dios. Lo acompañaban los Doce y también algunas mujeres que habían sido curadas de malos espíritus y enfermedades: María, llamada Magdalena, de la que habían salido siete demonios; Juana, esposa de Cusa, intendente de Herodes, Susana y muchas otras, que los ayudaban con sus bienes. 

Oración introductoria 

Dios mío, al igual que la mujer del Evangelio, te busco con una gran fe en esta oración. Soy consciente de mis miserias y necesito tu perdón. No permitas que me aparte de Ti, porque en Ti tengo puesta toda mi esperanza. Te amo y deseo ardientemente compartir este amor con los demás. 

Petición 

Señor, ayúdame a reparar mis faltas con esta oración sincera y humilde. 

Meditación del Papa 

Ella avanza y, de modo más bien furtivo, se detiene a los pies de Jesús. Había escuchado sus palabras de perdón y de esperanza para todos, incluso para las prostitutas, y está allí conmovida y silenciosa. Con sus lágrimas moja los pies de Jesús, se los enjuga con sus cabellos, los besa y los unge con un agradable perfume. Al actuar así, la pecadora quiere expresar el afecto y la gratitud que alberga hacia el Señor con gestos familiares para ella, aunque la sociedad los censure. Frente al desconcierto general, es precisamente Jesús quien afronta la situación: "Simón, tengo algo que decirte". El fariseo le responde: "Di, maestro". Todos conocemos la respuesta de Jesús con una parábola que podríamos resumir con las siguientes palabras que el Señor dirige fundamentalmente a Simón: "¿Ves? Esta mujer sabe que es pecadora e, impulsada por el amor, pide comprensión y perdón. Tú, en cambio, presumes de ser justo y tal vez estás convencido de que no tienes nada grave de lo cual pedir perdón". Benedicto XVI, 7 de marzo de 2008. 

Reflexión 

Cada hombre vale lo que puede valer su amor. El amor, lo dijo alguien hace muchos siglos, no tiene precio. Se atribuye al rey Salomón esta frase: "Si alguien quisiese comprar todo el amor con todas sus riquezas se haría el más despreciable entre los hombres". Un empresario multimillonario puede comprar las acciones de muchas empresas más débiles que la suya, pero no puede lograr, con todos sus miles de millones de dólares, comprar la sonrisa amorosa de su esposa o de sus hijos. Y si el amor es algo inapreciable, si vale más que todos los diamantes de Sudáfrica, vale mucho más la persona, cada hombre o mujer, capaces de amar. 

Por eso podemos decir que cuesta mucho, muchísimo, casi una cifra infinita de dólares, cada ser humano. Mejor aún: tiene un precio que sólo se puede comprender cuando entramos en la lógica del “banco del amor”, cuando aprendemos a mirar a los demás con los ojos de quien descubre que todos nacemos y vivimos si nos sostiene el amor de los otros, y que nuestra vida es imposible el día en que nos dejen de amar y en el que nos olvidemos de amar. 

¿Quieres saber cuánto vales? No cuentes lo que tienes. Mira solamente si te aman y si amas, como esta mujer pecadora que amaba a Cristo y Cristo la amaba porque sabía que le daba no sólo un valioso perfume sobre sus pies, sino un valioso amor que vale más que todas las riquezas del fariseo. El fariseo dejaba de lado a todos aquellos que él consideraba pecadores pero no sabía que en el corazón de Cristo no hay apartados. Él ama a todos los hombres y espera ser correspondido por cada uno de ellos. De igual forma en nuestra vida, amemos a los hombres sin considerar su fealdad o belleza, su condición social o sus defectos. 

El amor cubre una multitud de pecados, por eso ella puede escuchar de labios de Jesús: ¡vete en paz! Es un atrevimiento y un escándalo para quien está falto de amor, pues sólo desde el amor se entiende el perdón. Si no, que lo diga una madre dispuesta siempre a perdonar los extravíos de su hijo. 

El amor es la fuerza del alma y la llave que abre todas las puertas. 

Propósito 

Evitar, hoy, juzgar a los demás para mantener un corazón generoso y misericordioso como el de Cristo. 

Diálogo con Cristo 

Dios Padre misericordioso, lento a la ira y rico en clemencia, ten compasión de tus hijos pecadores y apiádate de las obras de tus manos para que podamos permanecer en pie el día de tu venida gloriosa. 

Buscas a Cristo y encuentras a María




Buscas a Cristo y encuentras a María

Padre Tomás Rodríguez Carbajo  



1.- No podemos separar a Cristo de María.

