21 sept 2019

Santo Evangelio 21 de septiembre 2019



Día litúrgico: 21 de Septiembre: San Mateo, apóstol y evangelista

Texto del Evangelio (Mt 9,9-13): En aquel tiempo, cuando Jesús se iba de allí, al pasar vio a un hombre llamado Mateo, sentado en el despacho de impuestos, y le dice: «Sígueme». Él se levantó y le siguió. Y sucedió que estando Él a la mesa en casa de Mateo, vinieron muchos publicanos y pecadores, y estaban a la mesa con Jesús y sus discípulos. Al verlo los fariseos decían a los discípulos: «¿Por qué come vuestro maestro con los publicanos y pecadores?». Mas Él, al oírlo, dijo: «No necesitan médico los que están fuertes sino los que están mal. Id, pues, a aprender qué significa aquello de: Misericordia quiero, que no sacrificio. Porque no he venido a llamar a justos, sino a pecadores».

«No he venido a llamar a justos, sino a pecadores»

Rev. D. Joan PUJOL i Balcells 
(La Seu d'Urgell, Lleida, España)

Hoy celebramos la fiesta del apóstol y evangelista san Mateo. Él mismo nos cuenta en su Evangelio su conversión. Estaba sentado en el lugar donde recaudaban los impuestos y Jesús le invitó a seguirlo. Mateo —dice el Evangelio— «se levantó y le siguió» (Mt 9,9). Con Mateo llega al grupo de los Doce un hombre totalmente diferente de los otros apóstoles, tanto por su formación como por su posición social y riqueza. Su padre le había hecho estudiar economía para poder fijar el precio del trigo y del vino, de los peces que le traerían Pedro y Andrés y los hijos de Zebedeo y el de las perlas preciosas de que habla el Evangelio.

Su oficio, el de recaudador de impuestos, estaba mal visto. Quienes lo ejercían eran considerados publicanos y pecadores. Estaba al servicio del rey Herodes, señor de Galilea, un rey odiado por su pueblo y que el Nuevo Testamento nos lo presenta como un adúltero, el asesino de Juan Bautista y el que escarneció a Jesús el Viernes Santo. ¿Qué pensaría Mateo cuando iba a rendir cuentas al rey Herodes? La conversión de Mateo debía suponer una verdadera liberación, como lo demuestra el banquete al que invitó a los publicanos y pecadores. Fue su manera de demostrar el agradecimiento al Maestro por haber podido salir de una situación miserable y encontrar la verdadera felicidad. San Beda el Venerable, comentando la conversión de Mateo, escribe: «La conversión de un cobrador de impuestos da ejemplo de penitencia y de indulgencia a otros cobradores de impuestos y pecadores (...). En el primer instante de su conversión, atrae hacia Él, que es tanto como decir hacia la salvación, a todo un grupo de pecadores».

En su conversión se hace presente la misericordia de Dios como lo manifiestan las palabras de Jesús ante la crítica de los fariseos: «Misericordia quiero, que no sacrificio. Porque no he venido a llamar a justos, sino a pecadores» (Mt 9,13).

Signos de la inmadurez

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Signos de la inmadurez

Autor: Mons. Rómulo Emiliani, c.m.f.


