27 abr 2015

Santa Zita, 27 de Abril

27 de abril

SANTA ZITA
Virgen, patrona de las empleadas
del servicio doméstico

Monsagrati (Italia), hacia 1218
+ Luca (Italia), 27-abril-1278 
C. 5-septiembre-1696


Zita es una muchacha de servicio que la Iglesia venera como santa. Desde los doce años hasta su muerte estuvo empleada como doméstica en una casa, siendo primero tratada no muy amablemente y luego conquistando por completo el corazón de sus amos. Muerta Zita, será la familia a la que había servido, la que se encargará de conservar su memoria y promover su culto. Se recogió también por escrito el testimonio de la familia sobre Zita, incluyendo los hechos milagrosos que se le atribuyeron en vida, como se le atribuirían después de su muerte al comenzar el pueblo de Luca a invocarla como santa. Pero la santidad de Zita no estuvo basada, ante todo, en que hiciera milagros, sino en la multitud de virtudes que ejercitó esta humilde muchacha, santidad lograda exactamente en el ejercicio de sus deberes laborales. Se santificó en el trabajo y por su trabajo.

Su nacimiento hay que situarlo hacia 1218 en Monsagrati, una aldea de las cercanías de Luca, en un hogar campesino y modesto, que le transmitió a Zita un profundo sentido cristiano de la vida. Zita era una niña dulce y modesta que, al llegar a los doce años, siguió la suerte de tantas aldeanas de su clase social y de su tiempo: irse a la ciudad a ganarse la vida como chica de servicio.

La familia con la que se coloca es la familia Fatinelli, adinerada y bien situada socialmente en Luca. Zita es desde el principio una criada escrupulosa en el cumplimiento de sus deberes, en los que ponía el mayor empeño. Pero empezó a tener un pero ante sus amos: las sobras se las daba a los pobres, y a veces algo más que las sobras, porque su corazón sensible no resistía ver a gente hambrienta a la puerta de una casa donde había de todo. Claro que ese todo no era suyo, pero Zita intuía que, en la extrema necesidad, los bienes sobrantes deben ir a los pobres. Esta caridad le nacía a Zita de su intensa vida de piedad, para la que sacaba tiempo una vez cumplidas todas sus tareas domésticas.

Zita consideraba que su trabajo era la misión que el Señor le encomendaba y la realizaba, según dice el apóstol, no como quien sirve a los hombres, sino a Dios (Ef 6, 7). Muy de mañana se levantaba para hacer oración, restando esas horas al sueño y haciendo por tanto que sus devociones no fueran a expensas de sus deberes como criada.

El Señor permitió que su buena conducta no significara un aprecio inmediato de la familia ni de sus compañeras. Recibió no pocos desprecios de sus amos, consistentes en reprensiones, gestos desabridos, palabras hoscas y duras, y por parte de las otras criadas de la casa no faltaron incluso calumnias, acusándola de faltas que ella no había cometido. Zita no se defendió ni devolvió insultos ni se insurreccionó contra el trato injusto de sus amos. Consideró todo ello como parte de la cruz con la que debía seguir a Cristo y se ofreció al Señor para que en ella se cumpliera su divina voluntad.

Permaneció en la soltería porque quería ser virgen del Señor, y aunque su virginidad no estuvo consagrada por los votos religiosos, la suya fue una ofrenda íntegra y perfecta, viviendo con total recato su entrega al Señor.

Zita perseveró años en esta vida de piedad y trabajo, cumpliendo en el estado seglar el ora et labora de los monjes con rara perfección. Su capacidad de oración y trabajo estaba acompañada por una gran capacidad de paciencia y fortaleza, en la que maduró.

Esta conducta intachable y evangélica de Zita, poco a poco, cambió el corazón de la familia Fatinelli con ella. Los amos empezaron a ver que Zita era todo lo laboriosa y bien intencionada que cabía ser y que sus virtudes no merecían otra cosa que afecto y consideración. Empezaron, pues, a mejorar su trato hacia ella y a darle muestras de estima, hasta que decidieron ponerla al frente del servicio, que por su parte también había evolucionado en su actitud hacia Zita. Se vio así Zita como el ama de llaves de la casa, encargada de dirigir todos los servicios que en ella habían de prestarse. Esta nueva situación no alteró en nada su laboriosidad, su modestia, su humildad y su espíritu de compañerismo. No se sintió superior a los demás criados, sino siempre una leal compañera. No solamente no se vengó de quienes le habían mirado mal anteriormente, sino que trató a todos amistosamente.

Los amos le permitieron seguir sin dificultad su género de vida piadosa, su asidua asistencia a las iglesias para la misa y los sacramentos. La fama y la santidad de Zita empezó a correr por Luca y empezaron a atribuírsele hechos milagrosos.