Al pensar en Cristo, inmediatamente nos viene a la mente la condición humana y divina del Hijo de Dios, que vino a salvarnos.
Partimos de la realidad, tenemos a Cristo, porque nació de María.
La historia nos confirma que cuando se ha querido precisar la naturaleza de Cristo: Una sola persona y dos naturalezas (verdadero Dios y verdadero hombre), llegamos a la conclusión que es así, porque María es verdadera Madre de Jesús, y por lo tanto Madre de Dios, Ella prestó lo que cualquier madre presta a su hijo para ser llamada verdaderamente madre.

La condición inseparable de Cristo y María nos lleva a que, cuando nos acercamos a uno de los dos, necesariamente llegamos al otro. Es verdad que con distinción de importancia, pues, Cristo es Dios y hombre; María es criatura privilegiada, pero nunca es diosa, ni de naturaleza divina; le llamamos Madre de Dios, porque su Hijo, verdadero Dios, tomó en su seno la naturaleza humana, sin dejar la divina, que tenía por ser la Segunda Persona de la Santísima Trinidad.

Quien ama a Dios, tiene que amar lo que Dios ama, y de manera especial ama entre todas las criaturas a su Madre, por eso no ama realmente a Cristo, quien deja de lado a María. Los encontramos juntos en varios episodios evangélicos, iban buscando a Jesús y se encontraron con María, quien fue la encargada de mostrárselo, por ejemplo, si leemos a S. Lucas 2, 15 -16: "Cuando los ángeles, dejándoles, se fueron al cielo, los pastores se decían unos a otros: Vamos, pues, hasta Belén y veamos lo que ha sucedido y el Señor nos ha manifestado. Y fueron a toda prisa y encontraron a María y a José, y al niño acostado en el pesebre". Podemos leer también la adoración de los Magos, que nos narra San Mateo, 2, 11: "Entraron en la casa, vieron al Niño con su Madre María y, postrándose, le adoraron "

Todo hijo se encuentra orgulloso de su madre, Cristo no se avergüenza de Ella, no ha querido servirse de Ella solo para entrar en este mundo, sino que la tiene muy cerca de Sí, pues, es su colaboradora, nunca "suplente" de Jesús, por eso siempre que nos acercamos a El, nunca deja de presentarnos a su Madre.

2.- El mariano tiene que ser cristiano.

Si nos acercamos a María, Ella nos lleva a su Hijo, pues, tiene claro su misión de intercesora y medianera. Sabe que es el medio que Dios ha elegido para que nos acercásemos a El. Quien se cree devoto de María, lo será realmente, si su devoción es "santa", es decir, si de verdad ama a Cristo, pues, María no es ninguna gatera, que tenemos para salvarnos, sino que es la "Puerta del Cielo". ¿Cómo se entendería el amar a la Madre sin amar al Hijo?.
"El fin de toda devoción debe ser Jesucristo, Salvador del mundo, verdadero Dios y verdadero hombre", nos dice S. Luis M Grignión de Montfort en su libro "Tratado de la verdadera devoción".

La íntima unión de Jesús y María la encontramos expresada en los siguientes asertos:
. Con María busco a Jesús.
. Por María llego a Jesús.
. A Jesús por María.
. Todo a María para Jesús.

. El amor ardiente a María llega siempre a Jesús.
. A María no se le puede separar de Jesús.
. Junto a la cruz de Jesús encontramos a María.
. Jesucristo es el último fin de la devoción mariana.
. María nunca puede ser "suplente" de Jesús, sino la colaboradora.
. María no es la fuente de la gracia, sino el canal por el que llega.
. María no nos salva, sino que nos presenta a Cristo, el Mesías, el Salvador.

. Todo el interés de María es llevarnos a Cristo.




Ciro (Ciriaco) y Julita, Santos Mártires, 16 de junio



Ciro (Ciriaco) y Julita, Santos
Mártires, 16 de junio 
Autor: Alban Butler | Fuente: "Vidas de Santos"

Niño Mártir y su Madre
(al niño también se lo comoce como San Qurico)
Martirologio Romano: En la provincia romana de Asia Menor, conmemoración de los santos Quirico y Julita, mártires.

Etimoligìa: Ciro = Aquel que es señorial. Viene del griego.