Para llegar a la madurez, es preciso haber desarrollado la facultad de hacerse responsable de la propia vida, independiente de los padres u otras personas que aparecen como elementos protectores. A medida que va creciendo, la persona adquiere autonomía, así como criterios, valores y principios propios. Cuando la infancia es muy prolongada, especialmente en familias donde el cuidado protector es excesivo, se desarrolla la tendencia a depender demasiado de los demás. Muchas madres cultivan la dependencia de los hijos, cuando más bien deberían modelar su independencia. Se encuentran muchos casos de personas que dependen casi totalmente de otras para pensar o decidir y esto es fatal. 
Una persona puede crecer mucho físicamente o puede crecer su bolsillo, su fama, su conocimiento en una profesión determinada o su grado de santidad. Pero nada de eso significa que la persona crece integralmente. Por lo tanto, no es una persona madura. Una actitud característicamente infantil es el afán de recibir todo lo que se desea, lo cual es la puerta de entrada para las emociones mezquinas. A medida que estas personas se hacen mayores, ya no consiguen lo que recibían en la infancia, pero continúan pensando que les corresponde ser obsequiados. Este deseo de ser complacido siempre los coloca en un callejón sin salida en el que se estrellan con un desencanto profundo. Estas personas suelen obrar según lo que piensan obtener. Sus emociones tensas y agarrotadas por la frustración de estar siempre esperando recibir en vez de dar se reflejan en su continua falta de salud. Muchas personas cultivan y promueven la actitud infantil de la egolatría, aún a los 30, 40 ó 50 años y jamás pierden esa fijación de egoísmo y rivalidad, resultando difícil convivir con ellas porque siempre se enfrentan a todo el mundo. Las personas que cultivan ese espíritu de rivalidad exacerbada son desgraciadas porque las domina constantemente la envidia, el orgullo herido, la hostilidad contra sus semejantes y contra sí mismos. Es triste encontrar personas con enfermedades emotivas serias por estar demasiado llenas de este espíritu de rivalidad para llegar a la cumbre, sin importarles pisotear, avasallar o atropellar con tal de subir. Hay que procurar llegar a la meta de las aspiraciones compitiendo con uno mismo y llegar a ser lo máximo que uno pueda de acuerdo con sus posibilidades. 

Las personas que despliegan emociones agresivas hostiles, como la cólera, el odio y la crueldad, lejos de ser fuertes demuestran inmadurez, debilidad, miedo y fracaso. En el fondo son como niños que se sienten débiles, dependientes e inseguros, y cuando ven contrariados sus deseos, reaccionan agresivamente. En cambio, las personas verdaderamente fuertes saben ser dulces y amables. 

Otro signo de inmadurez es no ser realista. Un niño acepta una fantasía como la realidad sin tratar de establecer diferencias y se le incentiva a esto para que cultive su imaginación y creatividad. Lo malo es que ese niño llegue a la edad adulta no sabiendo distinguir entre la realidad y la fantasía, lo que causa un diluvio de conflictos que le inunda de emociones perniciosas. Son personas cuyo sentido irreal de la vida los lleva a imaginar las cosas más catastróficas. Sienten que todo el mundo está en su contra, que hablan mal de ellos, los persiguen, los rechazan y buscan hacerles daño. Se habitúan a la mentira y llenan su mundo de fantasías irrealizables, soñando llegar a ser y creyendo que son muy inteligentes, sabias e importantes cuando realmente están rayando en la demencia. Inventan toda clase de cuentos e historietas y no les importa manchar la fama de cualquiera con tal de alimentar su imaginación enfermiza. 

Claro está que algunas hay situaciones en las que parece que el suelo se hunde bajo los pies: el fracaso de un negocio, la enfermedad o muerte de un ser querido, una enfermedad propia, un problema grave que ocurra en la familia, el negocio o la oficina. Pero rebelarse, llenarse de ira, cólera o frustración, cuestionar el por qué de las cosas, no aceptar la realidad que un desastre puede llegar en cualquier momento y no adaptarse para seguir luchando, levantándose y surgiendo, lleva a cultivar un cúmulo de emociones que engendran enfermedades. La persona inmadura se encuentra permanentemente en medio de conflictos, porque no acepta las cosas negativas que vengan en la vida y hay muchas que no hay más remedio que aceptar. Hay que luchar, sacar provecho a la situación negativa, levantarse y perseverar en las metas propuestas. Lógicamente, tampoco hay que conformarse apáticamente creyendo que nada se puede hacer. 

La persona madura prefiere dar más que recibir. La madurez trae consigo una hermosa preocupación: la de alegrar la vida de las demás personas, con lo que los horizontes y perspectivas se ensanchan. Queremos que usted sea una persona que luche para ser mucho mejor de lo que es. Con el Señor se puede vencer todo lo que venga en la vida y superar la inmadurez, porque CON El, EN VERDAD SOMOS . . . ¡INVENCIBLES! 


                        

20 sept 2019

Santo Evangelio 20 de septiembre 2019



Día litúrgico: Viernes XXIV del tiempo ordinario


Texto del Evangelio (Lc 8,1-3): En aquel tiempo, Jesús iba por ciudades y pueblos, proclamando y anunciando la Buena Nueva del Reino de Dios; le acompañaban los Doce, y algunas mujeres que habían sido curadas de espíritus malignos y enfermedades: María, llamada Magdalena, de la que habían salido siete demonios, Juana, mujer de Cusa, un administrador de Herodes, Susana y otras muchas que les servían con sus bienes.


