26 ene 2019

Santo Evangelio 26 de Enero 2019



Día litúrgico: Sábado II del tiempo ordinario

Santoral 26 de Enero: Santos Timoteo y Tito, obispos

Texto del Evangelio (Mc 3,20-21): 

En aquel tiempo, Jesús volvió a casa y se aglomeró otra vez la muchedumbre de modo que no podían comer. Se enteraron sus parientes y fueron a hacerse cargo de Él, pues decían: «Está fuera de sí».


«Está fuera de sí»


Rev. D. Antoni CAROL i Hostench 
(Sant Cugat del Vallès, Barcelona, España)

Hoy vemos cómo los propios de la parentela de Jesús se atreven a decir de Él que «está fuera de sí» (Mc 3,21). Una vez más, se cumple el antiguo proverbio de que «un profeta sólo en su patria y en su casa carece de prestigio» (Mt 13,57). Ni que decir tiene que esta lamentación no “salpica” a María Santísima, porque desde el primero hasta el último momento —cuando ella se encontraba al pie de la Cruz— se mantuvo sólidamente firme en la fe y confianza hacia su Hijo.

Ahora bien, ¿y nosotros? ¡Hagamos examen! ¿Cuántas personas que viven a nuestro lado, que las tenemos a nuestro alcance, son luz para nuestras vidas, y nosotros...? No nos es necesario ir muy lejos: pensemos en el Papa San Juan Pablo II: ¿cuánta gente le siguió, y... al mismo tiempo, cuántos le interpretaban como un “tozudo-anticuado”, celoso de su “poder”? ¿Es posible que Jesús —dos mil años después— todavía siga en la Cruz por nuestra salvación, y que nosotros, desde abajo, continuemos diciéndole «baja y creeremos en ti» (cf. Mc 15,32)?

O a la inversa. Si nos esforzamos por configurarnos con Cristo, nuestra presencia no resultará neutra para quienes interaccionan con nosotros por motivos de parentesco, trabajo, etc. Es más, a algunos les resultará molesta, porque les seremos un reclamo de conciencia. ¡Bien garantizado lo tenemos!: «Si a mí me han perseguido, también os perseguirán a vosotros» (Jn 15,20). Mediante sus burlas esconderán su miedo; mediante sus descalificaciones harán una mala defensa de su “poltronería”.

¿Cuántas veces nos tachan a los católicos de ser “exagerados”? Les hemos de responder que no lo somos, porque en cuestiones de amor es imposible exagerar. Pero sí que es verdad que somos “radicales”, porque el amor es así de “totalizante”: «o todo, o nada»; «o el amor mata al yo, o el yo mata al amor».

Es por esto que san Juan Pablo II nos habló de “radicalismo evangélico” y de “no tener miedo”: «En la causa del Reino no hay tiempo para mirar atrás, y menos para dejarse llevar por la pereza».

Una mirada más a Sola Scriptura

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Una mirada más a Sola Scriptura


Respuestas para los hermanos evangélicos, pentecostales y todo el que quiera conocer la verdad


Por: P. Daniel Gognon, omi | Fuente: Libro No todo el que dice Señor Señor 

Sugerimos leer la Introducción a estas publicaciones antes de continuar con la lectura de ésta respuesta.
¿Cómo podemos saber que la Biblia es inspirada, o sea, es Palabra de Dios? ¿Cómo podemos saber que los 27 libros (ni más ni menos) que forman el NT forman el canon? Por ser el tema tan fundamental para la doctrina protestante queremos mirarlo otra vez ahora, después de haber reflexionado sobre la autoridad de la Iglesia cristiana.

Técnicamente la palabra "inspiración" no aparece en las Escrituras. La palabra que se traduce por "inspiración" es THEOPNEUSTOS que literalmente significa "Dios respiró" La palabra aparece solamente en 2 Ti 3, 16 [1] En la teología católica "inspiración" es una palabra técnica que significa que Dios es el autor principal de la Biblia, aunque utilice a los hombres.


¿Es la Tradición Apostólica inspirada? En un sentido sí. Cuando Dios reveló las doctrinas Él determinó el contenido de estas enseñanzas, pero no fijó directamente la forma en que los Apóstoles expresarían las doctrinas a otros. Entonces, mientras el contenido original que les fue dado era inspirado, las palabras por las cuales fueron expresadas no son. Los Apóstoles pueden expresar una doctrina en varias maneras.

