7 sept 2019

Santo Evangelio 7 de septiembre 2019



Evangelio según San Lucas 6,1-5.

Un sábado, en que Jesús atravesaba unos sembrados, sus discípulos arrancaban espigas y, frotándolas entre las manos, las comían. Algunos fariseos les dijeron: "¿Por qué ustedes hacen lo que no está permitido en sábado?".Jesús les respondió: "¿Ni siquiera han leído lo que hizo David cuando él y sus compañeros tuvieron hambre, cómo entró en la Casa de Dios y, tomando los panes de la ofrenda, que sólo pueden comer los sacerdotes, comió él y dio de comer a sus compañeros?". Después les dijo: "El hijo del hombre es dueño del sábado".

El domingo, "día del Señor"

REDACCIÓN evangeli.net (elaborado a partir de textos de Benedicto XVI) 
(Città del Vaticano, Vaticano)

Hoy, Jesús se declara "señor del sábado". Los judíos celebran en el "Sabbat" la culminación de la obra de los "seis días" (la creación). Pero para el cristiano ha surgido un nuevo día: el de la Resurrección de Cristo. El séptimo día acaba la primera creación y el octavo comienza la nueva creación en Jesucristo. 

El Señor dio a sus discípulos ya en la Última Cena su Cuerpo y su Sangre como don de la Resurrección: cruz y resurrección forman parte de la Eucaristía, y sin ellas no es Eucaristía. Por ello, la celebración del sacramento debía estar vinculada necesariamente con la memoria de la Resurrección. El primer encuentro con el Resucitado se produjo la mañana del primer día de la semana —el tercer día después de su muerte—, por tanto, la mañana del domingo: ese se convirtió espontáneamente en la liturgia cristiana en el "día del Señor".

—Jesús, el esplendor de tu redención sobrepasa al de la primera creación. ¡Alabado seas por siempre, Señor!

¿Por qué nació usted?

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¿Por qué nació usted?

Autor: Mons. Rómulo Emiliani, c.m.f.


¿Usted cree que nació por puro accidente genético-biológico? ¿Por una coincidencia de fuerza de una misteriosa energía? Permítame añadir, ¿algo así como nació su perrito? ¿o el gato de la vecina? ¡NO! Dios lo creó y lo dotó de lo necesario para vivir una existencia plena. Le dio inteligencia, voluntad, sentimientos, emociones, espíritu, cuerpo. Todo esto para vivir plenamente. Para cumplir una misión grande, sublime, en la tierra. Recuerde que: DIOS NO CREA BASURA. 

¿Y por qué nació aquí? ¿En este siglo? ¿De tales padres? ¿Por qué no hace cuatro siglos? Y si es hombre, ¿por qué no es mujer? Y si es mujer, ¿por qué no varón? ¿Por qué ese color en su piel? PORQUE ASÍ LO QUIERE DIOS PARA CUMPLIR UNA GRAN MISIÓN EN LA TIERRA. ¡Así mismo como es! 

¡Despierte ya! Usted es la persona que necesitamos. La persona que el mundo necesita. Usted es un ser esencial en la existencia del mundo. Usted es imprescindible. Así es. ¡Dios no crea basura! Y hay algo grande que usted tiene que hacer. Algo que sólo usted puede hacer. Hay un vacío en el mundo que sólo usted puede llenar. Piénselo, descúbralo y hágalo. No es algo apoteósico, probablemente. Es mas bien un conjunto de cosas, hiladas entre sí, que a la larga darán muchos frutos. Use su ingenio, su creatividad y comience a actuar que... "camino se hace al andar". Un paso dado despierta posibilidades. ¡Haga algo! Lo peor es no hacer nada. Y haga ese algo con entusiasmo. Aunque sea lo más sencillo del mundo. 

Lo que no queremos es verlo "sentado" en la cuneta del camino de la vida, viendo pasar al mundo como un desfile. Los demás haciendo algo y usted tomando "fotos" de los acontecimientos. No tenga mentalidad de turista. Levántese y actúe. No diga que no puede. 

Jesús nos enseña. En su vida, siempre activo. Su servicio al prójimo, incondicional. Hizo el bien siempre. Dijo la verdad sin miedo. Enseñó el camino del Reino y amó aun a sus enemigos. 