Tenía unos sesenta años cuando se sintió enferma y hubo de guardar cama. Rodeada del afecto de sus amos y compañeros de trabajo, fallecía cinco días más tarde, el 27 de abril de 1278.

Enterrada en la basílica de San Fedriano, su tumba se convirtió muy pronto en objeto de culto, que expresamente autorizó el obispo de Luca cuatro años después de su muerte. Se dice que la clase popular de Luca vio en ella un exponente de sus propias reivindicaciones frente a la aristocracia. El papa Inocencio XII confirmó su culto el 5 de septiembre de 1696. La ciudad de Luca la proclamó su patrona. El papa Pío XI la nombró patrona de las empleadas del servicio doméstico en 1935.

JOSÉ LUIS REPETTO RETES

26 abr 2015

Cuando el vino se hace añejo...o agrio

Cuando el vino se hace añejo...o agrio

Casi sin darnos cuenta, aunque los que nos rodean sí lo perciben, nos vamos tornando indiferentes, egoístas, resentidos, malhumorados... en una palabra: agrios. 

Autor: Ma Esther De Ariño | Fuente: Catholic.net
Cuando el vino se hace añejo su sabor adquiere su total esplendidez.

Cuando el vino se hace añejo tiene la plenitud de su madurez.

Así es el vino de nuestra vida que empezó con uvas verdes y frescas, pero poco a poco se fue almacenando en nuestro corazón, poco a poco se fue llenando el ánfora de nuestra alma y dichosos serán los que permitan que ese vino alcance los bordes y llegue a derramarse para los demás.

Ese vino son nuestras vivencias, nuestros recuerdos, nuestra valiosa experiencia de la vida. Claro-oscuro de luces y sombras. Días luminosos, si la infancia fue feliz; días de adolescencia y juventud que nos dejaron un aroma de vino dulce y perfumado y otros recuerdos que son como una copa amarga que tuvimos que beber.

Así, en toda vida humana tenemos que gustar de una serie de acontecimientos tristes y gozosos que van tejiendo la urdimbre de nuestro existir y nos dejan el poso del vino reposado, dulce y noble o el poso de una amargura vivida. Los dos van a darle cuerpo y aroma a ese vino irrepetible de nuestro vivir.

Solemos ser buenos para el tiempo de alegría y bonanza, pero generalmente no sabemos o nos cuesta mucho comportarnos a la altura de las circunstancias cuando llega el tiempo de la prueba, el tiempo del dolor o del sacrificio. Y en el fondo es una cosa natural, pues el hombre fue hecho para la felicidad, para el amor, para la plenitud. Así fuimos creados, pero el mal se interpuso entre Dios y el hombre y nos llenó de malas inclinaciones y así supimos del dolor. Por eso en nuestro peregrinar por la tierra sabemos que tenemos que amalgamar alegrías y dolores, salud y enfermedad, contrariedades y dichas, éxitos y fracasos, todo como un buen vino añejado por el tiempo para darle de beber a los demás.

Un alma que no atesora, que pasa por la vida con la vaciedad de la inmadurez y del egoísmo, nunca podrá ser la fuente donde otras almas necesitadas y sedientas puedan apagar su sed.


Pero...cuando el vino se hace agrio...

Como tantas cosas en la vida encontramos que hay una contraparte o lo que pudiera ser "la otra cara de la moneda". Pues bien, no siempre el buen vino se mejora haciéndose añejo, también el vino bueno se echa a perder, se vuelve agrio... Según vamos avanzando en edad pudiera ser que algunas de las virtudes o las bondades de carácter que poseíamos se van debilitando y por el contrario los defectos casi incipientes que aparecían en nuestra personalidad van creciendo como la mala hierba.

Casi sin darnos cuenta, aunque los que nos rodean sí lo perciben, nos vamos tornando fríos, indiferentes, egoístas, necios, resentidos, malhumorados,... en una palabra: agrios.

Pasaron los años y aquel gracejo, aquel buen humor, aquella sonrisa fácil, aquella ternura ... se fueron apagando hasta que solo de vez en cuando surgen algunos destellos de todo aquel caudal que hacía que nuestro vino fuese agradable de paladear por su sabor dulce y fresco.

¿Por qué somos así? ¿Por qué dejamos que la rutina y la falta de entusiasmo nos atrape hasta irnos despojando de todo lo que nos hacía ser gratos como personas y compañeros? En el matrimonio, hermanos, hijos, padres, nietos y amistades.

Nuestro vino hemos de servirlo cuando está fresco o cuando se añejó por los años y la experiencia. El ánfora de nuestra alma está llena de ese vino, sirvámosle antes de que se haga agrio. Porque no solo se sirven vinos añejos cuando han pasado los años, también hay vinos que saben a jóvenes, frescos y dulces. Los que están en los albores de la vida también han de cuidar que este vino no pierda su calidad y se torne insípido, ese vino con el que brindan con sus padres, sus hermanos o amigos puede volverse agrio ¡cuidado!.