Un ejemplo: un padre de familia puede decir a su hijo "comemos a las 12 en punto" Estas son sus palabras exactas. Pero su hijo puede transmitir el mensaje a sus hermanos diciendo: "Papi dijo que nos sentáramos a la mesa alrededor del mediodía". El mensaje es igual aunque no son las palabras exactas. Así la Tradición oral; nos transmite la voluntad y el mensaje de Dios sin que sean exactamente las palabras que Jesús utilizó. La Tradición enseña en otras maneras la Palabra de Dios encontrada en la Biblia. Sabemos que no siempre entendemos lo que una persona nos está tratando de comunicar hasta que utilice otras palabras. Si es así con un ser humano, aún más con Dios cuya manera no es la nuestra y cuyos pensamientos son más altos que el cielo. Además, las palabras de la Biblia son adaptaciones del ambiente hebreo y griego del medio oriente, por eso necesitamos que las ideas de las Escrituras sean expresadas para el mundo contemporáneo.

Lo importante de la Tradición es que sea VERDAD y no tanto que sea inspirada. No necesito revelación divinamente inspirada que me diga dónde están mis zapatos cuando me levanto en la mañana. Solamente la verdad de dónde están. Si sé est, o me puedo vestir. En teología no se necesita que una verdad sea expresada en las mismas palabras exactas que utilizó Dios para saber que es veraz. Por ejemplo no se necesita que la Biblia diga: "La Trinidad es el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, tres personas que son un sólo Dios" para que lo creamos. No hay declaración directa así en la Biblia [2]. Solamente necesito saber que la doctrina está implícitamente en ella.



Con la Tradición Apostólica solamente necesito saber que es doctrina de los Apóstoles y no tradición de hombres condenada por Jesús (Mt 15, 3). Con tal de que la Tradición Apostólica sea infalible no tienen que ser exactas las palabras que la expresan.

El mandamiento bíblico de 2 Ts 2, 15 retened la doctrina ... aprendida sea por palabra o por carta nuestra, sigue vigente y tiene que ser obedecido a menos que sea superado por otro mandamiento en otra parte del NT; que diga que la Tradición Apostólica cesaría de ser obligatoria en un tiempo futuro.

Si alguien niega la posición católica, tendría que admitir que sola Scriptura no se aplicaba en el tiempo apostólico antes del NT. Para demostrar que ahora sí se aplica, el hermano evangélico tiene que demostrar que hubo un cambio de paradigma al final de la era apostólica. Tiene que ofrecer citas que demuestren que toda la Tradición Apostólica iba a ser puesta por escrito y que habría una sola fuente de Tradición. Y NO HAY TAL CITA.

Y puesto que la Tradición Apostólica, transmitida fuera de la Escritura Apostólica (Biblia) no tiene que ser materialmente distinta a las Escrituras, sino solamente repeticiones (o interpretaciones auténticas de la Escritura), el hermano tendría que probar lo imposible: Que no existe ninguna interpretación de la Escritura Apostólica transmitida a través de los siglos hasta hoy. Él no puede.

El problema de sola Scriptura
Los reformadores afirmaron que toda las enseñanzas cristianas que tratan fe y práctica, tienen que ser derivadas solamente de la Biblia. Entonces la teología tiene que reflexionar sin la Tradición o el Magisterio (si no, no sería "sola la Biblia). Esto implica el derecho absoluto de la interpretación privada de cada persona. Si cualquier otro le dice cómo interpretarla no será "solamente la Biblia". Habrá otra fuente (la opinión de la persona o del comentario). ¿Pero quién quiere o puede ser teólogo? En la práctica es el pastor quien define la doctrina, y si un feligrés de una congregación comienza a pensar distinto lo pueden excomulgar.