«Jesús iba por ciudades y pueblos, proclamando y anunciando la Buena Nueva del Reino de Dios»

Rev. D. Jordi PASCUAL i Bancells 
(Salt, Girona, España)

Hoy, nos fijamos en el Evangelio en lo que sería una jornada corriente de los tres años de vida pública de Jesús. San Lucas nos lo narra con pocas palabras: «Jesús iba por ciudades y pueblos, proclamando y anunciando la Buena Nueva» (Lc 8,1). Es lo que contemplamos en el tercer misterio de Luz del Santo Rosario.

Comentando este misterio dice el Papa San Juan Pablo II: «Misterio de luz es la predicación con la que Jesús anuncia la llegada del Reino de Dios e invita a la conversión, perdonando los pecados de quien se acerca a Él con fe humilde, iniciando así el misterio de misericordia que Él continuará ejerciendo hasta el fin del mundo, especialmente a través del sacramento de la Reconciliación confiado a la Iglesia».

Jesús continúa pasando cerca de nosotros ofreciéndonos sus bienes sobrenaturales: cuando hacemos oración, cuando leemos y meditamos el Evangelio para conocerlo y amarlo más e imitar su vida, cuando recibimos algún sacramento, especialmente la Eucaristía y la Penitencia, cuando nos dedicamos con esfuerzo y constancia al trabajo de cada día, cuando tratamos con la familia, los amigos o los vecinos, cuando ayudamos a aquella persona necesitada material o espiritualmente, cuando descansamos o nos divertimos... En todas estas circunstancias podemos encontrar a Jesús y seguirlo como aquellos doce y aquellas santas mujeres.

Pero, además, cada uno de nosotros es llamado por Dios a ser también “Jesús que pasa”, para hablar —con nuestras obras y nuestras palabras— a quienes tratamos acerca de la fe que llena de sentido nuestra existencia, de la esperanza que nos mueve a seguir adelante por los caminos de la vida fiados del Señor, y de la caridad que guía todo nuestro actuar.

La primera en seguir a Jesús y en “ser Jesús” es María. ¡Que Ella con su ejemplo y su intercesión nos ayude!

Sea siempre agradecido

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Sea siempre agradecido

Autor: Mons. Rómulo Emiliani, c.m.f.



Usted es un ser afortunado y por eso debe dar gracias, siempre gracias por lo inmensamente rico que es. Es tanto lo bueno que tiene: salud, familiares que le quiere, amigos que se preocupan por usted. Tantas cosas buenas, pero sobre todo tiene el don de la Presencia de Dios en su alma, lo cual tiene un valor incalculable e infinitamente valioso.

En realidad somos inmensamente ricos, pero somos tan inconscientes que no valoramos nuestros haberes positivos y por lo tanto no los aprovechamos y disfrutamos completamente. Sin embargo, nos quejamos todo el tiempo, somos una máquina de quejas y por eso andamos tristes y malhumorados.

Si diariamente hiciéramos un recuento de todo lo bueno que tenemos y diéramos gracias a Dios, así como a las personas que nos han ayudado a ser lo que somos, seríamos muy felices. Uno es más feliz en la medida en que es más agradecido. No espera a mañana, haga hoy un recuento de las cosas buenas que posee. Adquiera el saludable hábito de hacer un recuento diario de sus haberes positivos y se asombrará de su inmensa riqueza personal.

Bienaventurados los que tienen espíritu de gratitud porque llevarán la felicidad donde quiera que vayan. Agradezca todo lo bueno que hagan por usted, diga gracias por todo y a todos. Admire las cosas buenas de la vida; enseñe a otros a ser agradecidos, a descubrir lo que usted está viviendo; no con afán exhibicionista, sino con el sano propósito de que descubran la belleza real de la vida.

Para penetrar en la belleza de la vida debe usted:

1.- Purificar su visión negativa de la vida: Admire lo bueno, aparte de usted todo lo negativo, recuerde que proyectamos lo que percibimos.

2.- Saber alabar: Conviértase en el poeta de lo lindo que hay en la vida. Cante las maravillas de la naturaleza, de la grandeza de Dios, de sus semejantes. Alabe siempre.