Según pasan los años el caudal de nuestra existencia se torna más rico, no lo guardemos para nosotros solos, seamos generosos. Siempre encontraremos el momento preciso para dar de ese vino, que se fue añejando, pero que siempre tendrá un sabor nuevo y fresco para el que lo beba. Misión importante para los que hemos acumulado años. Si sentimos que nuestro vino ya se añejó es porque es la hora de brindar con nuestros seres queridos y amigos, es la hora de salir en el atardecer dorado, al camino para ofrecer al joven caminante un vaso de ese vino.

El vino requiere de ciertos cuidados para estar en optimas condiciones: reposo, temperatura, etcétera y así, nosotros, debemos cuidar con esmero nuestras actitudes y trato para los demás y muy especialmente para los seres que amamos y que nos rodean. Porque también es cierto que algunos dan el buen vino a los de afuera y dejan el de menor calidad y a veces el ya muy agrio, para los de la casa.

No dejemos que nuestro vino se torne agrio, renovémosle cada día.

Hoy podemos pensar qué calidad de vino estamos ofreciendo a aquellos con los que convivimos. ¿Tiene aromas de recuerdos, tiene color y calor de ternura y comprensión, tiene fuerza y energía para consolar y guiar a quién lo necesite?¿Cumple en fin, su verdadera misión, dar grato sabor a los que nos aman, conocen y tratan?.

Todo, todo nuestro empeño ha de ser día con día, ofrecer el mejor vino de nuestra existencia y nunca dejar que ese vino bueno se llegue a agriar.

Santo Evangelio 26 de Abril de 2015


Día litúrgico: Domingo IV (B) de Pascua

Texto del Evangelio (Jn 10,11-18): En aquel tiempo, Jesús habló así: «Yo soy el buen pastor. El buen pastor da su vida por las ovejas. Pero el asalariado, que no es pastor, a quien no pertenecen las ovejas, ve venir al lobo, abandona las ovejas y huye, y el lobo hace presa en ellas y las dispersa, porque es asalariado y no le importan nada las ovejas. Yo soy el buen pastor; y conozco mis ovejas y las mías me conocen a mí, como me conoce el Padre y yo conozco a mi Padre y doy mi vida por las ovejas.

»También tengo otras ovejas, que no son de este redil; también a ésas las tengo que conducir y escucharán mi voz; y habrá un solo rebaño, un solo pastor. Por eso me ama el Padre, porque doy mi vida, para recobrarla de nuevo. Nadie me la quita; yo la doy voluntariamente. Tengo poder para darla y poder para recobrarla de nuevo; esa es la orden que he recibido de mi Padre».


Comentario: + Rev. D. Josep VALL i Mundó (Barcelona, España)
Yo soy el buen pastor

Hoy, nos dice Jesús: «Yo soy el buen pastor» (Jn 10,11). Comentando santo Tomás de Aquino esta afirmación, escribe que «es evidente que el título de “pastor” conviene a Cristo, ya que de la misma manera que un pastor conduce el rebaño al pasto, así también Cristo restaura a los fieles con un alimento espiritual: su propio cuerpo y su propia sangre». Todo comenzó con la Encarnación, y Jesús lo cumplió a lo largo de su vida, llevándolo a término con su muerte redentora y su resurrección. Después de resucitado, confió este pastoreo a Pedro, a los Apóstoles y a la Iglesia hasta el fin del tiempo.

A través de los pastores, Cristo da su Palabra, reparte su gracia en los sacramentos y conduce al rebaño hacia el Reino: Él mismo se entrega como alimento en el sacramento de la Eucaristía, imparte la Palabra de Dios y su Magisterio, y guía con solicitud a su Pueblo. Jesús ha procurado para su Iglesia pastores según su corazón, es decir, hombres que, impersonándolo por el sacramento del Orden, donen su vida por sus ovejas, con caridad pastoral, con humilde espíritu de servicio, con clemencia, paciencia y fortaleza. San Agustín hablaba frecuentemente de esta exigente responsabilidad del pastor: «Este honor de pastor me tiene preocupado (...), pero allá donde me aterra el hecho de que soy para vosotros, me consuela el hecho de que estoy entre vosotros (...). Soy obispo para vosotros, soy cristiano con vosotros».

Y cada uno de nosotros, cristianos, trabajamos apoyando a los pastores, rezamos por ellos, les amamos y les obedecemos. También somos pastores para los hermanos, enriqueciéndolos con la gracia y la doctrina que hemos recibido, compartiendo preocupaciones y alegrías, ayudando a todo el mundo con todo el corazón. Nos desvivimos por todos aquellos que nos rodean en el mundo familiar, social y profesional hasta dar la vida por todos con el mismo espíritu de Cristo, que vino al mundo «no a ser servido, sino a servir» (Mt 20,28).