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Si sola Scriptura hubiera sido el plan de Dios, no hubiera podido surgir antes de una cierta etapa en la historia Europea. Si Dios hubiera querido que sola Scriptura fuera su deseo para todos, ¿ hubiera sido posible que el cristiano regular la siguiera? No. Primero, para que cada cristiano pudiera leer la Biblia y decidir por sí mismo qué quiere decir, necesitaría tener una copia. Entonces sola Scriptura implica lo siguiente:

La capacidad tecnológica de imprimir. (No la hubo por 1, 400 años. Todo fue copiado a mano).
Imprimir grandes cantidades de Biblias a precio barato.
La capacidad tecnológica de almacenar y distribuir tales cantidades. (Factible en el primer mundo recientemente.)
Bastante dinero impreso para que los campesinos pudieran comprar (No se pagan 1,000 Biblias con 5,000 gallinas!) Esto es reciente.
La traducción de la Biblia en los miles de idiomas conocidos (alcanzable en este siglo).
La apertura política y económica. (En la China comunista esto no existe).
La capacidad de leer y entender por sí mismo, que para la mayoría de la historia cristiana ha sido menos del 1% de la población mundial.
Tener bastante tiempo para leer, estudiar, investigar suficientemente para saber cómo interpretarla.
La capacidad de escribir para poder recordar esta información .
Para poder estudiar se necesitan, lexicones, diccionarios de griego y hebreo. Por ejemplo; ¿Qué significa la palabra griega BAPTIZO (bautizar) por inmersión?, ¿tiene un significado más amplio?
Necesita otras herramientas como comentarios para saber de otras maneras de interpretar. (Sabemos por ejemplo que la palabra griega EIS tiene significados primarios y segundarios).
Necesita la capacidad de decidir entre varios argumentos y maneras de interpretar.
Entonces Sola Scriptura requiere EDUCACIÓN y ENTRENAMIENTO universal en lógica, semántica, etc. Algo que ni siquiera existe hoy.
Sola Scriptura requiere buena nutrición que el 90% de las personas en la historia no han tenido porque sabemos que sin bastante alimentación el cerebro y la capacidad de estudiar y aprender disminuyen.
Fundamental: No podemos utilizar sola Scriptura sin que primero, sepamos cuáles son las Escrituras en primer lugar. La Biblia no nos da una lista de los libros inspirados, necesitamos la Tradición de la Iglesia [3].
El hecho que la Biblia dice que la Iglesia "es columna y baluarte de la verdad" (2 Ti 3, 15) dice que hay algo más que sola Scriptura guste o no guste a los evangélicos.
Es sabido que todo lo que los Evangélicos escriben de Jesús en su conjunto cubre solamente 18 días enteros de los 33 años de la vida de Jesús. ¿Qué de los otros 12027? Es significativo que la Biblia no presenta 99% de la vida de Jesús. El Apóstol Juan dice: Y hay también otras muchas cosas que hizo Jesús, las cuales si se escribieran una por una, pienso que ni aun en el mundo cabrían los libros que se habrían de escribir (Jn 21, 25). Piénsalo. ¿Por qué Juan no escribió más si la Biblia es imprescindible para la Fe?

¡Es irónico que los protestantes que rechazan la Tradición utilizan una Biblia basada en ella! Cuando una persona se convierte, generalmente acepta lo que le enseña la persona que le lleva el mensaje. Si el que le evangelizó era evangélico, el nuevo converso acepta que solo hay 66 libros de la Biblia. Es normal, es lo que le enseña, son pocos quienes investigan anteriormente. (Es la queja en contra de los que se hacen testigos de Jehová). Es semejante al que se hace mormón después de su conversión: acepta el libro de mormón (o el Corán en el caso del musulmán, o los 73 libros en el caso del que se hace católico). Es decir, en parte, sus creencias dependen de quién le llevó el mensaje. En otras palabras, sobre la cuestión de la inspiración bíblica, el nuevo converso subconscientemente está aceptando una "tradición" de una Iglesia, en este caso, la tradición protestante es la autoridad.


Parece que sola Scriptura salió de un grupo de teólogos intelectuales con grandes ideales del Renacimiento que tenían el estudio, herramientas, tiempo, nutrición necesaria y dinero para comprar Biblias para su investigación. Es obvio que para la mayoría de los cristianos, Dios espera que obtengan y mantengan su conocimiento. Quiere decir que sola Scriptura no forma parte del plan de Dios.

Una vez que vemos que hay dos fuentes de una sola verdad: la escritura y la Tradición queda la pregunta ¿cómo sabemos cuál Tradición viene de los Apóstoles (o sea, el canon de ésta)? Y la respuesta es igual a cómo sabemos el canon del NT: por el magisterio de la Iglesia. Así como la Iglesia decidió el canon, así lo mismo decide (discierne) la Tradición Apostólica [4].