3.- Agradecer todo lo bueno que hagan por usted: Diga gracias por todo y a todos, recuerde que la gratitud es la memoria del alma buena.

Como pueden ver, hay un buen número de formas en que podemos cambiar nuestra vida. Por supuesto, esto es si así lo deseamos; si lo llevamos a cabo y claro que podemos llevarlo a cabo si tenemos presente que con Dios somos Invencibles.



                       

19 sept 2019

Santo Evangelio 19 de septiembre 2019


Día litúrgico: Jueves XXIV del tiempo ordinario


Texto del Evangelio (Lc 7,36-50): En aquel tiempo, un fariseo rogó a Jesús que comiera con él, y, entrando en la casa del fariseo, se puso a la mesa. Había en la ciudad una mujer pecadora pública, quien al saber que estaba comiendo en casa del fariseo, llevó un frasco de alabastro de perfume, y poniéndose detrás, a los pies de Jesús, comenzó a llorar, y con sus lágrimas le mojaba los pies y con los cabellos de su cabeza se los secaba; besaba sus pies y los ungía con el perfume. 

Al verlo el fariseo que le había invitado, se decía para sí: «Si éste fuera profeta, sabría quién y qué clase de mujer es la que le está tocando, pues es una pecadora». Jesús le respondió: «Simón, tengo algo que decirte». Él dijo: «Di, maestro». «Un acreedor tenía dos deudores: uno debía quinientos denarios y el otro cincuenta. Como no tenían para pagarle, perdonó a los dos. ¿Quién de ellos le amará más?». Respondió Simón: «Supongo que aquel a quien perdonó más». Él le dijo: «Has juzgado bien», y volviéndose hacia la mujer, dijo a Simón: «¿Ves a esta mujer? Entré en tu casa y no me diste agua para los pies. Ella, en cambio, ha mojado mis pies con lágrimas, y los ha secado con sus cabellos. No me diste el beso. Ella, desde que entró, no ha dejado de besarme los pies. No ungiste mi cabeza con aceite. Ella ha ungido mis pies con perfume. Por eso te digo que quedan perdonados sus muchos pecados, porque ha mostrado mucho amor. A quien poco se le perdona, poco amor muestra». 

Y le dijo a ella: «Tus pecados quedan perdonados». Los comensales empezaron a decirse para sí: «¿Quién es éste que hasta perdona los pecados?». Pero Él dijo a la mujer: «Tu fe te ha salvado. Vete en paz».


«A los pies de Jesús, comenzó a llorar»

Mons. José Ignacio ALEMANY Grau, Obispo Emérito de Chachapoyas 
(Chachapoyas, Perú)

Hoy, Simón fariseo, invita a comer a Jesús para llamar la atención de la gente. Era un acto de vanidad, pero el trato que dio a Jesús al recibirlo, no correspondió ni siquiera a lo más elemental.

Mientras cenan, una pecadora pública hace un gran acto de humildad: «Poniéndose detrás, a los pies de Jesús, comenzó a llorar y con sus lágrimas le mojaba los pies y con los cabellos de su cabeza se los secaba; besaba sus pies y los ungía con el perfume» (Lc 7,38).

El fariseo, en cambio, al recibir a Jesús no le dio el beso del saludo, agua para sus pies, toalla para secarlos, ni le ungió la cabeza con aceite. Además el fariseo piensa mal: «Si éste fuera profeta, sabría quién y qué clase de mujer es la que le está tocando, pues es una pecadora» (Lc 7,39). ¡De hecho, el que no sabía con quién trataba era el fariseo!

El Papa Francisco ha insistido mucho en la importancia de acercarse a los enfermos y así “tocar la carne de Cristo”. Al canonizar a santa Guadalupe García, Francisco dijo: «Renunciar a una vida cómoda para seguir la llamada de Jesús; amar la pobreza, para poder amar más a los pobres, enfermos y abandonados, para servirles con ternura y compasión: esto se llama “tocar la carne de Cristo”. Los pobres, abandonados, enfermos y los marginados son la carne de Cristo». Jesús tocaba a los enfermos y se dejaba tocar por ellos y los pecadores. 