© evangeli.net M&M Euroeditors |

Fray María Rafael Arnáiz Barón, Santo Religioso Cisterciense, 26 de abril

Fray María Rafael Arnáiz Barón, Santo
Religioso Cisterciense, 26 de abril

Por: . | Fuente: Devocionario.com

Religioso Cisterciense

Martirologio Romano: En el monasterio de San Isidoro de Dueñas, en España, san Rafael Arnáiz Barón, religioso de la Orden Cisterciense, que, aquejado todavía novicio por una grave enfermedad, soportó con gran paciencia su maltrecha salud, confiando siempre en el Señor. († 1938) 

Fecha de canonización: 11 de octubre de 2009, durante el pontificado de S.S. Benedicto XVI

Nació en Burgos (España) el 9 de abril de 1911, de una familia de alta sociedad y profundamente religiosa. En esa misma ciudad fue bautizado y confirmado. Comenzó sus estudios en el colegio de los padres jesuitas y recibió por primera vez la Eucaristía en 1919. 

En esos años tuvo la primera visita de la que habría de ser su asidua compañera: una enfermedad de fiebres colibacilares que le obligó a interrumpir sus estudios. Cuando se recuperó, su padre, en agradecimiento a lo que consideró una intervención especial de la santísima Virgen, a finales del verano de 1921 lo llevó a Zaragoza, donde lo consagró a la Virgen del Pilar. 

Su familia se trasladó a Oviedo, y allí continuó sus estudios de bachillerato, en el colegio de los padres jesuitas y al terminar se matriculó en la Escuela superior de arquitectura de Madrid, donde supo unir el estudio con una ardiente y asidua vida de piedad; había introducido en su horario de estudio una larga visita diaria a "el Amo" en el oratorio de Caballero de Gracia, y participaba puntualmente en su turno de adoración nocturna. 

De inteligencia brillante y ecléctica, Rafael tenía destacadas dotes para la amistad y buen trato. Poseía un carácter alegre y jovial; era deportista, rico en talento para el dibujo y la pintura; le gustaba la música y el teatro. A la vez que crecía en edad y desarrollaba su personalidad, crecía también en su experiencia espiritual de vida cristiana. 

En su corazón bien dispuesto a escuchar Dios quiso suscitar la invitación a una consagración especial en la vida contemplativa. Había conocido la trapa de San Isidro de Dueñas y se sintió fuertemente atraído porque la percibió como el lugar que correspondía a sus íntimos deseos. Así, en diciembre de 1933 interrumpió sus cursos en la universidad, y el 16 de enero 1934 entró en el monasterio de San Isidro. 

Después de los primeros meses de noviciado y la primera Cuaresma vividos con entusiasmo en medio de las austeridades de la trapa, de improviso Dios quiso probarlo misteriosamente con una penosa enfermedad: una aguda diabetes sacarina, que lo obligó a abandonar apresuradamente el monasterio y a regresar a casa de sus padres para ser cuidado adecuadamente. 

Regresó a la trapa apenas restablecido, pero la enfermedad le obligó a abandonar varias veces el monasterio, donde volvió otras tantas veces para responder generosa y fielmente a la llamada de Dios. 

Se santificó en la gozosa y heroica fidelidad a su vocación, en la aceptación amorosa de los planes de Dios y del misterio de la cruz, en la búsqueda apasionada del rostro de Dios; le fascinaba la contemplación de lo Absoluto; tenía una tierna filial devoción a la Virgen María —la "Señora" como le gustaba llamarla—. Falleció en la madrugada del 26 de abril de 1938, recién cumplidos los 27 años. Fue sepultado en el cementerio del monasterio, y después en la iglesia abacial. 

Muy pronto su fama de santidad se extendió fuera de los muros del convento. Sus numerosos escritos ascéticos y místicos continúan difundiéndose con gran aceptación y para el bien de cuantos entran en contacto con él. Ha sido definido como uno de los más grandes místicos del siglo XX. 

El 19 de agosto de 1989 el Papa Juan Pablo II, con ocasión de la Jornada mundial de la juventud en Santiago de Compostela, lo propuso como modelo para los jóvenes del mundo de hoy y el 27 de septiembre de 1992 lo proclamó beato. 

La canonización la realizó el Papa Benedicto XVI el 11 de octubre de 2009. Con su canonización el Papa Benedicto XVI lo presenta como amigo, ejemplo e intercesor a todos los fieles, sobre todo a los jóvenes.

Su fiesta se celebra el 26 de abril.

Algunas máximas espirituales de San María Rafael
¡Sólo Dios llena el alma..., y la llena toda!