Los Obispos en el Concilio de Roma en el año 382 d.C. bajo el Papa Dámaso I, aceptaron los libros que fueron escritos directa o indirectamente por los Apóstoles. Pero ¿cómo sabían cuáles fueron? POR TRADICIÓN: Los que estaban de acuerdo con la Tradición ortodoxa teológica (que excluyó los escritos gnósticos) y los que LA TRADICIÓN mantenía, venían de los Apóstoles. Y si el evangélico está de acuerdo con el canon del NT entonces tiene que admitir que la Iglesia decidió infaliblemente cuáles libros lo componían. La Iglesia pudo hacer esto cientos de años después de la muerte del último Apóstol, ¿con qué base negaría el hermano, que la Iglesia no puede igual con el canon de la Tradición? Para decidir la "apostolicidad" de la Biblia tiene que haber primero apostolicidad de la Tradición de la Iglesia.

La Iglesia es la esposa viva de Cristo y reconoce su voz. Sabe distinguir entre Tradición Apostólica y tradición de los hombres, porque sabe distinguir la voz de su Esposo en ella.


Entonces las dos fuentes mutuamente se complementan: La Tradición verifica la Escritura y la Escritura verifica la Tradición.

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NOTAS:

[1]  Y obviamente no se toma así literalmente porque Dios no respira, no tiene pulmones ni boca. Es la manera bíblica de decir que Dios inspiró la Biblia con su "aliento", que es su mismo Espíritu.

[2] Muchos hermanos dicen "si no está en la Biblia no lo creo", sin embargo la palabra Trinidad no está y creen en ella. ¿Cómo puede uno creer en sola Scriptura y en el dogma de la Trinidad? Además, ¡no creen en la Tradición que sí está en la Biblia!

[3] Y si décimos que cada quien es dirigido por el Espíritu Santo como dijeron los reformadores, entonces otra vez no es sola Scriptura,. Porque el mismo Espíritu de Dios es una autoridad extrabíblica, en este sentido, igual que un Papa o un Concilio. La tercera persona de la Trinidad no se identifica con las verdades que se expresan en la Biblia por medio de los seres humanos. Si toda la verdad revelada es encontrada en los 66 libros de la Biblia como dijo Calvino, entonces la revelación directa del Espíritu Santo de cuáles libros son inspirados no están en la Biblia. ¡Es una revelación fuera de la Biblia!

[4] Algunos dicen que la misma Biblia se auto autentica, pero esta idea ni siquiera es bíblica. En 1 S 3 cuando Dios habló a Samuel, él tuvo que ir al sacerdote Elí para reconocer que la palabra era de Dios. No era automáticamente obvio para Samuel. Igual en 1 R 13 donde "el varón de Dios" se equivocó. ¿Por qué Dios , dio la regla de Dt 18 sobre cómo distinguir profetas falsos y verdaderos si es automáticamente claro? La Biblia explícitamente nos dice que tenemos que "probar todo" (1 Jn 4, 1 y 1 Ts 5, 20-21). Dios nos manda probar la revelación.

25 ene 2019

Santo Evangelio 25 de Enero de 2019



Día litúrgico: 25 de Enero: La Conversión de san Pablo, apóstol

Texto del Evangelio (Mc 16,15-18): 

En aquel tiempo, Jesús se apareció a los once y les dijo: «Id por todo el mundo y proclamad la Buena Nueva a toda la creación. El que crea y sea bautizado, se salvará; el que no crea, se condenará. Éstas son las señales que acompañarán a los que crean: en mi nombre expulsarán demonios, hablarán en lenguas nuevas, agarrarán serpientes en sus manos y aunque beban veneno no les hará daño; impondrán las manos sobre los enfermos y se pondrán bien».


«Id por todo el mundo y proclamad la Buena Nueva»

Rev. D. Josep GASSÓ i Lécera 
(Ripollet, Barcelona, España)

Hoy, la Iglesia celebra la fiesta de la Conversión de san Pablo, apóstol. El breve fragmento del Evangelio según san Marcos recoge una parte del discurso acerca de la misión que confiere el Señor resucitado. Con la exhortación a predicar por todo el mundo va unida la tesis de que la fe y el bautismo son requisitos necesarios para la salvación: «El que crea y sea bautizado, se salvará; el que no crea, se condenará» (Mc 16,16). Además, Cristo garantiza que a los predicadores se les dará la facultad de hacer prodigios o milagros que habrán de apoyar y confirmar su predicación misionera (cf. Mc 16,17-18). La misión es grande —«Id por todo el mundo»—, pero no faltará el acompañamiento del Señor: «Yo estaré con vosotros todos los días hasta el fin del mundo» (Mt 28,20).