Cumplió la voluntad de su Padre Dios. Comenzó a construir un mundo nuevo. Y Él quiere actuar en usted, levantarlo. Abra su corazón a Él. Arrepiéntase de sus pecados. Pídale iluminación y en este Mensaje al Corazón le decimos: LO NECESITAMOS. Así como es y cada día mejor. Y no se olvide, ¡CON DIOS, USTED ES INVENCIBLE!

6 sept 2019

Santo Evangelio 6 de septiembre 2019




Evangelio según San Lucas 5,33-39.

En aquel tiempo, los escribas y los fariseos dijeron a Jesús: "Los discípulos de Juan ayunan frecuentemente y hacen oración, lo mismo que los discípulos de los fariseos; en cambio, los tuyos comen y beben".

Jesús les contestó: "¿Ustedes pretenden hacer ayunar a los amigos del esposo mientras él está con ellos?

Llegará el momento en que el esposo les será quitado; entonces tendrán que ayunar".

Les hizo además esta comparación: "Nadie corta un pedazo de un vestido nuevo para remendar uno viejo, porque se romperá el nuevo, y el pedazo sacado a este no quedará bien en el vestido viejo.

Tampoco se pone vino nuevo en odres viejos, porque hará reventar los odres; entonces el vino se derramará y los odres ya no servirán más.

¡A vino nuevo, odres nuevos!

Nadie, después de haber gustado el vino viejo, quiere vino nuevo, porque dice: El añejo es mejor".

Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.


La "Nueva" Alianza

REDACCIÓN evangeli.net (elaborado a partir de textos de Benedicto XVI) 
(Città del Vaticano, Vaticano)

Hoy, frente al ritualismo farisaico, el "vino nuevo" nos remite al panorama de la "renovada" Alianza de Dios con los hombres. Dios, ante las infidelidades de Israel, reiteró la "Alianza" y, finalmente, Cristo la selló de modo "nuevo" y "definitivo". La Alianza del Sinaí se fundaba en dos elementos: 1. La "sangre de la alianza" (sangre de animales sacrificados, con la cual se rociaba el altar —símbolo de Dios— y el pueblo); 2. La palabra de Dios y la promesa de obediencia de Israel.

Esta promesa se rompió con la "idolatría" de Israel y con una historia de reiteradas desobediencias, como muestra el Antiguo Testamento. La ruptura pareció irremediable cuando Dios abandonó a su pueblo al exilio y el templo a la destrucción. Pero, en aquellos momentos, surgió la esperanza de la "nueva Alianza", no basada en la siempre frágil fidelidad humana, sino en una obediencia inviolable: la del Hijo de Dios, Jesucristo.

—Jesús, como siervo, asumes mi desobediencia en tu "obediencia hasta la muerte". ¡Concédeme un "nuevo" corazón!

¿Por qué me sale todo mal?

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¿Por qué me sale todo mal? 

Autor: Mons. Rómulo Emiliani, c.m.f.


"No sé qué me pasa, pero todo me sale mal". Esta frase, muy repetida, tiene varias causas; pero una muy común es la de que "nosotros atraemos aquello que pensamos". Los pensamientos negativos atraen resultados negativos, pero los pensamientos positivos atraen resultados positivos. Una persona que tiene fe en Dios, una gran confianza en su propia persona, bien claros sus ideales, un deseo intenso de que se vean realizados y hace todo el esfuerzo humano posible, atraerá éxitos y triunfos. Pero el que piensa negativamente, impide resultados positivos. Nadie puede atraer triunfos hacia sí, rechazándolos mentalmente o no amándolos con todo el corazón. 

Lo bueno que imaginamos lo podremos lograr probablemente, pero y, ¿si no imaginamos nada? Tener poca ambición, ser pobre en aspiraciones, no cultivar ideales, es señal de fracaso seguro. Si sus metas y objetivos son definidos, se convertirán en un imán que indefectiblemente lo moverán a actuar para conseguirlas. Se concentrará y se dedicará a alcanzarlas con todo ahínco y determinación, sin desviarse de ese camino por miedo al desaliento. 