La pecadora del Evangelio tocó a Jesús y Él estaba feliz viendo cómo se transformaba su corazón. Por eso le regaló la paz recompensando su fe valiente. —Tú, amigo, ¿te acercas con amor para tocar la carne de Cristo en tantos que pasan junto a ti y te necesitan? Si sabes hacerlo, tu recompensa será la paz con Dios, con los demás y contigo mismo.

Saber alegrarse con el bien de los demás




SABER ALEGRARSE CON EL BIEN DE LOS DEMÁS

Por Antonio García-Moreno

1.- ES EL MOMENTO.- "Buscad al Señor mientras se le encuentra..." (Is 55, 6) Hay que aprovechar las ocasiones, no podemos dejar que pasen las oportunidades que la vida nos brinda. Todas tienen su importancia, y sólo el que sabe apreciarlas en su justo valor llegará a triunfar plenamente en la vida. Por el contrario, el que deja pasar el tiempo sin salir al paso de lo que se le ofrece, acabará fracasando, quedándose atrás siempre, olvidado en el más gris anonimato. Y de todas las ocasiones, hay una que resulta decisiva. Tan decisiva que de aprovecharla o no, depende nuestra felicidad en esta vida y en la otra. Casi nada. Es decir, todo. Absolutamente todo. Porque lo demás, comparado con la eternidad es bien poquita cosa, nada en definitiva.

Despierta. Abre los ojos. El Señor está cerca. Tan cerca, que está, ahora mismo, a tu lado, mirándote con su mirada de infinito amor. Invócalo, dile que quieres estar siempre cerca de Él. Pídele que te ayude a no alejarte jamás de su mirada paternal y amable. Dile que te haga comprender de una vez que sólo tenerle a Él importa en la vida y en la muerte, que sólo cuando él nos acompaña la soledad no existe.

Resulta relativamente fácil descubrir el sentido de las acciones humanas. Siempre, más o menos claramente, hay una motivación que explica por qué se hacen las cosas... Pero con Dios no ocurre lo mismo. Él se escapa de nuestras reglas lógicas muchas veces, rebasa nuestros cálculos y suposiciones, sin que podamos enmarcarlo en unos moldes determinados.

Como el cielo es más alto que la tierra, así los caminos de Dios son más altos que los caminos de los hombres, sus planes que nuestros planes. Hay una diferencia insondable, distancia infinita, inabarcable. Y, sin embargo, Dios está cercano, íntimo, entrañable. Grande, inmenso, terrible. Pero al mismo tiempo sencillo, bueno, comprensivo, amable...

Sí, el Señor está a nuestro lado disponiendo todas las cosas, para nuestro bien. Aunque a veces nos parezca lo contrario y no veamos cómo aquello pueda terminar felizmente... Caminos de paz y de amor. Caminos escarpados que llevan hasta la cumbre más maravillosa que el hombre pudo soñar. Caminos de Dios, caminos ante los que sólo cabe una actitud, la de una fe rendida y una esperanza sin límites. La fe y la esperanza que lleva consigo la caridad, el amor a Dios.

2.- UN DENARIO.- Dios que sale una u otra vez, y otra, a contratar jornaleros para su viña. Afán divino para que todos trabajen en su tarea, para que no haya parados en este Reino suyo que trae la salvación universal. Nadie, al final de los tiempos, podrá decir que no fue llamado por Dios. Es cierto que esa llamada puede ocurrir en las más diversas circunstancias, en las épocas más dispares de la vida. Pero nadie, repito, se podrá quejar de no haber sido llamado a trabajar en la tarea de extender el Reino. Podemos afirmar, incluso, que esa llamada se repite en más de una ocasión para cada uno. Hay momentos en los que uno parece haber perdido el rumbo y de pronto comprende que su camino se está desviando. Resuena entonces, de forma indefinida quizá, la voz de Dios para indicarnos que hay que recuperar el rumbo perdido.

Vamos a pararnos a considerar nuestra vida en el momento presente, vamos a pensar si realmente estamos trabajando en la viña del Señor, o por el contrario, nos empeñamos en vivir ausentes de la gran tarea de salvar al mundo. Es cierto que el amo de esta viña va a ser comprensivo y bueno, dándonos al final no según el resultado de nuestro trabajo, sino según la medida generosa de su gran corazón. Pero eso mismo nos ha de empujar a trabajar con denuedo y afán renovado. En definitiva, de lo que se trata es que hagamos en cada instante, con sencillez y rectitud de intención, lo que debemos hacer.