La verdadera felicidad se encuentra en Dios y solamente en Dios.

El que no tiene a Dios necesita consuelo; pero el que ama a Dios, ¿qué más consuelo?

Honrando a la Virgen, amaremos más a Jesús; poniéndonos bajo su manto, comprenderemos mejor la misericordia divina.

¡Qué grande es Dios, qué dulce es María!

ORACIÓN
Señor omnipotente
que glorificas a los humildes 
y abates a los soberbios, 
te suplicamos por la gloria de tu Santo Nombre 
ensalces la memoria de San Rafael,
concediéndonos la gracia que te pedimos por intercesión del mismo, 
que vivió y murió para glorificarte a Ti, Señor, 
que con el Hijo y el Espíritu Santo vives y reinas por los siglos de los siglos. 
Amén
Por: . | Fuente: Devocionario.com

Religioso Cisterciense

Martirologio Romano: En el monasterio de San Isidoro de Dueñas, en España, san Rafael Arnáiz Barón, religioso de la Orden Cisterciense, que, aquejado todavía novicio por una grave enfermedad, soportó con gran paciencia su maltrecha salud, confiando siempre en el Señor. († 1938) 

Fecha de canonización: 11 de octubre de 2009, durante el pontificado de S.S. Benedicto XVI

Nació en Burgos (España) el 9 de abril de 1911, de una familia de alta sociedad y profundamente religiosa. En esa misma ciudad fue bautizado y confirmado. Comenzó sus estudios en el colegio de los padres jesuitas y recibió por primera vez la Eucaristía en 1919. 

En esos años tuvo la primera visita de la que habría de ser su asidua compañera: una enfermedad de fiebres colibacilares que le obligó a interrumpir sus estudios. Cuando se recuperó, su padre, en agradecimiento a lo que consideró una intervención especial de la santísima Virgen, a finales del verano de 1921 lo llevó a Zaragoza, donde lo consagró a la Virgen del Pilar. 

Su familia se trasladó a Oviedo, y allí continuó sus estudios de bachillerato, en el colegio de los padres jesuitas y al terminar se matriculó en la Escuela superior de arquitectura de Madrid, donde supo unir el estudio con una ardiente y asidua vida de piedad; había introducido en su horario de estudio una larga visita diaria a "el Amo" en el oratorio de Caballero de Gracia, y participaba puntualmente en su turno de adoración nocturna. 

De inteligencia brillante y ecléctica, Rafael tenía destacadas dotes para la amistad y buen trato. Poseía un carácter alegre y jovial; era deportista, rico en talento para el dibujo y la pintura; le gustaba la música y el teatro. A la vez que crecía en edad y desarrollaba su personalidad, crecía también en su experiencia espiritual de vida cristiana. 

En su corazón bien dispuesto a escuchar Dios quiso suscitar la invitación a una consagración especial en la vida contemplativa. Había conocido la trapa de San Isidro de Dueñas y se sintió fuertemente atraído porque la percibió como el lugar que correspondía a sus íntimos deseos. Así, en diciembre de 1933 interrumpió sus cursos en la universidad, y el 16 de enero 1934 entró en el monasterio de San Isidro. 

Después de los primeros meses de noviciado y la primera Cuaresma vividos con entusiasmo en medio de las austeridades de la trapa, de improviso Dios quiso probarlo misteriosamente con una penosa enfermedad: una aguda diabetes sacarina, que lo obligó a abandonar apresuradamente el monasterio y a regresar a casa de sus padres para ser cuidado adecuadamente. 

Regresó a la trapa apenas restablecido, pero la enfermedad le obligó a abandonar varias veces el monasterio, donde volvió otras tantas veces para responder generosa y fielmente a la llamada de Dios. 

Se santificó en la gozosa y heroica fidelidad a su vocación, en la aceptación amorosa de los planes de Dios y del misterio de la cruz, en la búsqueda apasionada del rostro de Dios; le fascinaba la contemplación de lo Absoluto; tenía una tierna filial devoción a la Virgen María —la "Señora" como le gustaba llamarla—. Falleció en la madrugada del 26 de abril de 1938, recién cumplidos los 27 años. Fue sepultado en el cementerio del monasterio, y después en la iglesia abacial. 

Muy pronto su fama de santidad se extendió fuera de los muros del convento. Sus numerosos escritos ascéticos y místicos continúan difundiéndose con gran aceptación y para el bien de cuantos entran en contacto con él. Ha sido definido como uno de los más grandes místicos del siglo XX. 

El 19 de agosto de 1989 el Papa Juan Pablo II, con ocasión de la Jornada mundial de la juventud en Santiago de Compostela, lo propuso como modelo para los jóvenes del mundo de hoy y el 27 de septiembre de 1992 lo proclamó beato. 