La oración colecta de hoy, propia de la fiesta, nos dice: «Oh Dios, que con la predicación del Apóstol san Pablo llevaste a todos lo pueblos al conocimiento de la verdad, concédenos, al celebrar hoy su conversión, que, siguiendo su ejemplo, caminemos hacia Ti como testigos de tu verdad». Una verdad que Dios nos ha concedido conocer y que tantas y tantas almas desearían poseer: tenemos la responsabilidad de transmitir hasta donde podamos este maravilloso patrimonio.

La Conversión de san Pablo es un gran acontecimiento: él pasa de perseguidor a convertido, es decir, a servidor y defensor de la causa de Cristo. Muchas veces, quizá, también nosotros mismos hacemos de “perseguidores”: como san Pablo, tenemos que convertirnos de “perseguidores” a servidores y defensores de Jesucristo.

Con Santa María, reconozcamos que el Altísimo también se ha fijado en nosotros y nos ha escogido para participar de la misión sacerdotal y redentora de su Hijo divino: Regina apostolorum, Reina de los apóstoles, ¡ruega por nosotros!; haznos valientes para dar testimonio de nuestra fe cristiana en el mundo que nos toca vivir.

¿Qué pecados impiden comulgar?

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¿Qué pecados impiden comulgar?

¿Se puede comulgar si has cometido pecados veniales?


Por: P. Julio de la Vega-Hazas | Fuente: es.Aleteia.org 


San Pablo expresó con contundencia que no todos están en condiciones de recibir la Comunión: Examínese, por tanto, cada uno a sí mismo, y entonces coma del pan y beba del cáliz, porque el que come y bebe sin discernir el Cuerpo, come y bebe su propia condenación (I Cor 11, 28-29). Estas palabras ponen de relieve la gravedad del asunto, pero no proporcionan un criterio claro de cuándo uno es digno y cuándo no. Por eso, omo tantas otras, esta cuestión también fue sometida a debate.

Da la impresión, sin embargo, que los destinatarios de la carta –los corintios- ya tenían alguna idea al respecto. Es pues importante ver las fuentes conocidas de la vida de la Iglesia primitiva. A finales del siglo I o principios del II se escribió la llamada Didache(o “Doctrina de los Doce Apóstoles”), en la que se habla bastante de la Eucaristía. Tras señalar que el sacramento es solo para los bautizados, añade la siguiente frase: Quien sea santo, acceda; quien lo sea menos, haga penitencia. Aunque necesite una ulterior precisión, sigue siendo un criterio válido, a la luz del cual se entiende lo que está establecido.

Se podría objetar, y con razón, ¿pero quién puede decir que es santo? Libre de todo pecado, nadie. Por eso el acercamiento a la Comunión debe ser penitencial, para purificarnos cuanto podamos. Lo propio es recibir la comunión cuando ya hay una comunión del alma con el Señor.

Ahora bien, hay diversas situaciones, como también hay distintos tipos de pecados. El pecado mortal rompe del todo esa comunión, y en este caso la penitencia requerida pasa por la recepción del sacramento de la Penitencia como condición previa.

Por eso establece el Código de Derecho Canónico que quien tenga conciencia de hallarse en pecado grave, no celebre la Misa ni comulgue el Cuerpo del Señor sin acudir antes a la confesión sacramental (c. 916) (las excepciones se refieren a necesidades sin posibilidad de recibirlo, en cuyo caso debe haber un acto de contrición perfecta y el propósito de confesarse cuanto antes: o sea, en todo caso se recibe en gracia de Dios, aunque no haya más remedio que posponer la confesión).





Una aclaración al respecto puede ser pertinente: no hay penitencia verdadera ni confesión válida sin propósito de enmienda; es lógico, en caso contrario sería una pantomima. Esto sirve para entender por qué no pueden acceder a la Comunión personas que están y quieren seguir estando en una situación habitual de pecado.