Otra lección importante que se desprende de esta página evangélica es la de saber alegrarse con el bien de los demás. Aquellos que protestaron por ser tratados los últimos de la misma forma que los primeros, se entristecían de no recibir ellos más que los de la última hora. Se deberían haber alegrado de la generosidad del dueño de la viña, de haber servido a un amo tan compasivo y dadivoso, aunque a ellos sólo les diese lo acordado.

Saber contentarse con lo recibido, saber vivir con aquello que se tiene. Comportarse así es tener paz y sosiego, ser felices siempre. A veces por mirar y desear lo que otros poseen, dejamos de gozar y disfrutar lo que nosotros tenemos. En lugar de mirar a los que tienen más, mirar a los que tienen menos, no sólo para darnos cuenta de que tenemos más, sino para ayudar en lo que podamos a esos que tienen menos, que a veces por no tener no tienen ni lo necesario.

18 sept 2019

Santo Evangelio 18 de septiembre 2019



Día litúrgico: Miércoles XXIV del tiempo ordinario

Texto del Evangelio (Lc 7,31-35): En aquel tiempo, el Señor dijo: «¿Con quién, pues, compararé a los hombres de esta generación? Y ¿a quién se parecen? Se parecen a los chiquillos que están sentados en la plaza y se gritan unos a otros diciendo: ‘Os hemos tocado la flauta, y no habéis bailado, os hemos entonado endechas, y no habéis llorado’. Porque ha venido Juan el Bautista, que no comía pan ni bebía vino, y decís: ‘Demonio tiene’. Ha venido el Hijo del hombre, que come y bebe, y decís: ‘Ahí tenéis un comilón y un borracho, amigo de publicanos y pecadores’. Y la Sabiduría se ha acreditado por todos sus hijos».


«¿Con quién, pues, compararé a los hombres de esta generación?»

Rev. D. Xavier SERRA i Permanyer 
(Sabadell, Barcelona, España)

Hoy, Jesús constata la dureza de corazón de la gente de su tiempo, al menos de los fariseos, que están tan seguros de sí mismos que no hay quien les convierta. No se inmutan ni delante de Juan el Bautista, «que no comía pan ni bebía vino» (Lc 7,33), y le acusaban de tener un demonio; ni tampoco se inmutan ante el Hijo del hombre, «que come y bebe», y le acusan de “comilón” y “borracho”, es más, de ser «amigo de publicanos y pecadores» (Lc 7,34). Detrás de estas acusaciones se esconden su orgullo y soberbia: nadie les ha de dar lecciones; no aceptan a Dios, sino que se hacen su dios, un dios que no les mueva de sus comodidades, privilegios e intereses.

Nosotros también tenemos este peligro. ¡Cuántas veces lo criticamos todo: si la Iglesia dice eso, porque dice aquello, si dice lo contrario...!; y lo mismo podríamos criticar refiriéndonos a Dios o a los demás. En el fondo, quizá inconscientemente, queremos justificar nuestra pereza y falta de deseo de una verdadera conversión, justificar nuestra comodidad y falta de docilidad. Dice san Bernardo: «¿Qué más lógico que no ver las propias llagas, especialmente si uno las ha tapado con el fin de no poderlas ver? De esto se sigue que, ulteriormente, aunque se las descubra otro, defienda con tozudez que no son llagas, dejando que su corazón se abandone a palabras engañosas».

Hemos de dejar que la Palabra de Dios llegue a nuestro corazón y nos convierta, dejar cambiarnos, transformarnos con su fuerza. Pero para eso hemos de pedir el don de la humildad. Solamente el humilde puede aceptar a Dios, y, por tanto, dejar que se acerque a nosotros, que como “publicanos” y “pecadores” necesitamos que nos cure. ¡Ay de aquél que crea que no necesita al médico! Lo peor para un enfermo es creerse que está sano, porque entonces el mal avanzará y nunca pondrá remedio. Todos estamos enfermos de muerte, y solamente Cristo nos puede salvar, tanto si somos conscientes de ello como si no. ¡Demos gracias al Salvador, acogiéndolo como tal!