Así que volvemos a insistir cuando se queje de sus fracasos, en no echarle la culpa siempre a las circunstancias externas, sino más bien a revisar su mundo interior y localizar posible fallos en usted mismo. Sepa que todos somos arquitectos de nuestro propio destino, protagonistas de nuestra marcha histórica. Por eso, hoy tiene que dedicar más energías y más inteligencia en la consecución de sus sueños, siguiendo un plan de acción determinado donde están las estrategias para alcanzar sus metas. Sepa que su actitud hacia la vida es lo que determinará la respuesta que la vida dé a sus ideales. Cultive una actitud positiva ante la vida. Espere de la vida lo mejor y no lo peor. Usted atrae lo que piensa. Por eso, revise sus pensamientos. 

Tome conciencia de esto: por el atajo de la facilidad no se llega al éxito. El triunfo no le sale a nadie de improviso por el camino. No es fruto del azar ni de la improvisación. Es más bien el resultado de una cuidadosa planeación de lo que deseamos conseguir y de una constante dedicación a tratar de obtener lo que anhelamos. No crea en los "golpes de la suerte" ni en las trampas. Esfuerzo, sacrificio, dedicación, lucha perseverante, esto logra un final feliz y es lo único de lo que usted estará satisfecho, orgulloso y le llenará de bendiciones divinas. Los que van por el atajo de la trampa o quieren que todo se lo den regalado; esos, lamentablemente, van a la ruina. Cada uno atrae lo que piensa y estos últimos atraen el fracaso total. 

Recuerde que el éxito es lograr coronar los ideales nobles que nacen en nuestra alma y poder hacer mucho bien por los demás. Realizarse, cumplir la voluntad del Señor, dejar una huella positiva en su caminar por la vida, hacer el bien; eso es éxito y con Dios es posible, porque con Él, ¡somos INVENCIBLES! 



5 sept 2019

Santo Evangelio 5 de septiembre 2019



Día litúrgico: Jueves XXII del tiempo ordinario

Texto del Evangelio (Lc 5,1-11): En aquel tiempo, estaba Jesús a la orilla del lago Genesaret y la gente se agolpaba sobre él para oír la Palabra de Dios, cuando vio dos barcas que estaban a la orilla del lago. Los pescadores habían bajado de ellas, y lavaban las redes. Subiendo a una de las barcas, que era de Simón, le rogó que se alejara un poco de tierra; y, sentándose, enseñaba desde la barca a la muchedumbre. 

Cuando acabó de hablar, dijo a Simón: «Boga mar adentro, y echad vuestras redes para pescar». Simón le respondió: «Maestro, hemos estado bregando toda la noche y no hemos pescado nada; pero, en tu palabra, echaré las redes». Y, haciéndolo así, pescaron gran cantidad de peces, de modo que las redes amenazaban romperse. Hicieron señas a los compañeros de la otra barca para que vinieran en su ayuda. Vinieron, pues, y llenaron tanto las dos barcas que casi se hundían. Al verlo Simón Pedro, cayó a las rodillas de Jesús, diciendo: «Aléjate de mí, Señor, que soy un hombre pecador». Pues el asombro se había apoderado de él y de cuantos con él estaban, a causa de los peces que habían pescado. Y lo mismo de Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón. Jesús dijo a Simón: «No temas. Desde ahora serás pescador de hombres». Llevaron a tierra las barcas y, dejándolo todo, le siguieron.
«Boga mar adentro»

Rev. D. Pedro IGLESIAS Martínez 
(Rubí, Barcelona, España)

Hoy día todavía nos resulta sorprendente comprobar cómo aquellos pescadores fueron capaces de dejar su trabajo, sus familias, y seguir a Jesús («Dejándolo todo, le siguieron»: Lc 5,11), precisamente cuando Éste se manifiesta ante ellos como un colaborador excepcional para el negocio que les proporciona el sustento. Si Jesús de Nazaret nos hiciera la propuesta a nosotros, en nuestro siglo XXI..., ¿tendríamos el coraje de aquellos hombres?; ¿seríamos capaces de intuir cuál es la verdadera ganancia?.