Queda el pecado venial. Nadie escapa de cometer alguno, y pretender estar libre de todo pecado venial resulta presuntuoso. En la historia de la Iglesia existió un puritanismo católico, llamado jansenismo (lo creó un tal Cornelius Jansen), que en este sentido restringía mucho la comunión. Fue rechazado por la Iglesia, pero dejó sentir su influencia, hasta que el Papa San Pío X borró sus vestigios hace un siglo. Con razón: no va por ahí la penitencia requerida.

En estos casos –cuando se está en gracia- la penitencia es la interior, la cual se incluye en la liturgia. El pecado venial no impide la Comunión –al contrario, es alimento interior que da fuerzas para combatirlo-, pero, a la vez, para perticipar dignamente en los sagrados misterios… comencemos por reconocer nuestros pecados. Palabras familiares para quien asiste a Misa, que van seguidas por un acto de contrición de lo más completo. Luego, la preparación inmediata nos recuerda que vamos a comulgar como invitados y que no somos dignos de recibirle; en cierto modo, también son palabras de contrición. Es interesante comprobar que, en la celebración de la Comunión fuera de la Santa Misa, la liturgia es mucho más breve, pero incluye estas dos partes penitenciales, las mismas.

En resumen. Para comulgar, hay que estar en gracia de Dios. Aún estándolo, nunca somos dignos del todo de recibir al Señor. Eso no es obstáculo para comulgar, pero la dignidad del sacramento postula que procuremos hacernos lo más dignos posible.

24 ene 2019

Santo Evangelio 24 de Enero 2019



Día litúrgico: Jueves II del tiempo ordinario

Santoral 24 de Enero: San Francisco de Sales, obispo

Texto del Evangelio (Mc 3,7-12): 

En aquel tiempo, Jesús se retiró con sus discípulos hacia el mar, y le siguió una gran muchedumbre de Galilea. También de Judea, de Jerusalén, de Idumea, del otro lado del Jordán, de los alrededores de Tiro y Sidón, una gran muchedumbre, al oír lo que hacía, acudió a Él. Entonces, a causa de la multitud, dijo a sus discípulos que le prepararan una pequeña barca, para que no le aplastaran. Pues curó a muchos, de suerte que cuantos padecían dolencias se le echaban encima para tocarle. Y los espíritus inmundos, al verle, se arrojaban a sus pies y gritaban: «Tú eres el Hijo de Dios». Pero Él les mandaba enérgicamente que no le descubrieran.

«Le siguió una gran muchedumbre de Galilea. También de Judea, de Jerusalén, de Idumea, del otro lado del Jordán, de los alrededores de Tiro y Sidón»


Rev. D. Melcior QUEROL i Solà 
(Ribes de Freser, Girona, España)

Hoy, todavía reciente el bautismo de Juan en las aguas del río Jordán, deberíamos recordar el talante de conversión de nuestro propio bautismo. Todos fuimos bautizados en un solo Señor, una sola fe, «en un solo Espíritu para formar un solo cuerpo» (1Cor 12,13). He aquí el ideal de unidad: formar un solo cuerpo, ser en Cristo una sola cosa, para que el mundo crea.

En el Evangelio de hoy vemos cómo «una gran muchedumbre de Galilea» y también otra mucha gente procedente de otros lugares (cf. Mc 3,7-8) se acercan al Señor. Y Él acoge y procura el bien para todos, sin excepción. Esto lo hemos de tener muy presente durante el octavario de oración para la unidad de los cristianos.

Démonos cuenta de cómo, a lo largo de los siglos, los cristianos nos hemos dividido en católicos, ortodoxos, anglicanos, luteranos, y un largo etcétera de confesiones cristianas. Pecado histórico contra una de las notas esenciales de la Iglesia: la unidad.

Pero aterricemos en nuestra realidad eclesial de hoy. La de nuestro obispado, la de nuestra parroquia. La de nuestro grupo cristiano. ¿Somos realmente una sola cosa? ¿Realmente nuestra relación de unidad es motivo de conversión para los alejados de la Iglesia? «Que todos sean uno, para que el mundo crea» (Jn 17,21), ruega Jesús al Padre. Éste es el reto. Que los paganos vean cómo se relaciona un grupo de creyentes, que congregados por el Espíritu Santo en la Iglesia de Cristo tienen un solo corazón y una sola alma (cf. Hch 4,32-34).