Cuando los edictos de Diocleciano contra los cristianos se aplicaban con la máxima severidad en Licaonia, una viuda llamada Julita, que vivía en Iconio, juzgó prudente retirarse de un distrito donde ocupaba una posición prominente y buscar un refugio seguro bajo un régimen más clemente. En consecuencia, tomó consigo a su hijo Ciríaco o Quiricio, de tres años de edad, y a dos de sus servidoras y escapó hacia Seleucia. Ahí quedó consternada al descubrir que la persecución era todavía más cruel, bajo la dirección de Alejandro, el gobernador y, por lo tanto, continuó su huida hasta Tarso. Su arribo a la ciudad fue inoportuno, puesto que coincidió con el de Alejandro; algunos de los miembros de la comitiva del gobernador reconocieron al pequeño grupo de peregrinos. Casi inmediatamente, Julita fue detenida y encerrada en la prisión. Al comparecer ante los jueces del tribunal que iba a juzgarla, llevaba a su hijo de la mano y denotaba una absoluta serenidad. Julita era una dama de noble linaje con muy vastas y ricas posesiones en Iconio, pero en respuesta a las preguntas sobre su nombre, posición social y lugar de nacimiento, sólo afirmó que era cristiana. En consecuencia, el proceso no tuvo lugar y se la condenó a recibir el castigo de los azotes atada a las estacas. Antes de que se cumpliera con la sentencia, le fue arrebatado su hijo Ciríaco, a pesar de sus lágrimas y sus protestas.

En la leyenda sobre estos santos se dice que Ciríaco era un niño muy hermoso y que el gobernador lo tomó en sus brazos y lo sentó sobre sus rodillas, en un vano intento para que dejase de llorar. La criatura no quería más que volver al lado de su madre y extendía sus brazos hacia ella mientras la azotaban y, cuando Julita gritó, en medio de la tortura: «¡Soy cristiana!», el niño repuso como un eco: «¡Yo soy crisitano también!». En un momento dado, a impulsos de la ansiedad por librarse de las manos que le retenían y correr hacia su madre, el chiquillo comenzó a debatirse y, como Alejandro se esforzaba por contenerle, le propinó algunas patadas y le rasguñó la cara. La actitud del niño, completamente natural en aquellas circunstancias, encendió la cólera del gobernador. Se levantó hecho una furia, alzó a la criatura por una pierna y lo arrojó con fuerza sobre los escalones, al pie de su tribuna; el cráneo se le fracturó y quedó muerto al instante. Julita lo había presenciado todo desde las estacas donde estaba atada, pero en vez de manifestar su dolor, levantó la voz para dar gracias a Dios por haber concedido a su hijo la corona del martirio. Su actitud no hizo más que aumentar el furor de Alejandro. Este mandó que desgarrasen los costados de la infortunada mujer con los garfios, que fuese decapitada y que su cuerpo, junto con el de su hijo, fuera arrojado a los basureros en las afueras de la ciudad, con los restos de los malhechores. Sin embargo, después de la ejecución, el cadáver de Julita y el de Ciríaco fueron rescatados por las dos criadas que habían traído desde fconio, quienes los sepultaron sigilosamente en un campo vecino.

Cuando Constantino restableció la paz para la Iglesia, una de aquellas servidoras reveló el lugar donde se hallaban enterrados los restos de los mártires, y los fieles acudieron en tropel a venerarlos. Se dice que las supuestas reliquias de san Ciríaco se trasladaron de Antioquía durante el siglo cuarto, por iniciativa de san Amador, obispo de Auxerre. Esto extendió el culto por este niño santo en Francia, con el nombre de san Cyr, pero en realidad no hay ninguna prueba concreta para relacionar a los santos históricos Julita y Ciríaco -si aceptamos su existencia- con la ciudad de Antioquía. A pesar de que posiblemente fueron martirizados un 15 de julio, fecha en que se conmemora su fiesta en el Oriente, el Martirologio Romano los festeja el 16 de junio.

Es una pena tener que descartar una historia tan conmovedora y a la que tanto crédito se dio durante la Edad Media en Oriente y Occidente; pero la leyenda, tal como se ha conservado en todas sus formas, es positivamente una ficción. Las «Actas de Ciríaco y Julita» fueron proscritas en el decreto de Pseudo-Gelasio en relación con los libros que no debían ser leídos y, a pesar de que esta ordenanza no procedía del Papa San Gelasio, llega hasta nosotros revestida con la autoridad de su antigüedad y de haber sido generalmente aceptada. El padre Delehaye favorece la opinión de que Ciríaco fue el verdadero mártir y el personaje central de la leyenda fabricada posteriormente. Tal vez procedía de Antioquía, como se afirma en el Hieronymianum, pero lo cierto es que su nombre aparece solo y no unido al de Julita en muchas inscripciones y dedicatorias de iglesias y lugares diversos, en toda Europa y el Cercano Oriente. Las muy diversas formas en que se ha conservado la leyenda hasta nuestros días, son un testimonio de su popularidad.