La canonización la realizó el Papa Benedicto XVI el 11 de octubre de 2009. Con su canonización el Papa Benedicto XVI lo presenta como amigo, ejemplo e intercesor a todos los fieles, sobre todo a los jóvenes.

Su fiesta se celebra el 26 de abril.

Algunas máximas espirituales de San María Rafael
¡Sólo Dios llena el alma..., y la llena toda!

La verdadera felicidad se encuentra en Dios y solamente en Dios.

El que no tiene a Dios necesita consuelo; pero el que ama a Dios, ¿qué más consuelo?

Honrando a la Virgen, amaremos más a Jesús; poniéndonos bajo su manto, comprenderemos mejor la misericordia divina.

¡Qué grande es Dios, qué dulce es María!

ORACIÓN
Señor omnipotente
que glorificas a los humildes 
y abates a los soberbios, 
te suplicamos por la gloria de tu Santo Nombre 
ensalces la memoria de San Rafael,
concediéndonos la gracia que te pedimos por intercesión del mismo, 
que vivió y murió para glorificarte a Ti, Señor, 
que con el Hijo y el Espíritu Santo vives y reinas por los siglos de los siglos. 
Amén

25 abr 2015

Santo Evangelio 25 de Abril de 2015


Día litúrgico: 25 de Abril: San Marcos, evangelista

Texto del Evangelio (Mc 16,15-20): En aquel tiempo, Jesús se apareció a los once y les dijo: «Id por todo el mundo y proclamad la Buena Nueva a toda la creación. El que crea y sea bautizado, se salvará; el que no crea, se condenará. Estas son las señales que acompañarán a los que crean: en mi nombre expulsarán demonios, hablarán en lenguas nuevas, agarrarán serpientes en sus manos y aunque beban veneno no les hará daño; impondrán las manos sobre los enfermos y se pondrán bien». 

Con esto, el Señor Jesús, después de hablarles, fue elevado al cielo y se sentó a la diestra de Dios. Ellos salieron a predicar por todas partes, colaborando el Señor con ellos y confirmando la Palabra con las señales que la acompañaban.


Comentario: Mons. Agustí CORTÉS i Soriano Obispo de Sant Feliu de Llobregat (Barcelona, España)
Id por todo el mundo y proclamad la Buena Nueva a toda la creación

Hoy habría mucho que hablar sobre la cuestión de por qué no resuena con fuerza y convicción la palabra del Evangelio, por qué guardamos los cristianos un silencio sospechoso acerca de lo que creemos, a pesar de la llamada a la “nueva evangelización”. Cada uno hará su propio análisis y apuntará su particular interpretación.

Pero en la fiesta de san Marcos, escuchando el Evangelio y mirando al evangelizador, no podemos sino proclamar con seguridad y agradecimiento dónde está la fuente y en qué consiste la fuerza de nuestra palabra.

El evangelizador no habla porque así se lo recomienda un estudio sociológico del momento, ni porque se lo dicte la “prudencia” política, ni porque “le nace decir lo que piensa”. Sin más, se le ha impuesto una presencia y un mandato, desde fuera, sin coacción, pero con la autoridad de quien es digno de todo crédito: «Ve al mundo entero y proclama el Evangelio a toda la creación» (cf. Mc 16,15). Es decir, que evangelizamos por obediencia, bien que gozosa y confiadamente. 

Nuestra palabra, por otra parte, no se presenta como una más en el mercado de las ideas o de las opiniones, sino que tiene todo el peso de los mensajes fuertes y definitivos. De su aceptación o rechazo dependen la vida o la muerte; y su verdad, su capacidad de convicción, viene por la vía testimonial, es decir, aparece acreditada por signos de poder en favor de los necesitados. Por eso es, propiamente, una “proclamación”, una declaración pública, feliz, entusiasmada, de un hecho decisivo y salvador.

¿Por qué, pues, nuestro silencio? ¿Miedo, timidez? Decía san Justino que «aquellos ignorantes e incapaces de elocuencia, persuadieron por la virtud a todo el género humano». El signo o milagro de la virtud es nuestra elocuencia. Dejemos al menos que el Señor en medio de nosotros y con nosotros realice su obra: estaba «colaborando el Señor con ellos y confirmando la Palabra con las señales que la acompañaban» (Mc 16,20).

San Marcos Evangelista. 25 de Abril

25 de abril: Fiesta de San Marcos

Nada omitió, nada falso añadió

San Marcos es el ayudante de Pablo y Pedro. Escribe su evangelio escuchando la predicación de Pedro. Toma apuntes «sin omitir nada de lo que había oído o añadir algo falso». Según la tradición, a él se remonta la fundación de la Iglesia en Egipto.