Recordemos que, como fruto de la Eucaristía —a la vez que la unión de cada uno con Jesús— se ha de manifestar la unidad de la Asamblea, ya que nos alimentamos del mismo Pan para ser un solo cuerpo. Por tanto, lo que los sacramentos significan, y la gracia que contienen, exigen de nosotros gestos de comunión hacia los otros. Nuestra conversión es a la unidad trinitaria (lo cual es un don que viene de lo alto) y nuestra tarea santificadora no puede obviar los gestos de comunión, de comprensión, de acogida y de perdón hacia los demás.

Como el niño que no sabe dormirse



Himno

Como el niño que no sabe dormirse
Fuente: Liturgia de las horas



Como el niño que no sabe dormirse
sin cogerse a la mano de su madre,
así mi corazón viene a ponerse
sobre tus manos al caer la tarde.

Como el niño
que sabe que alguien vela
su sueño de inocencia y esperanza,
así descansará mi alma segura,
sabiendo que eres tú
quien nos aguarda.

Tú endulzarás mi última amargura,
tú aliviarás el último cansancio,
tu cuidarás los sueños de la noche,
tu borrarás las huellas de mi llanto.

Tú nos darás mañana nuevamente
la antorcha de la luz y la alegría,
y, por las horas que te traigo muertas,
tú me darás una mañana viva.



Amén.

23 ene 2019

Santo Evangelio 23 de Enero 2019



Día litúrgico: Miércoles II del tiempo ordinario

Texto del Evangelio (Mc 3,1-6): 

En aquel tiempo, entró Jesús de nuevo en la sinagoga, y había allí un hombre que tenía la mano paralizada. Estaban al acecho a ver si le curaba en sábado para poder acusarle. Dice al hombre que tenía la mano seca: «Levántate ahí en medio». Y les dice: «¿Es lícito en sábado hacer el bien en vez del mal, salvar una vida en vez de destruirla?». Pero ellos callaban. Entonces, mirándoles con ira, apenado por la dureza de su corazón, dice al hombre: «Extiende la mano». Él la extendió y quedó restablecida su mano. En cuanto salieron los fariseos, se confabularon con los herodianos contra Él para ver cómo eliminarle.


«¿Es lícito en sábado hacer el bien en vez del mal, salvar una vida en vez de destruirla?»

Rev. D. Joaquim MESEGUER García 
(Sant Quirze del Vallès, Barcelona, España)

Hoy, Jesús nos enseña que hay que obrar el bien en todo tiempo: no hay un tiempo para hacer el bien y otro para descuidar el amor a los demás. El amor que nos viene de Dios nos conduce a la Ley suprema, que nos dejó Jesús en el mandamiento nuevo: «Amaos unos a otros como yo mismo os he amado» (Jn 13,34). Jesús no deroga ni critica la Ley de Moisés, ya que Él mismo cumple sus preceptos y acude a la sinagoga el sábado; lo que Jesús critica es la interpretación estrecha de la Ley que han hecho los maestros y los fariseos, una interpretación que deja poco lugar a la misericordia.

Jesucristo ha venido a proclamar el Evangelio de la salvación, pero sus adversarios, lejos de dejarse convencer, buscan pretextos contra Él: «Había allí un hombre que tenía la mano paralizada. Estaban al acecho a ver si le curaba en sábado para poder acusarle» (Mc 3,1-2). Al mismo tiempo que podemos ver la acción de la gracia, constatamos la dureza del corazón de unos hombres orgullosos que creen tener la verdad de su parte. ¿Experimentaron alegría los fariseos al ver aquel pobre hombre con la salud restablecida? No, todo lo contrario, se obcecaron todavía más, hasta el punto de ir a hacer tratos con los herodianos —sus enemigos naturales— para mirar de perder a Jesús, ¡curiosa alianza!

Con su acción, Jesús libera también el sábado de las cadenas con las cuales lo habían atado los maestros de la Ley y los fariseos, y le restituye su sentido verdadero: día de comunión entre Dios y el hombre, día de liberación de la esclavitud, día de la salvación de las fuerzas del mal. Nos dice san Agustín: «Quien tiene la conciencia en paz, está tranquilo, y esta misma tranquilidad es el sábado del corazón». En Jesucristo, el sábado se abre ya al don del domingo.