Los cristianos creemos que Cristo es eterno presente; por lo tanto, ese Cristo que está resucitado nos pide, no ya a Pedro, a Juan o a Santiago, sino a Jorge, a José Manuel, a Paula, a todos y cada uno de quienes le confesamos como el Señor, repito, nos pide desde el texto de Lucas que le acojamos en la barca de nuestra vida, porque quiere descansar junto a nosotros; nos pide que le dejemos servirse de nosotros, que le permitamos mostrar hacia dónde orientar nuestra existencia para ser fecundos en medio de una sociedad cada vez más alejada y necesitada de la Buena Nueva. La propuesta es atrayente, sólo nos hace falta saber y querer despojarnos de nuestros miedos, de nuestros “qué dirán” y poner rumbo a aguas más profundas, o lo que es lo mismo, a horizontes más lejanos de aquellos que constriñen nuestra mediocre cotidianeidad de zozobras y desánimos. «Quien tropieza en el camino, por poco que avance, algo se acerca al término; quien corre fuera de él, cuanto más corra más se aleja del término» (Santo Tomás de Aquino).

«Duc in altum»; «Boga mar adentro» (Lc 5,4): ¡no nos quedemos en las costas de un mundo que vive mirándose el ombligo! Nuestra navegación por los mares de la vida nos ha de conducir hasta atracar en la tierra prometida, fin de nuestra singladura en ese Cielo esperado, que es regalo del Padre, pero indivisiblemente, también trabajo del hombre —tuyo, mío— al servicio de los demás en la barca de la Iglesia. Cristo conoce bien los caladeros, de nosotros depende: o en el puerto de nuestro egoísmo, o hacia sus horizontes.


Ponga a Dios en Primer Lugar

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Ponga a Dios en Primer Lugar

Autor: Mons. Rómulo Emiliani, c.m.f.


En este Mensaje al Corazón en el día de hoy queremos hablarle del lugar que debe ocupar Dios en nuestras vidas y del respeto que le debemos por ser Él la fuente de donde proviene todo. Respetar a Dios implica amarle, honrarle, darle gloria y no permitir que nada ni nadie ocupe su lugar. Y esto es muy importante, porque hay mucha gente que ha puesto en el lugar del Señor sus bienes temporales o a algunas personas. Hay gente que idolatra a un ser humano y lo pone en el lugar de Dios: sea el amante, el político, el artista de cine o el deportista. Esto es fatal, porque Dios está en primer lugar y nada ni nadie puede ocupar su sitio. 

Muchas personas ponen cosas, bienes como dinero, fincas, automóviles, etc. en el lugar de Dios. Esto es un tremendo irrespeto a lo sagrado, a lo divino. Sólo hay un Salvador y solamente ante Él debemos arrodillarnos. Hay gente que pone precio a su alma y vende su dignidad, su honradez, su prestigio, su fama, a cualquier persona. Prefieren vivir inmoralmente, pero con dinero, a vivir moral y dignamente sin dinero; pero teniendo siempre a Dios. Esas personas que renuncian a la presencia de Dios y se fabrican sus ídolos, se convierten en idólatras y están faltando a Dios y jugando con su propia salvación. 

Respetar a Dios implica verlo en todas partes y sobre todo verlo en el hombre; en toda persona está la presencia de Dios. Todo ser humano está hecho a imagen y semejanza de Dios y en todos los bautizados está Dios de una manera plena. Somos templo del Espíritu Santo. Aun en los no bautizados hay presencia de Dios y, por eso, en todo ser humano hay que ver al Señor. Cualquier ofensa, cualquier daño que hacemos a otros, se lo hacemos a Dios. En el rico, en el pobre, en cualquier persona de cualquier raza, está el Señor y todo ser humano merece respeto. Quien no respeta al hombre, no puede respetar a Dios. 

Poner a Dios en primer lugar significa no confundirlo con instituciones políticas, con tendencias económicas o con clases sociales. En la antigüedad, sucedía que el César romano era emperador y, al mismo tiempo, era divinidad y cuando Jesús dijo: Den a Dios lo que es de Dios y al César lo que es del César, estaba separando a la institución política de Dios. Dios está por encima de lo político, de lo económico y de lo social. Ciertamente, Dios está presente en la Iglesia y vive en la Iglesia; pero también trasciende la Iglesia. Él está en todas partes, en todo lugar. Está en donde exista un ser humano. Dios supera todo y está por encima de todo y de todos . 