Recogemos en esta página lo esencial de un artículo publicado en 30 Días, por Lorenzo Capelletti

Juan, por sobrenombre romano Marcos, tenía el mismo nombre judío que aquel otro joven, el predilecto de Jesús. Pero Juan Marcos no era, como él, uno de los Doce. Más tarde, sin embargo, escuchó predicar a Pedro y lo siguió como un hijo: y fue como si hubiese escuchado al Señor. Narran los Hechos de los Apóstoles que Pedro frecuentaba la casa de Marcos en Jerusalén, donde se reunía la primitiva comunidad cristiana.

Son los primeros años de la década de los cuarenta. A Jerusalén, que se ha quedado sin Santiago y Pedro, vuelven de Antioquía, donde juntos habían trabajado entre los paganos, Bernabé y Pablo. Traen una colecta para la Iglesia de Jerusalén, en dificultad por una grave carestía. Y se van hacia Antioquía llevándose a Marcos, que era primo de Bernabé. Marcos comienza entonces su obra como colaborador y ayudante. «El hecho es que era uno de esos hombres admirables que brillan en segundo plano, o mejor dicho, que renuncian a brillar para consagrarse a personalidades más altas, asegurándose al mismo tiempo el mérito de la modestia y una acción más fecunda aunque menos personal», escribía el padre Lagrange en 1910 en su comentario al evangelio de Marcos.

Durante un decenio se pierden las huellas de Marcos. La tradición, sin embargo, sabe desde siempre dos cosas: que Marcos pasó a ayudar a Pedro y que, de alguna manera, fue quien comenzó la evangelización de Egipto. Por otra parte, Marcos podría haber estado en otros lugares además de Egipto. Hay motivos para pensar que los saludos que envía, con Pedro, a las comunidades del noroeste de Anatolia estuvieran dirigidos a comunidades vinculadas a él. Marcos aparece también en los saludos que, en los primeros años 60, Pablo envía desde Roma a los cristianos de Colosas, comunidad de Asia que iba a recibir a Marcos: «Os saluda Aristarco, mi compañero de cautiverio, y Marcos, primo hermano de Bernabé, acerca del cual habéis recibido algunos avisos; si llega a vosotros, acogedle; y Jesús, llamado Justo, que son de la circuncisión y mis únicos colaboradores en el reino de Dios, habiéndome sido de gran consuelo». Así pues, Marcos, presente, muy probablemente, no sólo en Egipto sino también en Asia, a pesar suyo se había convertido en un apóstol no haciendo más que ayudar. Al igual que había podido transmitir fielmente lo que Jesús, Hijo de Dios, hizo y enseñó efectivamente durante su vida entre los hombres, no haciendo nada más que escuchar a los apóstoles.

El testimonio más antiguo acerca de la composición de su evangelio llega de Asia. Nos lo da Papías –obispo de Hierápolis, ciudad no lejana de Colosas, en los primeros años del siglo II–, que refiere testimonios anteriores: «Marcos, que fue el intérprete de Pedro, puso puntualmente por escrito, aunque no con orden, cuantas cosas recordó referentes a los dichos y a los hechos del Señor. Porque ni había oído al Señor ni le había seguido, sino que más tarde siguió a Pedro, quien daba sus instrucciones según las necesidades, pero no como quien compone una ordenación de las sentencias del Señor. De suerte que en nada faltó Marcos poniendo por escrito algunas de aquellas cosas tal y como las recordaba. Porque en una sola cosa puso su cuidado: en no omitir nada de lo que había oído o mentir absolutamente en ellas».

«Marcos nos ha legado los recuerdos de un testigo ocular, la narración de Pedro, como él la recogió de la boca del apóstol, en su espontaneidad y frescura original. Como a menudo sucede a los pescadores, acostumbrados a espiar las mínimas señales de la presencia del pez, y también a los cazadores ejercitados en el acecho, Pedro sabía ver. Conservaba de su profesión una actitud particular para observar los detalles plásticos de una escena», escribe con fina intuición el biblista Spadafora. Y también Marcos vio. Pero, ¿dónde y cómo compuso Marcos su evangelio? Lo compuso tomando apuntes, como parece sugerir Papías. En Roma, afirman explícitamente otras fuentes. Y lo compuso teniendo presente lo que más había llamado la atención y convencido a aquellos caballeros y libertos imperiales que pidieron a Marcos que pusiera por escrito lo que Pedro decía. Así Marcos hace hablar a las obras, de modo particular a las milagrosas; tanto es así, que la primera parte de su narración está entretejida de milagros.