Tampoco debemos confundir a Dios con lo que ha hecho el hombre. Curiosamente, Jesús fue asesinado en el nombre de Dios y en el nombre de Dios lo pusieron en una cruz, pues decían los fariseos que Él se hacía pasar por Dios y que era un mentiroso y que por eso había que matarlo para defender a Dios. Paradójicamente, matan al Hijo de Dios defendiendo el nombre de Dios. 

Los hombres debemos respetar también la naturaleza que es obra del Creador. Respetando la naturaleza, respetamos el futuro del hombre. Cuando el hombre destroza lo que Dios ha creado, ofende la voluntad divina. Lo mismo ocurre con el respeto al progreso humano, ya sea en el campo científico, económico o en los diferentes campos del saber. Todo lo que implique progreso positivo, sano y bueno, ha sido querido por Dios y, por eso, respetar y cuidar lo bueno que el hombre ha hecho es también respetar a Dios. 

Respetar lo sagrado implica poner siempre al Señor en primer lugar y no permitir que nada ni nadie se ponga en su lugar. ¿Usted, pone a Dios en primer lugar o lo ha dejado a un lado por sus dioses baratos y mundanos? ¡Cuidado con irrespetar lo sagrado! En este Mensaje al Corazón le pedimos que respete lo sagrado, lo divino, porque respetar lo sagrado es poner a Dios en primer lugar, es respetar lo humano y es también respetarse a usted mismo. Y recuerde, ¡CON DIOS, USTED ES INVENCIBLE ! 

4 sept 2019

Santo Evangelio 4 de Septiembre 2019



Lectura del santo evangelio según san Lucas (4,38-44):

En aquel tiempo, al salir Jesús de la sinagoga, entró en casa de Simón. La suegra de Simón estaba con fiebre muy alta y le pidieron que hiciera algo por ella. Él, de pie a su lado, increpó a la fiebre, y se le pasó; ella, levantándose en seguida, se puso a servirles. Al ponerse el sol, los que tenían enfermos con el mal que fuera se los llevaban; y él, poniendo las manos sobre cada uno, los iba curando.
De muchos de ellos salían también demonios, que gritaban: «Tú eres el Hijo de Dios.»

Los increpaba y no les dejaba hablar, porque sabían que él era el Mesías. Al hacerse de día, salió a un lugar solitario. La gente lo andaba buscando; dieron con él e intentaban retenerlo para que no se les fuese.
Pero él les dijo: «También a los otros pueblos tengo que anunciarles el reino de Dios, para eso me han enviado.»
Y predicaba en las sinagogas de Judea.

Palabra del Señor

Sacramento de la "Unción de enfermos"

REDACCIÓN evangeli.net (elaborado a partir de textos de Benedicto XVI) 
(Città del Vaticano, Vaticano)

Hoy, conmovido ante tanto sufrimiento, Cristo se deja tocar por los enfermos y asume sus dolores. Dios —como Dios— no puede padecer, pero el hombre tiene un valor tan grande para Él, que se hizo Hombre para "com-padecer". Así, redimiendo al hombre mediante el dolor, Jesús ha redimido el mismo dolor (le ha impreso un nuevo sentido): ahora el hombre puede unir sus sufrimientos al dolor salvador de Cristo-Redentor. 

Con el sacramento de la "Unción de enfermos" la Iglesia reza por los enfermos y les ayuda a unirse al Señor sufriente. Lo que cura al hombre no es esquivar el sufrimiento, sino la capacidad de aceptar la tribulación y encontrar en ella un sentido mediante la unión con Cristo, que ha sufrido con amor infinito. Realmente, en cada pena humana ha entrado "Uno" que comparte el padecer y, desde ahí, se difunde en cada sufrimiento el consuelo de "tocar" el amor de Dios.

—Jesús, ayúdanos a crecer en humanidad siendo más capaces de sufrir por amor (¡sin quejarnos!).