Si Marcos dejó Egipto y luego el Oriente por Roma, a Egipto tuvo que volver. La tradición dice que murió mártir y fue enterrado en una aldea poco distante de Alejandría. Y como un vivo durmiente, según la maravillosa iconografía que la Edad Media daba a las reliquias (reproducida en los mosaicos de San Marcos, en Venecia), él realizará en tiempos aún más gloriosos, a principios del siglo IX, su triunfal viaje hacia Venecia. Durmiendo a popa sobre un cabezal, como había narrado de su Señor, y despertándose a tiempo, como su Señor, para que la nave no naufragase.

24 abr 2015

Este es el pan bajado del cielo

Este es el pan bajado del cielo

Juan 6, 52-59. Pascua. La ternura de Jesús, la ternura eucarística: ese amor tan delicado, tan fraterno, tan puro. 

Autor: José Noé Patiño | Fuente: Catholic.net

Del santo Evangelio según san Juan 6, 52-59

Discutían entre sí los judíos y decían: ¿Cómo puede éste darnos a comer su carne? Jesús les dijo: En verdad, en verdad os digo: si no coméis la carne del Hijo del hombre, y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna, y yo le resucitaré el último día. Porque mi carne es verdadera comida y mi sangre verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre, permanece en mí, y yo en él. Lo mismo que el Padre, que vive, me ha enviado y yo vivo por el Padre, también el que me coma vivirá por mí. Este es el pan bajado del cielo; no como el que comieron vuestros padres, y murieron; el que coma este pan vivirá para siempre. Esto lo dijo enseñando en la sinagoga, en Cafarnaúm.

Oración introductoria
Jesús mío, ¡gracias!, por estar presente en la Eucaristía y por darme la posibilidad de poder recibirte en mi interior. Yo solo no puedo corresponder a tanto amor y misericordia, por eso te pido que me muestres, en esta oración, tu voluntad, el camino que he de seguir para poder recibirte dignamente en mi corazón.

Petición
Jesús, no soy digno de que vengas a mí, pero una palabra tuya bastará para sanarme. ¡Ven Señor!

Meditación del Papa Francisco
Esta fe nuestra en la presencia real de Jesucristo, verdadero Dios y verdadero Hombre, en el pan y en el vino consagrados, es auténtica si nos comprometemos a caminar detrás de Él y con Él. Adorar y caminar: un pueblo que adora es un pueblo que camina. Caminar con Él y detrás de Él, tratando de poner en práctica su mandamiento, el que dio a los discípulos precisamente en la última Cena: "Como yo os he amado, amaos también unos a otros”. El pueblo que adora a Dios en la Eucaristía es el pueblo que camina en la caridad. Adorar a Dios en la Eucaristía, caminar con Dios en la caridad fraterna.
Hoy, como obispo de Roma, estoy aquí para confirmaros no sólo en la fe sino también en la caridad, para acompañaros y alentaros en vuestro camino con Jesús Caridad. […] Os aliento a todos a testimoniar la solidaridad concreta con los hermanos, especialmente los que tienen mayor necesidad de justicia, de esperanza, de ternura. La ternura de Jesús, la ternura eucarística: ese amor tan delicado, tan fraterno, tan puro. Gracias a Dios hay muchas señales de esperanza en vuestras familias, en las parroquias, en las asociaciones, en los movimientos eclesiales. (Homilía de S.S. Francisco, 14 de junio de 2014).

Reflexión
El amor lleva a darse. Cuando se trata de un amor como el de Jesús, se llega hasta los extremos más insospechados, hasta el "invento” de la Eucaristía. Cristo tiene que marcharse de este mundo pero -inventa- el modo de quedarse para siempre entre nosotros verdadera, real y substancialmente.

Todos nosotros hemos tenido alguna vez esa experiencia, tan humana, de una despedida. Y sobre todo, si se trata de dos personas que se quieren, su deseo sería el de continuar juntos sin separarse, pero no se puede.

El amor del hombre, por muy grande que sea es limitado. Pero lo que nosotros no podemos, lo puede Jesucristo. Él, perfecto Dios y perfecto Hombre, se tiene que ir pero al mismo tiempo se queda, se perdura, se eterniza en este mundo.

Cristo sabe que en muchos sagrarios donde él mora estará solo la mayor parte del día, experimentando la soledad. Mas Cristo se ha quedado por nosotros, como prisionero por nuestro amor. Siempre esperando. Te está esperando, me está esperando. Espera a todos y cada uno de los hombres, para demostrarnos y desenmascararnos su amor. ¿Cómo no pagar tanto Amor con amor?

Propósito
Revisar y mejorar mis relaciones con los demás.

Diálogo con Cristo
Padre mío, si realmente conociera lo grande que es el don de la Eucaristía, acudiría con más fervor a recibir este don y trabajaría incansablemente por incrementar el amor a ella en todos los demás, empezando por mi propia familia. Permite, Señor, que sepa compartirte, que mi vida eucarística nunca se centre sólo en mi persona sino que sea el pan que me dé la fuerza para llevar a cabo mi misión.